Nota aclaratoria: A lo largo del texto podréis ver que todas las menciones que hago al nombre de Santa Maria del Mar, va acompañado por el de Santa Maria de la Mar entre paréntesis. Se corresponde a una revisión y modificación del texto original, realizada a posteriori y que tiene relación con la publicación de un post aclaratorio el 7/8/2026, que también se puede leer en el blog.
Una joya arquitectónica de Barcelona con Factor Oh!
Si algo me enorgullece de Barcelona es tener una joya arquitectónica tan perfecta y bella como es la maravillosa basílica de Santa Maria del Mar (Santa Maria de la Mar). Inicio el paseo hacia Santa Maria de la Mar dejando atrás la plaça de Sant Just y dirigiéndome hacia la Baixada de Caçadors, a través del carrer Lledó. Una calle por la que ya había pasado durante la ruta que hice alrededor de los restos de la muralla romana de Barcelona.
Giro hacia la derecha, por el carrer del Sots-tinent Navarro, y me dirijo hasta la Via Laietana, a través del carrer de Salvador Aulet. Cruzo Via Laietana (calle dedicada al pueblo ibérico prerromano que se estableció en la zona), y sigo mi paseo por el carrer de Manresa, dejando atrás el supuesto lugar en donde se supone penaba el alma del buen Jordi Nas, tal y como nos explica Sylvia Lagarda-Mata en sus “Fantasmas de Barcelona”.
Finalmente llegó hasta el carrer de l’Argenteria (la calle que más “brillaba” en la Barcelona medieval). Giro a la derecha. Y ahí experimento mi primer contacto visual con mi destino de mi paseo de hoy, que no es otro que la Basílica de Santa Maria del Mar (Santa Maria de la Mar). Una sensación que une sorpresa y admiración, dado que se te aparece enfrente de manera inesperada. Algo así como ese “Factor Oh” con tintes medievales que tan bien consiguieron los que la diseñaron.


Santa Maria del Mar (Santa Maria de la Mar)
Hablar de Santa Maria del Mar (Santa Maria de la Mar) nos obliga a pensar irremediablemente en Ildefonso Falcones y en su novela “La catedral del Mar”, desde que la publicó en 2006. Aunque hay que recordar que aunque la novela le otorgar el rango de Catedral, solo goza del rango de Basílica Menor, desde que el Papa Pio XI se lo otorgó en 1923.
Esta irremediable conexión entre el templo y el libro me produce sentimientos contrapuestos, ya que ha sido necesario que se utilice como escenario literario para que los barceloneses vuelvan a interesarse de nuevo por ella. Y que se haya convertido en uno de los principales destinos turísticos de los que se visitan Barcelona, especialmente desde que la han transformado en fuente de ideas para diseñar rutas literarias temáticas para visitar la ciudad.
El encanto que transmite
El encanto que transmite Santa Maria del Mar (Santa Maria de la Mar) no hay que buscarlo en su ornamentación, ya que casi no existe. Hay que intentar localizarlo a través de sus formas, sus proporciones, los juegos de luces y de colores, su amplitud y, especialmente, en el sentimiento de majestuosidad que sientes cuando entras en su interior.
Hasta ahora, durante el recorrido que inicié en la Basílica de Santa Maria del Pi, solo he escrito sobre condes, reyes y obispos. Ahora llega el turno de hablar de los habitantes de los barceloneses medievales que no tenían ni título nobiliario, ni tratamiento protocolario. Del pueblo llano sin más. Porque ¡señoras y señores! hemos llegado a visitar un templo construido por plebeyos, para plebeyos. Un templo considerado la “catedral del poble”, la catedral del pueblo.
Dos hipótesis sobre su origen
Antes de empezar el recorrido por la basílica, quiero recordar dos de las hipótesis que existen sobre el origen del edificio religioso.
El antiguo templo de Santa Maria de les Arenes
La primera hipótesis explica que donde hoy en día está ubicado del tempo de Santa Maria del Mar (Santa Maria de la Mar), los historiadores sitúan una iglesia anterior, datada en el siglo X, y conocida como Santa Maria de las Arenas. Un nombre que se le atribuye porque la edificaron sobre un arenal limítrofe con el mar, que en aquella época llevaba hasta esa altura de la antigua Barcelona.
Algunas excavaciones han dejado entrever la existencia de un cementerio paleocristiano bajo sus cimientos.
Cuenta la leyenda, que allí fue donde el bisbe Frodoi encontró los restos de Santa Eulalia, que posteriormente los trasladarían hasta la cripta de la Catedral de Barcelona, donde todavía se encuentran hoy en día.
El anfiteatro-arena romano
La segunda hipótesis se la debemos a la historiadora Jordina Sales. Según unos estudios recientes, se cree que el nombre primitivo de Santa Maria de les Arenes se pueda deber a que el templo se construyó sobre los restos de un anfiteatro-arena de época romana. Un supuesto que parece avala la existencia de los arcos que hay frente a la entrada principal, en la plaça de Santa Maria, y que se especula debieron formar parte de su estructura.
La catedral del poble
Pero vayamos al tema que nos ocupa. Tras mencionar las dos hipótesis sobre el porqué de su existencia, hay que buscar los verdaderos motivos para su construcción. Así como conocer el porqué de ese apodo popular de “catedral del poble“. Para ello hay que imaginarnos que viajamos en el tiempo hasta el momento histórico de su construcción.
Vilanova de la mar
Hacia el siglo XII, Barcelona era una ciudad amurallada en al que el crecimiento demográfico empezaba a ser importante, y la densificación empezó a ser insoportable. Por ese motivo se optó por ampliarla fuera de la muralla, con nuevas construcciones a lo largo de los caminos exteriores que conducían hasta la ciudad.
Así fueron apareciendo nuevos núcleos poblados, que fueron adquirieron importancia de manera progresiva. Como fue el caso de Vilanova de la mar. Un núcleo habitado que creció alrededor del pequeño templo de Santa Maria de les Arenes, cuya ubicación estratégica junto al litoral le permitió generar y desarrollar una importante actividad comercial alrededor del comercio marítimo, lo que contribuyó a un imparable crecimiento económico.
Empezaron a establecerse allí pescadores, marineros, armadores, mercaderes, estibadores y artesanos agrupados en gremios, lo que ayuda a imaginarse fácilmente la importante actividad comercial que debió desarrollarse en la zona durante esa época. Posteriormente fueron los nobles los que optaron por trasladarse allí, especialmente a lo largo del actual carrer dels Montcada, en donde construyeron diferentes palacios de estilo gótico civil catalán.
Con motivo de ese crecimiento de población, el pequeño templo se fue quedando pequeño. Y empujados por la necesidad de ampliar el espacio disponible, por la piedad de los fieles en esa época y por la solvencia económica de la mayoría de sus habitantes, los vecinos de Vilanova de la mar unieron esfuerzos, y llevaron a la práctica el proyecto de la construcción de un nuevo templo. Algo que hicieron, aportando capital los más pudientes, o aportando trabajo lo más pobres.
Unos estivadores portuarios medievales que se llamaban bastaixos
Una mención especial en este post se merece el papel que jugaron en la construcción de Santa Maria del Mar (Santa Maria de la Mar) los portadores de carga que trabajaban en la playa de Barcelona. Antiguos estibadores medievales, a quienes se les llamaba bastaixos. Un trabajo que se explica perfectamente a través del personaje de ficción Arnau Estanyol, protagonista de la “Catedral del Mar” de Falcones.
Si consultamos la etimología de la palabra (catalana, aunque de origen franco) bastaix (singular) o bastaixos (plural) la respuesta es que procede de la palabra del latín vulgar bastaxus, que a su vez deriva del verbo del griego antiguo bastázō, que significa “llevar a peso” o “transportar”
La nueva construcción se inició utilizando las piedras procedentes del derribo de la iglesia anterior, pero cuando se acabaron y se necesitaron nuevos suministros, fueron estos porteadores del puerto los que se encargaron de transportarlas desde las playas y la cantera real que había de la montaña de Montjuïc hasta el lugar de la obra, cargándolas en sus espaldas cual mercaderías. Y esto lo hicieron compaginando la carga y descarga de los barcos comerciales, sin que la actividad comercial se viese afectada en ningún momento.
Posteriormente, esa colaboración desinteresada se les reconoció con la concesión de algunos privilegios respecto a los de otros gremios. Y, aún hoy en día, se les recuerda mediante las dos figuras metálicas que hay en la puerta principal de acceso al templo.
Es por todo ello (las aportaciones monetarias y el trabajo desinteresado de muchos de los vecinos de Vilanova de la Mar) que el nuevo templo acabó siendo conocido popularmente como la “catedral del poble”. Una imagen de proximidad con sus feligreses, que contrastaba a la que ofrecía la propia Catedral de la Santa Creu i Santa Eulàlia, cuya imagen estaba asociada a los tres estamentos del poder de la época: la monarquía, la nobleza y el clero.
La dedicación del templo a Santa Maria
La dedicación del nuevo templo a Santa Maria se dice que fue debida a dos razones principalmente.
Una razón fue la de que Santa Maria es la patrona de los marineros (bajo la advocación de la Virgen del Carmen) desde el siglo XIII, cuando la Orden de los Carmelitas la instauró bajo el nombre de Stella Maris (Estrella del Mar). Una “estrella” que emulaba a las que los antiguos marineros seguían del firmamento para orientarse durante las travesías, especialmente en medio de las tempestades. Una luz que iluminaba la oscuridad.
La otra fue que, tras la conquista de Mallorca, el rey Jaume I había prometido a la Virgen María dedicarle una catedral. Y, aunque ya había fallecido en el momento de la finalización de las obras, los barceloneses de la época decidieron honrar la memoria del monarca cumpliendo con esa promesa. Y así fue cómo dieron el nombre de Santa Maria al nuevo templo.
Algunas curiosidades
Alrededor de Santa Maria del Mar (Santa Maria de la Mar) existen muchas leyendas y curiosidades que, algunas de ellas, no puedo por más que explicar.

Un contrato de exclusividad
La construcción del templo se encargó a Berenguer de Montagut, quien diseñó las líneas principales del edificio, y a Ramon Despuig, que dirigió la construcción en sí.
Dicen que cuando los dos maestros de obra aceptaron el encargo tuvieron que firmar un documento jurado en el que aseguraban su dedicación exclusiva al proyecto. No obstante, se duda de que cumpliesen con ese juramento, ya que hay otros edificios suyos que presentan muchas coincidencias en el diseño del de Santa Maria del Mar (Santa Maria de la Mar), cuyas fechas de construcción se solapan en el tiempo, tal y como ocurre con Como ocurre con la Colegiata Basílica de Santa Maria de la Aurora de Manresa.
Sin embargo, prefiero dejar esa duda en el aire y darles un margen de confianza a esos mestres d’obra, ante la maravilla que templo que construyeron en Barcelona.
El único templo de estilo gótico catalán puro
También se afirma que Santa Maria del Mar (Santa Maria de la Mar) es el único templo que existe de estilo gòtic català puro. Una característica que se pudo cumplir porque el templo se construyó de manera continuada durante el inusual plazo de cincuenta años, evitando de esa manera que se introdujesen cambios en el estilo arquitectónico con el que se diseñó. En esa época era habitual que una obra de estas dimensiones tardase cerca de un siglo en darse por finalizada. Recordemos que la mismísima catedral de Barcelona tardaron en acabarla la friolera de ¡setecientos años!… ¡Para que vayan hablando de la Sagrada Familia!…
Las fechas claves de su construcción están perfectamente documentadas. Por ejemplo, franqueando la Porta de les Moreres (o de la Passioneria), que está frente al fossar del mismo nombre, hay dos lápidas históricas que indican la fecha de colocación de la primera piedra: el 25 de marzo de 1329. Asimismo se sabe que en noviembre de 1383 se colocó la última piedra, y que en agosto del año siguiente fue cuando se celebró la primera misa, en la que se dedicó el templo a la Virgen Maria. Unas verdaderas cifras de vértigo, si pensamos en que estamos hablando de una construcción del siglo XIV.

Accidentes y tragedias a lo largo de su historia
Tanto durante su periodo de la construcción, así como a lo largo de su historia, Santa Maria del Mar (Santa Maria de la Mar) ha sido una iglesia donde se han producido toda una serie de accidentes fortuitos, de tragedias naturales y de vandalismos debidos a la mano del hombre.
Uno de los más aparatosos fue el incendio de los andamios que se declaró en 1379 y que retrasó su finalización. Otro fue el terremoto que se produjo un día de Corpus, provocando la caída del rosetón sobre los fieles que esperaban el comienzo de la procesión, y que se saldó con diversos fallecidos. También fue sometida a un continuo bombardeo en 1714, al final de la Guerra de Sucesión. Aunque, el hecho más dramático de todos, artísticamente hablando, fue el incendio que provocaron las las masas exaltadas durante los días 3 y 4 de agosto de 1936, que acabó con el coro y con el altar mayor.
De las vidrieras originales de la época únicamente se conserva una, ya que cuando empezó la Guerra Civil estaba en el taller de restauración y pudo salvarse. En consecuencia, todas las vidrieras actuales son nuevas. Y, para orgullo de los culés, en una de ellas hay un escudo del FC Barcelona elaborado con vidrio coloreado, que indica la participación económica del club barcelonés en su reposición.
Un exterior de lo más simple
Las fachadas de Santa Maria del Mar (Santa Maria de la Mar) presentan los elementos típicos del gótico catalán: líneas horizontales que limitan visualmente la gran altura de la edificación, grandes superficies vacías y terrazas sin tejado.
Las dos torres octogonales están rematadas por terrazas y no tienen ni pináculos, ni agujas. Presentan una inclinación de 16 cm que se atribuye al terremoto que hubo en el siglo XV, sin que se hayan detectado inclinaciones posteriores, tal y como se desprende de la verticalidad que conserva la parte superior, que se restauró tras el sismo.
En los ángulos frontales de la fachada principal todavía se conservan dos tederos de hierro medievales, que se utilizaban para iluminar las calles quemando leña de pino en su interior.
Un interior majestuoso
La sensación que se tiene cuando se accede al interior del templo es de majestuosidad, proporcionalidad y, especialmente, amplitud. A pesar de estar dividida en tres naves, el interior de Santa Maria del Mar (Santa Maria de la Mar) transmite una imagen de espacio único y diáfano, que huye de la compartimentación típica del estilo gótico europeo.
Algo que contribuye a ello es la perfección y simetría de las dieciséis columnas octogonales, todas ellas del mismo grosor, separadas por una distancia exacta de 13 metros y con una decoración que se corta al nivel de los capiteles, sin llegar al suelo, lo que todavía transmite una sensación de mayor ligereza. El estilo se compara con el de las hallenkirchen alemanas o iglesias de salón.
Un interior que siempre se ha comentado que ayudó al propio Antoni Gaudí a concebir cómo seria su Basílica de la Sagrada Familia.


En el diseño, pura matemática
Los expertos en arte gótico opinan que los maestros de obras que diseñaron este templo hicieron un diseño matemático perfecto, tanto en el cálculo teórico de las proporciones, como en su aplicación práctica durante la construcción.
Como si se tratase del enunciado de un problema de matemáticas, la explicación del diseño de Santa Maria del Mar (Santa Maria de la Mar) se puede resumir de la siguiente manera:
La iglesia tiene 80 metros de fondo, la nave central 13 metros de anchura y las dos laterales justamente la mitad exacta (6,3 metros) cada una. Cada una de estas dos naves miden el doble que la anchura de las capillas laterales. La anchura total de la planta es igual a la altura total de las naves laterales. La diferencia entre la altura de la nave central y la de las naves laterales es igual a la anchura de las naves laterales… ¡Uff! Lo siento, pero creo que ya me he perdido en el resumen… Lo único que sé es que es un verdadero trabajo de ingeniería arquitectónica medieval.
El juego de luces de colores de las vidrieras y la cantidad de velas rojas que hay en las capillas laterales crea un ambiente impresionante. Si vais a visitarla, fijaos que una característica de este templo es que la nave central tiene luz natural directa, que le llega a través de unos óculos (que se convierten en ventanales a la altura del presbiterio), y de los ventanales de las naves laterales.
Losas funerarias
Como ocurre en los otros templos por los que ya he pasado durante este paseo que inicié en Santa Maria del Pi, también en Santa Maria del Mar (Santa Maria de la Mar) hay diferentes losas funerarias colocadas sobre el pavimento, principalmente de miembros de cofradías y gremios que se habían ganado el honor de ser enterrados dentro.
En la actualidad solo se conservan las losas en si, ya que la mayoría de los restos enterrados bajo ellas se guardan en una fosa situada en la entrada del Cementiri de Poblenou, a donde se trasladaron después de ser exhumados, tal y como se puede leer en la inscripción de la propia losa.
Sin embargo, si que se conservan los que están situados en la zona del presbiterio, que corresponden a los de uno de los condes de Barcelona y a los de un santo. Los primeros son los del Rey Pere IV, el condestable de Portugal, personaje que durante la Guerra Civil catalana fue proclamado conde de Barcelona, rey de Aragón y de Valencia, con los títulos de Pere IV, Pere V y Pere III, respectivamente. Los otros, son las reliquias de Sant Cugat, que debido a la desamortización acabaron en Santa Maria del Mar (Santa Maria de la Mar) tras sacarlos del Monestir de Sant Cugat del Vallès, y tras pasar por la desaparecida parroquia de Sant Cugat del Rec en la plaza del mismo nombre.
Una talla y un barco
El altar mayor, que sigue la línea sencilla de todo el recinto religioso, está presidido por una talla de la Virgen María sosteniendo al niño Jesús en su brazo izquierdo, originaria del siglo XIV.
A sus pies hay una reproducción de una coca de Mataró, elemento que simboliza la relación del templo con el mar. Para los curiosos, añadir que el original se encuentra expuesto en el Maritime Museum Prins Hendrik de la ciudad neerlandesa de Rotterdam.


Un espacio ideal para la música
Si os gusta la música, antes de finalizar este recorrido por Santa Maria del Mar (Santa Maria de la Mar), no puedo dejar de mencionar la fabulosa acústica del templo, donde es habitual que se celebren conciertos musicales, no solo de temática religiosa.
Una de las representaciones musicales más famosas es la que se representa cada 24 de diciembre durante la Missa del Gall, que no es otra que el Cant de la Sibil.la, ese drama litúrgico de origen medieval, que desde noviembre de 2010 ha pasado a formar parte del patrimonio inmaterial de la humanidad.
Y aquí finalizo el recorrido. Sé perfectamente que debe haber infinidad de anécdotas, historias y leyendas que me dejo en el tintero, pero así hay motivos suficientes para continuar buscando más información sobre Santa Maria del Mar (Santa Maria de la Mar).
Espero que os haya gustado este largo paseo por las “cuatro” catedrales de Barcelona, y que os animéis a recorrerlo personalmente tan pronto tengáis la primera ocasión.





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