LA RAMBLA DE BARCELONA, UN PASEO PARA LOS BARCELONESES

«Our ship is about to reach port and soon will on shore again.. a new city on the route of the cruise ahead. I’m told that the pier of Barcelona has the privilege of being strategically located just minutes from downtown. Require only a short walk to be in the heart of Barcelona. It will be up to check it. Disembark and started walking toward our destination: La Rambla… The gateway to Barcelona when you arrive by sea».

La Rambla

El Portal de la Pau es el punto de encuentro con la Rambla cuando llegas a Barcelona por mar

Desde hace algún tiempo tenía la intención de escribir sobre la Rambla de Barcelona, pero la verdad es que no sabía cómo hacerlo, ya que realmente está todo explicado. La confluencia en el tiempo de una de mis últimas actividades, con la publicación de una buena noticia sobre la futura dinamización de esa zona, me han dado la excusa perfecta para ponerme a trabajar en ello.

La Rambla (y no las Ramblas, como erróneamente se le llama), fue la columna vertebral de la ciudad de Barcelona durante unos 150 años de manera ininterrumpida, así como la imagen de una ciudad viva que ha ido evolucionando y cambiando con el tiempo. Conocidos periodistas y escritores, por uno u otro motivo, tuvieron algo que ver con este lugar de la ciudad en algún momento de sus vidas, y dejaron constancia escrita en sus obras… Josep Mª de Segarra, Josep Mª Planes, Josep Pla, George Orwell, o el mismo Ernest Hemingway, que la describió como “el paseo más bello, pintoresco y cosmopolita del mundo”. Es un hecho que cuando se escribe sobre la Rambla se tiende a consolidar su mito, y muchas publicaciones han incidido demasiado en explicar que es mucho más apasionante y bella de lo que en realidad es. Hace unos días, tuve la oportunidad de asistir a la presentación de un libro que rompe con estos tópicos, y que con una prosa objetiva, cuidada, espontánea y rápida nos explica la historia, sin maquillar o huir de la crudeza que comporta explicar la realidad de algunos hechos.

La Rambla

La Rambla es una calle discontinua formada por cinco tramos con diferentes nombres, de ahí que se use erróneamente el nombre de «Las Ramblas»

Dentro del programa de actividades “Parlem amb” de la Biblioteca Gòtic-Andreu Nin, se presentó el libro “Breu Història de la Rambla” de Enric Vila donde, a través de diferentes anécdotas que ha ido recopilando después de un exhaustivo análisis de lo ya publicado, nos presenta la historia de esta calle, que definió como “la síntesis de Barcelona” y cuya historia es “una metáfora de la propia historia de la ciudad”. Al acto también asistieron Joan Oliveras Bagués, presidente de la Associació Amics de la Rambla y Quim Torra, director general de Foment de Ciutat Vella. Los tres coincidieron en que los barceloneses tenemos que volver a creer en la Rambla, a apostar por ella, e incidir en la necesidad de recuperarla para la ciudad, recordando un dicho del siglo XIX, que se recoge en la página once del libro, y que dice: “No és bon barceloní, qui no es passeja per la Rambla pel dia o per la nit” («No es un buen barcelonés quien no se pasea por la Rambla por el día o por la noche”).

Entre algunas curiosidades, Enric Vila nos comentó que la Rambla fue el lugar de Barcelona al que se trasladó la actividad de la ciudad que se había llevado a cabo en el barrio de la Ribera hasta su destrucción en 1714 y que, históricamente hablando, representó el hecho de “darle a Barcelona una segunda oportunidad” tras su derrota. Tal y como se deduce de los restos arqueológicos que se están recuperando bajo el Mercat del Born, la zona del passeig del Born fue para la antigua ciudad, lo que será la Rambla a partir de ese momento.

La Rambla

«La Rambla de las flores», una imagen de postal. Barcelona, años 70.

Barcelona siempre ha sido un ejemplo latente de lo que representa la Europa de las ciudades, donde prevalece el poder comercial, frente a la Europa de los estados-nación que apuestan por la centralización y la fuerza del estamento militar; por lo que esa manera de hacer chocó de lleno con las ideas de la monarquía borbónica. La Rambla se construyó en una etapa crítica de la historia de la ciudad y plasmó perfectamente ese enfrentamiento. Es una calle discontinua y algo torcida, totalmente opuesta a las grandes avenidas parisinas. En sus inicios estuvo franqueada por dos cuarteles militares, uno a la altura de les Drassanes, y otro junto en la zona de Canaletes. Pasó de ser el lugar con mayor concentración de poder religioso, debido a los numerosos conventos que albergó hasta que fueron incendiados en 1835, a ser el lugar que representó la riqueza y la excelencia del poder burgués, en donde destacaba el palacio que Eusebi Güell encargó construir a Gaudí.

Barcelona nunca ha perdido “la ilusión de querer ser alguien”, -ni en los momentos más trágicos de su historia-, por ello durante el siglo XIX y hasta el final de la Guerra Civil, consiguió mantenerse a la cabeza de las ciudades de España, ya que el estado todavía no tenía la fuerza necesaria para poder imponerse, como lamentablemente ocurriría más adelante con el poder de las armas y la represión. La Rambla, que Mercè Rodoreda la había descrito como “muy catalana”, finalizada la Guerra Civil pasó a convertirse premeditadamente en una calle “muy española” , en donde convivían muchos de los inmigrantes que habían llegado a la ciudad con la prostitución, las muñecas vestidas de faralaes y los pósters de las corridas de toros de Manuel Benítez el Cordobés. Un ambiente que contribuyó a que los barceloneses se alejasen de ella y que, aún hoy, más de una persona frunza el gesto cuando oiga hablar de la Rambla, y diga que es un sitio demasiado «turistero».

La Rambla

Un lugar que cada día es más difícil de transitar, fuera de primera hora del día o a última de la tarde-noche

El libro nos muestra la Rambla como un espejo donde se han ido reflejado acontecimientos, actitudes y modas que ha vivido la ciudad a lo largo de su historia. Según nos explicó Enric Vila, una buena muestra plástica de esa simetría son los diferentes “desfiles” que se han llevado a cabo en esa calle, en diferentes etapas históricas. La época de poderío militar cuando desfilaron las tropas del General Prim tras la guerra de Marruecos, en la que los voluntarios catalanes jugaron un papel muy destacado; la época del movimiento obrero y las protestas en contra de los privilegios de los más ricos, representada por el desfile de las familias de los reservistas movilizados antes de la Semana Trágica; la época de la represión, la protesta pacífica y la reivindicación del final de la dictadura franquista con los desfiles de personajes como Ocaña y su entorno; la época de la consolidación de la ciudad como uno de los primeros destinos turísticos de Europa con los continuos desfiles de turistas, a cualquier hora del día o de la noche.

Con relación a la apuesta por dinamizar la Rambla, de la que se habló durante el encuentro literario, hemos visto publicada en la prensa la feliz noticia de que se han iniciado las obras de remodelación de uno de los lugares más emblemáticos de la zona, y que me había hecho preguntarme en diferentes ocasiones ¿por qué nadie hacía algo por recuperarlo para la ciudad? Se trata del Teatre Principal, que junto al antiguo frontón Jai Alai Palace, los billares Monforte, la cúpula Venus y la Latina, se convertirán en un centro de ocio hacia finales de año. Una buena decisión para que Barcelona recupere un lugar con tanta historia a sus espaldas, y que llevaba demasiados años en proceso de degradación.

Permitidme un breve apunte histórico sobre el lugar. Lo que hoy en día conocemos como el Teatre Principal, con su característica fachada semicircular, tiene sus orígenes en el siglo XVI, cuando el rey Felipe II concedió al Hospital de la Santa Creu el privilegio de disponer del único lugar de la ciudad en el que se podían representar obras de teatro, y contribuir así a recaudar fondos para el centro del que dependía. Es el teatro cubierto más antiguo de la Península Ibérica, y tuvo su etapa de esplendor en el siglo XVIII cuando inició programas estables de óperas y dió lugar a que se interpretasen las grandes obras de la época. El principio de su declive llegó a mediados del siglo XIX con la construcción del Teatre del Liceo y la pérdida del monopolio. Fue en esa época cuando cambió su nombre original, Teatre de la Santa Creu, por el de Teatre Principal con la finalidad de reivindicar su antigüedad, su importancia y la tradición de ser un lugar «para ir a escuchar música», frente a un teatro que era visto como un lugar para la exhibición burguesa y las relaciones sociales, tal y como denunció Serafí Pitarra en su comedia Liceistas y Cruzados, donde satirizó sobre los enfrentamientos entre los seguidores de ambos teatros.

La Rambla

Monumento a Frederic Soler Hubert, allias Serafí Pitarra, frente al Teatro Principal

Como anécdota final, os explicaré que cuando finalizó la presentación del libro de Enric Vila, ya de camino hacia casa, entré en una farmacia de La Rambla para comprar una medicina que necesitaba. Estando en la tienda, entró un turista despistado para preguntar a la dependienta si le podía recomendarle algún lugar para cenar algún plato típico. La chica, sin dudarlo un momento, le dijo que fuese al principio de la calle dels Escudellers, donde encontraría un restaurante en el que servían «una paella muy buena»… ¡No creo que haga falta hacer más comentarios!

Hace falta dinamizar la Rambla y una buena manera de hacerlo es, como opinan en el artículo de la Vanguardia, “recuperar este equipamiento para los barceloneses. También tendrá turistas, pero se aspira a congregar al público local”. A lo que me tomo la libertad de añadir, “…para que nos ayude a sentirnos orgullosos de un lugar que forma parte de nuestra propia historia, y que los barceloneses tenemos demasiado olvidado”.

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