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GALA “LA REINE” DEL CASTELL DE PÚBOL

Gala Salvador Dalí. Fue reina, madonna renacentista, pieza clave de un amor cortés… Y qué mejor manera para descubrirlo que a través de una exposición única, pensada para visitarla empezando por el final. De una manera surrealista, como la propia protagonista.

Así es como el Museu Nacional d’Art de Catalunya nos presenta: “Gala Salvador Dalí. Una habitación propia en Púbol”, una exposición innovadora y exclusiva, que gira en torno a la figura de Gala, la compañera y musa de Dalí, a quien acompañó a lo largo de la mayor parte de su vida.

Gala Salvador Dalí.
«Dalí de espaldas pintando a Gala de espaldas eternizada por seis córneas virtuales provisionalmente reflejadas en seis verdaderos espejos» (1972)

Gala Éluard Dalí. La musa del surrealismo

Nunca he sido demasiado fan de la figura que representaba Gala Éluard Dalí. Por mi edad, todavía recuerdo haberla visto aparecer en televisión junto a Salvador Dalí, escenificando alguna de las estrambóticas ocurrencias que su marido realizaba frente a las cámaras. Eso sí, ocupando un discreto segundo plano.

La recuerdo como una mujer menuda, de avanzada edad, de pelo muy oscuro, con peinado demodé y adornado con un gran lazo en la parte superior. Más bien poco atractiva, pero de mirada profunda y enigmática, con un rostro serio y poco accesible.

Gala Salvador Dalí.
Fotografía de Gala en su juventud

Haber ido a visitar la exposición que ha organizado el MNAC alrededor de su figura, me ha hecho descubrir a una Gala Salvador Dalí diferente a la de la imagen que recuerdo. Aquí te la presentan como una mujer interesante, de carácter y muy culta, que de manera voluntaria optaba por mantenerse en un segundo plano en la vida pública de su marido. Una imagen muy diferente a la que guardaba de ella.

Sea por desconocida, o porque su marido irradiaba tanta luz que la ensombrecía ante el público, tras recorrer la exposición Gala Salvador Dalí. llegas a la conclusión de que si Dalí no hubiese tenido a Gala a su lado, la mayor parte de su obra no hubiese sido la misma.

El surrealismo daliniano se engrandeció con el surrealismo que aportaba el carácter y la manera de hacer de la propia Gala.

Gala Salvador Dalí.
«Retrato de Gala llevando dos costillas en equilibrio sobre su hombro» (1934). Miniatura en madera.

Gala Salvador Dalí. Una habitación propia en Púbol

A diferencia de la mayoría de exposiciones que se habían organizado hasta la fecha alrededor de la obra del pintor ampurdanés, ésta gira al 100% alrededor de la figura de Gala y sobre la influencia que tuvo en el movimiento surrealista, tanto del propio Dalí, como en el de otros tantos artistas de ese movimiento, especialmente en París.

Nacida en la ciudad rusa de Kazán, Елéна Ивáновна (Димитриевна) Дья́конова recibió una buena formación, lo que le ayudó a convertirse en una persona culta, de educación exquisita e intelectualmente muy potente, de ahí que su influencia acabase siendo el motor que desarrollaría el potencial de Dalí como artista. De hecho su primer encuentro tuvo lugar cuando ella ya era una mujer habituada a moverse en los círculos más destacados del movimiento surrealista francés, y Dalí era todavía un artista novel, prácticamente desconocido.

La capacidad intelectual de Gala y su facilidad para moverse dentro del mundo de los artistas ayudaron a que, a lo largo de los años en que duró su relación de pareja, acabase dirigiendo al propio Dalí en sus relaciones externas, convirtiéndose prácticamente en su protectora. Una función desconocida que nos descubren en la exposición del MNAC.

Fotografías, retratos y objetos personales

La exposición realiza un recorrido por la vida de la musa daliniana a través de una amplia selección de fotografías, objetos personales y cartas manuscritas, que complementan con algunas de las obras más emblemáticas de Dalí, en las que ella es la absoluta protagonista: «Un segundo antes de despertar de un sueño provocado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada» (1944), «Gala Placidia» (1952) o «Batalla en las nubes» (1979), entre otras muchas.

Gala Salvador Dalí.
Selección de vestidos de Gala, dos de ellos diseñadas por Salvador Dalí

Aunque la relación que mantuvieron no se pueda comparar con la de una matrimonio tradicional, si que se puede calificar como de apasionadamente intensa y de larga duración. De hecho, permanecieron juntos durante 53 años, pero respetando en todo momento sus propias individualidades.

Ese respecto por la propia individualidad es el concepto del que emana el título de la exposición: Gala Salvador Dalí. Una habitación propia en Púbol.

El Castell de Púbol

El Castell de Púbol fue un regalo que Dalí entregó a Gala, y que ella convertiría en su residencia particular.

Gala Salvador Dalí.
Tres posados de Gala en el Castell de Púbol para la revista Vogue

De hecho, tal y como se puede leer en una de las fotografías de Gala que muestran en la exposición, y que fue intervenida por Dalí, el artista escribió las palabras «Tête à châteaux” (cabeza de castillo) para dejar constancia de que la veía fuerte como un castillo, y que por ello tenía que acabar viviendo en uno de ellos.

El castillo, una antigua fortificación medieval documentada en el siglo XI, fue propiedad de diferentes familias nobles hasta que Dalí lo compró para regalárselo a Gala. Dadas las malas condiciones en que se encontraba, el pintor se encargó de su completa restauración y decoración interior, por lo que el resultado se considera una intervención absolutamente daliniana.

Dado que el matrimonio adaptó el surrealismo como forma de vida, también el Castell de Púbol fue un lugar que entró en el círculo de esa estrambótica relación.

Desde la forma en que Dalí se lo entregó a Gala (llevándola frente a él con los ojos vendados), hasta cómo la propia Gala estableció la obligación de que Dalí solo pudiese visitarla previa recepción de una invitación por escrito, todo fue surrealismo. Una relación distante, sin familiaridades, con la que Dalí engrandecía la majestuosidad con que veía a Gala.

Una exposición atrevida

La decoración de las salas que acogen la exposición se ha realizando combinando cortinas y espejos, para poder expresan la idea narcisista que siempre transmitió el artista y su musa.

El recorrido empieza mostrando una contraposición de dos de las tantas maneras con las que Dalí representó a Gala: a través de una fotografía real de ella, en la que el artista escribió las palabras “Ma reine”, frente a la pintura «La Madona de Portlligat» (1949), en la que convirtió a Gala en una madonna renacentista, propia de una iconografía de Piero della Francesca.

La exposición es totalmente recomendable para los incondicionales de la obra de Dalí, pero está planteada de tal manera que se sorprenderán cuando vean que, a medida que avancen en el recorrido, el propio artista va a quedar superado por la atracción que transmite la Gala que aparece en la mayoría de los cuadros.

Hasta ahora siempre se había trabajado sobre la obra de Dalí, su figura y su entorno. En este caso, la obra de Dalí se explica a partir de la propia existencia de Gala en la vida de Dalí, entendiendo a Gala como una entidad independiente, a la vez que imprescindible. Y de cómo el surrealismo artístico emanaba de la propia relación surrealista que hubo entre la pareja. ¿No sé si me explico?

Gala Salvador Dalí

“Llamo a mi esposa: Gala, Galuska, Gradiva; Oliva por lo oval de su rostro y el color de su piel; Oliveta, diminutivo de la oliva; y sus delirantes derivados: Oliueta, Oriueta, Buribeta, Buriueteta, Siliueta, Solibubuleta, Oliburibuleta, Ciueta, Liueta. También la llamo Lionette, porque cuando se enfada ruge como el león de la Metro-Goldwyn Mayer.” -Salvador Dalí-

 

Gala Salvador Dalí. Una habitación propia en Púbol
Del 6 de julio al 14 de octubre de 2018
Museu Nacional d’Art de Catalunya

 

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