BARCELONA, BRUSELAS Y FRANCESC FERRER I GUARDIA

Desde que me enteré que la escultura que hay en Montjuïc dedicada a Francesc Ferrer i Guàrdia está inspirada en una que hay en Bruselas, en mi agenda de pendientes tenía anotado ir a visitarla en la primera ocasión que se me presentase, si mis historias viajeras me volvían a llevar a la capital de Bélgica. Como así ha sido.

El pasado mes de diciembre llegó esa oportunidad y, en consecuencia, por fin he podido completar y publicar el artículo que hace tiempo tenía pensado dedicarle a esa curiosidad.

Ferrer i Guardia

Detalle de la escultura que Francesc Ferrer i Guàrdia tiene dedicada en Montjuïc

“Mártir de la libertad de consciencia”

La figura de Ferrer i Guàrdia es realmente poco conocida fuera de los ámbitos culturales e históricos, ya que las diferentes campañas de desprestigio hacia su persona, y la desmemoria hacia su obra, han hecho su efecto con el paso de los años. Muchos años de olvido, que incluso se llegaron a alargar más allá de las etapas políticamente más represivas.

Bien al contrario, más allá de los Pirineos no ocurre lo mismo. Dicen que está considerado “el catalán más famoso de Bélgica”, y unas sesenta calles llevan su nombre en lugares como Francia, Bélgica, Portugal o Brasil.

Pero, ¿quién fue Ferrer i Guàrdia? ¿Y por qué tiene una escultura dedicada en Barcelona y otra en Bruselas? Un viaje temático a grosso modo, a través de algunos de los lugares en los que vivió, nos va a ayudar a saberlo.

Ferrer i Guardia

En Barcelona, una de las avenidas principales de acceso a Montjuïc lleva el nombre de Ferrer i Guàrdia desde 2010. Anteriormente, la misma avenida estuvo dedica al Marqués de Comillas

Un viaje por la biografía de Ferrer i Guardia

Alella

Francesc Ferrer i Guàrdia nació en Alella (El Maresme) un mes de enero de 1859, en un periodo histórico en que las nuevas ideológicas obreras e izquierdistas empezaban a bullir en diferentes lugares del continente europeo. Sus padres, unos campesinos acomodados, y de profunda fe católica e ideología monárquica, eran propietarios de la Masía Boter, en la que nació y pasó sus primeros años de vida.

Para los curiosos, la masía todavía sigue en pie, aunque actualmente forma parte del Centro Les Hortènsies, junto a otra edificación más moderna, de estilo modernista. El conjunto está catalogado como Bé cultural d’interès local, dentro del patrimonio arquitectónico catalán.

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Imagen de archivo de Cal Boter. Foto: Les cases de Alella

Sant Martí de Provençals (Barcelona)

Como contraposición a los ideales de su familia, Ferrer i Guàrdia desarrolló un sentimiento absolutamente anticlerial y republicano, que marcarían toda su existencia.

Todavía siendo un niño, se trasladó a Barcelona para trabajar de aprendiz en un comercio de harinas, situado en Sant Martí de Provençals, un lugar de importante concentración industrial y, por lo tanto, de fuerte implantación de ideales obreros y republicanos. Asistir a clases nocturnas y su personalidad autodidacta le llevaron a estudiar y profundizar en el conocimiento de las doctrinas republicanas e internacionalistas.

Diez años más tarde de su llegada a Barcelona, empezó a militar en el Partit Republicà Progressista, con el que había entrado en contacto trabajando en la línea de ferrocarril que unía Barcelona con la Cerbère del Rosselló.

París

Debido a sus ideales, tras fracasar el intento de proclamar la Primera República la vida lo llevó hasta París, en donde se exilió junto a su primera esposa, Teresa Sanmartí, con la que tendría tres hijos.

Para poder subsistir, montó una tienda de vinos, que posteriormente transformaría en un pequeño restaurante situado en el número 22 de de la Rue du Pont Neuf, y empezó a impartir clases de español según el manual “L’espagnol pratique“, que publicó en 1897.

En París fue cuando cambió el republicanismo por el anarquismo, y empezó a desarrollar los conceptos educativos anarquistas en los que se basaría su futura escuela.

De nuevo Barcelona

Tras divorciarse y contraer un segundo matrimonio con Leopoldine Bonnard, una maestra librepensadora, inició un viaje que le llevó a diferentes países de Europa. Durante el recorrido les acompañó Jeanne Ernestine Meunier, una discípula de Ferrer que a su muerte le acabaría dejando una importante herencia monetaria. Concretamente un millón de francos. Un regalo caído del cielo que ayudaría a Francesc Ferrer i Guàrdia a llevar a la práctica su utopía: crear una escuela racional, mixta, laica, sin exámenes, sin premios ni castigos. Donde los alumnos y alumnas aprendiesen de sus propias vivencias,  y pudiesen actuar con total libertad, visitando museos, fábricas, disfrutando del aire libre y formándose en el cuidado de la higiene y la salud.

Fue en el mes de agosto de 1901, de regreso a Barcelona, cuando lo materializó, fundando la que se conocería como Escuela Moderna. Un proyecto de pedagogía libertaria, que triunfaría alrededor del mundo, pero que le enemistaría con los sectores conservadores de la sociedad española, especialmente, relacionados con la Iglesia Católica y la monarquía.

En la fachada del número 56 de la calle Bailén, una placa recuerda el edificio en que estuvo la sede de Barcelona, que evidentemente no fue la única. Sus nuevos planteamientos formativos llegaron incluso a lugares tan lejanos como Nueva York y Brasil. [Texto integral de la Escuela Moderna de Ferrer i Guàrdia.]

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Pedestal de la escultura de Montjuïc. Reconocimiento de Ferrer i Guàrdia como fundador de la Escuela Moderna

París y Bruselas

Tras diferentes problemas con la justicia, y de que se mandase clausurar definitivamente su proyecto educativo en España, dejó Barcelona y se instaló entre París y Bruselas.

Fundó la Ligue International pour l’Éducation Rationnelle de l’Enfance, que a partir de 1908 contaría con una revista. En París volvió a ver la luz el boletín de la Escuela Moderna, cuya publicación se había suspendido en Barcelona, tras el cierre de los centros educativos.

Y final trágico en Barcelona

Su vida acabó trágicamente el 13 de octubre de 1909, en el fossat de Santa Amàlia del Castell de Montjuic, cuando el castillo era usado como prisión.

Después de regresar a España por motivos familiares, fue acusado de instigar la revuelta anticlerical de la Semana Trágica (ocurrida aquel mismo verano), fue encarcelado, juzgado arbitrariamente por un tribunal militar, condenado a muerte y fusilado.

Se supone que está enterrado en el cementeri de Montjuic, en una tumba situada junto a las de Buenaventura Durruti y de Franscico Ascaso, ubicadas en la Vía Sant Carles, del recinto protestante. Parece ser que las tumbas están vacías y se conservan a modo de memorial. (Nota: esta información queda pendiente de confirmación).

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Panorámica de los fosos del Castell de Montjuïc, donde fue encarcelado y fusilado Ferrer i Guàrdia

Reconocimiento internacional

Su procesamiento y fusilamiento provocó grandes manifestaciones en diferentes partes de Europa, principalmente en Francia y Bélgica. Tal como explica Neal Michiels, en su artículo “Francisco Ferrer, el catalán más conocido de Bruselas”:

“Decenas de ciudades españolas y europeas reaccionan con gran furia a la noticia de la ejecución de Ferrer, símbolo internacional de la lucha anticlerical y a favor de la libertad y el progreso. La reacción parisina es la más masiva con una manifestación de 40.000 personas esa misma noche. En varias capitales, como Lisboa, algunos manifestantes asaltan la Embajada de España, mientras que en Roma, el ejército se ve obligado a proteger al Vaticano“.

“En Bruselas, las protestas duran una semana entera con manifestaciones y mítines. Incluso después de esta explosión momentánea de ira, continúan las iniciativas conmemorativas. Una de ellas es el establecimiento de una estatua en la plaza Sainte Catherine, en el centro de Bruselas, bajo la iniciativa de círculos anticlericales liberales y social-demócratas. Con su estatua, Ferrer se une a una serie de librepensadores históricos a cuya memoria también fueron dedicados monumentos en el mismo periodo, como Giordano Bruno (Roma), Etienne Dolet (Paris) o el español Miguel Servet (Viena).”

La escultura de Bruselas

La escultura que Bruselas dedicó a la memoria de Ferrer i Guàrdia se inauguró el 5 de noviembre de 1911, y fue financiada a través de una suscripción popular.

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Pedestal y estatua del monumento que hay en Bruselas

Tal y como ha pasado con algunos edificios o esculturas de Barcelona a lo largo de la historia, a esta estatua se le puede dar la consideración de “monumento viajero” ¿Recordáis el post que le dedicamos a la Font de Ceres? ¿Y por qué? Pues porque desde su inauguración ha estado en tres lugares diferentes de la capital de Bélgica.

Inicialmente se ubicó en el centro de la ciudad. Pero en 1915, durante la Primera Guerra Mundial, los invasores alemanes la retiraron y la guardaron. Según parece para contentar al gobierno español, quien se había opuesto desde el primer momento a que se levantase ningún monumento en su memoria, y a quien los alemanes querían conseguir de aliado.

Tras el final de la Gran Guerra, en 1920 la escultura se volvió a ubicar en su lugar, pero cambiando las placas con las inscripciones iniciales. Se eliminó el nombre del pedagogo y la frase que denunciaba el juicio sumarísimo al que se le había sometió. La intervención de la monarquía española y la de la iglesia belga volvieron a ser determinantes.

En 1931, recién instaurada la II República en España, el Ajuntament de Barcelona solicitó que la escultura fuese trasladada desde Bruselas hasta Montjuïc, cosa a la que los belgas se opusieron. A cambio propusieron construir una réplica de la misma, idea que no se llevaría a la práctica hasta 1990, casi 60 años después.

Finalmente, en 1958 se restituyeron las inscripciones originales en la base de la escultura, y la misma recuperó el aspecto inicial. Pero ahí no acabó todo, ya que todavía no había llegado el comienzo de su periplo por la ciudad.

A principios de la década de los años 70, el inicio de las obras del metro de Bruselas motivaron que la escultura se tuviese que trasladar a un lugar menos céntrico. Se eligió la Quai à la Chaux, a medio kilómetro del lugar inicial y donde permanecería unos diez años.

Coincidiendo con el 75º aniversario del fusilamiento de Ferrer i Guàrdia, en 1984 se trasladó nuevamente pero ya de manera definitiva. Esta vez se llevó a la avenue Franklin Roosevelt, y se ubicó en la mediana ajardinada de la avenida, justo frente al edificio principal de la Université Libre de Bruxelles.

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Avenue Franklin Roosevelt, frente al edificio principal de la Université Libre de Bruxelles

En las inscripciones del pedestal se recuerda su fusilamiento como “mártir de la libertad de consciencia” y se reproduce el párrafo de uno de sus escritos (en francés), que dice: “La enseñanza racionalista puede y debe todo discutir, colocando a los niños en la vía simple y directa de la investigación personal”.

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Detalle de las inscripciones

Cada 13 de octubre (conmemoración del fusilamiento de Ferrer i Guàrdia) y cada 20 de noviembre (conmemoración de la fundación de la ULB -20 de noviembre de 1834-) alumnos de la universidad y grupos librepensadores belgas depositan ramos y coronas de flores ante la escultura. Homenajes que se llevan a cabo desde que la escultura estaba ubicada en el centro de la ciudad.

La escultura de Barcelona

La escultura que Ferrer i Guàrdia tiene dedicada en Montjuïc es una réplica exacta de la que hay en Bruselas, tal y como se acordó en 1931.

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La escultura de Barcelona

Se inauguró el 13 de octubre de 1990, y está ubicada en la explanada que hay justo al finalizar el tramo superior de escaleras mecánicas que conectan la avinguda dels Montanyans (a la altura del carrer del Mirador del Palau Nacional) con la avinguda de l’Estadi. Un lugar que, debido a los árboles, hace que la escultura quede prácticamente escondida y que a muchos les pase totalmente desapercibida. Totalmente opuesto al lugar privilegiado que ocupa en Bruselas, en medio de un parterre franqueado por una doble calzada y completamente despejado.

El texto de la inscripción, que se puede leer en la columna de la escultura, es obra de la escritora Maria Aurèlia Capmany, que en el momento de la inauguración era la regidora y responsable de las áreas de Cultura y Ediciones del Ajuntament de Barcelona.

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El texto de la inscripción es obra de Maria Aurèlia Campany

El simbolismo de la escultura

Como se puede apreciar en las imágenes, la escultura es una figura humana desnuda, ubicada sobre un pedestal, que levanta una antorcha hacia el cielo. Según sus creadores: “la antorcha simboliza la llama de la libertad de pensamiento y la luz que emana del conocimiento racional“, dos de las premisas que Francesc Ferrer i Guàrdia nos dejó en herencia. Y que, lamentablemente, parece ser que vuelven a estar en peligro.

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La escultura de Barcelona con vistas hacia el Palau Nacional

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Vista lateral de la escultura de Barcelona

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Fuentes:
Francisco Ferrer: el catalán más conocido de Bruselas
Homenaje belga de Ferrer i Guardia
Inauguració del monument a Ferrer i Guàrdia a  Barcelona

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