BARCINO YA ERA PODEROSA. BARCINO YA TENÍA PODER

Cuando realizamos la ruta alrededor de la muralla de la Barcino romana, tuvimos que pasar por alto la visita a los restos que se conservan en el Pati Llimona ya que el espacio estaba cerrado por obras. Pero como en la vida todo lo que empieza también tiene un final, las obras han acabado y ya tenemos aquí la recuperación de una nueva parte de la antigua ciudad romana para goce y disfrute de los barceloneses, y de todos aquellos que nos visiten. Desde esta pasada semana están abiertos al público los nuevos restos arqueológicos que se han recuperado de la Puerta del Mar y de las Termas Portuarias de Barcino.

Restos arqueológicos de las termas portuarias del Regomir

Restos arqueológicos de las termas portuarias del Regomir

Antes de empezar, haremos un breve resumen para situarnos en materia. Como ya sabemos, Barcino fue fundada en el siglo I a.C, y recibió el nombre de Julia Augusta en honor del emperador Julio César Augusto, que gobernaba en la Roma imperial de aquel momento. Se construyó de acuerdo a la orografía del terreno, siguiendo un plano de trazado hipodámico al estilo de los campamentos militares, ocupando una extensión de diez hectáreas, que rodearon con una primera muralla, construida con piedra traída de Montjuïc. Fuera de la muralla, en la zona conocida como suburbium, se instalaron diferentes centros de producción artesanal de cerámica y metalúrgica, así como diferentes Domus y Villae. La fundación de Barcino coincidió en el tiempo con una época de crecimiento del imperio y con una reestructuración del eje viario (la Vía Augusta), que la llevó a que uno de sus tramos discurriese por el lado del mar y que cruzase la ciudad, más o menos, paralela a la línea de la playa.

La elección del lugar para fundar esta nueva colonia romana no fue al azar. Diferentes motivos influyeron en ello: su buen clima, su situación estratégica junto al mar (en aquella época la muralla se situaba a 150 m de la costa), la posibilidad de disponer de recursos naturales cercanos, como era la zona minera de Gavá, y el estar franqueada por dos ríos, el Llobregat, que en aquella época era navegable, y el Besós, del que se obtenía el agua de boca para el consumo.

Interesante comentar la infraestructura pública que se utilizaba para hacer llegar el agua a Barcino desde Montcada. Consistía en once kilómetros de tuberías subterráneas -para preservar la calidad del agua-, un acueducto fuera muralla (del que ya hablamos en su momento), dos acueductos dentro de la muralla y dos depósitos de aguas (denominados castellum aquae) que distribuían el agua por la ciudad por el sistema de agua rodada.

Según los historiadores, aunque siempre se han relacionado las murallas con el aspecto defensivo de las ciudades que rodeaban, en el caso de la muralla de Barcino se cree que era un elemento de prestigio más que de defensa. La imagen de poder que transmitía una ciudad rodeada por una muralla era mucho más importante que la que no la tenía, por eso y, a pesar de ser una ciudad relativamente pequeña en tamaño, la importancia de Barcino hizo necesario corroborarlo mediante esa primera muralla que, a pesar de sus líneas rectas y sencillas, no dejaba de ser un elemento simbólico del poder de la ciudad.

Restos de la muralla romana junto a las termas

Restos de la muralla romana junto a las termas

Otro factor que hace pensar que la muralla era un elemento para engrandecer la imagen de la ciudad era que, tanto en el camino de ronda que rodeaba toda la muralla por la parte interior (conocida como intervalum), como en su perímetro exterior, se empezaron a levantar construcciones adosadas que, evidentemente, nada tenían que ver con la defensa de la ciudad. Entre esas construcciones destacan las termas que se han recuperado, y que estamos visitando.

Las termas eran lugares muy importantes en la antigua Roma, tanto por su significado como por su función. Su número y variedad era un factor que denotaba la importancia de la ciudad donde se construían, y que servía para valorar el nivel de civilización que había alcanzado un determinado lugar.

Como podemos ver, siguiendo la dinámica de realzar la importancia de la ciudad, en Barcino también las construyeron. El lugar elegido fue junto a la Puerta del Mar, un lugar que conectaba la ciudad con la zona portuaria, y por donde pasaban la mayoría de mercaderes y comerciantes que llegaban a la ciudad por vía marítima. El lugar estaba repleto de almacenes de mercaderías y prostíbulos, sinónimo de la actividad que allí se generaba. Por lo tanto, estas termas portuarias suburbanas se convirtieron en un lugar de paso obligado a todos aquellos que querían acceder a la ciudad. Estaban divididas en dos zonas, una para hombres y otra para mujeres.

Además de ser un espacio destinado a la higiene y al placer,  también era un importante lugar de encuentros sociales, donde se cerraban negocios y se hablaba de política entre otros asuntos. Se accedía por el apodyterium o vestidor, donde se dejaba la ropa y, a continuación, se iba pasando consecutivamente al frigidarium o sala fría, al tepidarium o zona templada y el caldarium o zona caliente. Los restos que se han recuperado en el Pati Llimona corresponden a la zona del tepidarium que además, y por diferentes incidíos, parece ser que se encontraba situada al aire libre y en cuya piscina se usaba agua de mar.

Plano de las termas

Plano de las termas

Dibujo del acceso de la muralla desde la playa

Dibujo del acceso de la muralla desde la playa: Puerta del Mar

Existen algunos escritos de la época, entre cuyos autores figuran Séneca y Plinio el viejo, que ya explican el uso del agua de mar con finalidades curativas en unas termas denominadas Balnea, por lo que no se descarta que en los primeros siglos de la era cristiana en Barcino ya se practicase una técnica pionera de la “talasoterapia”. Asimismo, y como anécdota, se ha llegado a la conclusión que los restos corresponden al tepidarium femenino por la cantidad de horquillas de pelo que se han encontrado entre los restos. Parece ser, que estas termas estuvieron funcionando hasta la construcción de la segunda muralla, en el siglo IV d.C.

La nueva obra de ingenieria se llevó a cabo para mejorar la propia muralla y hacer todavía más visible el poder de la ciudad. Si comparamos los restos de una y de otra podremos observar claramente la diferencia entre los bloques utilizados en sus construcciones. Se rodeó a una distancia de cuatro metros todo el perímetro de la anterior muralla (tal y como podemos apreciar en el propio Pati Llimona), y el espacio que quedó entre ambas fue rellenado con restos de derivos procedentes de otras construcciones, como es el caso de algunas necrópolis. Se le incorporaron 76 torres de defensa (la mayoría cuadradas, a excepción de las de las puertas y las de las esquinas) y, en la parte derecha de la Puerta del Mar se construyó un Castellum que encerró en su interior la parte de las termas que había servido como zona para hombres y se derribaron las destinadas a las mujeres. Por ello se cree que a partir de ese momento las termas pasaron a ser mixtas. Todavía se conservan dos piedras procedentes del friso que había sobre los arcos que franqueaban el acceso.

Restos de la primera muralla en el interior del Pati Llimona

Restos de la primera muralla en el interior del Pati Llimona

Visión interior y exterior de una parte de la muralla

Visión interior y exterior de una parte de la muralla

¿Y por qué conocemos este lugar con el nombre de Pati Llimona? Un rápido viaje por la historia nos lo explicará.

Las construcciones adosadas a la muralla continuaron creciendo. En el siglo X la Porta del Mar pasó a llamarse Porta Regumiro y, debido a una fortificación posterior, volvió a cambiar el nombre por el de Castrum Regumirum o Castillo del Regumiro. En el siglo XIII la familia noble de los Marc, vinculada a la curia real, construyó un palacio sobre la muralla que había junto al Castillo del Regumiro. En el siglo XIV, Galceran Marc vendió la propiedad a Ponç de Gualba, un prohombre de la ciudad que se había enriquecido a través del comercio marítimo y las actividades bancarias. Posteriormente, ya en el siglo XVIII por temas de herencias la propiedad pasó a ser propiedad de la comunidad de clérigos de Sant Just i Pastor. Finalmente, la compró Tomás Llimona, un mercader de indianas y miembro de la familia, que le dió nombre a este lugar.

Torre medieval construída sobre la muralla romana

Torre medieval construída sobre la muralla romana

Restos arqueológicos del edificio medieval

Restos arqueológicos del edificio medieval

Antes de acabar, quiero agradecer a la historiadora que nos ha acompañado durante el recorrido por toda la información que nos ha ido explicando, ya que gracias a ello he podido compartir este relato con todos vosotros.

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