UN PASEO POR LA MEMORIA DE LA ESCLAVITUD EN BARCELONA

Los que ya tenemos cierta edad seguro que recordamos la serie “Raices”, en la que un excelente John Amos reivindicaba su verdadero nombre –Kunta Kinte-, en oposición al que le habían puesto al llegar a América –Toby-. Cuando hablamos de esclavos, nuestro pensamiento se va volando a las plantaciones de algodón del sur de los Estados Unidos, a su Guerra de Secesión y a su 16º presidente, Abraham Lincoln. Pero bien al contrario no hace falta viajar tan lejos, ya que podemos quedarnos en nuestra propia ciudad. En Barcelona guardamos una historia poco conocida y demasiado escondida relacionada con ese pasado poco glorioso, que es inevitable recuperar cuando se trata de hablar de la memoria histórica.

De la mano de l’Observatori Europeu de Memòries y diseñada por la Associació Conèixer Història, se acaba de presentar una ruta temática que recorre diferentes puntos de la ciudad, siguiendo el rastro de la herencia de la esclavitud en Barcelona, a cuya presentación he tenido el placer de poder asistir, dentro del marco del seminario “Memòria, arquitectura i espai públic” que se acaba de celebrar. La ruta nos lleva desde el cruce de la Gran Vía de les Corts Catalanes con Rambla Catalunya hasta la plaça de Antonio López, recorriendo diferentes puntos y edificios de la ciudad que, por un motivo u otro, tuvieron cierta relación con los tiempos en que el tráfico de personas fue todo un negocio.

Breve retrospectiva a través de los datos

Repasando la historia, el tema de la esclavitud en Barcelona se puede estudiar desde el punto de vista de la compra y venta de esclavos para su uso doméstico o para realizar las tareas más duras, o a partir de las grandes fortunas que se gestaron con la financiación y la organización del propio tráfico.

La primera opción queda corroborada con el dato que indica que en la Edad Media el 10% de la población de Barcelona estaba formada por esclavos –entre 3000 y 4000-, y cuando incluso era legal contratar una especie de seguro para cubrir una posible fuga. La segunda, bien al contrario, tiene que ver con la actividad comercial que se generó con el establecimiento de las colonias americanas a finales del XVIII y principios del XIX. La llegada de la Revolución Industrial, el comercio de las materias primas provenientes de las colonias y la necesidad de mano de obra muy barata estableció un comercio triangular, que promovió e incentivó la aparición de la figura de los negreros africanos (quienes directamente conseguían los esclavos) y la de armadores o banqueros que, con sus barcos y su dinero, ayudaban al tráfico de personas desde África hacia las colonias americanas.

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Explicaciones previas al inicio de la ruta

En la historia de Barcelona existe más de uno de sus prohombres que se dedicó a dicha actividad y que, además, tras la abolición oficial de la esclavitud participaron en la crearon y mantenimiento de la Liga Nacional de Barcelona, una especie de partido negrero de filosofía antiabolicionista. Tal y como indican en un artículo de El Periódico: “como mínimo 14 calles o plazas de la ciudad están dedicadas a esos prohombres”.

El monumento a Joan Güell

Joan Güell i Ferrer fue el iniciador de una de las sagas familiares barcelonesas más ilustres, y el artífice de una fortuna económica que, trasladada al mundo actual, se podría incluir entre las primeras del mundo. Aunque no existe documentación que acredite su participación directa en el comercio de esclavos (comprándolos, vendiéndolos o transportándolos) –mucha documentación al respecto ha sido destruida-, lo que sí que afirman los expertos con rotundidad es su participación en la financiación de expediciones, tal y como nos explica Oriol López frente al monumento. Dentro del comercio de esclavos hubo muchas ocupaciones. Algunas de manera directa (traficantes y armadores) y otras indirectas (comerciantes y financieros), todas contribuyeron a mantenerlo.

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Monumento a Joan Güell i Ferrer

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Primer plano de la escultura de Joan Güell i Ferrer

El monumento actual no es el original, que se destruyó durante la Guerra Civil, pero guarda grandes similitudes con el mismo. La estatua de Güell ya no está mirando al mar, ni está situada sobre un pedestal ornamentado con las cuatro virtudes, incluso ha dejado de ocupar el cruce de las calles y se ha desplazado unos metros más allá. Pero sigue transmitiendo la magnificencia que sus creadores quisieron plasmar, en homenaje a uno de los prohombres de la ciudad que trajo riqueza a Barcelona, sin preguntar demasiado sobre su origen. Empezó a construirse a los dos años de la muerte del patriarca de los Güell, y tras diez años de trabajo, se inauguró en el mítico 1888.

La plaça de Catalunya

A pesar de que la esclavitud se prohibió oficialmente en España en 1817 (debido a las presiones del gobierno británico, que ya la había abolido en 1807) siguió funcionando de facto hasta 1870 (en España), 1873 (en Puerto Rico) y en 1880 (Cuba), por lo que las corrientes abolicionistas fueron creciendo paralelamente.

El siguiente destino de la ruta es el ágora de encuentros y manifestaciones de la ciudad: la plaça Catalunya. De ese lugar, el domingo 21 de diciembre de 1872, partió una de las manifestaciones abolicionistas más destacadas celebradas en Barcelona, que recorrió la Rambla en dirección al Hotel “Cuatro Naciones”, residencia del cónsul de Estados Unidos, país que había firmado la Proclamación de Emancipación diez años atrás. Subido a un balcón, y junto a la bandera americana, uno de los participantes dió  ¡vivas! a América, que fueron secundadas por el resto de los manifestantes, tal y como explica diferente documentación de la época.

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La plaça de Catalunya con vistas hacia el comienzo de la Rambla

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Fachada actual del Hotel Cuatro Naciones

También en este punto de la ruta descubrimos la figura de Clotilde Cerdà i Bosch (conocida con el nombre artístico de Esmeralda Cervantes), hija ilegítima del creador de l’Eixample barcelonés, Ildelfons Cerdà, mujer muy comprometida socialmente y declarada antiesclavista, cuya figura no ha sido lo suficientemente reconocida por la ciudad. Muy cerca de la plaça de les Glòries tiene dedicados unos jardines, situados en el interior de una de las isla de l’Eixample.

La Rambla

Como explicamos en nuestro post dedicado a la Rambla, a finales del siglo XIX este paseo de Barcelona pasó de ser el lugar con mayor concentración de poder religioso, a ser el lugar que representó la riqueza y la excelencia del poder burgués. Inevitablemente esa riqueza y excelencia está directamente relacionada con una buena parte de las grandes fortunas que se gestaron en aquellos años, y que muchas de ellas no lo hicieron de manera tan honesta como se creyó.

Una de esas fortunas fue la de Antonio López y López, de quien –a diferencia de su consuegro Güell- sí que hay testimonios de su pasado esclavista. Especialmente el libro que escribió su cuñado, Francisco Bru, titulado: “La verdadera vida de Antonio López y López”. Siguiendo la ruta, nos paramos frente al Hotel 1898 y al Palau Moja, ambos edificios relacionados con la vida familiar y comercial de Antonio López.

El Hotel 1898

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Fachada principal del actual Hotel 1898

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Friso de la fachada lateral del Hotel 1898

La decoración del hotel conserva el ambiente y la calidez colonial que seguramente tuvo el edificio en su momento. En 1881, el arquitecto Josep Oriol Mestres fue el encargado de construir ese edificio, por el que pasaría buena parte de la historia económica de la Barcelona del XIX y del colonialismo español. Además de vivienda particular de Antonio López, tras su llegada a Barcelona, fue la sede barcelonesa de la Compañía Trasatlántica –que tenía el monopolio del transporte marítimo con las colonias-, y posteriormente de la Compañía de Tabacos de Filipinas, considerada la primera multinacional del país. En el friso de la fachada lateral del edificio todavía se conserva el nombre de dicha compañía.

El Palau Moja

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Fachada del Palau Moja. Una casa noble que López convirtió en casa de “nuevo rico”

El edificio lleva el nombre del título nobiliario de sus primeros propietarios, Josep de Copons i d’Oms y Maria Lluïsa Descatllar, marqueses de Moja, y se inauguró en 1784 con motivo de la fiesta de compromiso de su hija mayor. En 1870 lo adquirió Antonio López y lo convirtió en su residencia habitual tras llevar a cabo unas importantes obras que, como se dice, lo transformaron de residencia noble a residencia de “nuevo rico”.

Antes de dejar la Rambla por la calle de la Portaferrissa camino de la Catedral, comentar que algo más abajo está la casa familiar en donde vivió la familia Güell, de la que ya hablamos en un post anterior.

La plaça de la Catedral

Aquí la ruta nos hace regresar hacia la Edad Media, una época de la historia de Barcelona en la que el tráfico de esclavos era totalmente legal y bastante regulado, tal y como nos comenta Oriol López. A su llegada al puerto y posterior desembarco, la “mercancía” era validada oficialmente para su venta legal.

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En la Edad Media la compra-venda de esclavos fue una actividad legal

En el lugar que hoy en día está la plaça de la Catedral se realizaban actividades de compra-venta de esclavos o de alquiler, para actividades puntuales, siempre como mano de obra gratuíta. Incluso existía la posibilidad de contratar un seguro de “guarda y custodia de esclavos” que, a cambio del pago de una cuota, te aseguraba que la Diputació del General te compensaría ante la posible fuga de uno de los esclavos, siempre que no hubiese podido ser detenido.

Dos curiosidades relacionadas con la memoria de la esclavitud en la Barcelona medieval. La primera gira en torno a la existencia de una cofradía constituida por esclavos que habían conseguido la carta de libertad al dejar de ser útiles, y que tenía su sede en la iglesia de Sant Jaume (actualmente en el carrer Ferran). La segunda, hace referencia al retablo que hay en la capilla de Santa Ágata, obra del pintor Jaume Huguet, donde se puede ver a un caballero negro que, según comenta Oriol López, parece ser que representa a un esclavo que se le escapó a la propia familia del artista.

El Banco de Crédito Colonial

Enfilamos la última parte de nuestra ruta, que nos lleva de regreso al siglo XIX y a la controvertida figura de Antonio López y López.

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Antiguo sede del Banco Hispano Colonial

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Primer plano de las siglas de la entidad bancaria, que aún conserva el edificio

En el número 3 de la Vía Laietana, muy próximos ya al mar, está el primer edificio que se levantó en esa calle de Barcelona. Es un edificio de estilo noucentista, obra del arquitecto Enric Sagnier y que data de 1913. Aún conserva sus grandes ventanales, varias torres en la azotea y unas letras grabadas en la parte superior de la fachada, que se corresponden con las siglas del banco que albergó: el Banco Hispano Colonial, de la que Antonio López fue su primer presidente.

La entidad, que fundaron en 1876 el mismo López (que aportó el 13,7 % del capital fundacional), junto a Manuel Arnús (Banca Arnús) y Manuel Girona (Banco de Barcelona), se convirtió en la principal financiera del comercio y el dominio de las posesiones coloniales españolas. Fue una manera de asegurar la continuidad de las colonias, en un momento de gran complejidad política y social.

La plaza y el monumento a Antonio López

Y finalizamos la ruta en el punto más crítico y polémico del recorrido, donde se encuentra uno de los monumentos barceloneses que ha suscitado mayores odios y animadversiones a lo largo de su historia. Es el dedicado a la memoria de Antonio López y López, primer marqués de Comillas, y conocido popularmente como el Negro Domingo.

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Controvertido monumento a Antonio López en la plaza que lleva su nombre

El origen de la fortuna de López siempre estuvo en el punto de mira de los abolicionistas, así como las de otros destacados burgueses de la Barcelona de finales del XIX. En algunos casos no se pudo demostrar, pero en el caso de López fue su propia familia política la que se encargó de poner blanco sobre negro, a través del libro que hemos comentado escribió su cuñado. Además de denunciar su implicación en el tráfico de esclavos, lo describía como una persona cruel, oportunista y estafadora, que no dudó en hacerse con la herencia de la familia de su mujer, Luisa Bru, mediante sucias artimañas.

Como ocurre con la de Güell, la escultura tampoco es la original, que también fue destruida. La actual fue repuesta después del final de la Guerra Civil y es obra de Frederic Marés. Es una copia de la que se colocó en 1884, a los quince meses de la muerte del prohombre.

La estatua, que suele ser menos conocida de lo que muchos nos pensamos, es el blanco de las protestas de los que quieren que sea destruida, dado el pasado negrero del personaje. Parece ser que existe un proyecto del ayuntamiento para cambiar el nombre a la plaza, pero no habla de qué hacer con el monumento, cuya idoneidad llegaron a cuestionar sus propios familiares.

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Pintadas de protesta en la base del monumento

Ante la pregunta de si se debe o no mantener, el arquitecto Julian Bonder, (uno de los creadores del Mémorial de l’Abolition de l’Esclavage en Nantes y que nos ha acompañado durante el recorrido), opina que todas las ciudades tienen huellas de un pasado complejo, algunas más visibles que otras. Una buena opción podría ser mantenerlo, pero acompañándolo de una placa informativa que dejase constancia de la verdadera historia que hay detrás del personaje.

Por cierto, yo me pregunto: ¿Y qué pasará con la Sala Marqués de Comillas? ¿Deberá cambiársele también el nombre?

La ruta en los medios de comunicación:
Seguint les petjades de l’esclavitud
Tras las huellas de la esclavitud
La memoria incómoda de Barcelona
Barcelona con cadenas
L’esclavatge: ull de poll de Barcelona

Otras entradas del blog sobre memoria histórica:
Paseo por la Barcelona del Nodo
100 espacios de historia y memoria en una sola app
Aquí también tenemos museo de la inmigración

2 Comentarios

  • F&M dice:

    Les rutes temàtiques són molt interessant per veure els llocs per on passem sempre d’una altra manera. Així també serveixen per aprofundir sobre un tema. Nosaltres per Buenos Aires, ho fem moltes vegades, així sortim a veure les coses diferent.
    Fuet-i-Mate

    • BCNenHorasdeOficina dice:

      Visitar els llocs habituals seguint un punt argumental fa que sempre aprenguis alguna cosa que no sabies. Salutacions des de Barcelona.

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