LA FUERZA DEL STREET ART

Desde que hace unos años hice oficialmente mi primera ruta para descubrir el arte urbano (street art) desde un punto de vista artístico, mirándolo en el fondo y no solo en la forma, pasear por Barcelona observando detalles y rincones se ha convertido en casi una devoción. Ello ha hecho que haya ido ampliando las miras y que –para mi pundonor- ya sea capaz de reconocer a más de un genio de esta disciplina. Con la cámara al hombro he conseguido captar y conservar alguna que otra imagen de genialidades que ya han desaparecido. A veces me sorprendo cuando al pasar por un lugar donde había reconocido una de las obras, al cabo de algunos meses aún sigue ahí, supongo que ajena a los ojos de los transeúntes. La propia ignorancia o desprecio es su propio seguro de supervivencia. Aunque lamentablemente no ocurra siempre así.

Leyendo los medios de comunicación, estos últimos días me han llamado la atención dos noticias que, directa o indirectamente, tienen que ver con lugares relacionados con el arte urbano de Barcelona, de ahí este post. Se trata del edificio conocido como la Carbonería, en el barri de Sant Antoni, y el muro de Canvis Nous en el Born.

La Carbonería

Situado en el chaflán de la calle Urgell con Floridablanca está considerado como el templo del street art barcelonés, ya que gracias al monumental grafiti de su fachada es uno de los edificios más fotografiados de Barcelona. Difícil que hayas pasado por delante, y no te hayas parado a observarlo. Aunque corría peligro de derivo, parece ser que el Ayuntamiento se ha puesto las pilas, y en breve pasará a clasificarlo como “bien de interés urbanístico”, dentro del plan especial de protección del patrimonio arquitectónico de la ciudad. Evidentemente, el arte de la fachada no ha sido el motivo que ha motivado la intervención de la entidad pública, pero siempre será una excusa para seguir visitándolo. Eso sí, si no lo hacen desaparecer.

La Casa Tarragó, primer edificio del Eixample

La Casa Tarragó, primer edificio del Eixample

Este edificio de viviendas, construido por Antoni Valls i Galí, está considerado como el más antiguo del Eixample Barcelonés, junto a lo que queda de las cuatro Casas Cerdà, situadas en el cruce de Roger de Llúria con Consell de Cent. De hecho es ciertamente el más antiguo, ya que su propietario, Narcís Tarragó, presentó en el Ayuntamiento la solicitud para su construcción el 2 de enero de 1864, unas semanas antes de que lo hiciesen para la de las Casas Cerdà.

Conocido originalmente como Casa Tarragó, recibió el nombre de la Carbonería por el negocio de almacenaje y venta de carbón que tuvo ubicado en la parte baja del edificio y, según los entendidos en arquitectura, se dice que es un edificio especialmente interesante por tener cuatro fachadas, a pesar de ocupar una esquina. También destaca porque, a pesar de construirse en base a las nuevas ideas arquitectónicas de la Barcelona del Pla Cerdà, siguió fiel al estilo de los antiguos edificios de Ciutat Vella, donde en las fachadas predominaban las ventanas frente a los innovadores balcones.

El origen del grafiti se realizó durante los años en que el edificio estuvo okupado entre noviembre de 2008 y febrero de 2014, cuando fue desalojado por las fuerzas de seguridad. En noviembre de 2009, inicialmente se pintó la fachada con un impresionante árbol monocolor, que trepaba desde el suelo a la parte superior del edificio, pero posteriormente se repintó con el dibujo que s puede ver actualmente, variado y multicolor.

El muro de Canvis Nous

Tuve la oportunidad (¿suerte?) de descubrirlo por casualidad en 2012, mientras callejeaba por el Born. Lo más sorprendente de todo es que pasados tres años, a pesar de los cambios que ha experimentado la obra original, todavía siga ahí y esté considerado un “elemento artístico recuperable”. Convertido en una de las paredes de referencia del arte urbano en Barcelona, parece ser que los promotores de un nuevo edificio de apartamentos en ese barrio de Barcelona, se han propuesto recuperar parte de las obras para decorar el interior del vestíbulo del nuevo inmueble, dada la expectación que suele causar entre autóctonos y foráneos.

Según explican, la historia de este muro empezó como la de cualquier otro muro abandonado de la ciudad. La gente iba, pintaba y, a continuación, los servicios de limpieza municipal lo borraban. No obstante, en 2011 todo cambió cuando el ayuntamiento decidió dejar de intervenir debido al carácter privado del lugar.

El muro de Canvis Nous...

El muro de Canvis Nous…

A partir de ese momento, los artistas lo tomaron como punto de referencia del barrio y empezaron a crear, reivindicar, protestar a través de las diferentes técnicas artísticas del street art, convirtiéndolo en una especie de lugar de culto para entendidos. Incluso se empezó a competir para comprobar cuál era el trabajo más destacado, en base al que fuese más respetado –conservado y no eliminado- por los siguientes artistas.

...allá por 2012

…allá por 2012

El arte urbano está concebido como un arte efímero y prohibido, que se debe crear a escondidas, pero cuyo resultado recibe el reconocimiento global, no solo de los que van a ir a verlo a un museo, con el incentivo añadido de que gracias a las redes sociales se ha convertido en universal. Cualquier barrio puede ser una plataforma para que la obra viaje por el mundo, sin necesidad de moverse del lugar. La ciudad misma es una gran galería de arte. Y esa es la filosofía de la mayoría de los artistas que han participado en crear “el muro de Canvis Nous”.

Es por ello que, ante la actual situación, algunos de los artistas que en un momento u otro habían creado en ese lugar, han optado por retirar las obras que todavía se pueden recuperar, ya que no comparten la idea de que se usen para decorar el interior de un edificio, por mucho que se coloquen en un escaparate hacia el exterior, dejando de cumplir con la función inicial con la que fueron creadas: ofrendas de arte que el artista dona altruistamente a la ciudad y a sus habitantes.

De ahí la controversia. La esencia de la existencia del arte urbano no puede cambiar. Son obras que no se pueden convertir en un mero elemento decorativo, sin más. Deben continuar siendo elementos creados para fusionarse con el propio entorno urbano en el que se encuentran.

En fin, estaremos atentos a ver cuál es el resultado final.

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