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LA BARCELONA MÁS NEOYORKINA

Cuando vas por primera vez a Nueva York tienes la sensación de ya haber estado allí antes. Desde los inicios de la época gloriosa del cine hasta la actualidad, la ciudad de los rascacielos ha sido un gran plató abierto al mundo. Hay personas que vuelven entusiasmadas, y otros que se sienten algo defraudadas. Pero lo que es cierto, es que a nadie le deja indiferente.

Justamente ahora hace seis veranos que tuvimos en casa a una neoyorkina de Brooklyn, y cada vez que salíamos a pasear por la ciudad acababa buscando algo que le recordase a su ciudad… Y aunque os parezca extraño, fue descubriendo más cosas y lugares de los que en un principio nos pensamos. ¡Aunque, eso sí, guardando siempre las distancias!

Nuestra primera visita fue al Turó de la Rovira para mostrarle el skyline de la ciudad, desde donde divisamos el “Little Manhattan” que se ha configurado en la zona del Fórum. Realmente «little, little».

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El skyline del Fórum, nuestro «little Manhattan»

Otro lugar por el que paseamos fue el passeig de Gràcia, que calificó como “la particular 5th avenue de Barcelona”. Imposible discutir el glamur, aunque sea imposible comparar la altura de los edificios que la franquean. Eso sí. Nadie te puede impedir darte el gusto de disfrutar de un desayuno en Tiffany’s al más puro estilo Audrey Hepburn. Aunque eso sí, seguro que mejorará si decides entrar y tomarlo en la cafetería del Hotel Mandarin Oriental Barcelona. Y que además te permitirá darte una vuelta por la tienda de Manolo Blahnik. ¿Recuerdas «los manolos» que Carrie Bradshaw lucía en Sex and the City?

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¿Desayunamos en Tiffany’s?

Nuestra invitada también nos pidió que la llevásemos al World Trade Center. El de Nueva York ya está resurgiendo de sus cenizas. En Barcelona, aunque mucho más a ras de tierra, todavía mantenemos el nuestro, pero siempre hay algún atrevido que ha optado por hacer otro tipo de comparativas mediante el streetart.

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Cosas del streetart

A la pregunta de ¿cuál es el pulmón de la ciudad? Buscamos un «Central Park» y nos preguntamos ¿por qué no elegir la montaña de Montjuic? Una comparación un tanto arriesgada, pero nada que decir del papel que cada espacio juega como pulmón de su respectiva ciudad. No obstante, acabamos cruzando Collserola y nos fuimos hacia Sant Cugat del Vallès. Ahí le mostramos el parque largo y estrecho que se extiende desde el centro de la población hasta una de sus colinas, con una extensión de 50.000 m2 y que, éste sí, se llama Parc Central.

Y siguiendo con este juego de comparaciones nos permitimos llevarla hasta la esquina de la calle Pere IV con Badajoz y Pallars, y le mostramos la Casa Antònia Serra i Mas. Nuestra particular «Casa Plancha», de la que a pesar de su originalidad existe muy poca literatura al respecto.

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Nuestra «Casa Plancha» de Pere IV

Respecto a la gastronomía, a pesar de lo que pensamos y de la idea que se tiene, en los EEUU no se come tan mal como se piensa. Incluso se puede afirmar que se puede llegar a comer muy bien. La materia prima es de mucha calidad, y a pesar de que hay fast food también hay restaurantes de muchos tenedores, fantásticos y totalmente recomendables. Lo mismo que nuestra invitada pudo comprobar en Barcelona.

Lo que sí que no pudimos hacer es llevarla a probar un brunch dominical, ni a comer en ningún food-truck. Tendencias gastronómicas muy poco habituales en la Barcelona de hace seis años, al contrario de lo que ocurre hoy en día. En Nueva York, por el contrario, ya hace muchos años que las camionetas móviles y los carritos de comidas invaden la ciudad a todas horas, pero adaptando la oferta a las diferentes comidas del día. Los de donuts y cafés a primera hora de la mañana; los de bretzels y hot dogs hacia medio día; y los shawarmas a última hora de la tarde.

De manera mucho más limitada buscamos la comparativa al Soho y a Chelsea en el Eixample y  la del Raval con alguno de los barrios étnicos neoyorkinos. El Empire State Building con nuestra Torre Agbar como edificios que se iluminan de acuerdo al evento del día. Macy’s con El Corte Inglés. Los taxis amarillos frente a nuestros taxis amarillos y negros; ambos igual de coloridos…  Y, por supuesto, si en Nueva York puedes casi tocar el cielo subiendo a la parte más alta de sus rascacielos, aquí podemos casi hacerlo subiendo al Tibidabo y proseguir con el intento ascendiendo a lo alto de la Torre de Collserola o de la Basílica del Sagrado Corazón.

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Tocando el cielo desde el Tibidabo

Barcelona no es Nueva York. Pero si buscamos paralelismos y le ponemos algo de imaginación (de acuerdo ¡mucha imaginación!), los encontramos. Este verano volvemos a Nueva York, y vamos a tener la oportunidad de ir buscando nuevos contrastes. A la vuelta os explicamos el resultado.

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