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MÁS HISTORIAS DEL CARRER DEL REGOMIR

Siguiendo con la apuesta por volver a traer a primera página antiguas historias del blog, hoy os propongo regresar al carrer del Regomir a través del recuerdo de una antigua visita, que me llevó a descubrir diferentes historias que guardaba esa estrecha calle de Ciutat Vella. Historias que me han vuelto a despertar el interés por volver nuevamente ya que, tras el paso de los años, estoy segura de que alguna cosa habrá cambiado.

Por un lado, la reforma del Palau Vilana-Perles, ya que como explican en este artículo de la UPC, el edificio necesitaba una urgente intervención para sanearlo y recuperarlo en todo su esplendor. Y, por el otro, reservarme en la agenda la fecha del 10 de julio, para volver a vivir en primera persona los actos correspondientes a la Diada de Sant Cristòfol, y comprobar cómo ha evolucionado la tradición de bendecir vehículos frente a la capilla que ese santo tiene dedicada en el carrer del Regomir.

Carrer del Regomir
Vista panorámica del Carrer del Regomir

El carrer del Regomir es una continuación del carrer de la Ciutat. Calle que nace en la plaça de Sant Jaume, pero que cambia el nombre junto cuando se cruza con la plaça del Regomir. Para seguir dirección mar, hasta llegar al carrer Ample.

El porqué del nombre del carrer del Regomir

Pero antes de recuperar y revisar la información que compartí en el antiguo post, dejadme que haga un breve inciso para explicar el porqué del nombre de esa calle y las teorías que hay sobre su origen, ya que me he dado cuenta que no lo hice en su momento, y no deja de ser interesante compartirlas también.

¿De dónde viene el nombre de Regomir? Tal y como indica el nomenclátor de Barcelona, existen dos explicaciones sobre el origen del nombre del carrer del Regomir.

La primera gira en torno al apellido de los Regomir, familia a la que pertenecía Mateu Regomir, un conseller de la ciutat que alcanzó cierta importancia allá por el siglo XIII. Por lo que no se descarta que la calle pudiese llevar el nombre en recuerdo a ese ilustre barcelonés, así como toda la zona de la antigua Barcelona que se encontraba en los alrededores de esa calle.

La segunda explicación hace referencia al Rec d’en Mir, una antigua acequia que discurría junto al castrum regominorum, fortificación anexa a la antigua muralla, y cuya restauración promovió el comte Mir (Miró I de Barcelona) sobre el año 1000 ddC. Una canalización asociada al Rec Comtal de Barcelona y atribuida a dicho conde, quien gobernó junto a su hermano Borrell II, encargándose tanto de la mejora de las infraestructuras de la antigua ciudad, como de las de los terrenos que había en el Pla de Barcelona.

Según se desprende de la documentación que hay sobre el Regomir, parece ser que al barrio que quedaba fuera de la muralla, pero tocando a esa zona, se le conocía como el barri del Regomir. Una zona considerada como el primer barrio marinero de la antigua Barcelona, tanto por su proximidad a la playa, como porque allí estuvieron las primeras drassanes (instalaciones para la construcción y reparación de naves). En la actualidad, en esa zona está el carrer de la Fusteria, nombre que recuerda al gremio de mestres d’aixa (carpinteros de ribera), quienes se dedicaban a construir embarcaciones de madera en esa parte de la Barcelona medieval.

Lugares interesantes del carrer del Regomir

Las termas romanas del Pati Llimona son, sin lugar a dudas, el lugar más conocido del carrer del Regomir. No obstante, mi tendencia a observar con detalle el paisaje urbano de Barcelona, me llevó a fijarme en otros dos lugares muy cercanos, a derecha e izquierda de la puerta de acceso a ese museo. Para concretar, os estoy hablando del Palau Vilana-Perles y de la Capella de Sant Cristòfol.

El Palau Vilana-Perles

El Palau Vilana-Perles está ubicado justo al lado del edificio en el que se conservan importantes restos de las dos primeras murallas romanas de Barcelona. Nada más salir de ese museo, a su izquierda, nos encontramos con un portal que llama poderosamente la atención por la ornamentación con la que está decorado. Se trata de la puerta de acceso al patio central del palacio.

Carrer del Regomir
Patio interior del palau Vilana Perlas

El palacio es originario del siglo XIV, y está construido sobre una gran parcela que estaba situada junto a los restos de la muralla romana. El portal de acceso, siguiendo el diseño arquitectónico propio del arte civil gótico catalán, como ya he dicho, da acceso a un patio interior, rodeado por dos torres y una galería superior. Cuando lo visité por última vez, conservaba la estructura y algunos elementos originales, como por ejemplo las dos ventanas “coronelas” que se pueden apreciar en la parte superior de una de las fachadas interiores.

Pero si algo llama la atención, y lo hace destacar entre el resto de edificios de esa calle, es el espectacular portal barroco que se construyó en tiempos de la Guerra de Sucesión y que, por su ornamentación, parece ser casi único en Barcelona.

Y si espectacular es el palacio, espectacular también es la historia de su propietario. El palacio perteneció a Ramon de Vilana-Perles i Camarasa, marqués de Rialb y conde de Vilana. Un notario de Barcelona a quien Carlos II otorgó el privilegio de prohombre de Barcelona en 1681.

Pinceladas biográficas sobre Vilana-Perles

Ramon Frederic de de Vila-Perles fue capitán de la Coronela de Barcelona y uno de los nobles más importantes que apoyaron al archiduque Carlos en su lucha por el trono contra Felipe d’Anjou. Fue quien se encargó de leer ante la Cort General de Barcelona de 1705-1706 la proclamación de Carlos III como Rey, de quien recibió el nombramiento de Secretario del Consejo de Estado y del Despacho Universal.

En medio de la Guerra de Sucesión, cuando el archiduque Carlos tuvo que marchar a Austria para ser coronado emperador, Vilana-Perles permaneció en Barcelona junto a la emperatriz regente Isabel de Brunswick. A quien, en 1713, acompañaría a Viena, ciudad en la que se acabaría exiliando tras la victoria borbónica.

Llegó a ser una de las figuras más influyentes de la corte vienesa y se convirtió en la mano derecha del emperador Carlos VI, actuando de primer ministro ”de facto” del Sacro Imperio Romano germánico. Y según ha quedado documentado a través de importantes textos recuperados de esa época, queda constatado el importante papel que este diplomático desempeñó a lo largo de toda su carrera política, tanto durante el tiempo que pasó en Barcelona, como tras su exilio en Austria.

Para saber más sobre la historia relativa a hechos posteriores al 1714.

La Capella de Sant Cristòfol

La Capella de Sant Cristòfol situada algo más arriba, en el número 7-9 del carrer del Regomir, ocupa los bajos de la casa Pelegrí Guarch, propiedad de Pelegrí Guarch i Salom, y se construyó a mediados del siglo XIX a través de la unión arquitectónica de dos antiguas construcciones que habían allí previamente.

Existen evidencias de la existencia de una antigua capilla dedicada a Sant Cristòfol en el interior de una de las torres de la antigua fortificación que había junto a la muralla romana. Prueba de ello es la inscripción que hay en la puerta de la capilla actual. A lo largo de su existencia, la capilla se ha ampliado y restaurado en diferentes ocasiones, debido a los desperfectos sufridos en diferentes acontecimientos históricos que la afectaron.

La capilla actual data de una reforma de 1899 que dirigió Joan Martorell, y que se hizo siguiendo el estilo neogótico característico de la época. Pero no fue hasta el 10 de julio de 1907 cuando se celebró la primera bendición de automóviles frente a su puerta, siguiendo una costumbre que ya se había implantado en otros países europeos que practicaban la devoción a ese santo.

Goigs a sant Cristòfol. Capella del Carrer Regomir de Barcelona (Barcelonès, Barcelona).

La Diada de Sant Cristòfol o el inicio oficial de la temporada de playa

La festividad de Sant Cristòfol, patrón de los viajeros y de los automovilistas, se celebra el día 10 de julio. Y antiguamente, según la tradición, era el día en que daba comienzo la temporada oficial para ir a la playa y bañarse en el mar.

Aunque no sea demasiado conocida, parece ser que la veneración hacia Sant Cristòfol tiene una larga tradición en Barcelona. En un principio solo se le invocaba contra todo tipo de mal, pero posteriormente pasó a ser el patrón de los que iban a empezar un viaje (ya fuese por tierra, mar y, más adelante, por aire), con la finalidad de que los protegiera de accidentes y peligros que podía comportar el desplazamiento.

Según se explica, la historia de este santo formaba parte de los diferentes entremeses que se incluían en las procesiones de Corpus.

Como siempre, hay que remitirse a Joan Amades para conocer algo más sobre las tradiciones de esta festividad.

Tradiciones relacionadas con Sant Cristòfol

Entre las leyendas barcelonesas relacionadas con Sant Cristòfol destaca especialmente una del siglo XIX. Explica que cada 10 de julio, a las doce del mediodía, Sant Cristòfol llegaba al puerto de Barcelona en una barca. Y que después de desembarcar, recorría toda la Rambla con el niño Jesús en brazos, para desaparecer al llegar a la parte más alta.

En consecuencia, según indicaba la tradición, todos los que habían visto atendidas sus peticiones al santo tenían la obligación de recorrer la Rambla y el centro de Barcelona llevando sobre los hombros a un amigo o a un familiar, en señal de agradecimiento. Una tradición que se conocían con el nombre de tòfols o tofolets (bobos).

Las celebraciones del carrer del Regomir

Las celebraciones que se celebran frente a la capella de Sant Cristòfol del carrer del Regomir han ido evolucionando y adaptándose a los nuevos tiempos.

Según los técnicos en cultura popular, en el siglo XIX era costumbre engalanar balcones y ventanas, además de comer avellanas y panes bendecidos. También se solían comprar silbatos y abanicos, que las parejas se intercambiaban. El chico regalaba un abanico a la chica, y ésta la entregaba a cambio un silbato. ¿Por qué? La verdad es que no he descubierto realmente el motivo, pero queda claro que con tanto silbato, no hace falta imaginarse el tremendo estruendo de pitidos que se debía producir para anunciar el inicio de la fiesta…

Con la llegada de los primeros automóviles a principios del siglo XX, Sant Cristòfol pasó a ser también patrón de los automovilistas, por lo que la fiesta dio un giro, y se implantó la costumbre de bendecir los coches frente a la capilla. Tradición que ha llegado hasta nuestros días.

Los coches, motos y bicicletas que acuden suelen ir completamente engalanados para el evento, y el sacerdote que realiza la bendición les entrega unas ramas de espliego.

La bendición la preside una pareja de Gegants del Pi, que se plantan junto a la puerta de entrada a la capilla. De hecho Sant Cristòfol (un santo de grandes dimensiones) también es patrón de los gigantes en general y del mundo “geganter” en particular.

Para saber más: Conductors beneeixen els seus vehicles amb motiu de Sant Cristòfol

El volant de Sant Cristòfol, una delicia gastronómica

Y, por cierto, como no puede haber una festividad sin dulce típico, Sant Cristòfol también tiene el suyo. Se trata del “Volant de Sant Cristòfol”, un roscón de brioche y mazapán con forma de volante, que el día 10 de julio se puede comprar en muchas panaderías y pastelerías de Barcelona y de Terrassa, entre otras localidades catalanas.

Si alguien está interesado en prepararlo en casa, aquí os dejo una receta.

Creo que ya os he dado un buen listado de razones para acercarse hasta el carrer del Rec d’en Mir un día 10 de julio, ya sea a pie o motorizados.

Tres lugares curiosos próximos al carrer del Regomir

A modo de complemento del artículo, quiero ampliarlo con alguna recomendación sobre lugares curiosos que también se pueden visitar en las proximidades del carrer del Regomir.

El carrer Ample y el Palau Mornau

Como he explicado al comienzo del post, el carrer del Regomir acaba en el carrer Ample. Calle que, aunque actualmente esté considerada como otra calle más de la Ciutat Vella que está más cerca del mar, siglos atrás era la calle más importante de esa zona. Una calle que tenía el mismo recorrido que hoy en día sigue el trazado del Passeig Colom, cuando ahí todavía estaba la muralla de mar.

El origen de esa calle data de la época en la que se urbanizó la zona coincidiendo con la construcción del Convent de la Mercè en el siglo XIII. Comenzaba en la Rambla de Santa Mónica, junto al antiguo convento de Sant Francesc, y llegaba hasta la Basílica de Santa Maria del Mar. Un trazado que la urbanización de la Via Laietana separó en dos.

El resultado fue que el actual carrer Ample acabe en el carrer de la Fusteria, en donde está la fachada lateral del edificio de Correos, y que la parte más próxima al Born, una vez cruzada la Via Laietana, haya cambiado el nombre por el de carrer dels Agullers. Aunque si te fijas en el plano, el trazado de ambas calles sigue una linea perfecta.

El carrer dels Agullers (que forma parte del listado de calles gremiales de Barcelona, ya que hacía mención al gremio de los fabricantes de agujas y utensilidos de pesca) ya existía antes de la separación del carrer Ample en dos tramos, pero era mucho más corta.

El carrer Ample fue una de las calles en que los nobles y las familias aristocráticas de Barcelona eligieron para construir sus palacios, mucho antes de que lo cambiasen por el carrer dels Montcada. De ahí que, a pesar del aspecto algo dejado que tiene la calle y sus edificios en la actualidad, allí todavía sobreviven joyas como el Palau del Duc de Sessa (que lamentablemente está cerrado y no se puede visitar) y el Palau Mornau, que desde el 9 de mayo de 2012 acoge el Hemp Museum de Barcelona.

De visita al Hemp Museum para descubrir el Palau Mornau

Según la documentación, el palacio fue inicialmente propiedad de la familia dels Santcliment, una importante familia dedicada al comercio y que ocuparon destacados cargos municipales en la Barcelona medieval, alcanzando la nobleza en el siglo XVI.

Después de que el edificio pasase por diferentes propietarios e inquilinos, lo compró Josep Francesc Mornau i Prats, quien lo convirtió en un referente de la vida social de esa parte de Barcelona. En donde, en 1809, se llegó a celebrar una reunión clandestina para liberar Barcelona de los soldados napoleónicos, pero que no acabó de la mejor manera posible, tal y como se puede leen en la placa que hay a pie de la escalera noble.

Relato de la Conspiració de l’Ascenció

En 1908, Luis de Nadal i Artós, descendiente de Mornau, encargó la reforma del palacio a Joaquim Raspall, quien conservó las estructuras barrocas originales, pero lo transformó en un edificio principalmente modernista, con detalles historicistas diferentes en cada una de las diferentes salas.

Uno de los elementos más bonitos de la fachada principal es la tribuna en volada que queda enlazada con el balcón corrido, y que se puede ver desde la calle.

Una visita al museo puede ser una muy buena razón para poder aprovechar y disfrutar de la belleza del interior del edificio.

Para más información: Hash Marihuana & Hemp Museum

El edificio de Correos

Otro lugar que se puede visitar en las proximidades es la sede central de Correos y Telégrafos de Barcelona. Un edificio que, a pesar de ser administrativo, no deja de ser un edificio monumental.

Destaca tanto por el estilo arquitectónico de la construcción, como por los numerosos detalles ornamentales que tiene tanto interiores como exteriores. Entre ellos, vale la pena mencionar la cúpula del salón central, y el escudo antiguo de Barcelona colocado sobre una de las puertas del carrer de la Fusteria.

La visita se tiene que hacer a modo de usuario de correos, ya que no existen visitas organizadas de manera regular. Algo que limita mucho qué partes del edificio se pueden ver… Pero no deja de ser un lugar curioso para visitar en las proximidades del carrer del Regomir.

L’ull al cel | Ojo al cielo

Y por último, desde el carrer del Regomir dirección Llobregat puedes acercarte a descubrir uno de esos rincones curiosos de Barcelona que, desde hace un tiempo, se ha convertido en un imperdible de fotógrafos e instagramers

Se trata del efecto visual que provoca la perspectiva de los edificios que hay en la plaça Milans, vistos desde el ángulo nadir de la cámara (o los propios ojos del observador).

Unos edificios diseñados en el siglo XIX por Francesc Daniel Molina que forman una curiosa geometría circular. Y que si te paras en el centro de la plaza, y miras hacia arriba, podrás observar perfectamente el efecto llamado “ull al cel” (“ojo al cielo”). Una especie de ojo gigante que forma la silueta de los edificios circundantes, recortando una circunferencia en el cielo… Que si te cargas de paciencia, podrás ver con algún que otro avión pasando por el centro.

Una curiosa perspectiva que ya es todo un imperdible de Barcelona.

Y, por cierto, en esa misma plaza está el Milans Cockail Bar que, a pesar de que es relativamente nuevo, destaca por su diseño de inspiración rococó y ofrece una extensa carta de cócteles y gintónics de calidad. Personalmente lo he visitado en una ocasión, y la verdad es que no me disgustó.

Nota: Artículo revisado y actualizado. Publicado inicialmente el 21 de marzo de 2012

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