DE PASEO POR GIRONA, UNA MAÑANA DE MARZO

Girona es una ciudad cuyos orígenes se remontan a la época de los íberos, cuando la tribu de los indigetes tenían asentados sus poblados en esa zona. No obstante, fueron los romanos quienes fundaron Gerunda, construyendo un oppidum sobre la Via Heráclea, o lo que hoy conocemos popularmente como “el corredor mediterráneo”. A pesar de que la ciudad estaba situada en el interior, disponía de una excelente conexión con el puerto de Empuriae. Pasó relativamente poco tiempo en manos musulmanas debido a su cercanía con el imperio franco, y tras ser liberada se convirtió en capital del Condado de Gerona y se rodeó de unas nuevas murallas, que la convirtieron en una plaza fuerte, en la que se establecería una importante comunidad judía cuyas huellas han llegado hasta nuestros días…

Dicen que el turismo de Semana Santa ha optado por las salidas de un día y, como hay que estar siempre al día, eso es lo que optamos por hacer en Barcelona en horas de oficina, y nos fuimos a pasar una mañana visitando la ciudad de Girona.

Aunque Barcelona y Girona están perfectamente conectadas por ferrocarril o por autocar de línea, para facilitarnos la logística del programa que llevábamos en mente, optamos por el transporte privado a través de la AP-7. Tras una breve parada en el aeropuerto de Girona-Costa Brava, seguimos rumbo al centro de la ciudad. Nada más entrar en ella dejamos a nuestra izquierda el impresionante Parc de la Devesa, considerado el parque urbano más grande de toda la comunidad catalana. Tras estacionar nuestro vehículo, una serie de relieves de personajes mitológicos nos da la bienvenida, así como pósters informativos de Turisme de Girona.

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Relieves de personajes mitológicos junto al Parc de la Dehesa

Los puentes sobre el río Onyar

Nuestro primer destino es el río Onyar y los diferentes puentes que lo cruzan, que nos sirven de mirador para contemplar una de las imágenes que más caracterizan a esta ciudad: las vistas sobre las casas colgadas del río, entre las que destaca la casa natal del arquitecto Rafael Masó, que es la única que está abierta al público en general, previa reserva de día y hora para la visita. Durante el paseo pasaremos por dos de sus obras: la farmacia Saguer y la Casa Ribas i Crehuetcasa Ribas i Crehuet.

La construcción de puentes sobre el río ha sido una constante a lo largo de la historia de la ciudad, por la necesidad de poder unir dos de sus barrios más importantes: el Barri de la Força Vella y el Barri del Mercadal, cada uno en una orilla del río. De los puentes, mencionaremos los cuatro que por uno u otro motivo nos llaman más la atención.

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Pont d’en Gómez

El primero es el Pont d’en Gómez, un puente peatonal de hormigón armado y con un único arco. Preguntando por el porqué de su nombre, nos explican que lleva el de la persona que cedió parte de su casa para que se pudiese construir. ¡Todo un reconocimiento!

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Pont de Ferro

El segundo, también peatonal, es el Pont de les Peixateries Velles o Pont de Ferro. Tal como su nombre indica está construido en hierro y es obra de la empresa parisina propiedad de Gustave Eiffel, por lo que popularmente también se conoce como Pont d’Eiffel ¡En París tienen la torre y en Girona tienen el puente! Dicen que cuando lo construyeron se decantaron por usar hierro en lugar de madera (como se había hecho hasta ese momento), debido a que la madera había resultado ser demasiado débil para soportar las frecuentes inundaciones.

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El Pont de Sant Agustí

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Detalle del embaldosado del pont de Sant Agustí

El tercero es otro puente peatonal. Se trata del Pont de Sant Agustí, que data de 1877 y comunica la plaça de la Independència con el final de la calle Argenteria. Uno de los detalles, que si vienes de Can Fanga, te provocará exclamar un Què maco!, es el embaldosado que te recordará no sé qué lugar de Barcelona… ¿Sabes cuál? Seguro que sí.

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Pont de Pedra

El cuarto es el Pont de Pedra construido en 1856, que también se conoce como Pont d’Isabel II ya que su construcción coincidió con el reinado de dicha monarca. Sustituyó a un puente medieval anterior conocido como de San Francisco, que tenía arcos góticos y una torre de defensa. Durante mucho tiempo fue la principal vía de tránsito, tanto para personas como para carruajes, entre las dos orillas.

La plaça de la Independència

Nuestra primera parada es una terraza de la Plaça de la Independència,en el corazón del barrio del Mercadal, donde antiguamente estuvo el convento de San Agustín y como popularmente se conoce la plaza. A principios del siglo XIX, Girona fue una de las ciudades más afectadas por las guerras napoleónicas, tanto por el asedio como por la destrucción, por lo que esta plaza quiere recordar a todos aquellos que defendieron la ciudad. La plaza, aunque de dimensiones mucho más pequeñas, nos recuerda la Plaça Reial de Barcelona. Es una plaza cerrada y porticada, rodeada de edificios de estilo neoclásico muy parecidos entre sí, aunque de hecho su construcción (tal y como se ideó inicialmente) no finalizó hasta los años 80 del siglo XX. La plaza está repleta de cafés y restaurantes, entre los que destacan el Cafè Royal y la centenaria Casa Marieta.

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Monumento de la plaça de la Independència

A través de la calle de Santa Clara nos dirigimos hacia el Pont de Pedra, donde cruzamos hasta la otra orilla del río para entrar a informarnos en la oficina de información turística sobre qué no nos podemos dejar perder. A la llegada nos comentan que el ayuntamiento y la Universitat de Girona están realizando un proyecto para conocer el comportamiento turístico de los visitantes que acuden a la ciudad, y nos preguntan si estaríamos dispuestos a colaborar; lo único que debemos hacer es llevar un GPS a lo largo de nuestro recorrido y contestar una encuesta al final. ¡OK, aceptamos! Con el GPS colgando, los diversos folletos que nos han entregado y el plano marcado con algunos de los lugares que nos han recomendado, empezamos a caminar.

La rambla de la Llibertat, camino del Call

Recorremos la Rambla de la Llibertat con la finalidad de adentrarnos en el Call, la antigua judería. La Rambla discurre paralela al río y, aunque es una relativamente nueva, está trazada sobre en una estructura medieval, tal y como deja entrever una parte de la porticada y algún que otro edificio de aquella época, que todavía se conservan, y que se alternan con otros de época modernista. Según leemos en la guía, el nombre de la Rambla se debe al árbol de la libertad que se plantó durante el sexenio democrático de mediados del XIX. Es el camino que cualquier turista debe recorrer para entrar al barrio antiguo de la ciudad, hacia donde nos dirigimos nosotros.

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La rambla de la Llibertat

Tal y como ya pudimos comprobar paseando por los barrios de la Barcelona antigua, también en esta parte de Girona las calles tienen nombres que recuerdan su pasado gremial, como el carrer dels Mercaders, el carrer de l’Argenteria, el carrer de les Ballesteries…

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Callejuelas escalonadas del Call

Nos adentramos en las empinadas, escalonadas y empedradas calles de El Call. Aunque la judería de Girona no alcanzó el volumen y la importancia de la Barcelona, actualmente es el núcleo medieval judío mejor conservado de toda Europa. El lugar más interesante que vamos a visitar es el Centro Bonastruc ça Porta, donde se encontraba la última sinagoga del barrio, y en donde actualmente está ubicado el Museo de Historia de los Judíos.

El museo de historia de los judios

Aunque ya le dedicaremos un post específico más adelante, solo comentar que el museo explica mediante escritos, imágenes y objetos, como era la vida de los judíos en aquella época, destacando la vida familiar, las festividades, las tradiciones y la vida en comunidad que giraba alrededor de la Sinagoga. También dedica una parte de la exposición a tratar los problemas de convivencia que tuvieron, su expulsión, la diáspora y el legado cultural que nos han dejado.

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Patio interior del museo con una estrella de David en el pavimento

Como hecho curioso para un turista procedente de Barcelona, sorprende saber que en una montaña situada al norte de la ciudad, fuera de las murallas, estaba el cementerio medieval judío y que también recibía el nombre de Montjuïc.

 

La catedral de Santa María

Finalizada la visita al museo, nos vamos hacia la catedral de Santa María, situada en la parte más elevada del barrio antiguo, desde donde podremos gozar de magníficas vistas sobre la ciudad y contemplar el campanario de la Basílica de San Félix, donde está enterrado Sant Narcís, patrón de la ciudad. Frente a la Catedral está la Pia Almoina, que como la de Barcelona fue una institución benéfica en época medieval.

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Monumento dedicado a los arquitectos que construyeron la Catedral de Josep Mª Subirachs

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Fachada principal de la catedral

La Catedral, que combina diferentes estilos arquitectónicos como suele ser habitual en este tipo de construcciones, tiene una nave gótica (la segunda más amplia de Europa, tras la del Vaticano), un claustro románico y una fachada barroca con un único campanario. En el museo de la Catedral se guarda una de las joyas del románico catalán: el Tapiz de la Creación.

A esta altura de la ruta, comprobamos que el GPS continua en funcionamiento, y nos vamos hacia la muralla.

La muralla y las vistas panorámicas sobre la ciudad

Accedemos a través del Jardín de la Francesa, un encantador lugar que le debe su nombre a la nacionalidad de su antigua propietaria. A través de una estrecha escalera subimos a la muralla y empezamos a recorrer toda su extensión. Magníficas vistas hacia diferentes lugares nos van a acompañar durante el tiempo que estemos caminando por la muralla.

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Tramo de la muralla

Lo primero que vemos es el ábside de la Catedral y el campanario, también conocido como Torre de Carlomagno, emperador muy venerado en Girona aunque nunca pisó la ciudad. Según explica la leyenda, Carlomagno dejó caer una espada desde lo alto del campanario de manera fortuíta, y nunca más se encontró. Parece ser que cayó en el interior de un pozo donde se empezó a hundir en la tierra, cosa que continua haciendo hasta que llegue el momento en que parta la Tierra en dos.

Fuera murallas, vemos el monasterio románico de Sant Pere de Galligants situado junto al museo de arqueología y próximo a los baños árabes, que dejaremos para visitar en una próxima ocasión. Nos dicen que las montañas que se ven a lo lejos son las del macizo del Canigó.

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Monasterio de Sant Pere de Galligants

Si algo se ha conseguido con la restauración de la muralla gironina es el maravilloso paseo que te proporciona seguirla a lo largo de todo su recorrido. Además, cada tantos metros, nos encontramos con una de las torres de vigilancia (la Torre Gironella, la Torre General Peralta y la Torre del Socors), que se han convertido en miradores privilegiados para contemplar la ciudad y sus alrededores, donde destacan las canteras de las que se extraía el material para la construcción de la mayoría de los edificios y calles del centro histórico de la ciudad. Llama la atención, un excusado de piedra al aire libre que hay junto a una de las torres. ¡Cosas de la Edad Media!

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Vistas desde la muralla hacia el campanario de la catedral

Más o menos a mitad del recorrido, junto a la muralla vemos el antiguo Convent de Sant Domènec actual sede de la Universitat de Girona.

Espacios de memoria

Una vez llegamos al final de la muralla, descendemos y nos dirigimos hacia la Plaça del Jardí de la Infància. A los pies de la muralla nos encontramos con dos monumentos relacionados con la memoria histórica de la ciudad, que no nos deben pasar desapercibidos.

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Monumento contra el invasor

El primero es el refugio antiaéreo incluido en la ruta de espacios para la memoria y el segundo, la escultura “Contra l’invasor” que representa la resistencia de las gentes de Girona frente a todos los invasores que han atacado la ciudad a lo largo de su historia.

De nuevo en marcha, pasamos frente a una fuente dedicada a Mossen Cinto Verdaguer y por delante de la Església del Sagrat Cor.

L’Església dels Dolors y el Convent de la Mercè

Antes de iniciar el regreso hacia la oficina de turismo visitamos la Església dels Dolors,  sede de la Il•lustre i venerable Congregació de la Mare de Déu dels Dolors, donde con motivo de la Semana Santa se puede visitar una exposición sobre las cofradías que participan en la Procesión del Santo Entierro. Algo tétrico, pero curioso de ver.

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Trajes de las cofradías de Semana Santa en la iglesia de la Mare de Déu dels Dolors

A la salida pasamos por el claustro del Convent de la Mercè, que está justo al lado. Un antiguo convento mercenario que, a lo largo de su historia, ha pasado por diferentes funciones como hospital, cuartel, hospital militar y, actualmente, es la sede de un centro cultural.

La plaça de l’Ajuntament

Ya de regreso hacia nuestro punto de partida, a la altura de la plaça de l’Ajuntament y entre diferentes escaparates de establecimientos centenarios descubrimos una placa que nos llama la atención. Está justo al lado de una pastelería, e indica que en casa nació Ferràn Agulló.

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Casa natal de Ferran Agulló

Y os preguntaréis: ¿y quién era Ferran Agulló? ¿es el mismo que tiene dedicada una calle en Barcelona, cerca del Turó Parc? Pues sí. Ferran Agulló fue un político, periodista y escritor nacido en Girona que el 12 de septiembre de 1908 usó por primera vez, en el periódico La Veu de Catalunya, el término “Costa Brava”  para denominar el “conjunto de calas, playas y acantilados de la costa que se extiende desde Blanes hasta la frontera de Francia”, y que en 1965 se adoptó y se oficializó en pleno boom del fenómeno turístico.

Pues bien, aunque inicialmente no lo teníamos previsto, haber descubierto la casa de Ferran Agulló nos ha despertado el gusanillo de ver el mar. Por lo que una vez devuelto el GPS, contestada la encuesta y cumplimentadas todas las formalidades para poder participar en un sorteo que tiene como premio pasar un fin de semana en la ciudad, vamos a recoger nuestro coche y ponemos rumbo hacia la Taverna del Mar, desde donde proseguiremos con nuestro relato por terres gironines.

Para saber más:
Turisme de Girona
Catalunya

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