UN RINCÓN DEL SIGLO XVI EN LA BARCELONA DEL XXI

«Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero» (Santa Teresa de Jesús).

Aunque parezca mentira, en medio de una ciudad sumergida en la vorágine de las nuevas tecnologías donde ya no podemos vivir sin smartphone, tablet o portátil, todavía existen lugares donde se sigue llevando la misma vida –o lo más parecida posible- a la que se vivía allá por el siglo XVI. Y lo más sorprendente de todo es que ese lugar no está perdido en medio de la nada, sino en un lugar del barrio de Sarrià, junto a la misma calle donde durante la última edición de la 48h Open House Barcelona una de las casas incluidas en el programa –la Casa Eficient MZ– recibió 433 visitas en un margen de 4 horas. Hoy os voy a hablar del convento de la calle Inmaculada, el lugar donde una congregación de monjas de clausura, de la Orden de las Carmelitas Descalzas, viven apartadas del mundo en medio de la oración, el silencio y el recogimiento, ajenas al trajín que las rodea, de acuerdo con los preceptos que estableció la fundadora de la Orden, Santa Teresa de Jesús.

Fachada de la iglesia del convento de la calle Inmaculada, abierta al público durante las celebraciones religiosas

Fachada de la iglesia del convento de la calle Inmaculada, abierta al público durante las celebraciones religiosas

Torno del convento

Torno del convento con el escudo de armas de la Orden

La Orden de las Carmelitas Descalzas nació en la Castilla del siglo XVI a partir de una reforma que la propia Santa Teresa llevó a cabo en la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo descontenta con la relajación de las normas originales, con la que buscó retornar a la vida centrada en Dios de los primeros eremitas del Monte Carmelo, recuperando la austeridad, la pobreza y la clausura, auténticos ejes del espíritu carmelitano. Las religiosas dormían en un jergón de paja, llevaban sandalias de esparto y no consumían carne, tal y como todavía hoy en día viven las religiosas del convento de Sarriá, o de Sant Gervasi como ellas mismas dicen.

Son monjas contemplativas, una de las tres ramas en las que se divide la Orden de los Carmelitas Descalzos, cuya principal función es el desarrollo espiritual a través del servicio y la oración, algo que puede que a muchos nos cueste entender, pero que sigue totalmente vigente. El convento está bajo la advocación de la Purísima (Inmaculada) Concepción de Nuestra Señora y Santa Teresa de Jesús, lo que parece ser es el motivo que da nombre a la calle en la que se encuentra.

Este último año ha sido especial para las religiosas ya que el convento ha participado del Año Jubilar Teresiano, un gran acontecimiento religioso otorgado por la Santa Sede con motivo del V centenario del nacimiento de Santa Teresa, que ha motivado la afluencia de fieles en busca de la indulgencia plenaria y que finalizó el pasado día 15 de octubre, festividad de la santa.

La Orden de las Carmelitas Descalzas llegó a Barcelona de la mano de la madre Catalina de Cristo, que previamente había fundado en Pamplona el primer convento de la Orden tras el fallecimiento de Santa Teresa de Jesús. El convento se inauguró el día 4 de junio de 1588, tal y como se puede leer al pie de uno de los retratos de la fundadora que se conserva en la sala de visitas del convento, quien se convirtió en la primera priora y ocupó dicho cargo hasta su fallecimiento el 3 de enero de 1594. Aunque su cuerpo se trasladó al convento de Pamplona para ser enterrado, a modo de reliquia, en Barcelona quedó uno de sus brazos, que todavía se conserva incorrupto. Dicen que la madre Catalina de Cristo introdujo la costumbre del trabajo manual para que las religiosas pudiesen ganar algunos ingresos, tradición que todavía se conserva y que dedican a la fabricación de rosarios y escapularios, de los que se puede ver una muestra en la vitrina que hay junto al torno del convento.

Otro personaje destacado en los inicios de la Orden en Barcelona fue Estefanía de Rocaberti, una noble catalana que ayudó económicamente en la fundación y que entró como religiosa, adoptando el nombre de Estefanía de la Concepción y convirtiéndose en la segunda priora. Los Rocabertí de Cabrenys eran una estirpe de origen medieval (una rama menor de la familia Rocaberti, futuros condes de Perelada), originarios de Maçanet de Cabrenys y que también dominaban la baronía de Sant Mori.

El antiguo convento de la Orden se construyó en la calle Canuda, junto a la Rambla, en los terrenos que hoy en día ocupan la plaça de la Vila de Madrid y la Vía Sepulcral Romana. Las religiosas de la Orden vivieron en ese lugar hasta la Guerra Civil del 36, cuando por razones de seguridad tuvieron que abandonarlo. Según nos explicaron las propias religiosas, durante la guerra el convento lo quemaron hasta siete veces y ya finalizada, debido al estado ruinoso en que quedó, el Ayuntamiento optó por derribarlo y trasladar la sede a otro lugar de la ciudad. Fue entonces cuando se les ofreció a las religiosas la posibilidad de elegir otros terrenos para construir el nuevo convento, decantándose por unos que había junto al colegio de los Escolapios de Sarriá, lugar en donde se encuentran desde 1943. Respecto al contenido del antiguo convento, gracias a la intervención del director de la Biblioteca de Catalunya, Jordi Rubió i Balaguer, durante los primeros días del conflicto armado se pudo salvar de la destrucción buena parte del fondo bibliotecario y del mobiliario que había.

La plaça de la Vila de Madrid ocupa actualmente los terrenos del primer convento de las Carmelitas Descalzas que hubo en Barcelona

La plaça de la Vila de Madrid ocupa actualmente los terrenos donde estuvo el primer convento de las Carmelitas Descalzas en Barcelona

Vistas panorámicas del lugar donde está el convento actual, junto al colegio de los Escolapios de Sarrià

Vistas panorámicas del lugar donde está el convento actual, junto al colegio de los Escolapios de Sarrià

El convento actual es un edificio muy austero, sin especial interés artístico o arquitectónico, pero que no deja de llamar la atención por la vida que acoge en su interior, que se puede clasificar como un reducto de la Edad Moderna en la Barcelona actual.

La actual congregación de religiosas está formada por quince monjas, entre las que hay una licenciada en química, otra en física, una arquitecta y una maestra que, como nos dijeron, lo dejaron todo para dedicar su vida a Dios. La media de edad, a pesar de lo que se suele pensar, se ha reducido drásticamente en los últimos años, lo que ha producido un rejuvenecimiento de la congregación y ha motivado el ingreso de nuevas novicias. Aunque el día a día de estas religiosas gira en torno a los maitines, las laudes, la prima, la tercia, la sexta, la nona, las vísperas y las completas, también dedican horas a los trabajos manuales y al cuidado del huerto, así como a la lectura y a la reflexión. No disponen ni de radio ni de televisión, y mucho menos de móviles u ordenadores. Aunque parezca incomprensible, solo tienen referencia del Papa Francisco a través de sus escritos e imágenes publicadas, y la única información que reciben del mundo es a través del Obsservatore Romano y otras publicaciones religiosas, además de la que les explicamos los que vamos a verlas. El arzobispo de Barcelona las visita una vez al año con motivo de la Navidad y reconocen -con algo de humor-, que no les importaría que alguna vez fuese acompañando al Santo Padre.

A pesar de lo que pueda parecer, y aunque llame la atención que el protocolo exiga tener que hablar con ellas a través de una reja, la conversación es amena y divertida, son personas alegres que tienen muy clara su función en esa vida por la que han optado. Durante la visita nos obsequiaron con una canción coral acompañada por la música de una guitarra, y no pudieron por más que reírse cuando les explicamos el éxito que había tenido Sor Cristina –monja ursulina italiana- tras ganar la temporada 2014 del programa musical “La Voz de Italia”, animándolas a que ellas también serían unas excelentes candidatas.

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