DOS JARDINES CON NOMBRE DE MUJER Y UN CONVENTO REBELDE (I)

Hace tiempo que dejé de lado los paseos por el barrio de Sarrià, pero hoy vuelvo a recuperarlos, ya que tenía pendiente en la agenda invitaros a visitar tres lugares situados en una misma zona, donde uno de ellos es el protagonista indiscutible cada mes de marzo. Se trata del Convento de los Capuchinos de Sarrià un lugar que realmente no llama demasiado la atención arquitectónicamente hablando, pero cuya historia forma parte del carácter rebelde de esta ciudad.

La Orden de los Hermanos Menores Capuchinos (Ordo Fratum Minorum Cappuccinorum) pertenece a la primera Orden de San Francisco, y se constituyó en 1528 a resultas de la reforma de los Franciscanos de la Observancia, frailes que se retiraron a los conventos para llevar una vida dedicada a la contemplación y al estudio. Su hábito característico es una túnica marrón con capucha y cinturón de cuerda, parecido al que usaba el propio San Francisco de Asís, algo más largo de los que usan el resto de miembros de las diferentes congregaciones de la Orden.

Capuchinada

Frailes franciscanos. Foto: Il. González

Originalmente, el convento de los Capuchinos de Sarriá estuvo ubicado en la zona del Desert de Sarrià, donde se supone que había estado la antigua ermita dedicada a Santa Eulàlia, a la que solían acudir los consellers de la ciudad en procesión cuando llegaban épocas de sequía. Fue el primero de la Península Ibérica, y uno de los más emblemáticos de la Orden. Se construyó en 1578, y funcionó hasta 1835 cuando los frailes fueron exclaustrados a causa de la Desamortización. Durante el sitio de 1714, el convento fue ocupado militarmente, pero la mayor parte de los frailes capuchinos siguieron viviendo allí, encargándose de los servicios religiosos. Según se explica, junto al convento los frailes construyeron un jardín místico con multitud de árboles y figuras de fango con las que representar la fragilidad humana frente a la grandeza del espíritu. Tras la Desamortización, el lugar pasó a manos del inglés Henry Misley lo que provocó su abandono, hasta que el médico Josep Ricart lo recuperó con la finalidad de construir un asilo para inválidos, que con los años se transformó en una residencia para ancianos que todavía hoy existe.

Capuchinada

Dibujo del antiguo convento de Sarrià

El actual convento, situado en la calle Vives y Tutó, se construyó en 1887, en unos terrenos que donó Ramon Ponsic y que se encontraban próximos al lugar en donde estaba la finca propiedad de su familia. En el año 1892, la masia original, que formaba parte de una finca agraria originaria del siglo XVII, fue reconvertida en una torre residencial, imitando un castillo neogótico señorial, que todavía se conserva junto a la calle Trinquet. Junto a ella se mantiene también una torre de homenaje, de planta circular y ventanales de estilo neogótico, que se construyó sobre los restos de una antigua torre de defensa que ya existía entre los siglos XI y XII. En la actualidad Can Ponsic es la sede de la Escola Municipal de Música y de la caserna de la Guardia Urbana del barrio.

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Convento de los Capuchinos en Vives i Tutó

Capuchinada

Vistas de Can Ponsic desde la avda. Foix

Volviendo a la historia del convento, el 24 de febrero de 1874 se puso la primera piedra, y la construcción se llevó a cabo bajo dos condiciones, que estableció el donante de los terrenos: que la patrona fuese Santa Ana, y que los frailes asumieran la construcción de un puente sobre la antigua riera (la Riera Blanca) que pasaba junto a él para facilitar el acceso. De estas condiciones solo se cumplió la primera.

Explica la leyenda, que la piedra que hay a la entrada de la iglesia es la misma que utilizó Santa Eulalia para subir al caballo con el que viajó desde Sarrià hacia Barcino, para protestar frente a las autoridades romanas por la persecución de los cristianos, y que dio origen a su leyenda.

Capuchinada

Patio interior donde se conserva la mítica piedra de Santa Eulàlia

A iniciativa del fraile Basilio de Rubí se creó una asociación que convirtió el convento en un lugar de acogida para artistas e intelectuales proscritos por el régimen franquista. Quizá éste fue uno de los motivos por el cual fue el lugar elegido para celebrar, en marzo de 1966, la asamblea constitutiva del Sindicat Democràtic d’Estudiants de la Universitat de Barcelona (SDEUB), que daría pie a los hechos que pasarían a la historia como la Caputxinada (la Capuchinada).

Durante tres días la policía estableció un sitio alrededor del convento con la finalidad de acabar con la reunión clandestina, que terminó con el asalto del lugar y las consiguientes detenciones. Entre los asistentes hubo estudiantes, profesores e intelectuales, con la participación de personajes tan relevantes como Salvador Espriu, Ernest Lluch, Jordi Solé Tura, Montserrat Roig, Josep Maria Trias de Bes, Mª Aurèlia Capmany y Raimon Obiols.

Capuchinada

Foto: Arxiu històric de Barcelona

Capuchinada

Una puerta de acceso de lo más mediática

Los hechos coincidieron con la boda en Ámsterdam de la princesa Beatrix, heredera al trono de los Países Bajos, que llenaron las portadas de la prensa, y solo cuatro días antes, el 5 de marzo de 1966, había tenido lugar el famoso baño de Manuel Fraga Iribarne en la playa de Palomares, por lo que hubo suficientes titulares para desviar la atención de la opinión pública, a pesar del importante apoyo popular que tuvo y su seguimiento por los medios internacionales.

Según se explica (Fuente: Wikipedia), con la finalidad de desprestigiar el acto, la propaganda oficial puso en circulación un panfleto en el que se leía: «Caputxin’s Night Club. El local más fresco de Barcelona. Abierto toda la noche. El gran show progresista separatista que presenta la orquesta Penca d’Or y la comunidad de los barbudos descalzos. Si es usted católico despistado, ríase, diviértase y páselo bien. El local más asquerosamente famoso de Barcelona. Caputxin’s Night Club. 70 hermosas barbas 70. (Con licencia)».

Capuchinada

Portada de La Vanguardia del 10 de marzo de 1966. Foto: Hemeroteca

A partir de dichos sucesos, la policía política incluyó entre sus objetivos de control las actividades de los que se bautizaron como “nuevos curas”. En el mes de abril, los frailes capuchinos volverían a protagonizar una nueva protesta, esta vez por la detención y tortura del estudiante Quim Boix, que acabaría con una carga policial, y que sería noticia incluso en el prestigioso The New York Times, dado lo curioso que había sido ver correr «sotanas» por las calles de Barcelona huyendo de la policía.

Trascurridos los años, es indiscutible reconocer la importancia que tuvo la Capuchinada en su momento, y la tendencia que la Iglesia Catalana ha tendido a lo largo de su historia a marcar distancias respecto a la manera de hacer de la Conferencia Episcopal. En el año 2006, coincidiendo con el 40º aniversario de los hechos se celebró un acto conmemorativo ante el convento, en el que se descubrió una placa y se les entregó la Medalla d’Honor de Barcelona.

Actualmente el convento es la sede del Museo Etnográfico Andino-amazónico, de la Biblioteca Hispanocapuchina y del archivo provincial de los Capuchinos de Cataluña y Baleares. El museo, que se creó en 1975, cuenta con una colección de 1200 piezas y está abierto al público en general, previa visita concertada ( caputxinssarria@caputxins.cat).

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Puerta de acceso a la capilla del convento

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Estatua de Fra Eloi de Bianya, portero del convento al comienzo de la Guerra Civil

 

Para saber más:
Caputxins
La Capuchinada
Monasterios de Catalunya: Convento de los Capuchinos de Sarrià
Remembering repression and resistance in Barcelona
Historia de la orden religiosa más popular en Cataluña

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