¿QUÉ OTROS PASAJES CONOCES TÚ?

El pasado 27 de julio, cuando llegó a mis manos el suplemento semanal que publica La Vanguardia, me sorprendió gratamente su portada. Se podía leer “Passatges de Barcelona” (Pasajes de Barcelona) y en su interior el artículo titulado “Camins amagats” (Caminos escondidos). Y ¿por qué ese interés por el artículo? Porque hace un tiempo empecé a recorrer algunos de ellos por los barrios de la Ribera, el Gòtic y el Raval, y de ahí mi interés a seguir profundizando en ello. Barcelona está llena de pasajes (enrejados o no) que le dan ese encanto que en el artículo de La Vanguardia, Anna Tomàs, define como “un tesoro que espera ser encontrado”.

De todos los pasajes que aparecen en el artículo me quedo especialmente con dos de ellos, por los recuerdos de adolescencia que me evocan, debido a su proximidad geográfica al Col·legi Lestonnac, en la confluencia de la calle Aragó con la calle Pau Clarís, donde cursé mis estudios profesionales durante cinco años.

Passatge de Méndez Vigo

El primero es el Passatge de Méndez Vigo, que podemos incluir en la lista de “calles enrejadas”. Se inauguró en 1868, tal y como se puede leer en la verja de acceso, y debido a la presencia en su interior de la Casa degli italiani también se conoce como “el pasaje de los italianos”. Como la mayoría de pasajes de Barcelona está lleno de pequeños jardines que franquean la entrada a las diferentes casas que hay a lo largo del mismo. Una de las cosas más destacables es un árbol pimentero que hay en uno de los jardines, debido a su antigüedad y altura. Según el nomenclátor de Barcelona Santiago Méndez Vigo fue un militar ovetense, nacido en 1790, que gobernó Puerto Rico entre los años 1841 y 1844.

Passatge de Méndez Vigo

Passatge de Méndez Vigo

Passatge de Permanyer

El segundo pasaje es el Passatge de Permanyer. Tiene el honor de ser el primer pasaje que se construyó en esta zona de Barcelona, y destaca por las casitas de una planta que rompen con los edificios característicos de la zona, de unos seis pisos de altura. En algunas de las fachadas de las casas llaman la atención elementos decorativos de aspecto árabe que, lo más seguro, se deban al interés de los burgueses novecentistas de Barcelona por lo oriental y exótico. El pasaje lleva el nombre de Francesc Permanyer i Tuyet, un barcelonés nacido en 1817 y que, entre otras muchas ocupaciones políticas, fue alcalde de la ciudad en 1856 y miembro de la Reial Acadèmia de las Bones Lletres. Tanto el Passatge de Méndez Vigo, como el Passatge de Permanyer guardan en común que todavía conservan el adoquinado típico de las antiguas calles de Barcelona, que ya se puede dar prácticamente por extinguido.

Passatge Permanyer

Passatge de Permanyer

Sin abandonar l’Eixample, no quiero dejar de mencionar las dos islas de casas que se extienden entre la calle Aragón, Roger de Lluria, Valencia y Girona, por el entramado de pasajes que guardan, y que enmarcan la Iglesia y el Mercat de la Concepció, respectivamente. El mencionado entramado engloba el Passatge del Rector Oliveras, paralelo a la iglesia, los dos pasajes que delimitan el mercado, el Passatge de les Escoles y el Passatge del Mercat, y el Passatge de Pla que “corta” el mercado transversalmente en dos.

Passatge de Jaume Oliveras i Prats

El primer pasaje, que recuerda a Jaume Oliveras i Prats, nacido en Hospitalet de Llobregat en 1884 y que fue rector de la parroquia de la Concepción, nos lleva hasta los jardines del mismo nombre y que son un remanso de paz junto a la ruidosa calle Aragón.

Passatge de Jaume Oliveras i Prats

Passatge de Jaume Oliveras i Prats

Passatge de les Escoles y Passatge del Mercat

El Passatge de les Escoles -que tiene poco encanto- y el Passatge del Mercat -con mucho más- delimitan el Mercat de la Concepció a derecha e izquierda, y siguen paralelamente su trazado desde la calle Aragó hasta la calle València. A medio camino se cruzan con el Passatge de Pla, que se construyó entre los años 1877 y 1893, y que recuerda a Joan Pla i Moreu, propietario de los terrenos.

Passatge del Pla

Passatge de Pla

Passatge del Mercat

Passatge del Mercat

Passatge de la Concepció

Camino del Eixample izquierdo nos encontramos con otro pasaje emblemático: el Passatge de la Concepció, o mejor dicho el Pasage de la Concepción, como todavía se puede leer en la reja de acceso. Es un pasaje que conecta el passeig de Gràcia y la rambla de Catalunya, y que desde siempre me ha llamado poderosamente la atención porqué “se llama como yo”. Los entendidos lo califican como un pasaje “fetiche” de la gastronomía, es de suponer que por el destacado número de restaurantes que alberga a lo largo de su corto recorrido. Dos lugares a destacar. El primero, el restaurante Tragaluz que, después de veintidós años de historia, se renovó en 2011 y se caracteriza por la cubierta de cristal que lo corona y que le da nombre. El segundo, la tienda Santa Eulàlia, que desde 1843 ha sido icono de la moda barcelonesa más chic y de tendencia.

El nombre de este pasaje es una excepción de la regla que sigue la mayoría del resto de pasajes. Entre nombres de celebridades, propietarios y topónimos, aparece un nombre que hace referencia a la doctrina católica que indica que la Virgen Maria fue preservada del pecado original en el momento de su concepción. ¿Curioso no?

El "Pasage" de la Concepción

El “Pasage” de la Concepción

Pero los pasajes no son patrimonio exclusivo del Eixample y de la parte antigua de Barcelona. Por ello quiero invitaros a visitar otros cuatro, que se encuentran algo retirados del centro. Dos en el barrio de Sant Gervasi y los otros dos en el barrio de Sarriá. En passeig de Gràcia podemos tomar la línea de bus 22 que nos llevará hacia allí.

Passatge de Mulet

A la altura de la avinguda Príncep d’Astúries, justo enfrente del inicio de la calle de les Carolines, donde está la Casa Vicens de Antoni Gaudí, está el primer pasaje que os propongo. Se trata del Passatge de Mulet, dedicado al profesor de pintura menorquín que fue propietario de ese lugar a mediados del siglo XIX. Un pasaje poco concurrido que llama la atención por la tranquilidad que transmite.

Passatge de Mulet

Passatge de Mulet

Passatge de Güell

El siguiente pasaje es algo difícil de contemplar por la privacidad que lo envuelve, y no lo hubiese incluido en mi ruta si no fuese por el nombre tan emblemático que tiene: el Passatge de Güell. Está junto a la plaça de la Bonanova y esconde en su interior un conjunto de magníficas casas de estilo inglés con jardín privado, pero difíciles de poder contemplar desde la reja exterior.

Passatge de Güell

Passatge de Güell

Como se puede deducir, el lugar está dedicado al que, según los especialistas, sería uno de los hombres más ricos del mundo de vivir hoy en día: Eusebi Güell.

Passatge de Fontanellas

Seguimos a pie por el passeig de la Bonanova, dirección a Sarrià. Al llegar a la calle Anglí giramos hacia la izquierda y en la siguiente travesía llegamos al Passatge de Fontanellas; un nuevo remanso de paz. El pasaje es completamente abierto, por lo que no tiene ningún problema para que lo podamos cruzar tranquilamente hacia la Vía Augusta. El pasaje lleva el nombre de Francesc Xavier Fontanellas i Calaf, primer marqués de Casa Fontanellas y propietario de los terrenos.

Francesc de Fontanellas, natural de Capellades, fue un importante comerciante de productos coloniales que, después de vivir un tiempo en Vilanova i la Geltrú, en 1822 se estableció en Barcelona, convirtiéndose en proveedor del ejército y consejero del Banco de San Fernando (germen del Banco de España). Por sus servicios al estado, en 1849 la reina Isabel II le concedió el título nobiliario de marqués de Casa Fontanellas. Casado con Eulàlia Sala tuvo cuatro hijos: Lamberto, Joaquina, Eulàlia y Claudio, y fueron los devenires de éste último los que pondrían a la familia en el punto mediático de la época.

Según explican en Sarrià, Claudio era todo menos una persona formal y seria, es decir, un “calavera”. La cuestión es que en septiembre de 1845 decidió irse de casa y embarcarse hacia América. Al cabo de un tiempo, la familia recibió aviso de que lo habían secuestrado y que pedían un rescate por su liberación. La familia, sin hacer excesivo caso, dio parte a las autoridades y no hizo el mínimo gesto por pagar la suma requerida. En 1851, tras la muerte del marqués, su primogénito se convirtió en el heredero universal, pero su padre dejó escrito que se guardase una parte de la herencia para cuando regresase Claudio de hacer las américas, dejando una pequeña esperanza a que todavía seguía con vida. Diez años más tarde, llegó un cable informando de la inminente llegada de Claudio Fontanellas, que estaba viajando en barco hacia Barcelona.

Tras su llegada y recibimiento en el puerto, lo llevaron a la casa familiar donde le esperaban familiares y amigos, aunque al poco tiempo de su regreso empezóa correr la sospecha de que se trataba de un impostor. El juez dictaminó su entrada en prisión, y a lo largo de un año y medio todo fueron contradicciones sobre su verdadera identidad. Mientras que unos la avalaban, otros afirmaban que era un suplantador. La cuestión es que finalmente se sentenció en su contra y se le acusó de impostor, y por lo que acabó condenado a pagar una multa y todos los gastos judiciales ocasionados.

Passatge de Fontanelles

Passatge de Fontanelles

Passatge de Mallofré

Y para finalizar, cruzamos la Vía Augusta y, a través de la calle Salvador Mundi llegamos a Major de Sarrià, donde giraremos nuevamente a la izquierda para llegar a nuestro último destino de hoy: el Passatge de Mallofré, construido sobre un antiguo garaje de coches de una compañía de transportes, que estaba ubicado sobre unos terrenos propiedad de Josep Mallofré i Trius, que le dio nombre al citado pasaje. Personalmente considero que es el que tiene mayor encanto de todos los que hemos visitado. Vale la pena cruzarlo y opinar por vosotros mismos.

Passatge Mallofré

Passatge de Mallofré

Y hasta aquí mi propuesta de recorrido (algo rápido, pero variado a la vez), por diferentes lugares de Barcelona siguiendo un objetivo único: demostrar que Barcelona está llena de pequeños rincones escondidos que vale la pena descubrir.

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