El Palacio Real de Pedralbes, como su mismo adjetivo nos indica, fue una de las residencias que la Familia Real española utilizó entre los años 1919 y 1931 durante sus visitas a Barcelona, y desde ese mismo año está calificada como bien de interés cultural.
Actualmente el Palau es propiedad de la Generalitat de Catalunya, y acoge el secretariado de la Unión por el Mediterráneo, lo que explica el alineado de banderas que solemos ver frente al muro principal en la avenida Diagonal. Asimismo, es un lugar que también se utiliza para celebraciones protocolarias de las administraciones públicas, o de aquellas entidades que tienen la suficiente influencia para conseguir la cesión (bajo pago) de uno de sus espacios.
Los antecedentes del Palau de Pedralbes
Pero antes de por un palacio, el terreno fue ocupado por otras construcciones. Para localizar el origen del terreno tenemos que irnos un tanto más allá en la historia, y esos pasos nos conducirán a hablar de una de las familias con uno de los apellidos ilustres en la historia de Barcelona: el de la familia de los Güell. Una estirpe que inició Joan Güell i Ferrer, y continuó su hijo, Eusebi Güell i Bacigalupi, a quien otorgaron el primer título de conde de Güell.


Os propongo viajar en el tiempo hasta el siglo XVII, para trasladarnos a un pequeño núcleo agrícola y campesino situado a las afueras de la Barcelona. Un lugar que se conocía como Les Corts de Sarrià, en donde estaba la masía Can Feliu, cuyos terrenos formaban parte del lugar del que hoy os estoy hablando.
Can Feliu, la Torre Baldiró y Can Cuyás de la Riera
En el siglo XIX la familia Güell, que vivía como la mayoría de los burgueses de su época junto a la Rambla de Barcelona, decidió construirse una finca de veraneo en las proximidades de la ciudad. Y para ello eligieron el núcleo de les Corts de Sarrià, como he dicho, que era uno de los municipios que conformaban el Pla de Barcelona.



Compraron tres fincas, de las que la masía Can Feliu era el núcleo principal. A los terrenos de la masía, sumaron los de la Torre Baldiró y los de Can Cuyás de la Riera, llegando a una extensión total de 30.000 metros cuadrados. Y, tras adquirir la titularidad de todas esas tierras, encargaron la reestructuración de todo el espacio al arquitecto Joan Martorell.
De masía rural a palacete caribeño
El resultado de los trabajos de Martorell fue un palacete de aspecto caribeño rodeado por frondosos jardines, todo ello delimitado por un muro exterior, cuyo diseño y construcción encargó a uno de sus discípulos, un joven Antoni Gaudí. Quien también se encargaría del diseño de la Font de Hércules y del hivernacle. En la actualidad, todavía se conservan tres de las puertas del muro, por las que se podía acceder a la finca.
De la puerta principal de acceso a la finca partía camino particular (que en la actualidad se corresponde con el trazado del carrer de Manuel Girona), que enlazaba directamente con la carretera que el Pla Cerdà trazó para unir el antiguo pueblo de Sarrià con el centro de Barcelona, y que cruzaba l’Eixample de este a oeste. Así, los Güell podían trasladarse de su residencia en Barcelona (primero situada en la Rambla dels Caputxins y, posteriormente, en el carrer Nou de la Rambla) hasta su finca de veraneo por un camino prácticamente directo de un lugar a otro. Desde la Rambla enlazaban directamente con la carretera de Sarrià y, una vez en el término municipal de Les Corts de Sarrià, ya seguían por el camino particular de su finca. Esa puerta es la que hoy en día da acceso a los Pabellones Güell.
Las tres puertas de acceso a la finca de los Güell
La puerta de los Pabellones Güell
En la actualidad la cancela principal de acceso a la antigua finca forma parte del conjunto arquitectónico de los Pabellones Güell. Un conjunto que está formado por la casa del portero (masover) y un edificio compuesto por una zona de cuadras para caballos y un picadero.
Si nos fijamos en la decoración de las fachadas nos recordarán el arte mudéjar, ya que en su decoración se utilizó el estilo oriental.
Lo más destacable, y a la vez más característico, es la puerta de hierro forjado con la figura de un dragón con alas de murciélago, la boca abierta y el cuerpo recubierto de escamas. Representa a Ladón, el guardián del jardín de las Hespérides que tras ser vencido por Hércules se convirtió en la constelación de la serpiente como castigo por el robo de las naranjas, y que forma parte de la mitología catalana.

En la parte superior se puede distinguir un naranjo de metal con naranjas doradas que recuerda el mencionado robo. Para su diseño Gaudí se inspiró en un poema que Jacint Verdaguer -quien visitó la finca en diferentes ocasiones- había incluido en su obra La Atlántida. Actualmente los pabellones –que no están abiertos al público en general- son la sede de la Real Cátedra Gaudí y del Jardín Botánico de la Facultad de Biología de la UB.
Las otras dos puertas
Para poder visitar las otras dos puertas del antiguo muro perimetral, que todavía se conservan, hay que cruzar la Diagonal. El trazado del tramo final de esa gran avenida en 1924 dividió la finca de los Güell en dos partes, y estas dos puertas quedaron en la parte sur.
La primera puerta se encuentra frente al Institut de Ciències de la Terra Jaume Almera, a donde se trasladó tras su restauración en 1982. Y la segunda es la actual puerta de acceso a los jardines de la Facultat de Farmàcia. Ambas construcciones son dignas de ir a verlas, ya que muchas personas pasan por delante sin saber que están dejando atrás una obra de Antoni Gaudí.
Una finca que debió ser espectacular
La espectacularidad de esta finca no pasó desapercibida en su época y, según he podido leer, diferentes publicaciones históricas la mencionaron.
Una fue la Guía de Barcelona de J. Roca y Roca en su artículo la “Quinta de don Eusebio Güell en les Corts Velles“. Otra la revista inglesa Academy Architecture, que publicó un grabado de la casa de “Emilie Güell by Antonio Gaudí”. Y también apareció en la Guía de Barcelona que se editó para la Exposició Universal de 1888, que incluía la primera fotografía que se conoce del dragón de la puerta principal.
¿Desde cuándo es un palacio real?
Y por fin llegamos al momento de saber el porqué de la reconversión de una finca de veraneo de una familia burguesa en un palacio real.
Tras el fallecimiento de Eusebi Güell, en 1918, la finca pasó a manos de sus herederos, quienes decidieron ceder una parte del terreno a la Casa Real con la finalidad de que pudiesen construir un nuevo Palacio Real en Barcelona. Y digo “nuevo”, porque el último edificio que había hecho esas funciones en Barcelona se quemó el día de Navidad de 1875.
Como ya expliqué en un antiguo artículo del blog, durante época medieval Barcelona tuvo su primer Palacio Real en la plaça del Rei. Pero a partir del siglo XVII, el concepto “palacio real” se reconvirtió en “residencia del virrey”, y se trasladó a un edificio diferente, situado en la plaza principal de la Barcelona comercial. Un lugar que con el tiempo pasaría a llamarse Pla de Palau.
L’Hala dels Draps
Este edificio, conocido como la Hala dels Draps por sus orígenes comerciales, fue donde residió el archiduque Carlos durante el tiempo que vivió en Barcelona, así como los diferentes capitanes generales que lo sucedieron.

La última visita real: Isabel II
En 1846, con motivo de la visita de la reina Isabel II a Barcelona, el palacio se rehabilitó como residencia real para hospedar a la soberana. No obstante, en 1875 un incendio acabó con el edificio y Barcelona se quedó definitivamente sin ningún palacio real.
El motivo que incentivó a los Güell a actuar
En 1888, con motivo de la visita que la reina regente Maria Cristina y su hijo hicieron a Barcelona por la Exposición Universal, la coyuntura anterior obligó a las autoridades del momento a tener que ingeniárselas para hospedar a tan regios visitantes. La solución fue habilitar unas dependencias en el edificio del ayuntamiento, como ya expliqué en el apartado “el Airbnb de la reina Regente”, del post “Mucho más que protocolo y regidores en la Casa Grande”.
Ese fue motivo suficiente para que los Güell considerasen que había llegado el momento de que Barcelona volviese a tener una residencia oficial y definitiva para poder acoger a los miembros de la Familia Real cuando visitasen la ciudad. De ahí que colaborasen en el proyecto entregando una parte de los terrenos de su finca familiar.
La transformación de la mansión Güell en Palacio Real
Sobre la antigua mansión de los Güell se construyó el cuerpo central del edificio, con una altura de cuatro plantas, al que se le incorporó una capilla en la parte posterior y dos alas laterales de tres pisos de altura.
La fachada se decoró con porches, columnas toscanas, aberturas de arco de medio punto, medallones y jarrones que coronaron la construcción, que todavía hoy se conservan. En la parte superior se coloraron tres esculturas que representan a Apolo, Adonis y Antinoo. Para la decoración de los interiores se mezcló el estilo Luis XIV con otros más contemporáneos.
Para el rediseño de los jardines se optó por respetar muchos de los árboles ya existentes y algunos elementos decorativos, pero también se incorporaron otros nuevos. Dos ejemplos son las fuentes de Buigas y la estatua de la reina Isabel II presentando a su hijo Alfonso XII a la ciudad de Barcelona, que es propiedad del museo del Prado [Nota: Fue retirada de ese lugar].
En 1931, tras la proclamación de la República y la abolición de la monarquía, el Ayuntamiento recuperó la titularidad del palacio y trasladó allí la sede del Museo de Artes Decorativas y la Residencia Internacional de Señoritas Estudiantes. Durante la dictadura franquista fue la residencia oficial del jefe del estado en Barcelona.



Los títulos nobiliarios de los Güell
Una de las consecuencias más directas de un regalo tan espléndido es que en 1910, Alfonso XIII -usando la potestad que tiene en exclusiva la Corona- concedió a Eusebi Güell el título nobiliario de conde de Güell, en agradecimiento a su colaboración en el engrandecimiento económico del país.
Ese título nobiliario junto al de marqués de Comillas, que unos años antes había otorgado Afonso XII a Antonio López y López (suegro de Güell) (y que posteriormente lo elevaría a la dignidad de Grande España de primer grado), los heredaría su primogénito Juan Antonio Güell y López.
Al año siguiente, en 1911, el rey volvió a conceder otros dos nuevos títulos a la familia Güell: el de vizconde de Güell a Claudio Güell y López, y el de barón de Güell a Santiago Güell y Lopez, hijos menores de Güell.
En definitiva, es que una familia burguesa pasó a formar parte de la aristocracia cortesana por designio real gracias a los favores prestados a la Corona.
Y para acabar, solo queda recordar que, como supongo que todo el mundo sabe, en la actualidad la residencia oficial de los monarcas españoles en Barcelona está en el Palauet Albéniz, situado en Montjuïc, y que abre sus puertas en contadas ocasiones para poder visitarlo. Pero eso ya es otra historia.
Nota: Artículo revisado y actualizado con fecha 2 de noviembre de 2023.
También te puede interesar:
Estatuas exiliadas y un Palacio Real
Els edificis de la plaça del Rei, seguint les agulles del rellotge
El palau Güell, el Neuschwanstein que nos regaló Gaudí







