EL PALAU GÜELL, EL NEUSCHWANSTEIN QUE NOS REGALÓ GAUDÍ

Si has estado recorriendo Baviera seguro que has pasado por Füssen, y lo más seguro es que hayas ido a visitar su castillo de hadas real: Neuschwanstein (Nuevo cisne de piedra). Es un palacio que no te sorprende tanto como te puedes haber creído previamente, pero que tampoco te deja indiferente. Tal y como lo definen, es un sueño de magnificencia y poderío hecho piedra, que empezó a ser diseñado no por un arquitecto, sino por un decorador teatral, Christian Jank. Las diferentes estancias del castillo parecen un inmenso libro de cuentos, repleto de las figuras del mundo legendario alemán: Sigurd, Tannhäuser, Lohengrin, Walther von der Vogelweide. En Barcelona tenemos un lugar en la ciudad -aunque rodeado de edificios en lugar de esplendorosos bosques- que siempre me ha recordado el castillo que mandó construir el Rey Loco; especialmente cuando entras en su interior.

El "Nuevo cisne de Piedra". Füssen, Bayern.

El «Nuevo cisne de Piedra». Füssen, Bayern.

Palau Güell. Un sorprendente compendio de riqueza e imaginación

Palau Güell. Un sorprendente compendio de riqueza e imaginación

Hace un tiempo tuve el privilegio de poder formar parte de un pequeño grupo de instagramers a los que se nos abrieron las puertas del Palau Güell una hora antes que al público en general, dándonos permiso para recorrer libremente sus diferentes salas, a la caza de los mejores puntos de foto. No era la primera vez que lo visitaba,  pero en las condiciones tan fabulosas en que lo hice -sin casi nadie a mi alrededor- pude dejar volar la imaginación y regresar al 1888, año en que está fechada su inauguración, que se quiso hacer coincidir con la de la emblemática Exposición Universal. Una fecha más simbólica que real, ya que las obras realmente duraron un año más, y la decoración no se completó hasta cuatro años más tarde.

La primera pregunta que te haces cuando recorres el palacio -un edificio espectacularmente fantástico para la familia más rica de la ciudad-, es el porqué de su construcción en la calle Conde del Asalto (Nou de la Rambla), en lugar de en el Eixample, a donde se empezó a trasladar la burguesía barcelonesa de finales del siglo XIX. La explicación es sencilla. La proximidad de la vivienda familiar de los Güell en la Rambla, en donde Eusebi había vivido su infancia y juventud, fue el motivo. Dado el reducido espacio destinado a dormitorios, vestidores y baños, frente a la magnificencia y amplitud del resto de salas, se da por sentado que una vez la familia empezó a habitar el nuevo palacio destinó las dependencias de la antigua vivienda a espacio para la vida familiar, mientras que la función principal del nuevo fue la vida social y cultural de la familia, donde se celebraron recepciones, conciertos y veladas musicales entre otros (curiosamente, nunca se celebró ningún baile de salón por indicación explícita del director espiritual de los Güell). De ahí el corredor y la puerta que conecta ambos edificios, y que estuvo tapiada hasta no hace muchos años. Por cierto, si nunca has visitado el Centro Galego te animo a que lo hagas, ocupa la planta noble de la casa de la Rambla y conserva algunos motivos decorativos de aquella época, que siempre puede ser interesante conocer.

Una fachada relativamente austera, frente a las de otros edificios civiles de Gaudí

Una fachada relativamente austera, frente a las de otros edificios civiles de Gaudí

La construcción de un edificio de tales características en un lugar tan poco glamuroso es también la respuesta al porqué de la relativamente austera fachada principal, a diferencia de las de otros edificios de Gaudí. En este caso se planteó un edificio abierto hacia el interior, donde se recuperaba la tradición de construir la casa alrededor de un patio central, que en este caso se cubriría con una espectacular cúpula.

A diferencia del exterior, cuando accedas al interior la increíble suntuosidad en la decoración será la que te llame la atención. Dicen que la existencia de un presupuesto ilimitado ayudó a que Gaudí optase por elegir los materiales para la construcción en base a la necesidad, no al precio, lo que le llevó a rodearse de los mejores industriales y artesanos de la época. Pero también fue importante la total libertad de creación que se le otorgó (recordemos los problemas que tuvo en la construcción de la Casa Milà). De ahí la verdadera grandeza del edificio, que nos permite tomarnos la libertad de compararlo con Neuschwanstein, tanto por su riqueza como por su arte. El resultado, como podemos ver al pasear por las salas del palacio, fue un lugar funcional como vivienda, pero lleno de simbolismo, donde te sorprenderán los trabajos de marquetería, los juegos de espejos, las columnas de mármol y las vidrieras de colores que incentivan la luz matizada que entra del exterior.

Un palacio abierto al interior

Un palacio abierto al interior

Bajo la atenta mirada de Eusebi Güell

Bajo la atenta mirada de Eusebi Güell

Tal y como ocurre en el castillo de Alemania, también en el Palau Güell los personajes mitológicos o fantásticos tienen su espacio en la decoración. Si el Rey Loco se decantó por los de la mitología wagneriana, Eusebi Güell eligió a los de las obras de William Shakespeare. De ahí que encontremos imágenes del rey Lear, Macbeth o Hamlet en diferentes vidrieras, que además llaman la atención por no ser un motivo de decoración demasiado habitual en las vidrieras que se diseñaban en la Barcelona de finales del XIX.

A diferencia de la relativa sencillez de la fachada, es en la azotea donde nos llevaremos una muy grata impresión. Tal y como ocurre con los otros edificios de carácter civil construidos por Gaudí, la parte superior del edificio no solo la diseña como un lugar destinado al servicio y a la salida de humos y ventilación, sino que la convierte en una verdadera exposición de arte. Combinando la obra vista con el trencadís -hecho con vidrio, cerámica y piedra natural- un buen número de pequeños torreones rodean la cúpula que cubre el patio interior del edificio, coronada por un murciélago (símbolo de Jaume I), sobre una Rosa dels vents. Un punto de color en medio de un mar de tejados y chimeneas industriales.

Nota de color entre "els terrats" del Raval

Nota de color entre «els terrats» del Raval

El murciélago de Jaime I el Conquistador sobre una "Rosa dels vents"

El murciélago, símbolo del rey Jaume I, sobre una «Rosa dels vents»

En definitiva el Palau Güell es un imperdible para los expertos, y un lugar de cuento de hadas para el resto; grupo en el que me incluyo. Un edificio curioso de Barcelona, no de los excesivamente conocidos, cuyo exterior no te desvela lo que guarda en su interior. Un lugar que debes ir a visitar con ganas de ver y observar, y de dejarte sorprender.

¡Por cierto! Cada primer domingo de mes celebran jornada de puertas abiertas.

Palau Güell
C/ Nou de la Rambla, 3-5

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