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SANT MEDIR, FIESTA DE CONVIVENCIA Y SENTIDO COMUNITARIO INTERCOMARCAL

Veinte siglos atrás, en el camino que unía Barcino con Egara, y próximo a la Vía Augusta, los romanos construyeron un fuerte militar al que pusieron de nombre “Castrum Octavianum”... Cerca de allí, en medio de la Vall de Gausac, una vez superado el Col d’Erola, vivía un campesino que se llamaba Medir. Corría el siglo IV dC y los primeros cristianos luchaban hasta su propio sacrificio para poder mantener esta nueva religión, que cada vez tenía más seguidores... En Barcino, Daciano llevaba hasta las últimas consecuencias las órdenes recibidas del emperador Diocleciano para acabar con ellos…

Así es como comienza la leyenda de Sant Medir. Un sencillo campesino que, solo por decir la verdad, llegó a ser santo y consiguió que cada 3 de marzo, en su nombre, toda una ciudad del Vallès Occidental (léase Sant Cugat del Vallès) y tres distritos de Barcelona (Gràcia, Sarrià-Sant Gervasi y Sants) se unan para recordarlo.

Sant Medir
Font del Miracle. Sant Medir

Una fiesta de convivencia y sentido comunitario

La fiesta de Sant Medir es una mezcla de historia, leyenda, sentido comunitario, ecología, convivencia, religión y componentes lúdicos, totalmente laicos. Y como se celebra con carácter cíclico forma parte del grupo de fiestas clasificadas como tradicionales.

Tiene un marcado carácter intercomarcal, ya que en los festejos participan personas procedentes de Sant Cugat del Vallès (Vallés Occidental) y de la Vila de Gràcia, de Sarrià-Sant Gervasi y de la Bordeta (barrios de Barcelona). Con el añadido de que en Sant Cugat del Vallès coincide con su Fiesta Mayor de Invierno, ya que Sant Medir es copatrón de la ciudad junto a Sant Pere, cuya celebración es el 29 de junio. Tal y como también ocurre en Barcelona con Santa Eulàlia y la Mare de Déu de la Mercè.

A pesar de que la mayoría de las celebraciones que se realizan alrededor de esta festividad se han ido adaptado a los nuevos tiempos, y se han integrado al entorno urbano de los lugares en donde se llevan a cabo, sigue siendo una fiesta de pagès (de carácter agrícola y campesino) que ha mantenido su encanto tradicional, ya que el acto más relevante sigue siendo la romería hacia la ermita de Sant Medir, a la que muchos siguen acudiendo a pie o montados en caballos.

De acuerdo al ciclo anual, es una de las fiestas populares que se celebran coincidiendo con la proximidad del equinoccio de primavera.

El origen de la fiesta

El origen de la fiesta está basado en la veneración que los vecinos de Sant Cugat del Vallès le tenían a Sant Medir. Un culto en el que mucho tuvieron que ver los monjes del monasterio benedictino que hay allí. Según documentos que se conservan en el Arxiu de la Corona d’Aragó, estos monjes fueron los que se encargaron de iniciar el culto a este santo a principios del siglo XI.

Un santo que, además, se convertiría en el patrón de los pagesos (campesinos) de la zona. Condición que conservó hasta entrado el siglo XVII, cuando tras la canonización de Sant Isidre Llaurador se generalizó su patronazgo, y se impuso al de otros santos que lo habían precedido, como es el caso de Sant Medir.

En el siglo XIV, con motivo de un brote de Peste Negra, los habitantes de Sant Cugat del Vallès hicieron lo que se conoce como un “voto de pueblo”, que consistió en ir en procesión hasta la ermita del santo para pedirle que intercediese para acabar con la epidemia. De ello se deriva que la fiesta actual esté considerada una fiesta votada.

Se desconoce en qué fecha exacta dio comienzo la tradición de caminar en romería hasta la ermita de Sant Medir, pero las primeras noticias la sitúan a finales del siglo XVIII.

En el siguiente enlace, te incluyo una selección de glosas a Sant Medir, muy habituales dentro de la cultura popular: Goigs del gloriós pagès i màrtir Sant Medir.

La fiesta de Sant Medir en el siglo XIX

En 1804 se creó la Hermandad de Sant Medir, que se ocupaba del mantenimiento de la ermita y de organizar la fiesta cada 3 de marzo. Una asociación en la que no solo participaban vecinos de Sant Cugat del Vallès, sino de otras poblaciones del Vallès Occidental como Rubí, Cerdanyola, Barberà, Montcada y Ripollet, y que iban a la ermita en grupos, cada uno de ellos identificado con una bandera. En 1830 se sumaron a dicha hermandad grupos de barceloneses procedentes de los antiguos pueblos de Sarrià, Sant Gervasi, Gràcia y Sants, según parece, siguiendo la iniciativa del panadero de Gràcia Josep Vidal.

La primera crónica periodística sobre la fiesta se publicó en el Diari de Barcelona de 4 de marzo de 1853, y hacía referencia a la importancia que había adquirido la festividad de Sant Medir como consecuencia de la numerosa participación de romeros, llegando a congregar hasta trescientas personas.

En el artículo publicado sobre la Festa de Sant Medir, en la página web de la Parròquia de la Verge de Gràcia i Sant Josep, hay una buena galería fotográfica correspondientes a antiguas romerías.

La fiesta de Sant Medir en el siglo XX

A principios del siglo XX la fiesta era todo un acontecimiento, especialmente en el Sant Cugat rural de aquel momento. Familias enteras cargaban las tartanas y se desplazaban hasta el Camp del Miracle, para celebrar una gran fiesta.

Con la proclamación de la Segunda República, en la década de los años 30, la romería perdió el carácter religioso de sus inicios y se convirtió en una festividad laica que ya no llevaba a los romeros hasta la ermita. Por aquel entonces, los participantes se reunían en Vista Rica (situada en el cruce de la carretera que lleva desde Horta al Tibidabo), para almorzar e ir al parque del Tibidabo.

El estallido de la Guerra Civil acabó con la tradición, y los festejos de Sant Medir dejaron de celebrarse, tanto en los barrios de Barcelona como más allá de Collserola.

Pero ese punto de inflexión negativo se revertió tras el final de la contienda. Tanto los vecinos de Sant Cugat del Vallès que habían conservado intacta la devoción por Sant Medir, como las colles barcelonesas que todavía seguían en pie, recuperando el factor religioso original, volvieron a reemprender la tradición de acercarse hacia la ermita cada 3 de marzo, para honrar al santo.

Sant Medir
Escudos de les Colles de Sant Medir situado en el acceso a la ermita

En 1951 se reorganizó la Federación de colles -que se había creado en en 1924-, se recuperó la romería y se impuso la obligación de tener que llegar hasta la ermita para recoger la corbata de l’any (lazos de bandera), dando origen al acto de imposición de lazos en las banderas de cada agrupación. En los 60 dejó de ser obligatoria la procesión, y se establecieron las bases a la fiesta lúdica que ha llegado a nuestros días.

La ermita de Sant Medir

La ermita de Sant Medir es una pequeña construcción que, según el primer documento que se conserva sobre ella, data del siglo X, cuando la Vall de Gausac era propiedad del Monasterio de Sant Cugat del Vallès. Se consagró en el siglo XVI. Y, tal como explica la tradición, se dice que se construyó en las tierras en donde había vivido Sant Medir, justo al lado del campo en donde la leyenda sitúa “el milagro de las habas”.

Sant Medir
Ermita de Sant Medir

Es de origen románico aunque, debido a sucesivas reformas, casi no conserva ningún vestigio original. De muy pequeñas dimensiones, tiene planta rectangular, sacristía y campanario de espadaña. Y, por lo que se puede leer en la bibliografía, antiguamente se conocía como ermita de San Emeterio, otro santo que nada tiene que ver con Sant Medir, pero cuya onomástica también se celebra el 3 de marzo.

¿Dónde estaba situado geográficamente el “camp del miracle”?

En el libro “Santos de Cataluña” hay diferentes menciones sobre la localización del campo:

“lo camp del miracle de les faves és petit trencant a ma dreta anant de Barcelona a Sant Cugat, cerca de la mateixa iglesia de Sant Medir” (el campo del milagro de las habas está en un pequeño desvío a mano derecha, yendo de Barcelona a Sant Cugat, cerca de la misma iglesia de Sant Medir)

“a l’altra part de la muntanya de Collserola, en una vall camí del Monestir de Sant Cugat” (en la otra parte de la montaña de Collserola, en un valle camino del Monasterio de Sant Cugat)

“que per mala anyada que hi haja en la terra, sempre aquell camp es fertilíssim” (que por mala añada que dé la tierra, aquel campo siempre es muy fértil)… [Nota: El concepto añada debe haberse utilizado por la gran cantidad de viñas que se cultivaban en este lugar.]

La Penya Regalèssia

En Sant Cugat del Vallès existe una agrupación de personas conocida como la Penya Regalèssia que, desde su fundación en los años 50 del siglo XX, se ha destacado por su empeño en el mantenimiento y la conservación de la ermita de Sant Medir. Labor en cuyo reconocimiento tienen dedicados unos jardines junto al centro urbano.

Jardines dedicados a la Penya Regalèssia

Uno de sus fundadores fue Joan Buscallà, quien trabajó activamente en pro de la restauración de la ermita de Sant Medir y por el mantenimiento de la celebración de la fiesta. En Cal Tartraner, una masía construida a medidos del siglo XIX y situada en la plaça Barcelona, hay una placa que recuerda a Buscallà y homenajea su labor.

Cal Tartraner es una casa estilo masía, que la empezó a construir en 1865 Pere Català Farrés, un vecino de Sant Cugat que se dedicaba al transporte con regular con tartanas entre Sant Cugat y Barcelona; de ahí su sobre nombre. La construcción la acabó su hijo, Josep Català Villadelprat, en 1865. Allí es en donde vivió Joan Buscallà hasta su fallecimiento, por lo que era el lugar de encuentro de la Penya Regalèssia.

Placa en la fachada de Sal Tartraner

Texto de la placa dedicada a Joan Buscallà en Cal Tartraner: “En aquesta casa visqué Joan Buscallà, propulsor de les nostres tradicions com el Ball del Vano i el Ram, els Bastoners, la Penya Regalèssia, l’Aplec de Sant Medir i moltes altres que gràcies a ell encara perduren. Sant Cugat 1922-2009. Comissió Paga-li Joan / Ajuntament de Sant Cugat“.

Y volviendo a la festividad de Sant Medir, que es la que centra el artículo actual, no quiero dejar de incluir un breve comentario sobre los diferentes itinerarios que, en la actualidad, se suelen seguir para llegar hasta la ermita cada 3 de marzo.

La Fiesta en Sant Cugat del Vallès

El recorrido que parte de Sant Cugat del Vallès hacia Sant Medir comienza en la plaça Octavià, frente al monarterio. Y es, evidentemente, el más recomendable ya que es el que permite disfrutar de la naturaleza de Collserola durante mayor parte del recorrido. De la plaça Octavià desciende hacia la Rambla del Celler por la calle de Sant Medir y, desde allí, llega hasta las dependencias del Colegio Europa, en donde entra en el camino forestal hacia Can Borrell.

Se pasa por el Pi d’en Xandri, la masia Can Borrell, el Fort y la ermita de Sant Adjutori, el Pantà de Can Borrell, la riera de Sant Medir y, por fin se llega hasta la ermita, cruzando el camp del Miracle.

La Fiesta en Sarrià-Sant Gervasi

El itinerario desde Sarrià-Sant Gervasi se inicia en la misma Plaça de Sarrià. Sube por la calle Major de Sarrià hasta la carretera de Vallvidrera, por donde asciende hasta la plaça de Vallvidrera. Una vez allí, hay que tomar la carretera del Tibidabo hasta llegar a la carretera de l’Arrabassada. Una vez allí, hay que ir hasta el lugar en donde se inicia la carretera que desciende hasta la ermita de Sant Medir.

Sant Medir
Lugar de acceso a la ermita si vienes desde Barcelona

La Fiesta en la Vila de Gràcia

El recorrido desde la Vila de Gràcia se inicia a la altura del barri de Penitents, desde donde se sube hasta Vista Rica por la carretera de Horta, hasta llegar a la carretera de l’Arrabassada, desde donde se toma el camino que lleva hasta la ermita de Sant Medir.

Entre los festejos previos a los actos propios del día de Sant Medir, a finales de febrero, las diferentes collas se reúnen frente al monumento que tienen dedicado en la Vila de Gràcia para leer el pregón de la fiesta y hacer una ofrenda floral en el mismo. Al evento acuden los abanderados de cada una de ellas, sosteniendo las banderas respectivas, que lucen las corbatas obtenidas en cada una de las anteriores ediciones en las que han participado.

El monument a les Colles de Sant Medir

Entre los diferentes edificios religiosos y monumentos urbanos que recuerdan a Sant Medir destaca el monumento que hay en la Vila de Gràcia, y que está dedicado especialmente a los grupos de romeros que han mantenido la fiesta viva desde 1830. Una obra que se podría denominar “monumento viajero”, debido a que ha cambiado de ubicación en diferentes ocasiones. Aunque, eso sí, nunca ha salido de la Vila de Gràcia.

Es un monolito aplacado de granito rosa con un espacio cóncavo en la parte superior, donde hay un bajo relieve de bronce con motivos propios de las colles de Sant Medir. Se inauguró el 2 de mayo de 1969 en els Jardinets de Gràcia y, en 1975, lo trasladaron por primera vez, hasta la plaça Trilla. En 1983 lo volvieron a cambiar de lugar, ubicándolo en el cruce de las calles Nil Fabra y Torrent de l’Olla. Aunque ese tampoco sería el lugar que ocuparía de manera definitiva.

En 2002, con motivo de la conmemoración del cincuentenario de la creación de la Federación de Colles de Sant Medir (se creó en 1951), se decidió trasladarlo de nuevo hasta la plaça Trilla, junto a Gran de Gràcia, arteria principal del lugar.

Desde 1980, el monolito cuenta en su lateral con una inscripción conmemorativa del 150º aniversario de la celebración del “Aplec de Sant Medir”.

La Fiesta en Sants

¿Y os preguntaréis, y los romeros de Sants? Hasta ahora solo había comentado su participación en las romerías de principios del siglo XX, pero es que tras la Guerra Civil dejaron de hacerlo.

Pues desde el 4 de septiembre de 1949, el barrio de la Bordeta de Sants tiene su propia parroquia dedicada a Sant Medir. Y desde allí es donde se organiza una particular romería por las calles del barrio, que suele celebrarse el domingo siguiente a la celebración del 3 de marzo.

Una de las características más destacadas del barrio de la Bordeta es la tradición asociativa de sus vecinos, que ayudó a llevar a cabo una labor dinamizadora político-social clandestina durante los años del franquismo, y que utilizó la parroquia de Sant Medir como principal motor. De ahí que, aparte de ser un lugar para la celebración de actos litúrgicos y pastorales, desde su construcción fue un lugar de encuentro para impulsar infinidad de actividades de carácter social, entre las que estuvo la recuperación y difusión de la fiesta de Sant Medir como nexo de unión entre los vecinos.

Las faves y los caramelos en la Fiesta de Sant Medir

Como suele ocurrir en este tipo de fiestas tradicionales, la de Sant Medir también tiene diferentes elementos simbólicos, como son las faves (habas) y los caramelos.

Con relación a les faves de Sant Medir, además de ser un objeto relacionado con la buena suerte, también tiene que ver con el elemento protagonista de la leyenda de este santo. Habas que se convirtieron en objeto principal de un milagro, que daría lugar a la posterior popularización de la leyenda.

De hecho, y dado que Sant Medir fue el patrón de los campesinos de esa zona durante la Edad Media, muchos de ellos apostaban por coger un puñado de tierra del “camp del Miracle” y llevárselo a sus propios campos como si de abono se tratase, para hacerlos más productivos… Recordar que, tal y como explica la leyenda, las habas que plantó Medir antes de que llegasen los soldados crecieron y florecieron en un solo día.

La asociación de las habas con el concepto de buena suerte viene de antiguo. Así como con la simbología de la fertilidad. Griegos y romanos solían utilizarlas como un instrumento para el sorteo de cargos públicos (de ahí el concepto de “tener la negra”). Y en el antiguo Egipto estaban relacionadas con el culto a los muertos y la Resurrección, a partir de la simbolización de la fertilidad. En la cultura popular se cree que llevar un haba en el bolsillo es un amuleto para atraer la abundancia y alejar la mala suerte.

Los caramelos, otro elemento simbólico de la Fiesta de Sant Medir, no se sabe con certeza su porqué. Se suele decir que están directamente relacionados con la promesa que hizo el panadero Josep Vidal de peregrinar hasta la ermita en agradecimiento por una sanación.

Parace ser que Vidal tomó por costumbre repartir dulces de elaboración propia para ir ganando adeptos a su reiterativa peregrinación a la ermita. Y que, con el paso del tiempo, esos dulces acabaron reemplazándose por caramelos. Una tradición que ha hecho que la fiesta de Sant Medir se conozca popularmente con el sobrenombre de “la festa más dolça” (la fiesta más dulce).

Libros sobre el mito y la leyenda de Sant Medir

Si quieres saber más sobre la leyenda de Sant Medir y otros mitos, fábulas y narraciones populares de Sant Cugat, os recomiendo el libro de Rogeli Pedró i Fontanet, “Llegendes de Sant Cugat del Vallès”. Y si tu interés es específicamente sobre la fiesta de Sant Medir en sí, el libro de imágenes “La festa de Sant Medir”, de Viena & Columna.

Y, como no podía ser de otro modo, puedes darse una vuelta por internet, en donde encontrarás diferentes páginas web temáticas con la búsqueda de “la Festa de Sant Medir”.

Nota: Artículo revisado y actualizado. Publicado inicialmente el 2 de marzo de 2013.

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2 COMENTARIOS

    • Moltes gràcies, Dani. Una de les activitats que més ens agrada fer amb el blog és el nostre particular “periodisme d’investigació”, prèviament a la redacció de qualsevol post. Una abraçada.

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