CUANDO BARCELONA FUE OLIMPICA

El próximo día 25 de julio se cumplirán 20 años del famoso “Hola”… “Hola”, con el que Barcelona saludó al mundo y lo encandiló. Muchos de nosotros, de manera más o menos directa, formamos parte de ello, y por eso quiero recordar algunos de aquellos inolvidables momentos que se quedaron grabados en nuestra retina. Lo confieso: “Yo fui voluntaria olímpica”; ¡culpable! Con el agravante de trabajar durante quince días en la Vila Olímpica del Poblenou (lugar 104); ¡culpable nuevamente!

Sí, una de las afortunadas que vestíamos un conjunto de chaqueta color mostaza ref. 42440912TO0771, y una blusa-beige liso ref. 42495770TO0606, y que nos movíamos por las zonas reservadas para las autoridades y las celebridades, y viajábamos en coches oficiales Seat acompañando a nuestros VIP. Teníamos asignada la labor 1202, es decir, éramos asistentes de delegación.

Asistentes de delegación de la Villa Olímpica

Foto de familia de los asistentes de delegación de la Villa Olímpica

Y la verdad, aunque parezca poco creíble, entré a formar parte de todo ese tinglado de forma totalmente casual. Fue a principios de 1986, cuando “la ville de Barcelone” todavía era una simple ciudad candidata.

Con la finalidad de conseguir una pegatina con el logotipo de la candidatura y poderla enganchar en mi Seat 127 [de 15 años de antigüedad, que acababa de comprar de segunda mano, recién aprobado el permiso de circulación), un día al pasar por Plaça Catalunya, vi un autobús de los que se dedicaban a promocionar la candidatura recorriendo diferentes partes del territorio. Me dijeron que si me inscribía “en no sé qué”, me darían una bolsa promocional con algunos detalles. Entre los que estaba la famosa pegatina. Pues, sin pensármelo excesivamente (algo que hoy en día no creo que haría), allí que plasmé mi firma.

Pasado el inolvidable día 17 de octubre siguiente, recibí una comunicación en la que me indicaban que “de acuerdo con la inscripción que había hecho” había entrado a formar parte del grupo de personal voluntario que se ofrecía a colaborar durante los Juegos Olímpicos que se celebrarían en Barcelona en el 1992… ¡Todavía estábamos en 1986!

Yo no tenía ni idea de qué se trataba, ni qué tendría que hacer. La cuestión es que a partir de ese momento empezaron a convocarme de manera continuada a diferentes entrevistas y pruebas de idiomas (Sede del COOB a Montjuic), formaciones (edificio de la Maternidad), congresos (Hotel Princesa Sofia, Asamblea General ANOC 1990)  y pruebas piloto (Welcome Desk del Aeropuerto de Barcelona, Competiciones 1991), que se fueron sucediendo hasta que llegamos al esperado 1992. Todavía conservo una gruesa carpeta con material de formación para los Voluntarios 92, cartas, acreditaciones, felicitaciones de Navidad…

Acreditaciones a gogó

Colección de acreditaciones relacionados con los propios juegos y pruebas previas de años anteriores

Fue a principios de 1992 cuando me comunicaron que, dada mi preparación y formación, se me había incorporado a la lista de asistentes de delegación, quienes desarrollarían un labor de soporte a las delegaciones de deportistas bajo la supervisión del attaché que se les hubiese asignado. En mi caso, la delegación a la que me asignaron fue la de los representantes de Gambia, un país que, aunque actualmente sea bastante conocido, reconozco que por aquel entonces tuve que ir a situarlo en el mapa.

Como la delegación era relativamente pequeña solo le asignaron a dos asistentes, y recuerdo con mucho cariño el buen ambiente que hubo entre todos, especialmente la sencillez y la amabilidad de todos sus miembros. Como anécdota, os explicaré que el jefe de delegación -Cherno Touray- nos llevaba de cabeza todo el día. Era un tipo muy alto y que caminaba muy rápido. Nunca avisaba con antelación a dónde se dirigía y, siempre teníamos que ir -literalmente- corriendo detrás de él para alcanzarlo.

Ceremonia oficial de bienvenida a la Vila Olímpica

Ceremonia oficial de bienvenida a la Vila Olímpica

El jefe de la delegación junto a las asistentes

El jefe de la delegación junto a las asistentes

La delegación no disponía de oficina, por lo que su lugar de reunión era el propio piso que tenían asignado en la Avinguda Icaria. Por lo tanto, como no teníamos un lugar fijo como “cuartel general”, tuvimos que buscarnos la vida para disponer de un sitio en donde “refugiarnos” durante nuestras horas de descanso, o cuando nadie de la delegación quería salir fuera de la Vila.

Los primeros días solíamos pasar los momentos de descanso dando vueltas por la Vila Olímpica, hasta que trazamos amistad con asistentes de otras delegaciones que sí tenían asignada una oficina, y allí nos quedábamos a la espera de que tuviésemos que ayudar o acompañar a alguien de nuestra delegación.

Entre las delegaciones más numerosas que recuerdo estaba la del Equipo Unificado, que aglutinaba a todos los representantes de los países que habían nacido de la reciente desintegración de la URSS, en el verano de 1991. Como anécdota recuerdo que algunos deportistas, siguiendo la filosofía comunista del mercado negro, habían traído latas de caviar y relojes con la imagen de Lenin -que estaban de moda en Occidente- para venderlos a aquellos que estuviesen interesados.

Hace unos días me fui a dar un paseo por las calles que conformaron la Villa Olímpica y, así, poder rememorar aquellos días. Pase por el Port Olímpic, donde estaban los restaurantes más exclusivos de toda la Villa Olímpica, lugar reservado por VIP y atletas. También fui al Centre de la Vila donde se encontraban diferentes oficinas.

Recuerdo especialmente la oficina de reserva de entradas, que visitábamos cada día a primera hora de la mañana para preguntar qué entradas habían quedado libres para ese día y cuáles nos podían dar. De hecho muchos de nuestros familiares se beneficiaron directamente de nuestro trabajo, ya que como nosotros no podíamos ir, se las dábamos a ellos. Siempre había entradas para ir a ver alguna competición de voleibol, beisbol, balonmano… Evidentemente ni atletismo, ni natación, ni baloncesto, ¡esas eran las que primero se acababan!

En el actual Centre de la Vila estaba el comedor para atletas, que funcionaba las 24 horas del día y donde se servían comidas para todas las creencias religiosas y todas las alergias alimentarias. En los edificios colindantes se ubicó a los representantes de la Delegación Española, y la oficina central de los asistentes olímpicos, donde cada día nos entregaban los tickets para comer y cenar en el “fabuloso McDonalds” que había al final de la avenida principal y que pasados los años todavía sigue ahí. Los voluntarios olímpicos teníamos prohibido bajar al comedor principal por nosotros mismos, pero sí que hubo alguno que comió allí como invitado de alguna delegación.

El acceso al comedor principal de la Vila Olímpica en la actualidad

El acceso al comedor principal de la Vila Olímpica en la actualidad

Edificio donde se encontraba la oficina de los asistentes de delegación

Edificio donde se encontraba la oficina de los asistentes de delegación

Realmente la Villa Olímpica ha cambiado mucho en estos 20 años. El paso del tiempo la ha ido transformando, aunque aún se conservan muchos recuerdos de aquellos días. La Plaça dels Campions es uno de los ejemplos, con las numerosas placas conmemorativas de récords individuales y colectivos, así como las huellas impresas de algunos deportistas míticos y un pódium a modo de monumento. También los voluntarios tenemos dedicada una plaza frente a las dos torres que cambiaron el skyline de Barcelona desde el 92: la torre Mapfre y la torre del Hotel Arts.

En fin, 20 años después todavía me pregunto si fue un sueño o una realidad.

Perfil de las dos torres que cambiaron el skyline de Barcelona

Perfil de las dos torres que cambiaron el skyline de Barcelona

La plaça dels campions

La plaça dels campions

Para la mayoría de los barceloneses y barcelonesas que vivieron aquellos días, la Barcelona de julio y agosto del 92 fue una etapa mágica de la historia, en que la ciudad brilló ante el mundo.

Para mí, una experiencia que siempre estará ahí. Además, hay un hecho personal que me marcó mucho durante estos días, y que ocurrió durante la Ceremonia de Inauguración.

Antes de que se tomara una fotografía que daría la vuelta al mundo…

Foto: Juan Cortadellas (El Periódico)

Foto: Juan Cortadellas (El Periódico)

se tomó ésta otra, ¡mucho más emblemática para mí!

Una foto para la (mi) historia

Una foto para la (mi) historia

¡Feliz recuerdo olímpico para todos los que quedamos “Amigos para siempre”!

2 Comentarios

  • eva dice:

    ¡Compañera asistente de delegación! Qué recuerdos has traído a mi mente… Me siento como el replicante de Blade Runner: “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser…” En mi caso: pegarle un codazo a Carl Lewis (copa mundo atletismo previa a JJOO) por aquello de “tocarlo”, salir corriendo detrás de Felipe VI (y los guardaespaldas de Felipe VI salir corriendo detrás de mí) para hacerle una foto con otra amiga asistente… Ver a Fermín Cacho ganar los 1500 m desde tribuna con Ana de Inglaterra al lado… ir al Princesa Sofía con el jefe de delegación de cierto país para que alguien del CIO le diese un maletín lleno de fajos de billetes verdes, así tal cual, como en las películas… Hacer de traductora para una entrevista al alcalde de Sarajevo en plena guerra… ufff…. y todo con 20 añitos… ¡Qué tiempos! 🙂

    • BCNenHorasdeOficina dice:

      Grandes recuerdos que siempre llevaremos con nosotros. Barcelona fue olímpica, y es difícil que lo vuelva a ser. Gracias por tu comentario.

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