RECUERDOS DE LA PLAZA REAL, TAN REAL COMO LA VIDA MISMA

Una de las primeras acciones que se llevaron a cabo para dignificar la Plaça Reial, tras la etapa de degradación que vivió entre los años 70 y 80, fue organizar en ella la representación de un ballet clásico sobre la historia de Romeo y Julieta. En plena época de tribus urbanas, en la que cada una de ellas tenía “titularidad” sobre un cuarterón de la plaza, la apuesta fue arriesgada, pero triunfó. El lujo y el glamur, que hasta ese momento se habían reservado para el Teatro del Liceo, cruzaron La Rambla y se instalaron, de manera momentánea, entre los “desheredados de la plaza”, que pudieron experimentar la emoción de sentirse considerados personas respetables, lo que agradecieron acudiendo en masa a la representación.

Para alguien como yo, que siempre está interesada en aprender nuevas historias sobre Barcelona, ser invitada a asistir a un acto sobre la ciudad es sumamente interesante, pero si además va acompañado de la emotividad del que os voy a explicar, el interés aumenta muchos grados. ¿Qué mejor manera para revivir la historia de un lugar, que hacerlo a partir de la memoria de sus propios vecinos? Pues esa experiencia es la que viví hace unos días a través de las vivencias que nos relataron cuatro vecinos del Barri Gótic (Joana, Josefina, Teresa y Calixto), para los que la Plaza Real ha formado parte de la historia de sus vidas, y sus vidas han formado parte de la historia de la Plaza Real. Un encuentro de vecinos de toda la vida, en el que la única forastera fui yo misma.

Plaza Real

Reunión de vecinos, de los de toda la vida

Una vez hechas las presentaciones, a lo largo de cerca de dos horas dejaron fluir sus recuerdos… desordenadamente… tal y como iban llegando a su memoria.

Empezaron hablando del, casi ya desaparecido, oficio de trapero, que habían desempeñado el padre y el abuelo de una de las asistentes, y de cómo iban a recoger los recortes de papel que se producían en la antigua imprenta Nadal, local que actualmente ocupa el bar Ocaña.

Plaza Real

El Bar Ocaña ocupa el local de la antigua imprenta Nadal

Recordaron la tradición de celebrar “desde siempre” el mercadillo de compra y venta de sellos y monedas, todos los domingos y festivos, días en los que también estaba obligado desayunar chocolate con churros del Vivancos, y bajar a hacer el vermut de mediodía al Canarias, o la cerveza de la tarde, ¡eso sí! acompañada de un bocadillo de chorizo que se habían preparado previamente en casa… ya que la vida no daba para muchos lujos. Además comentaron que en la plaza había muy poca circulación rodada; aunque aclararon que no era porque no se pudiese circular, sino porque no había casi coches.

A diferencia de lo que ocurre hoy en día, había más comercios que restaurantes. Entre otros, mencionaron una sastrería de la que no recordaban el nombre, y el metge (el médico) en donde ahora se levanta el exclusivo Hotel DO, y que entendí se referían al consultorio de la zona de la Seguridad Social.

Plaza Real

El Hotel-Boutique DO

También nos explicaron que la plaza era el único espacio abierto y soleado del barrio, y los niños bajaban a jugar a todas horas. Cada mediodía, después de dejar preparada la comida, iban a recogerlos a la salida del colegio y se estaban en la plaza jugando hasta la hora del almuerzo. El espacio servía lo mismo para ir en bicicleta, que para jugar a muñecas.

Nos hablaron de personajes famosos que decidieron vivir en la Plaza Real a pesar de la mala fama, como los arquitectos Oriol Bohigas y Enric Miralles o el cantante Lluis Llach, pero de quien más se acordaron todos fue de Ocaña que, tal y como lo describió Joana, era una “gran persona, muy apreciada y que se llevaba muy bien con todos los vecinos”. Recordaba perfectamente la última vez que se despidió de él, antes de que se marchase de vacaciones a su Cantillana natal; los angelitos que le regaló y la promesa que le hizo de que ya se verían a la vuelta… y que el destino, lamentablemente, no permitió que se cumpliese.

Mencionaron el taller del pintor Pere Pruna sobre el bar Glaciar; el Barcelona Pipa Club, que acaba de celebrar su 50º aniversario, las dos herboristerías que hay en la plaza y, como no, el desaparecido taxidermista y a sus animales disecados, que entusiasmaban a quienes se paraban frente al escaparate a observarlos.

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La Herboristería del Rey

Reivindicaron la memoria del bailarín Vicente Escudero, así como la de su compañera, la bailadora María Márquez. Escudero, después de haberse pasado la vida bailando por todo el mundo, eligió la Plaza Real para quedarse a vivir su vejez, y allí acabó sus días a la edad de 92 años. Explicaron que siempre hablaba que había aprendido a bailar observando a los gatos y el movimiento de las hojas de los árboles, y coincidieron todos en que es una lástima que no haya “nada”, en toda la plaza, que lo recuerde.

Con relación a las salas de baile, todos coincidieron en reconocer la fama de la sala Jamboree como una discoteca de calidad, incluso entre personas de fuera del barrio, tal y como comentó una de las asistentes que no había vivido en la zona de joven. Además, fue la primera sala de baile de la ciudad en abrir por las mañanas; eso sí, sin servir alcohol.

Plaza Real

El Jamboree, la primera discoteca de Barcelona con horario diurno

Calixto nos dijo que una de las imágenes que todavía le arrancaban una sonrisa, era la de recordar cómo durante el verano las terrazas se llenaban de domingueros, procedentes de la Barceloneta, con la piel de color completamente rojo gamba a causa del sol, esperando que les sirviesen el aperitivo y una cerveza muy fría para recuperarse del calor “absorbido”.

Cuando tocó hablar de los años de decadencia y abandono no dejaron de lado comentar la proximidad de la calle Escudellers con las barras americanas que contaminaron el barrio, el recuerdo de los marineros de la VI Flota paseando por las calles buscando compañía, y los numerosos moblés que popularmente se conocían como los sube y baja. También recordaron la prohibición que tenían los niños del barrio de ir “más allá de la calle Aviñón”, que era donde acababa la “parte noble” del barrio…

Aunque no está exactamente en la misma plaza, nos recomendaron que visitásemos la oficina bancaria que hay junto al Hotel Cuatro Naciones. Parece ser que cuenta con interesantes elementos decorativos, más propios de un teatro que de un banco.

Dicen que José Pérez Ocaña siempre se refirió a la Plaça Reial como Plaza Real, no porque el adjetivo hiciese mención a la realeza, sino porque expresaba la realidad de la vida que en ella se desarrollaba. Después de todos los inputs recibidos, suscribo plenamente esa afirmación.

Plaza Real

Una plaza real, como la vida misma

La Plaza Real nació bajo el sello de la Barcelona burguesa en una etapa de graves conflictos sociales y políticos, fue absorbida por los fantasmas de la droga y la prostitución pero, finalmente, gracias a la reivindicación festiva y alegre de personas que, como Ocaña creyeron en ella, la reconvirtieron en un espacio de creación y de arte totalmente honorable. La Plaça Reial se diseñó en un principio para dedicársela a un monarca y acabó siendo realmente Real, gracias a la vida que se desarrolló en su entorno.

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