GDANSK, LA CIUDAD DE LAS MIL FACHADAS

Cuando nos hablan de Polonia, siempre pensamos en ciudades como Varsovia o Cracovia, y nunca en el hecho que uno de los lugares más influyentes en los cambios que se produjeron en los años 80, cuando cayó el muro de Berlín, fue la ciudad de Gdansk, situada al norte del país, cerca del mar Báltico.

Gdansk, junto a Sopot y Gdynia, forman el área metropolitana conocida con el nombre de Trójmiasto (Triciudad) y son por excelencia el destino del Báltico en Polonia. Pues bien, gracias a un vuelo low-cost desde el aeropuerto de Groningen, ciudad donde estoy residiendo en la actualidad, he tenido la oportunidad de visitarla. ¡No os perdáis las siguientes recomendaciones!

Ulica Mariacka

La calle de Mariacka es, sin ninguna duda, una de las calles más bonitas que he transitado en mi vida. Sus casas y porches ricamente decorados, así como las escaleras que permiten acceder a ellas, muestran un claro ejemplo de cómo era la ciudad antes de su destrucción. Durante la Segunda Guerra Mundial, Gdansk, también conocida como Danzig en alemán, al igual que muchas otras ciudades europeas, quedó reducida a poco más que cenizas. Actualmente la ciudad ha sido reconstruida casi por completo, poniendo en pie sus coloridos edificios y restaurando su antiguo encanto.

Las principales protagonistas de la calle son las gárgolas, criaturas de piedra que decoran el final de los canalones de piedra, en las terrazas de entrada a las casas en lugar de en lo alto de los tejados. Ahora simplemente adornan las calles de la ciudad, especialmente en Mariacka, ya que apenas mana agua de lluvia debido al nuevo sistema de desagüe.

A las gárgolas, también les acompañan distintos puestos donde venden ámbar (también conocido como “oro del norte”), el souvenir estrella de la ciudad. En las costas del mar Báltico se encuentra el 80% del ámbar del que tenemos noticia en todo el mundo y una gran cantidad proveniente de bosques tropicales que corresponden a la ciudad de Gdansk. Aun así, hay que puntualizar que el principal productor mundial de ámbar se encuentra un poco más al este, en la ciudad rusa de Kaliningrado.

Gdansk

La calle Mariacka con las gárgolas como protagonistas

La fuente de Neptuno

Neptuno es el insustituible soberano de toda ciudad costera. Cuenta la leyenda que cuando el pozo situado en la plaza del Mercado Largo fue reemplazado por la Fuente de Neptuno los ciudadanos, entre vítores de admiración, comenzaron a lanzar ducados de oro al agua, lo que satisfizo la vanidad de Dios.

La fuente se ubica en el centro de la calle principal de Gdansk y junto a ella, multitud de kamienicy de los patricios, tan características de las ciudades hanseáticas y cuyas fachadas compiten en la riqueza de sus formas y la originalidad de sus adornos. Podríamos llamarle la ciudad de las mil fachadas y no exageraríamos. Además, muchas de ellas bien recuerdan a algunas de las ciudades de los Países Bajos.

Gdansk

La fuente de Neptuno fue diseñada por Abraham van den Blocke y construida por iniciativa del alcalde de Gdansk, Bartłomiej Schachmann.

Gdansk

En la calle principal de Gdansk, las fachadas de colores son las protagonistas

Paseo del muelle

El río Motlawa es la espina dorsal de Gdansk, pues ha sido siempre la fuente de riqueza, turismo y ocio de la ciudad. El Dlugie Pobrzeze o paseo fluvial, es una de las calles peatonales con más vida de la ciudad, y también una de mis favoritas. En ella podemos encontrar los restos de uno de los antiguos puertos más importantes del Báltico, como muestra la gran grúa, la más potente de su época o el Museo Marítimo Central, que se encuentra en unos graneros reconvertidos al otro lado del río.

También allí, se pueden encontrar elegantes restaurantes donde probar los cada vez más conocidos, pierogi polacos.

Gdansk

La antigua grúa es la protagonista de la panóramica que acompaña el paseo del muelle

Stocznia Gdanska

Como he comentado al inicio de este post, Gdansk fue una de las ciudades más influyentes en los cambios de los años 80 en Europa. En esta ciudad se fundó el sindicato anticomunista Solidarnosc, que con casi diez millones de miembros y con Lech Walesa al frente, constituyó la organización con más influencia en la caída del régimen en 1989 y la caída del Muro de Belín. Las protestas llevadas a cabo por los obreros de Gdansk para mejorar sus condiciones y proclamas en pro de la libertad fueron un quebradero de cabeza para las autoridades y contribuirían a la caída del comunismo en Europa.

Pues bien, una de las fábricas más reconocidas entre todas las fotografías de la época es Stocznia Gdanska. Se encuentra muy cerca del centro de la ciudad y, pese a que aún está en funcionamiento y su entrada está restringida, vale la pena acercarse para conocer un poco más de su historia.

Gdansk

Gdansk

La ciudad sigue conservando su pasado obrero y las grúas y fábricas son uno de los símbolo que mejor lo refleja

La ciudad de Sopot

La ciudad de Sopot es la segunda ciudad del Trójmiasto y la puerta al Báltico de Polonia. Es el destino costero de Polonia y, según me comentaron, en verano se llena de gente para disfrutar de la playa y la vida nocturna. Precisamente este, no fue nuestro caso, puesto que el día de visita coincidió con un temporal de nieve y granizo que, todo hay que decirlo, le dio más encanto a la ciudad.

La mayor parte de la actividad transcurre en la calle peatonal (próxima a la estación de tren) Monte Casino, que recorre la ciudad desde la parte interior y termina en una plaza junto al mar y en donde está el famoso malecón de madera. También en zona de la playa se encuentran algunos edificios emblemáticos como el Gran Hotel y el faro, con vistas panorámicas al mar. Para llegar a Sopot es posible tomar los trenes que salen cada 10-15 minutos desde la estación de Gdansk y el viaje es de 20 minutos, aproximadamente.

Gdansk

Gdansk

La calle principal de Sopot termina en un imponente malecón

Si tenéis la oportunidad de visitar esta ciudad al norte de Polonia, no os lo penséis. Podréis apreciar historia contemporánea de Europa, arquitectura, arte, cultura y disfrutar de paseos muy agradables. Porque seamos sinceros, algo tienen las ciudades del norte de Europa que, aunque llueve, diluvie o nieve, siempre desprenden un encanto especial.

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