Inicio BARCELONA Ciudad y cultura ¿CASA MACAYA O PALAU MACAYA? TÚ ELIGES EL QUE MÁS TE GUSTE

¿CASA MACAYA O PALAU MACAYA? TÚ ELIGES EL QUE MÁS TE GUSTE

Cuando oímos hablar de las actividades que desarrolla la Obra Social “la Caixa” en Barcelona, nuestro pensamiento vuela inevitablemente hacia la Fábrica Casaramona, sede de CaixaForum, o al edificio modernista que Josep Domènech i Estapà construyó al pie del Tibidabo, sede de El Museo de la Ciencia CosmoCaixa. Pero ya no es tan habitual que lo haga hacia otro de los edificios emblemáticos de Barcelona, como es el caso del Palau Macaya.

Pues bien, desde su apertura al público en octubre de 2012 como EspaiCaixa Palau Macaya, se convirtió en el tercer lugar en discordia como espacio cultural de Fundación La Caixa en Barcelona. Si CaixaForum fue el espacio dedicado a la cultura, y Cosmocaixa el dedicado a la ciencia, el EspaiCaixa Palau Macaya se focalizó en promover iniciativas basadas en la reflexión y el diálogo, para ayudar a implementar la sostenibilidad económica, social y medioambiental.

Siguiendo con esa dinámica, en 2024 el Palau Macaya se convirtió en la sede del primer Centro Internacional de Ciencias Humanas y Sociales bajo los auspicios de la UNESCO del estado español.

Oferta de actividades en el Palau Macaya

Entre la oferta de actividades que incluyen en su programa está la de organizar visitas guiadas al edificio. Y la verdad, es que te recomiendo que la incluyas en tu lista de pendientes, porque no deja de tener su qué.

El Palau Macaya es un curioso palacete urbano que guarda interesantes anécdotas y secretos entre sus paredes, y que siempre son interesantes de descubrir.

¿Casa Macaya o Palau Macaya? Según nos responde la IA a esta pregunta, “ambas son correctas, ya que se refieren al mismo edificio. “Palau” es el término catalán para “palacio”, y el edificio es conocido por ambos nombres, siendo Palau Macaya la denominación oficial y más utilizada hoy en día.” 

Evidentemente, fue el proyecto de un rico empresario de la época

Tal y como ocurrió con la Casa Milà, la Casa Batlló, la Casa Amatller o la Casa Lleó Morera, la construcción del Palau Macaya también fue promovida por uno de los ricos empresarios de la época. En este caso, fue un encargo de Román Macaya i Gibert, cuyo apellido le daría nombre a la nueva construcción, que ha pasado en engrosar la lista de edificios modernistas de la ciudad de Barcelona.

De hecho no hizo más que seguir la moda de finales del XIX y principios del XX entre la rica burguesía barcelonesa, que era mandar construir un edificio en el Eixample de Barcelona, con la finalidad de exhibir públicamente su poder económico. Un barrio nuevo que empezaba a configurarse, y a donde empezaron a instalarse las mayores fortunas de la ciudad. Y para ello eligió a uno de los arquitectos de renombre de la época, como era Josep Puig i Cafafalch, y que también firmaría la construcción de otros dos edificios emblemáticos de Barcelona, como son la Casa Amatller y la Casa de les Puntxes.

Pero, a diferencia de Antoni AmatllerFrancesca MoreraJosep Batlló o Pere Milà, que apostaron por mandar construir sus edificios familiares en el Passeig de Gràcia (lugar que tenía todos los puntos en convertirse en una de las avenidas más elegantes de la ciudad -tal y como finalmente ha sido-), el señor Macaya optó por hacerlo en el Passeig de Sant Joan, algo más alejada del centro.

El Passeig de Sant Joan tiene sus orígenes en el antiguo “paseo nuevo” que se construyó a principios del siglo XIX, y que bordeaba la zona de la Ciutadella, después de la demolición de la fortaleza. Se ideó como un lugar de esparcimiento de los barceloneses, y acabó incluyéndose en la remodelación del Pla Cerdà. Lo que lo convirtió en un lugar de aceras amplias y de trazado recto, como el resto de calles que incluía el trazado ortogonal de la nueva Barcelona. En 1888 fue una de las arterías principales que llevaban hacia la zona de acceso de la Exposición Universal.

Paralelismo con el diseño de los palacios medievales del carrer Montcada

Con relación al diseño arquitectónico del Palau Macaya, uno de los detalles que más llaman la atención, quizás por lo inesperado, es el paralelismo que guarda con la estructura de los antiguos palacios medievales, de los que Barcelona todavía conserva una buena muestra por diferentes partes de Ciutat Vella. Destacando, especialmente, los del carrer Montcada, tal y como ya expliqué en el post que le dediqué: Montcada una calle con muchos palacios.

De acuerdo con una fotografía comparativa, y siguiendo esa típica estructura medieval, se aprecia que las habitaciones principales estaban distribuidas alrededor de un gran patio central, del que partía la escalera noble que permitía acceder a ellas, ubicabas en el primer piso.

Otra característica del edificio original es que se construyó la característica galería aireada, con las que se solían finalizar los edificios medievales, y que servía para mantener el grano a resguardo de las inclemencias del tiempo y de los posibles roedores.

¿En qué elementos decorativos del Palau Macaya se muestra el modernismo?

A pesar de esa similitud con los palacios medievales y la austeridad de las fachadas, estucadas en blanco, no faltan abundantes elementos arquitectónicos y decorativos propios del modernismo, que dejan constancia de los trabajos realizados por los ejércitos de artesanos que acostumbraban a intervenir durante las construcciones.

Destaca la escalera exterior cubierta y muy ornamentada, diferentes motivos florales y alegóricos, elementos clásicos y arabescos en columnas y capiteles, esgrafiados, trabajos de forja en ventanas y balcones y, sobre todo, la presencia de una gran tribuna corrida en el primer piso, abierta al exterior y desde donde se podía ver y ser visto.

La planta noble, vivienda de los propietarios

Otro elemento característico de las construcciones modernistas de la Barcelona burguesa, y que también podemos ver perfectamente reflejado en la construcción de la Casa Macaya, es la tendencia de reservar la planta principal del edificio a la vivienda de la familia propietaria, y destinar el resto del edificio a pisos de alquiler, a los que se podía acceder desde una escalera diferente a la de los propietarios.

La planta principal conserva muy pocos elementos de la distribución y la decoración original, pero no por ello deja de transmitir la elegancia y la distinción que seguro que tuvo durante los cerca de catorce años en que la habitó la familia Macaya.

Román Macaya i Gibert (Barcelona, 1844-1923) además de dedicarse al negocio del algodón, era propietario de los terrenos donde se construyó el parque del Tibidabo. Y junto al Dr. Salvador Andreu i Grau y a otros socios fundó la Sociedad Anónima El Tibidabo, empresa que se encargó de urbanizar la montaña. Además fue uno de los miembros de la Junta directiva de la Exposición Universal de 1888, de lo que me he tomado la libertad de suponer su predilección por el passeig de Sant Joan, frente al passeig de Gràcia. Casado con María del Carmen Sanmartí tuvo dos hijos, Román y Alfonso, quien fue primer presidente del Club de Golf Terramar de Sitges y del Real Club de Tenis Barcelona.

Tras más de una década de vivir en el palacio, la familia Macaya vendió la propiedad al industrial reusense Juan Vilella Estivill. Quien la conservó en propiedad hasta 1947, tras haber sido usada como checa durante la Guerra Civil y sufrir muchos desperfectos. Ese año la revendió a La Caixa, quien se ha encargado de transformarla de un palacio elitista y burgués, al espacio de encuentro social que es hoy en día.

El “autorretrato” de Puig i Cadafalch

Cualquier visita guiada a un lugar como la Casa Macaya no estaría completa si no estuviera acompañada del relato de alguna que otra anécdota.

En mi caso, la anécdota giró en torno a uno de los relieves en piedra que hay sobre la puerta de la entrada al edificio, en la parte superior izquierda, y que representa a un ciclista en movimiento. Y por lo que explicaron, resulta que se trata de un “autorretrato” del propio Josep Puig i Cadafalch.

Relieve de la fachada que se identifica con Puig i Cadafalch

La construcción del Palau Macaya, Puig y Cadafalch la simultaneó con la construcción de Casa Amatller en Passeig de Grácia. Ambos edificios están separados por aproximadamente 1,3 km. Si a pie, recorrer dicha distancia lleva unos 18 minutos (según Google Maps), en bicicleta, solo lleva 6 minutos. De ahí que ese ciclista fuese el propio arquitecto moviéndose en bicicleta entre las dos obras, minorizando el tiempo de desplazamiento. ¡Todo un precursor del bicing!.. Aunque si no es él, a mi ya me vale la curiosidad a modo de punto final a la historia de hoy.

Nota: Artículo revisado y actualizado. Publicado inicialmente, el 7 de enero de 2014.

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De visita a casa de la familia Batlló. Barcelona 1904
Calendario de Adviento en la fachada de Casa Amatller
Domènech i Montaner, modernismo en familia

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