MUCHO MÁS QUE PROTOCOLO Y REGIDORES EN LA CASA GRANDE

Desde que me formé en el campo del protocolo, el Ajuntament de Barcelona siempre lo había visto como un lugar de reuniones institucionales, donde prevalecía la ordenación de banderas, y la cesión o no de la presidencia por parte del anfitrión, a los invitados de honor que están incluidos en el Real Decreto de Precedencias RD 2099/83.Pero protocolo aparte, aunque ya había realizado previamente una visita «más» institucional, me quedé con ganas de volver a ir a título personal, sin presiones y sin prisas. Aprovechando que, con motivo de la festividad del Corpus, la Casa de la Ciudad celebró una jornada de puertas abiertas… ¡allí que me fui yo! Siempre había huido de las largas colas que se formaban a sus puertas en otras jornadas más emblemáticas, como el día de la Merced o el día de la Diada, pero como ese jueves era laborable, y no todo el mundo recuerda la fiesta de Corpus (a pesar de su simbología e influencia histórica en la configuración de otras fiestas tradicionales), fue fácil y rápido acceder.

El edificio del Ayuntamiento, como supongo que ya sabéis, está situado en la Plaça de Sant Jaume, frente al Palau de la Generalitat, y sobre los restos del Fórum de la Barcino romana que, según he leído en la prensa en los últimos días, tienen intención de levantarla para continuar con las excavaciones arqueológicas en busca de nuevos restos.

Este edificio se construyó a lo largo de diversas etapas, y de ello sus diferentes estilos arquitectónicos. La primera piedra se la debemos al rey Jaume I, que en el siglo XIII decidió otorgar cierta autonomía al gobierno de la ciudad. A partir de la entrada en vigor de ese privilegio se fueron nombrando consejeros y asesores, que llegarían al número de cien y darían lugar al «Consejo de los Cien Jurados”, más popularmente conocido como Consell de Cent, que establecerían el procedimiento de la insaculación para su elección y que, ya en tiempos de Pere el Gran, aprobarían un compendio de normas conocidas como Recognoverunt Proceres, en las que se basaría el gobierno de la ciudad hasta su abolición en 1716 por Felipe V, con el Decreto de Nueva Planta.

Edificio de la Generalitat de Catalunya visto desde el Ajuntament de Barcelona

Edificio de la Generalitat de Catalunya visto desde el Ajuntament de Barcelona

Ajuntament de Barcelona

Puerta de acceso desde la plaça de Sant Jaume

Pero volvamos a la visita que nos ocupa. Con la finalidad de disponer de un espacio adecuado para reunirse, se inició la construcción de un salón, que con el tiempo se conocería con el nombre de Saló de Cent (Salón de Ciento) y sería el embrión del actual palacio. El acceso desde la calle era a través de la puerta que hay en el carrer Ciutat, que todavía se conserva, y que se siguió utilizando como entrada principal hasta la construcción de la fachada de la Plaça de Sant Jaume. Sobre esa puerta gótica podemos ver dos escudos del Ayuntamiento y uno central con las armas del rey Pere el Gran, del que ya hablamos en el post sobre dragones y Barcelona. Además de los escudos, hay una escultura del arcángel San Rafael sobre la puerta, y una de Santa Eulàlia en una esquina lateral.

Lo que más nos puede llamar la atención de esta fachada es la recomposición que se aprecia claramente en el arco que decora la puerta en la parte superior. Esta pifia arquitectónica fue debida a las obras de remodelación de la plaça de Sant Jaume en el siglo XIX, que obligaron a retroceder el edificio. Con la finalidad de poder conservarla y no derribarla, ante las protestas de los miembros de la Acadèmica de Bones Lletres y de la Reial Acadèmica Catalana de Belles Arts de Sant Jordi, se optó por hacer la “chapuza” que os estoy explicando y la puerta quedó mutilada en su parte derecha, además de la desaparición de una vidriera superior. Pero, como todo hay que verlo en positivo, se ha convertido en una de las anécdotas que se explican a los turistas que visitan Barcelona.

La puerta de la fachada principal está franqueada por dos hornacinas, cada una de ellas con una estatua. La de la izquierda, desde la posición del observador, corresponde al rey Jaume I (que también tiene otra estatua en el Saló de Cent), y la de la derecha es de Joan Fiveller, del que ya hablamos en nuestra visita a la basílica dels Sants Just i Pastor, y que es un símbolo de las libertades municipales frente al poder del rey, por diferentes enfrentamientos que encabezó durante los años en los que formó parte del Consell de Cent. Durante la Reinaixença fue considerado uno de los héroes nacionales catalanes. Pero dejadme que os cuente un secreto… durante muchos años pensé que se trataba de la figura de Rafael Casanova; pero no se lo digais a nadie.

Fachada gótica de Ajuntament de Barcelona

Puerta de acceso por la fachada gótica del carrer Ciutat

Joan Fiveller. Ajuntament de Barcelona

Escultura del conseller Joan Fiveller

Jaume I. Ajuntament de Barcelona

Escultura del rey Jaume I

La fachada está coronada por un frontón con el escudo de la ciudad acompañado por un grifo mitológico (león con alas y cabeza de aguila) y un caduceo, de los muchos que hay por la ciudad de Barcelona. En la parte superior, ondenan al viento las tres banderas institucionales, ordenadas en alternancia.

Más abajo, entre las cuatro columnas que delimitan el balcón principal resaltan dos elementos originarios de mediados del siglo XIX: un gran reloj, cuya colocación se anunció en la edición del 11 de julio de 1852 del Diario de Barcelona, y una gran placa en relieve, que se colocó en 1840 con motivo de la inauguración de la nueva plaza de la Constitución (tal como reza la mencionada placa), nombre que posteriormente se cambiaria por el de Sant Jaume, y que parece ser que el mismo Ayuntamiento ha decidido retirar. ¡Veremos a ver qué pasa finalmente!

Friso superior Ajuntament de Barcelona

Friso superior

La plaça de Sant Jaume fue la antigua plaza de la Constitución

La plaça de Sant Jaume fue la antigua plaza de la Constitución

Hay muchas cosas interesantes en el interior, pero personalmente lo que más me maravilla es la sala del Consolat del Mar (Consulado del Mar), completamente recubierta de grandes plafones de marquetería, que reproducen la expansión mediterránea de la corona catalano-aragonesa durante la Baja Edad Media. Pero al margen de los gustos personales, no podemos dejar de mencionar el Saló de Cent, por su simbolismo histórico, y el Saló de les Cròniques (Salón de las Crónicas) por las grandes pinturas murales que narran, en imágenes, las expediciones almogávares hacia Oriente capitaneadas por Roger de Flor, de las que tan mal recuerdo tienen en algunos lugares del Mediterráneo.

Otro dato a mencionar es la presencia de diferentes elementos que recuerdan a la reina regente Maria Cristina. Como ya explicamos en el post sobre el porqué del Palacio de Pedralbes, ante la falta de otro lugar suficientemente regio, el Palacio del Ayuntamiento fue elegido para hospedarla junto a su hijo Alfonso XIII durante su visita a la exposición universal de 1888. De ahí el salón de la Reina Regente, el cuadro que lo preside y el busto que hay en la galería superior de la escalera de honor.

Detalle de la marquetería en la sala dedicada al Consolat del Mar

Detalle de la marquetería en la sala dedicada al Consolat del Mar

“Retrat de la Reina Regent Maria Cristina d’Habsburg i del príncep Alfons” de Francesc Masriera

“Retrat de la Reina Regent Maria Cristina d’Habsburg i del príncep Alfons” de Francesc Masriera

Otra vez en el exterior, os recomiendo que no os marchéis sin ir a la plaça de Sant Miquel donde se encuentra el “Edifici Novíssim”. Debido a la necesidad de ampliar el espacio administrativo del Ayuntamiento, durante la década de los años sesenta del siglo XX se construyó un edificio anexo. Es un edificio con poco encanto, pero no podemos dejar pasar por alto las decoraciones con relieves diseñadas a partir del escudo de Barcelona y el friso de hormigón que lo rodea. Este friso, se caracteriza por sus formas geométricas y por su simbología. Cabe destacar la imagen de Gala Placidia que representa a la Barcelona romana, las Tablas de la Ley que representan a la Barcelona semítica y la imagen de Santa Eulàlia que representa a la Barcelona cristiana, entre otras representaciones de la ciudad de Barcelona.

En la misma plaza hay, desde hace poco tiempo, una estructura de tubos de acero entrelazados que ascienden hasta una altura de 30 metros. Es el monumento dedicado a «Els Castellers», que ha dado mucho que hablar en la ciudad, entre sus detractores y sus defensores.

Detalle de la fachada del Edifici Novíssim en la plaça Sant Miquel

Detalle de la fachada del Edifici Novíssim en la plaça Sant Miquel

Monumento a "els castellers" de Antoni Llena i Font

Monumento a «els castellers» de Antoni Llena i Font

Para finalizar no dejéis de visitar el Bar El Paraigua y de bajar a su sótano. Según nos explica Chufo Llórens, en su libro Te daré la tierra, todavía se conserva un resto del muro de la mansión que el ciudadano Ricard Guillem, también conocido como Ricardus Barcinonensis (Ricardo de Barcelona), tenía en la actual plaça de Sant Miquel y que inspiró la historia del protagonista del libro: Martí Barbany.

Bar El Paraigua en la plaça Sant Miquel

Bar El Paraigua en la plaça Sant Miquel

En fin, aquí os dejo el resumen de mi visita a la Casa Gran. Espero que la próxima vez que paséis por delante, os paréis y la miréis detenidamente con otros ojos. Como véis hay muchos detalles para observar.

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