LA IGLESIA DELS SANTS JUST I PASTOR, SUMA Y SIGUE

¿Alguna vez habéis oído comentar que la verdadera talla de la Virgen de Montserrat es la que hay en la iglesia dels Sants Just i Pastor, y que la del Monasterio es una copia? Pues presuntamente parece ser que sí, aunque no haya una confirmación definitiva al respecto. Dejemos el suspense en la misma leyenda…

Como ya hemos explicado, según la tradición la talla de la Mare de Deu de Montserrat está en la iglesia dels Sants Just i Pastor desde la época en que Sant Pacià era obispo de Barcelona. Cuenta la leyenda que la imagen llegó a Barcelona desde Jerusalen donde San Lucas, a petición de San Pedro, la había tallado en una madera quemada por un rayo. Por ese motivo se le conocía con el nombre de jerosolimitana, que quiere decir “nativa de Jerusalén”. San Pedro la llevó a Roma y desde allí San Pablo la trajo hasta Tarragona en uno de sus viajes. De Tarragona viajó a Barcelona, y acabó depositada en la iglesia que estamos visitando.

Talla de la Mare de Deu de Montserrat de la Basilica dels Sants Just i Pastor

Talla de la Mare de Deu de Montserrat de la Basilica dels Sants Just i Pastor

Su viaje de ida a Montserrat se produjo en el siglo VIII. Ante la invasión musulmana y el miedo de los barceloneses a que pudiera ser dañada, se decidió esconderla en un lugar protegido. Se dice que en principio se ocultó en las propias catacumbas que había en la iglesia (de las que ya hemos hablado), pero ante la preocupación por su seguridad se les encargó al obispo y a un capitán del ejército que viajasen fuera de Barcelona y la ocultasen en el lugar más escondido que encontrasen. Sigue explicando la legenda que al llegar al pie de la montaña de Montserrat un pájaro de vistoso plumaje llamó la atención de los viajeros, y siguiéndolo a través de escarpados senderos llegaron a una cueva natural donde decidieron esconder la imagen y volver a Barcelona. Pero en el camino de regreso fueron asaltados y muertos por tropas sarracenas, y el secreto murió con ellos, por lo que nadie supo el lugar que habían elegido para proteger la imagen. En consecuencia se perdió la pista, y con el paso de los años entró en el olvido.

Cien años más tarde, unos pastores que estaban con su rebaño por la montaña vieron una luz misteriosa y oyeron una serie de cantos celestiales que salían de una pequeña cueva escondida a media altura de la montaña. En principio no hicieron caso, pero al repetirse consecutivamente durante diferentes días, decidieron avisar al rector de Monistrol y pedirle que les acompañase al lugar para comprobar personalmente los extraños hechos. Se organizó una pequeña comitiva encabezada por el obispo de Vic, Gotmar, que al entrar en la cueva encontró la talla de la Virgen que se había escondido tiempo atrás. Con la finalidad de colocarla en un lugar digno se decidió trasladarla a Manresa pero, a medio camino, la imagen empezó a pesar cada vez más y más, hasta que fue imposible poder continuar con su carga. Se interpretó que era una señal divina con la que la Virgen expresaba su voluntad de permanecer donde había estado durante los últimos cien años. Se levantó una pequeña ermita para acogerla y, posteriormente, el monasterio que hoy en día conocemos, promovido por el Abad Oliva.

El crecimiento del monasterio fue relativamente rápido. En  el siglo XII pasó a tener abad propio y una comunidad de doce monjes, y alcanzó el grado de abadía. Lo que no es tan conocido es que a finales del siglo XV, debido al enfrentamiento que mantuvo la abadía con la corona durante la guerra civil catalana, por el posicionamiento del abad en contra del rey Juan II, el hijo de éste, Fernando II el Católico, le quitó la autonomía e hizo que pasase a depender de la congregación de San Benito de Valladolid, incorporando a la comunidad catorce monjes castellanos. Esta subordinación se mantuvo hasta entrado el siglo XIX, cuando se disolvió la congregación de Valladolid y recuperó toda su autonomía. Durante todos esos siglos, la talla de la Virgen continuó allí.

A partir del siglo XIX empezaron los problemas. La talla debió esconderse en diferentes ocasiones debido a la invasión francesa y a los consecutivos problemas políticos y enfrentamientos. En 1822 regresó a Barcelona por primera vez para ser restaurada, donde permaneció dos años hasta que la devolvieron a Montserrat. Al inicio de la Guerra Civil del 36 la sustituyeron por una copia y se dice que fue cuando regresó definitivamente a Barcelona y se colocó de nuevo en la iglesia dels Sants Just i Pastor donde permanece, mientras que en Montserrat se ha quedado la copia. ¿Verdad o leyenda? Nosotros dejamos aquí la pregunta. Que sean los expertos los que nos razonen una respuesta.

Los tres privilegios

Capilla de Sant Félix

Capilla de Sant Félix

Detalles del retablo de la capilla

Detalles del retablo de la capilla

Además de unas tantas historias que relacionan la iglesia con masones, templarios o vírgenes egipcias,  lo que no vamos a dejar de lado es comentar los tres privilegios históricos de la capilla de San Félix, situada en el lado del Evangelio. Su origen es una pequeña capilla románica situada en el cementerio que había frente a la primera iglesia cristiana, dedicada a San Félix y a la Santa Cruz. En época de Luis el Piadoso, se le concedieron tres privilegios exclusivos que se celebraban frente al altar que, tras su demolición y construcción de la catedral gótica, se trasladó al interior del nuevo templo. La presencia de dos escudos de Barcelona, en la pared y en el techo a modo de clave, dejan constancia de los derechos de la ciudad sobre ella.

Escudo de la ciudad de Barcelona en el techo de la capilla a modo de clave

Escudo de la ciudad de Barcelona en el techo de la capilla a modo de clave

Los tres privilegios están relacionados con la justicia y, aunque dos de ellos desaparecieron debido a la propia evolución de las costumbres a través de la historia, el tercero estuvo vigente hasta el 30 de diciembre de 1991 cuando el Parlamento de Catalunya lo derogó por obsoleto. Eran el testamento sacramental, la batalla juzgada y el juramendo de los judíos.

El testamento sacramental permitía que cualquier barcelonés que muriese lejos de la ciudad, podía transmitir sus últimas voluntades a un testigo que debía acudir, en un plazo máximo de seis meses, frente al altar de la capilla y levantar acta ante un notario y el rector. El origen de este privilegio se relaciona directamente con la época de las cruzadas. El primero se celebró en 1082 y el último en el año 1989.

La batalla juzgada estaba relacionada con las justas entre caballeros que se celebraban en el paseo del Borne durante la época medieval, para resolver diferencias entre ellos. Como el caballero ganador era declarado inocente de su acusación, era necesario que antes de enfrentarse, los combatientes pasasen por la capilla de San Félix para jurar que iban a luchar limpiamente, sin recibir ninguna ayuda de brujas o brujos, ni usar talismanes en contra de su contringante.

El juramento de los judíos, como su nombre indica, estaba relacionado con las declaraciones de testigos judíos en pleitos entre judíos y cristianos. El testigo tenía la obligación de jurar frente al altar, y en presencia del párroco, que decía la verdad, bajo la amenaza de que Yavé descargaría su furia sobre él y sobre su familia en caso de que mintiera. Suponemos que la proximidad del antiguo Call fue el motivo para elegir este lugar.

La “carassa” del moro

Carassa de la catedral de Barcelona

Carassa de la catedral de Barcelona

Y acabamos comentado otra tradición popular, que no es otra que la conocida como la carassa del moro que se guardaba colgada junto al órgano y se usaba para lanzar caramelos durante las fiestas de Navidad. Es uno de los elementos materiales más tradicionales de las fiestas de Barcelona, y está directamente relacionado con el ciclo festivo de Navidad. Une la celebración religiosa con la fiesta colectiva, además de representar tradiciones ascestrales relacionadas con la naturaleza dormida, como es el caso del Tió. A lo largo de la historia, tres iglesias de la ciudad han tenido “órgano con carassa”: una es la Catedral, donde todavía se conserva, otra es Santa Maria del Mar, que lo ha perdido, y la dels Sants Just i Pastor que no la tiene expuesta, pero la conserva en su archivo parroquial.

El porqué de la elección de un elemento tan tétrico para una tradición popular lo explica la propia historia, si nos remitimos a sus orígenes. Una razón fue la necesidad de mostrar públicamente la superioridad de la Liga Santa ante la flota turca en la batalla de Lepanto como elemento motivador, y otra la de asustar a los niños para que se mantuviesen callados dentro de las iglesias, bajo la  mirada de “alguien” superior que los vigilava.

Imagen de la carassa de la basílica de Sants Just i Pastor, guardada en su archivo

Imagen de la carassa de la basílica de Sants Just i Pastor, guardada en su archivo

En la actualidad, las “carassas” dentro de las iglesias han pasado a ser un elemento decorativo, y la fiesta se ha llevado a la calle, celebrándola con pasacalles todos los fines de semana de diciembre, mientras dura la Fira de Santa Llúcia.

Y para finalizar la visita y las explicaciones… comentar que Antoni Gaudí, fiel devoto a la Virgen Maria y que solía visitar el templo de Sants Just i Pastor de manera habitual, el 11 de septiembre de 1924 fue arrestado frente a la entrada por negarse a contestar en castellano a unos guardias civiles que lo interrogaron sobre los motivos de su presencia en ese lugar; acto que siempre se ha interpretado como su manera de protestar contra las prohibiciones que se impusieron respecto al uso de la lengua catalana durante la dictadura de Primo de Rivera.

Por cierto, ¿sabéis que en Barcelona hay otra Iglesia de Santa Maria de Montserrat? ¡A ver si adivináis en que parte de la ciudad! Se aceptan apuestas.

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