Hablar de Las Golondrinas es hablar de la historia de Barcelona y, por supuesto, de la historia de su puerto.
Las Golondrinas iniciaron sus servicios en 1888, año en que Barcelona empezó a abrirse al mundo a través de la Exposición Universal y apostó por la modernización de su entorno. Un momento en que la urbanización de, entre otros lugares, la parte final de La Rambla culminó con la inauguración del emblemático Monumento a Colón. Un monumento que, con solo verlo, sabemos que estamos en Barcelona.
Hacía muchos, muchos años que no salía a pasear en barco por el litoral de Barcelona. Si mal no recuerdo, no creo ni que lo hubiera hecho más allá del antiguo rompeolas. Pero este pasado fin de semana tuve la oportunidad de ponerle remedio a esa carencia y, así, poder disfrutar del sorprendente skyline que nos ofrece Barcelona vista desde el mar.
Y por supuesto lo he hecho a bordo de uno de los barcos de Las Golondrinas.
Las Golondrinas siguen surcando las aguas del puerto
Después de más de siglo de actividad, las Golondrinas siguen surcando las aguas del puerto de Barcelona y ofreciendo la posibilidad de compartir durante un par de horas el espíritu marinero que siempre ha ido unido a la ciudad.
Las Golondrinas son esos barcos que han sido testigo de la transformación de la ciudad y de su puerto. Y que no han dejado nunca de ser todo un incentivo para conocer una de las zonas de Barcelona de máximo interés turístico y cultural.
Si en un principio la flota de las Golondrinas únicamente contaba con unos barcos de madera de dos pisos, completamente exteriores y solo preparados para navegar por aguas tranquilas (a los que la gran mayoría de nosotros subió alguna vez de pequeño), desde hace unos años se le han sumado dos catamaranes y un monocasco, que han hecho posible salir del puerto y recorrer el litoral y las playas barcelonesas desde el mar.

¿Oferta turístico-cultural? Pues sí
Dentro de la oferta turístico-cultural que hoy en día nos ofrecen Las Golondrinas podemos escoger entre
- un recorrido de 40 minutos por el interior del puerto de Barcelona, que guarda cierto paralelismo al que se realizaba antiguamente hasta llegar al final del desaparecido rompeolas,
- o un recorrido de 1 hora 30 minutos, que partiendo del Portal de la Pau nos lleva hasta el Port Fórum, recorriendo todo el litoral y disfrutando de la vista del skyline de la ciudad.
Esta segunda opción es la que tuve la oportunidad de disfrutar el pasado domingo. Una experiencia diferente y divertida a lo largo de nueve millas náuticas, que os recomiendo no dejéis de apuntar en vuestra agenda de imperdibles de la ciudad.
Paseo por el skyline de Barcelona desde el mar
Una vez zarpamos, empezamos a dejar a nuestras espaldas el Portal de la Pau bajo la siempre enigmática estatua de Cristóbal Colón, franqueada a lado y lado por el edificio de la Autoritat Portuària de Barcelona y el de la Aduana. Un poco más atrás, en segunda línea de mar, el edificio de Les Drassanes, actual sede del Museu Martítim de Barcelona MMB.
La ruta de salida del puerto nos permite disfrutar de un enfoque diferente al que estamos acostumbrados a ver desde tierra, tanto del Maremágnum como del World Trade Center, o de la Torre de Jaume I y la Torre del Rellotge.
Antes de salir de puerto
Poniendo rumbo hacia el litoral, y antes de salir del puerto, pasamos junto a la Estación Marítima Nacional, el puente Porta d’Europa y la Estación Marítima Internacional con una panorámica de Montjuïc, su castillo y els Jardins de Mossén Costa i Llobera al fondo.
En mar abierto
Una vez en mar abierto empezamos a bordear el litoral donde se van sucediendo, una tras otra, las diferentes playas barcelonesas, así como los diferentes edificios y monumentos que conforman el skyline.
Empezamos divisando el Far del Llobregat, que ha marcado el límite natural del puerto de Barcelona desde su construcción en 1800, y tras poner rumbo a la costa norte pasamos junto a la Zona Franca, el muelle de inflamables y el puerto de mercaderías, uno de los puntos menos atractivos visualmente, pero más importantes a nivel económico para la ciudad.
Siguiendo la ruta, la primera imagen que vemos es una sorprendente panorámica del Hotel W, completamente distinta a la que tenemos desde tierra, dando paso a la primera playa –la platja de Sant Sebastià– junto a la que se encuentra el emblemático Club Natació Barcelona.
A partir de este punto divisamos el barrio más marinero de Barcelona, la Barceloneta, donde destaca el Passeig Marítim y el Hospital del Mar, seguido inmediatamente por las dos torres que los Juegos Olímpicos del 1992 incorporaron a la fisonomía de la ciudad -el Hotel Ars y la Torre Mapfre-, señal inequívoca de que el Port Olímpic está frente a nosotros. En un segundo plano se puede ver la Sagrada Familia, aportación gaudiniana al skyline de Barcelona.
Un skyline con origen en 1992
A esta altura del litoral, y hasta que lleguemos al punto de retorno de nuestro recorrido en el Port Fórum, vamos a ir viendo todo un conjunto de edificios y zonas verdes que desde el año 1992 han supuesto la certificación de que esa parte de la ciudad se ha vuelto a abrir al mar, a cuyas espaldas vivió durante su pasado industrial.
Ante nosotros se van a ir sucediendo la platja de la Nova Icària, la platja del Bogatell, la platja de la Mar Bella y la platja de la Nova Mar Bella, así como la fachada marítima de Diagonal Mar -nuestro particular little Manhattan barcelonés- urbanizada a raiz de la prolongación de la Avinguda Diagonal hasta llegar prácticamente al mar. Un moderno conjunto de rascacielos, entre los que destaca en un segundo plano la Torre Agbar, que ya se ha convertido en parte intrínseca de la silueta de la ciudad.


De regreso a la zona de amarre
El viaje de regreso nos permite volver a disfrutar, por segunda vez, de la fisonomía marítima de Barcelona, con la posibilidad de captar aquellas imágenes que se nos hayan escapado durante la primera parte de la travesía, o dirigir simplemente la mirada hacia la inmensidad del Mar Mediterráneo.
Por cierto, si te descargas gratuitamente la app de Las Golondrinas, durante el trayecto podrás ir aprendiendo interesantes historias de la historia del litoral de la ciudad. Incluye más de veinte puntos de interés, con sus respectivas fotografías orientativas, y con explicaciones en catalán, español, inglés, francés, alemán, ruso o árabe.
Los billetes para la travesía se pueden adquirir tanto en las taquillas del Moll de Drassanes, como vía online.
A la oferta de los tradicionales paseos en barco, se añade la posibilidad de alquilar uno de los tres catamaranes por horas, con la finalidad de organizar diferentes tipos de eventos mientras se navega, como encuentros de empresa e incentivos, presentaciones, cócteles, cenas o fiestas privadas entre otros, con los que sorprender a nuestros invitados, asegurándoles una experiencia original e innovadora.
Para saber más:
Las Golondrinas. Moll de Drassanes, s/n. Barcelona
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