A pesar de que, lamentablemente, en Barcelona no hay ninguna construcción firmada por Le Corbusier, es inegable la influencia que sus ideas revolucionarias tuvieron, tanto en el urbanismo como en la arquitectura de la capital catalana.
Si le preguntas a la IA sobre ese particular, te confirma la afirmación anterior.
“Le Corbusier, aunque no construyó ninguna obra en Barcelona, su influencia en la ciudad es notable. Se le considera una figura clave del Movimiento Moderno, y sus ideas sobre urbanismo y arquitectura tuvieron un gran impacto en la forma en que se desarrolló la ciudad, especialmente en la expansión posterior al derribo de las murallas. Además, Barcelona acogió una exposición sobre su obra en el CaixaForum en 2014, que mostró sus facetas como arquitecto, urbanista, pintor y diseñador.”
Pues bien, dado que menciona la exposición del 2014, he querido recuperar el artículo que le dediqué a la misma, a raiz de la visita que tuve el placer de realizar a “Le Corbusier. Un atlas de paisajes modernos”, y volver a traer el post a primer línea del blog.
Un artículo que, por su interés, no debe continuar perdido entre antiguas publicaciones.
“No se puede hacer una revolución rebelándose, sino aportando una solución” Le Corbusier.
Descubriendo la obra de Le Corbusier
Cuando era pequeña recuerdo un libro que teníamos en casa, titulado “Todas las Maravillas del Mundo”. En él aparecía una extraña casa, parecida a una enorme seta, que siempre me había llamado poderosamente la atención. Ya de más mayor, la propia intriga me llevó a descubrir de qué se trataba y a dónde se podía ir a visitarla. Se trataba de Notre-Dame-Du-Haut de Ronchamp, cerca de Belfort, el primer edificio religioso que diseñó Le Corbusier en 1950, y que vino a sustituir al templo anterior que había sido destruido durante el Segunda Guerra Mundial.
El resultado fue un edificio que se parecía más a una escultura moderna que a un templo, y cuyo interior fue calificado como “una cueva sin montaña”. El propio arquitecto confesaría que: “Su deseo fue el de plasmar a través de la arquitectura los sentimientos que despertaban ese lugar; pero que ni por un instante, pensó en crear algo que llamase la atención”… No obstante, ahí está el resultado. No hay edificio en el mundo con más admiradores y detractores que el de la capilla de Notre-Dame-Du-Haut.


A pesar de que hasta el momento de recibir el encargo Le Corbusier solo había proyectado edificios civiles, una visita al lugar le convenció para aceptar y tirar para adelante el proyecto: la construcción de una nueva capilla en el centro de peregrinaciones de Notre-Dame-du-Haut de Ronchamp, que sustituyese la que habían destruido durante la II Guerra Mundial.
El resultado fue un edificio que no hace pensar en un templo. De estructura moderna y asimétrica, no tiene campanario, y sus tres torres sirven de claraboya para dar luz al interior. Un interior sobrio y vacío, totalmente funcional, cuyo aspecto hace que se asemeje a lo que sería una cueva en el interior de una montaña. [Fuente: Todas las Maravillas del Mundo. Roland Gööck. Ed. Mail Ibérica, 1968].
Charles Édouard Jeanneret-Gris, alias Le Corbusier
Charles Édouard Jeanneret-Gris nació en La Chaux-de-Fonds, una ciudad situada en uno de los cantones de la Suiza Romanda, concretamente el 6 de octubre de 1887. A los 29 años se trasladó a París, donde adoptó el seudónimo de Le Corbusier con el que llegaría a ser universalmente conocido, y que ideó a partir de una variación humorística del apellido de su abuelo materno Lecorbésier.
Fue arquitecto, ingeniero, diseñador, pintor, escritor, fotógrafo, director de cine, además de uno de los representantes más influyentes del Movimiento Moderno de la Arquitectura del siglo XX, con más de 400 proyectos, de los que 75 se convirtieron en destacados edificios, distribuidos por una docena de países de cuatro continentes. Comparable al genio del Renacimiento, Leonardo da Vinci.
Curiosamente, uno de los ideólogos más innovadores de la arquitectura moderna, acabó sus días viviendo en una pequeña cabaña (y no precisamente por falta de recursos, sino para poner en práctica su idea de la funcionalidad), situada frente al mar, en el pequeño pueblo de Roquebrune-Cap-Martin, donde el 27 de agosto de 1965 murió mientras nadaba en el mar.
A partir de los años 30, cuando ya había establecido un estudio de arquitectura en París, empezó a centrar su actividad en proyectos urbanísticos, con los que pretendía demostrar cómo una ciudad podía crecer en lugar de quedarse cerrada en sí misma.

El Plan Macià de 1934
Uno de los proyectos en los que participó, que no llegó a llevarse a cabo, fue el “Plan Macià” de 1934, en el que junto a Pierre Jeanneret y el GATCPAC planteaba una utópica y revolucionaria reforma urbanística de la ciudad de Barcelona.
Conservando la organización reticular de Cerdá, proponía crear una ciudad-jardín abierta al mar, con un gran distrito administrativo en la parte antigua que reflejase el carácter industrial y comercial de la ciudad.
Adelantándose a su tiempo, como solía hacer, incorporó dos aeropuertos: uno en la actual zona del Fórum y otro en la montaña de Montjuïc.
El proyecto nos hace pensar en cómo podría haber sido realmente la ciudad si se hubiese llevado a la práctica, en lugar de ser rechazado por las autoridades; algo comparable a lo que ocurrió a finales del siglo XIX cuando se descartó la posibilidad de construir la Torre Eiffel en Barcelona.
Según me han comentado, en el vestíbulo de la Escola Tècnica Superior d’Arquitectura de Barcelona se exhibe, de manera permanente una reproducción de las maquetas del proyecto, que se produjeron en 1987 con motivo de la exposición que se celebró durante el centenario del nacimiento del arquitecto.
“Le Corbusier. Un atlas de paisajes modernos”
Un recorrido por la obra de un genio
Gracias a la exposición que presenta CaixaForum, tenemos la oportunidad de conocer más a fondo ese y otros proyectos, así como de hacer un recorrido por la obra de este genio y por las huellas que fue dejando en los diferentes lugares por los que pasó, tales como Estambul, Atenas, Roma, París, Ginebra, Moscú, Brasil, Nueva York o La India.
Una exposición en cinco ámbitos
La exposición está dividida en cinco ámbitos, que te llevan a recorrer cronológicamente la obra del arquitecto desde sus inicios en el Macizo del Jura, hasta sus últimos años ya de regreso al Mediterráneo. Se exponen pinturas, planos, maquetas y fotografías, así como la reconstrucción de cuatro ambientes interiores diseñados por Le Corbusier, para lo que se han usado algunas piezas del mobiliario original:
- Habitación de la Villa Jeanneret-Perret o Maison Blanche, que fue el primer edificio que diseñó en solitario, y que construyó para sus propios padres en la localidad donde había nacido.
- Mobiliario de la Villa Church, en Ville d’Avray, donde se presenta un conjunto de prototipos de muebles de diseño, como un sillón basculante, un sillón individual y una chaise longue, que con los años se convertirían en modelos icónicos del diseño del arquitecto.
- Habitación de la Cité Radieuse o La Maison du Fada de Marsella. Un edificio de 337, donde pudo llevar a la práctica todas las teorías arquitectónicas que había ido planteando a lo largo de su carrera, así como aplicar el concepto de Unité d’Habitation.
- Interior de la cabaña de Roquebrune-Cap-Martin, población a donde iba a veranear con su mujer desde finales de los años 30 y en donde pasó los últimos días de su vida. Una sencilla cabaña de madera sin cocina, ni baño, donde plasmó la funcionalidad de los espacios en los que siempre había creído.
La exposición sigue el modelo de la que se realizó en el MoMA de Nueva York, aunque incluye dos piezas nuevas relacionadas con el proyecto que presentó para reurbanizar Barcelona, y que plasman la ciudad que imaginó Le Corbusier, pero que nunca llegó a ser materializado, como ya he comentado.






Información complementaria de interés
A pesar de que no existe obra alguna de Le Corbusier en Barcelona, sí que existen una serie de obras gráficas del arquitecto que llevan el nombre de Barcelona, y que realizó para expresar su apoyo a la causa republicana, tras el final de la Guerra Civil y la toma de la ciudad por los franquistas.
En estas obras gráficas, que llevan por título “Chute de Barcelona” (que traducido del francés significa “la Caída de Barcelona”), Le Corbusier muestra su interés por Barcelona, y su particular visión de la ciudad.
Del conjunto, las más conocidas son la que lleva por título “Chute de Barcelona II” (óleo sobre lienzo, 1939) y “Chute de Barcelona” (litografía, 1960). Unas litografías de estilo cubista y picassiano.
Algunas de las pinturas y las litografías que forman el conjunto, así como el estudio preparatorio, están entre las piezas del fondo del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en Madrid. En el catálogo de publicaciones del Ministerio de Cultura hay un libro que trata sobre dichas las donaciones, por parte de la galerista suiza Heidi Weber, quien mantuvo una estrecha amistad con Le Corbusier. (Link al museo de Heidi Weber en Zurich).

Nota: Artículo revisado y actualizado. Publicado inicialmente el 18 de febrero de 2014.
Para saber más:
Le Corbusier and Barcelona
Los Muebles de Le Corbusier
Pavillon Le Corbusier
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