LLEIDA, DE LOS TEMPLARIOS AL MODERNISMO

Nunca me hubiese imaginado que el voleibol fuera el motivo que me llevaría a Lleida tantas veces durante los últimos años. Pero así ha sido. Como lo mío es hacer turismo y conocer los lugares que visito, entre partido y partido, no he dejado pasar la oportunidad de realizar algún que otro paseo por la ciudad. En honor de mis muchos amigos ilerdenses, creo interesante hacer un pequeño recopilatorio de algunos lugares que he visitado, para contribuir a dar una visión general de lo que nos ofrece la capital del Segre, dirigido especialmente a aquellos que siempre me dicen que en Lleida no hay nada que ver.

Un poco de historia

Lleida, nombre oficial de la ciudad desde 1980, ha tenido diferentes topónimos a lo largo de su historia. Fue la Iltirta de los íberos ilergetes, la Ilerda de los romanos, la Larida de los musulmanes y la Leyda del Medievo; de ahí el gentilicio ilerdense, que todavía hoy se utiliza para nombrar a los originarios de esa ciudad.

Tras la dominación romana y una oscura etapa visigoda, pasó casi cuatro siglos bajo dominio musulmán hasta que fue liberada, en la primavera de 1149, por los ejércitos del conde de Barcelona Ramon Berenguer IV. Debido a su ubicación geográfica, pasó a formar parte de los llamados “territorios de frontera”, lo que daría origen al título nobiliario de Marquesat de Lleida que se le otorgó al comte d’Urgell. Debemos recordar que en la época de la Reconquista, el título de marqués (marca significa frontera) se le concedía a los que gobernaban un territorio fronterizo, en reconocimiento a sus méritos militares.

Lleida

Ubicación del marquesado de Lleida en zona de frontera

En el siglo XIII se le otorgó a la ciudad el privilegio de tener un gobierno municipal propio, dirigido por un paer en cap o hombre de paz. Ese sería el origen de la Paeria, nombre con el que todavía hoy en día se conoce el Ayuntamiento de la ciudad. El siglo siguiente, gracias a una bula papal, se fundó el Studium Generale, que se convertiría en la universidad más antigua de la corona catalano-aragonesa, por detrás de la de Palencia y Salamanca y por delante de la de Barcelona. Este hecho contribuiría a la dinamización de la ciudad con la llegada de estudiantes desde diferentes partes del reino.

El Castell de Gardeny

Mi primera recomendación a visitar se encuentra situada en lo alto de una colina. Es el Castell de Gardeny, que le puede interesar especialmente a todos aquellos que sientan debilidad por la historia de la Orden del Temple.

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El Castell de Gardeny y los caballeros del Temple

Los caballeros templarios llegaron a Lleida como una de las milicias que participaron en la liberación de la ciudad y, en agradecimiento, se les entregó la colina donde se construyó el castillo. Llegó a ser uno de los principales centros templarios de la Corona de Aragón, que incluso recibió la visita del Gran Maestre Jacques de Molay.

Recorrer el edificio por su interior es totalmente recomendable, ya que diferentes recreaciones audiovisuales te transportan a la época en que los templarios fueron los dueños y señores de ese lugar. Desde el castillo se divisa la colina de la Seu Vella.

La Seu Vella y el Castillo del Rey-Suda

El segundo lugar que no podemos dejar de visitar en Lleida es el conjunto monumental de la Seu Vella y el Castillo del Rey-Suda, situado en lo alto de la colina del mismo nombre y que nos permite disfrutar de unas impresionantes vistas sobre la ciudad y sus alrededores. Su skyline es la imagen que identifica a la ciudad y que ves en el horizonte cuando te vas acercando hacia la ciudad.

Lleida

Vistas sobre Lleida desde la Seu Vella

Los edificios que forman el conjunto se construyeron en el lugar donde había una mezquita anterior. La iglesia se dedicó a Santa María y se caracteriza por tener uno de los claustros góticos abiertos más sorprendentes. En ese lugar se celebró el matrimonio entre el comte Ramon Berenguer IV y la reina Petronila de Aragón, que supuso la unión dinástica de la corona catalana y la aragonesa.

Por el centro histórico

Mi tercera propuesta es dar paseo por el centro histórico de la ciudad a lo largo de su principal eje comercial, que además tiene el reconocimiento de ser el más largo de Europa, por lo que podemos ir compaginando el turismo con las compras.

Enfilamos la calle de Sant Antoni, seguimos por la calle Major, continuamos por la calle de Sant Joan y llegamos a la plaça de la Sal. Entre tienda y tienda, nos iremos cruzando con diferentes edificios góticos, modernistas y neoclásicos, tanto de carácter civil como religioso. El primer edificio con el que nos cruzamos es la Església de la Sang de los Jesuítas, donde tiene su sede la Congregació de la Puríssima Sang del Nostre Senyor Jesús, y desde donde salen los pasos que participan en la Semana Santa ilerdense.

A continuación pasamos por la Catedral Nova, donde nos llama la atención un gran escudo real del que cuelga un Toisón de Oro, y que se colocó en reconocimiento a la intervención del rey Carlos III en favor de la construcción del edificio. Justo enfrente está el Antiguo hospital de Santa Maria.

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La Catedral Nova

Seguimos calle arriba y pasamos por uno de los tantos edificios modernistas que hay en la ciudad. Es la casa Magí Llorens, obra del arquitecto Francesc Lamolla, y que llama la atención por las tribunas, los balcones forjados y los muchos motivos florales que decoran su fachada.

Justo enfrente, en el edificio de piedra que hace esquina al principio del carrer Major vemos una vieira en la fachada, lo que nos indica que por ese lugar pasa el Camino de Santiago. Se trata de la capilla de Sant Jaume, que inicialmente estuvo dedicada a la Virgen de las Nieves y actualmente tributa culto a Sant Jaume, ya que fue quien evangelizó la ciudad. En la fachada hay tanto una imagen de la Virgen, como una del Santo. Popularmente se le conoce con el nombre del “Peu del romeu”, ya que una leyenda explica que el apóstol, de camino hacia Galicia, tuvo que detenerse en Lleida para sacarse una espina que se había clavado en un pie, y los niños de la ciudad le ayudaron, iluminándolo con un farolillo. Lleida es la última ciudad catalana del Camino antes de entrar en Aragón y, por lo tanto, es donde convergen las diferentes rutas catalanas que conducen hacia Santiago de Compostela. De ahí su relevancia.

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Capella de Sant Jaume

Un poco más adelante está la Església de Sant Pere, donde reposan los restos del militar y explorador Gaspar de Portolá, nacido en Os de Balaguer, y que llegó a ser el primer gobernador de California (EEUU). ¡Otra historia más de la ciudad que te puede sorprender!

Llegamos al Palacio de la Paeria, sede del ayuntamiento, cuyo origen ya he explicado al inicio. En su fachada destacan los estrechos ventanales del primer piso, que le dan el aspecto de una edificación de estilo defensivo, más que la de un palacio gótico. El edificio está anexado a otro de estilo neoclásico, cuya fachada da a la calle posterior.

La plaça de la Paeria, tal y como se conoce a este tramo del recorrido, se caracteriza por los porches (perxes) de época medieval que la delimitan a ambos lados. En una de las esquinas hay un busto dedicado al Marqués de Blondel, uno de los promotores del crecimiento de la ciudad a finales del siglo XVIII. Si miras hacia el techo, te llamarán la atención diferentes representaciones gráficas de formas geométricas y vivos colores. Según explican los han pintado recientemente diferentes alumnos de una escuela de arte para darle nueva vida y luminosidad a ese espacio, y recuperarlos para el disfrute de la ciudad.

Tras los porches, llegamos a la plaça de Sant Joan. Es uno de los lugares más populares y concurridos de la ciudad, así como típico punto de encuentro. Entre las diferentes curiosidades de la plaza está la iglesia que le da nombre, una galería de arte subterránea, unas escaleras mecánicas que conducen hacia el ascensor que te permite llegar a la Seu Vella cómodamente, y unas divertidas figuras en lo alto de un faro, que representan a tres personajes de la mítica película Bienvenido Mr. Marshall, que se colocaron allí con motivo de la celebración de un festival de cine y allí se quedaron.

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La plaça de Sant Joan

Finalizamos esta parte del recorrido a la altura de la plaça de la Sal, desde donde nos desviamos hacia la rambla de Ferran para desandar el camino andado, pero esta vez sin dejar de bordear el río Segre, ya que todavía nos quedan más cosas por ver. Al final de la Rambla está la estación del ferrocarril Lleida-Pirineus, que también os puede interesar visitar. Es un edificio de 1920 y está considerado bien cultural de interés local.

Recorrido por el margen del Segre

Dejamos atrás la plaça de la Pau, de estilo modernista y una de las más antiguas y representativas de la ciudad, e iniciamos el último tramo del paseo por la avenida que bordea el río y que cambia hasta tres veces de nombre. El primero es el de avinguda de Francesc Macià, sigue con el de avinguda de Blondel y acaba con el de avinguda de Madrid. Frente al Arc del Pont, antigua puerta de entrada a la ciudad y donde volvemos a ver una vieira del Camino de Santiago, se encuentra la escultura de bronce dedicada a los caudillos ilergetes Indibil y Mandonio, que destacaron por su resistencia frente a las invasiones de los cartagineses y los romanos.

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Estatua dedicada a los caudillos Indibil y Mandonio

Pasamos por delante de la conocida como fachada noble de la ciudad, en la que se suceden diferentes edificios modernistas, entre los que destacan la casa Melcior o el edifici Pal•les, así como la fachada neoclásica del Ayuntamiento. Paralelo a nuestro camino se extiende el Parc de l Riu, una zona ajardinada que recorre a derecha e izquierda los márgenes del Segre.

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El parque a orillas del Segre

Finalizamos nuestro paseo en la pasarela del Liceu Escolar, un puente peatonal de estilo moderno desde donde podemos ver dos de los otros seis puentes que cruzan el río.

La plaça de Ricard Vinyes

Y después del paseo, para los que todavía puedan seguir pensando que “¡en Lleida no hay nada que ver!”, os invito a desplazaros hacia la plaça de Ricard Vinyes, situada en la zona alta de la ciudad, donde podréis elegir entre diferentes restaurantes y cafeterías para tomar un tentempié, almorzar o cenar.

Uno de mis últimos descubrimientos es una encantadora cafetería que demuestra la apuesta de la ciudad por estar al día, en la que han sucumbido a la moda de los cupcakes y de los pasteles fondant made in USA… Vagi de gust!

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