…Y TRES, EL PALAU MACAYA

Cuando oímos hablar de las actividades que desarrolla la Obra Social “la Caixa” en Barcelona, nuestro pensamiento vuela inevitablemente hacia CaixaForum y CosmoCaixa, pero casi nadie las relaciona con la emblemática Casa-Palau Macaya. Pues bien, si CaixaForum es un espacio dedicado a la cultura y Cosmocaixa es el que se ha dedicado a la ciencia, el EspaiCaixa Palau Macaya es ese tercer lugar en el que no solemos pensar y que, desde su apertura al público en octubre de 2012, está dedicado a promover iniciativas basadas en la reflexión y el diálogo, que ayuden a implementar la sostenibilidad económica, social y medioambiental de cara al futuro, algo así como -me tomo la libertad en llamar- un CaixaForum social. Uno de los primeros pasos que han llevando a cabo es abrir el edificio al público en general, y hacer que todos aquellos que estén interesados puedan visitarlo.

Palau Macaya

Facha principal

Palau Macaya

Puerta principal de acceso al edificio

Para ello, han ideado un proyecto en el que participan tanto profesionales del campo de la arquitectura y el arte, como personas de a pie simplemente apasionadas por el modernismo, que integran un grupo de trabajo dedicado a estudiar detalladamente la historia y la arquitectura de esta casa-palacio, para después compartirlas con el público asumiendo el papel de guías en las visitas al edificio. Aunque ya hace un tiempo que funciona, tal y como nos comentaron, el grupo no deja de seguir abierto a todas aquellas personas que quieran aportar su granito de arena y sumarse a la iniciativa. Este curioso palacio urbano seguramente guarda interesantes anécdotas y secretos ocultos entre sus paredes, que todavía están por descubrir.

Tal y como ocurrió con la Casa Batlló, la Casa Milà, la Casa Amatller o la Casa Lleó Morera, la construcción de la Casa Macaya fue un proyecto que un rico empresario de la época, Román Macaya i Gibert, encargó a uno de los arquitectos de renombre de la época, Josep Puig i Cadafalch, siguiendo la moda de finales del XIX y principios del XX que obligaba a los miembros de la rica burguesía barcelonesa a hacerse con un edificio en el Eixample de Barcelona que empezaba a configurarse, con la finalidad de exhibir públicamente su poder económico. Pero, según nos explicaron nuestros guías, mientras que Antoni Amatller, Francesca Morera, Josep Batlló o Pere Milà apostaron por mandar construirlos en passeig de Gràcia, ya que era una de las avenidas que tenía visos de convertirse en una de las más elegantes de la ciudad (como finalmente así ha sido), el señor Macaya optó por elegir el passeig de Sant Joan, otra gran avenida próxima al lugar donde se había celebrado la Exposición Universal de 1888.

Respecto a la casa en sí, os recomiendo que no dejéis pasar la oportunidad de visitarla si tenéis ocasión. Uno de los detalles que más me llamaron la atención, quizá por lo inesperado, es el paralelismo que guarda la estructura del edificio con la de los palacios medievales que se pueden encontrar en diferentes partes del barrio gótico, especialmente en la calle Montcada.

Palau Macaya

Patio interior inspirado en el gótico civil catalán

Palau Macaya

Detalle de la decoración de la escalera noble

Siguiendo esa típica estructura medieval, las habitaciones principales estaban distribuidas alrededor de un gran patio central, y a las que se accedía a través de una escalera que partía del patio, junto al cual estaban las caballerizas y el jardín posterior. En la parte superior, según las fotografías que nos mostraron, se construyó la característica galería aireada, con las que se solían finalizar los edificios medievales, y que servía para mantener el grano a resguardo de las inclemencias del tiempo y de los posibles roedores.

A pesar de esa similitud con los palacios medievales y la austeridad de las fachadas, estucadas en blanco, no faltan abundantes elementos arquitectónicos y decorativos propios del modernismo, que dejan constancia de los trabajos realizados por los ejércitos de artesanos que acostumbraban a intervenir durante las construcciones. Destaca la escalera exterior cubierta y muy ornamentada, diferentes motivos florales y alegóricos, elementos clásicos y arabescos en columnas y capiteles, esgrafiados, trabajos de forja en ventanas y balcones y, sobre todo, la presencia de una gran tribuna corrida en el primer piso, abierta al exterior y desde donde se podía ver y ser visto.

Otro elemento característico de las construcciones modernistas de la Barcelona burguesa, y que también podemos ver perfectamente reflejado en la construcción de la Casa Macaya, es la tendencia de reservar la planta principal del edificio a la vivienda de la familia propietaria, y destinar el resto del edificio a pisos de alquiler, a los que se podía acceder desde una escalera diferente a la de los propietarios.

Palau Macaya

Vestíbulo de la planta noble

La planta principal conserva muy pocos elementos de la distribución y la decoración original, pero no por ello deja de transmitir la elegancia y la distinción que seguro que tuvo durante los cerca de catorce años en que la habitó la familia Macaya.

Palau Macaya

Elementos decorativos de la planta noble

Román Macaya i Gibert (Barcelona, 1844-1923), que tiene dedicada una calle en la parte alta de Barcelona, además de dedicarse al negocio del café y del chocolate, era propietario de los terrenos donde se construyó el parque del Tibidabo, y junto al Dr. Salvador Andreu i Grau y otros socios fundó la Sociedad Anónima El Tibidabo, empresa que se encargó de urbanizar la montaña. Además fue uno de los miembros de la Junta directiva de la Exposición Universal de 1888, de lo que me he tomado la libertad de suponer su predilección por el passeig de Sant Joan, frente al passeig de Gràcia. Casado con María del Carmen Sanmartí tuvo dos hijos, Román y Alfonso, quien fue primer presidente del Club de Golf Terramar de Sitges y del Real Club de Tenis Barcelona. No obstante, esta información la dejo en cuarentena, ya que no he podido contrastar que se trate de la misma persona, por lo que agradecería cualquier aportación al respecto que pueda ayudar a confirmarla.

Cualquier visita guiada a un lugar como la Casa Macaya no estaría completa si no estuviera acompañada del relato de alguna que otra anécdota. Pues bien, en nuestra visita la anécdota más que oírla, la visualizamos. Resulta ser que Josep Puig i Cadafalch simultaneó la construcción del edificio con el de la Casa Amatller, y para poder desplazarse y controlar el desarrollo de ambas obras, solía usar una bicicleta. Seguramente no voy a descubriros ningún secreto, pero si pasáis frente a la puerta principal de acceso al edificio, no dejéis de observar los relieves en piedra que hay en la parte superior izquierda. Veréis a un ciclista esculpido, que no es otro que Puig i Cadafalch… Todo un precursor del bicing.

Palau Macaya

Relieve de la fachada que se identifica con Puig i Cadafalch

Tras más de una década de vivir en el palacio, la familia Macaya vendió la propiedad al industrial reusense Juan Vilella Estivill quien en 1947, tras haber sido usada como checa durante la Guerra Civil y sufrir muchos desperfectos, se la revendió a La Caixa que, tal y como he explicado al principio, ha decidido apostar por transformarla de palacio elitista y burgués, a un espacio para la innovación y la participación de la sociedad.

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Para saber más:
La historia de EspaiCaixa Palau Macaya
Palau Macaya. Conoce el centro. Obra Social “la Caixa”

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