DE NUEVO EN TARRAGONA, PORQUE UNA SOLA VEZ NO ES SUFICIENTE

Si has estado en Marrakech indudablemente que te habrás dejado caer por Debbaghine, más conocido como el barrio de los curtidores. Hay diferentes maneras de visitarlo: acompañado por un guía que te lleve directamente a los lugares más interesantes y te aconseje sobre cómo proteger tu olfato de los poco agradables aromas, o bien, tomar un autobús urbano en la plaza Jemaâ-el-Fna, arriesgarte a apearte cuando crees que ya estás más o menos en el lugar y perderte por el lugar, intentando descubrir alguna que otra tenería, fisgando a través de las puertas más o menos entreabiertas. ¡La experiencia, casi me cuesta el divorcio! Evidentemente, no siempre es recomendable pasear y perderse, como me ocurrió en esa ocasión pero, bien al contrario, otras veces sí que vale la pena hacerlo, porque te puedes topar con más de un interesante descubrimiento…

Tras finalizar el recorrido por la Tarraco romana de la mano de dos estupendas estudiantes de latín, tal y como os expliqué en mi primer post sobre la ciudad, me di cuenta que me había dejado en el tintero visitar una buena parte de otros lugares de la ciudad que, sin ser tan conocidos, no dejan por ello de ser menos interesantes. Hace unos días tuve la oportunidad de regresar y no dejé pasar la ocasión de ir a visitarlos. Pero para hacer la visita más atractiva, (y muy al contrario de la experiencia que viví en Marrakech), pude perderme tranquilamente e ir descubriendo diferentes lugares a medida que deambulada por el barrio antiguo de la ciudad. El punto de partida fue la esquina de la Rambla Vella con la via de l’Imperi Romà, y el portal del Roser el punto de acceso a la zona situada en el interior de la muralla.

Tarragona

Via de l’imperi Romà

 

Tarragona

Jardines dedicados a Eduard Saavedra

A la derecha de la vía dejé la Torre d’en Tintorer, una torre de defensa medieval adosada a la muralla romana, y a la izquierda los jardines dedicados a Eduard Saavedra Moragas, un ingeniero tarragonense al que el destino convirtió en arqueólogo de manera fortuita, tras descubrir las ruinas de Numancia y la vía romana entre las ciudades celtibero-romanas de Uxama Argaela y Augustobriga, durante la realización de dos de las obras públicas que dirigió.

Street art revolucionario

Tras cruzar el Portal del Roser y dejar a la izquierda la entrada al Paseo Arqueológico, llegué a la plaça del Pallol, una encantadora plaza de aspecto medieval que al estar construida sobre una parte del Fórum Provincial conserva restos de la Tarraco romana, solapados con pórticos y ventanales góticos. En la Antiga Audiencia (un edificio neoclásico que actualmente es sede de un centro cultural municipal) se conservan diferentes restos romanos y una impresionante maqueta que muestra cómo fue la ciudad en época romana. Pero lo que, sin lugar a dudas, me llamó poderosamente la atención fueron las “pintadas revolucionarias” que se conservan en una de las paredes interiores del vestíbulo, realizadas el 19 de julio de 1936 (un día después del inicio de la Guerra Civil) y que se descubrieron casualmente durante unas obras de restauración.

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Antiga Audiència

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Pintadas originales del principio de la Guerra Civil

De nuevo en la plaza, un grupo de turistas rusos escuchaban atentos las explicaciones de su guía. La escena no tendría su más, a no ser porque se desarrollaba frente a un edificio donde una placa indicaba que allí tuvo su despacho un notable político español con nombre eslavo, Estanislao Figueras y Moragas, presidente de la Primera República Española, al que seguro que ninguno de los turistas había oído mencionar anteriormente.

Pilon’s street

Reiniciado de nuevo mi paseo, inmediatamente llegué al lugar de mi segundo descubrimiento. Un lugar de nombre noble, pero rebautizado con uno más plebeyo e internacional. Se trata del carrer del Comte, popularmente conocida como Pilon’s street o el carrer dels Pilons.

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Pilon’s Street o carrer dels Pilons

Puedo aseguraros que toparte con esa calle sin aviso previo, si además eres entusiasta del streetart, te va a suponer tener que reorganizar tu cronograma y posponer alguna de las visitas previstas para dedicarle algo de tu tiempo. Es una calle no demasiado larga, que va desde la calle dels Cavallers hasta la plaça de Sant Miquel, y que emana arte urbano a lo largo de todo su recorrido. Todos los pilones anti-aparcamiento que hay a lo largo de ambos lados de la calle están decorados con diferentes motivos, que le dan color y un aire divertido, y cuyos dibujos vale la pena observar detenidamente, uno a uno. Además no falta alguna que otra grafía curiosa, a la vez que difícil de leer…

Casa Castellarnau

Cuando acabes, regresa a la calle dels Cavallers; allí te espera una nueva sorpresa. Se trata de la Casa Castellarnau, donde te recomiendo que entres y que no dejes de visitarla. Si lo tuyo son las casas señoriales ricamente decoradas, habrás llegado al lugar indicado. Vas a descubrir una planta noble que seguro te va a valer la pena visitar.

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La Casa Castellarnau es una sorpresa inesperada en el corazón de Tarragona

El edificio, que data del siglo XV, fue residencia de influyentes familias de la ciudad a lo largo de los siglos, y en él se hospedó el emperador Carlos I en 1542 cuando estuvo en la ciudad de Tarragona, de viaje entre Barcelona y Valencia.

Alrededores de la Catedral

A estas alturas del recorrido, el reloj casi había consumido el tiempo que tenía previsto dedicarle al paseo, por lo que tuve que acelerar el paso y poner rumbo hacia la zona de la Catedral. Y aunque ya no me quedaba tiempo para más visitas detalladas, aún pude recorrer algunas de las calles que rodean el recinto de la Catedral, a derecha e izquierda.

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La catedral y sus alrededores

Pasé por la Antiga Casa del Degà en la calle de les Escrivanies Velles, que conserva en su fachada inscripciones romanas y lápidas hebreas de la época medieval. En el corredor por el que se accede al claustro de la Catedral, y que tiene en la parte superior de una de sus paredes una colección de pequeñas caras en relieve humanas, mitológicas y de animales, me topé entre ellas con una dedicada a Ramon Salas, el arquitecto que diseñó el famoso balcón del mediterráneo y que te propongo descubras cuál de ellas es la fotografía que te adjunto. No todos en Tarragona saben ese secreto. ¿Qué cara crees que es la que se le dedicó a Ramon Salas?

Un poco más arriba, pasé frente a la estatua dedicada al apóstol San Pablo que recuerda su paso por la ciudad de Tarraco y, ya de descenso, por un conjunto de encantadoras callejuelas junto al lado interior de la muralla, que no había visto mencionar en ninguna ruta turística de la ciudad. Especialmente recomendable la pequeña plaça de Sant Joan en la que os encontrareis una curiosa farola de brazos de hierro rodeada de naranjos. Un lugar sin turistas, que emana calma, silencio y tranquilidad.

De nuevo en el pla de la Seu, me dirigí hacia el carrer de les Coques en donde está el Antic Hospital de Santa Tecla, un edificio gótico de gran encanto, a pesar que únicamente se conserva el soportal gótico original. A través del soportal se accede a una calle dedicada a Santa Tecla, patrona de Tarragona, en donde hay una hornacina con una talla de la santa. Un poco más arriba, justo en la parte posterior de la Catedral, está l’església de l’Ensenyança. A pesar que la fachada no puede que interese excesivamente a un turista convencional en busca de grandes obras arquitectónicas, si que te puede llamar la atención si, como yo, eres una antigua alumna del Col·legi Lestonnac de Barcelona y te enteras que el templo depende de la sede que el mismo tiene en la ciudad de Tarragona, en el edificio que hay justo al lado.

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Antic Hospital de Santa Tecla

El tiempo de la visita llegó a su fin. Ya en tiempo de descuento, y de regreso hacia la Rambla Nova, todavía pude pasar por la casa del Cambrer (junto a la entrada principal de la Catedral), donde una placa en la entrada indica que allí vivió la madre del rey Fernando el Católico, por el antiguo ayuntamiento y por la casa en la que nació Antoni Rovira i Virgili, cuyo nombre lleva la universidad de la ciudad.

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Llegó el momento de decirle un “fins aviat, Tarragona!” (¡Has pronto, Tarragona!), ya que la visita a la ciudad modernista y a la ciudad marinera las tuve que dejar para una próxima ocasión.

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