Cuando hace años fui de visita el Hotel Oriente de la Rambla, con la finalidad de escribir el post sobre la historia de la casa Muley Adif, me fijé en el texto de la placa que hay junto a la puerta principal. Una placa que recuerda que Hans Christian Andersen vino de viaje a Barcelona, y que la casualidad hizo que se convirtiese en testigo de una de las inundaciones más graves en la historia de la ciudad.
Como siempre ocurre cuando me cruzo inesperadamente con una historia nueva, esa placa despertó mi curiosidad. Desde entonces, tenía pendiente ponerme a investigar sobre ello, para dedicarle un espacio en el blog, pero ha sido el último viaje a Dinamarca lo que me ha incentivado a ponerme en ello. Y, como suele ocurrir, una cosa me ha llevado a la otra, y el resultado ha sido este breve cuento viajero que os dejo a continuación.
H.C. Andersen, el danés que nos enseñó que viajar es vivir
Una de las frases atribuidas al escritor danés es la de “viajar es vivir”. Y a esa frase le voy a añadir una, de cosecha propia, que me va a servir de punto de partida para el post de hoy: “viajar es vivir, y nos ayuda a incentivar el interés y la curiosidad por las mil y una historias que se nos van cruzando por el camino”.
La cuestión es que, como apasionada de la interconexión de temas variados, pero con un hilo común, mi historia de hoy me ha llevado a realizar un viaje exprés a Dinamarca, para regresar inmediatamente después hacia Barcelona. Además de hacer una efímera pausa en otros dos lugares, algo distantes entre sí, pero que guardan un elemento común que los hace imprescindibles en este cuento viajero.
En Copenhague con H.C. Andersen
Aunque el lugar más indicado para iniciar el recorrido tras las huellas de H.C. Andersen por su país natal sería ir a la ciudad de Odense, empiezo por una visita a Copenhague, ya que es el lugar en donde te vas a topar con un mayor número de lugares que lo recuerdan.
La Sirenita que creó la imaginación de H.C. Andersen
Entre la producción literaria de H.C. Andersen destacan, especialmente, los cuentos infantiles. Y entre ellos, los más populares son: el Patito feo (Den grimme ælling), la Sirenita (Den lille Havfrue), el traje nuevo del Emperador (Kejserens nye Klæder), la Reina de las nieves (Snedronningen), el Soldadito de plomo (Den standhaftige Tinsoldat) y la pequeña Cerillera (Den lille Pige med Svovlstikkerne)… Al menos desde mi punto de vista.



Pues bien, que mejor manera que ir al parque Langelinie, para desayunar con una de las protagonistas de sus cuentos que, además, se ha convertido en símbolo de la capital danesa. Y aunque no sea demasiado llamativa, esa diminuta sirenita, que te encontrarás reposando sobre una roca junto a la bahía del puerto de Copenhague, te va a robar el corazón. O al menos, hará el intento… Lo que te quedará claro al verla es que la sombra de H.C. Andersen en Dinamarca es alargada.
Encuentro con H.C. Andersen en Copenhague
Y después de haber sufrido ese intento de secuestro romántico, lo mejor es ir a buscar al propio escritor, para pedirle responsabilidades.
Lo puedes encontrar en dos lugares de Copenhague. En una esquina de la plaza del Ayuntamiento, y en los jardines del castillo de Rosenborg. Evidentemente, puedes elegir a dónde ir a enfrentarlo, pero te recomiendo que vayas a ambos, para que puedas elegir qué H.C. Andersen te parece mejor.
Primera opción: en Radjuspladsen
En Radhuspladsen encontrarás a un H.C. Andersen pensativo. Representado en una escultura de gran tamaño, sentado y sujetando un libro con un dedo a modo de punto de lectura. Una lectura que parece haya pausado para dirigir su mirada hacia el infinito.
Pero no debes preocuparte si piensas que tu has sido el motivo de esa interrupción. La plaza del ayuntamiento de Copenhague es uno de los lugares más transitados de la capital danesa, por lo que cualquiera puede haber sido el culpable.
Por cierto, si resigues la dirección de esa mirada, te llevará hacia la entrada del Tivoli, uno de los lugares más conocidos de la capital danesa. Un parque de atracciones inaugurado en 1843 que el propio Andersen conoció y que, en la actualidad, es uno de los más antiguos del mundo. Dicen que el cuento de el Ruiseñor (Nattergalen) lo imaginó paseando por esos jardines, por lo que es uno de los lugares que no puedes dejar de visitar en Copenhague si decides sumarte a la ruta temática de mi cuento viajero.
Segunda opción: en los jardines de Rosenborg
Dado que ir de paseo a los jardines del castillo de Rosenborg también es uno de los imprescindibles de una visita a Copenhague (es el parque más antiguo de la ciudad), no está de más que te llegues hasta allí, en donde podrás enfrentar de nuevo a H.C. Andersen.
En esta ocasión, este segundo Andersen te va a parecer más dicharachero que el anterior. De hecho lo vas a encontrar charlando. Tal y como si estuviese explicando uno de sus tantos cuentos infantiles, pero a un público imaginario. Al que seguro vas a acabar sumándote durante el breve espacio de tiempo que le dediques a plantarte frente a él.
Situada próxima a uno de los accesos de los jardines desde la calle Kronprinsessegade, la estatua de H.C. Andersen está allí desde 1880, cinco años después de su fallecimiento. De hecho, el proyecto de su construcción se inició a finales de 1874, todavía en vida del escritor. Con él, se quería rendir un homenaje con motivo de su 70º aniversario. Pero, lamentablemente, falleció antes de que se pudiese ver completado.
Y si te pasas por Nyhavn, te puedes tomar un vasito de akvavit a su salud
Nyhavn es otro de los lugares más populares de Copenhague, por lo que es inevitable no acercarse hacia allí. Y si eres observador, no tendrás que esforzarte por ver una placa en una de las fachadas, en donde te indican que H.C. Andersen residió allí durante diferentes etapas de su vida. Y, según explican, escribió buena parte de su producción literaria.
Evidentemente, H.C. Andersen ya no está allí, pero seguramente el espíritu de sus historias todavía se puede percibir. ¿Quién puede negar que el lugar no le inspirase alguno de sus diversos escritos?
H.C. Andersen era hijo de un zapatero y de una lavandera, que vivían en una extrema pobreza. A pesar de vivir una niñez casi en la indigencia, con muchas privaciones, la vida le premió con éxito, prestigio y fortuna. De ahí que cuando encontró el bienestar económico, pudiese residir en Nyhavn, uno de los lugares más bellos de Copenhague.



Antes de dejar Copenhague: Hans Christian Andersen Experience y Rundetårn
Si tras recorrer los cuatro lugares propuestos hasta ahora todavía crees que te falta algo más, no dejes de incluir otros dos para completar “la escalera real de color”.
El primero es el Hans Christian Andersen Experience. Un museo situado junto al Ripley’s Believe It or Not! (museo de curiosidades), donde podrás seguir aprendiendo mucho más sobre la vida y la obra del escritor, mediante una experiencia inmersiva a través de la unión de efectos de luz, sonido y olor.
El segundo, aunque tengas algo de vértigo, es el ascenso a la Torre Redonda (Rundetårn). Allí te puedes cruzar con el espíritu de H.C. Andersen, dado que fue uno de los primeros lugares que frecuentó cuando llegó de joven a la capital danesa. Y, como era la sede de la biblioteca universitaria, se da por hecho que fue un lugar que le sirvió de inspiración en muchos de sus escritos.
Odense, imperdible. Allí nació H.C. Andersen
Dentro de este periplo, siguiendo la estela de H.C. Andersen, no puedo por más que invitarte a que me acompañes hacia Odense, en otra etapa de mi cuento viajero. Ciudad natal del escritor, todavía se conserva la casa en que nació, reconvertida en un museo. Inaugurado en 1908, es uno de los museos sobre escritores más antiguos del mundo, y te va a permitir continuar sumergiéndote en la vida del escritor mediante dibujos, fotografías y objetos que le pertenecieron.
Pero ese no es el único espacio tematizado alrededor de la figura de H.C. Andersen en su ciudad natal. Mucho más actual y moderno, en 2021 se inauguró otro espacio de carácter interactivo, que permite experimentar y sumergirse en el mundo de los cuentos que escribió el escritor danés.
Y por supuesto, aquí también podrás reencontrarte con H.C. Andersen a través de dos esculturas suyas. Una situada junto a la Catedral de St. Knud, y la otra en Claus Bergs Gade, sentado en un banco. Además tendrás la oportunidad de conocer algunos de sus personajes de cuento, “cazando” las diferentes esculturas que hay repartidas por diversos lugares de la ciudad.
Aquí te enlazo una ruta en donde te explican dónde y cuáles puedes ver.
Pinceladas sobre otras obras de H.C. Andersen y su pasión por los viajes
Aunque H.C. Andersen ha pasado a la historia especialmente por sus cuentos para niños, entre su producción literaria hay poemas, teatro, novelas y, como no, varios libros de viajes. Entre ellos, el que me ha llevado a escribir en parte el artículo de hoy. Se trata de Viaje por España (I spanien) de 1863. Una obra considerada como la guía de viajes por España más completa del siglo XIX.
En septiembre de 1862, H.C. Andersen inició su viaje a la Península Ibérica cruzando a través del paso de la Junquera. Los tres meses que pasó recorriendo nuestra geografía dieron como resultado un libro, que hoy en día, sería todo un referente de las guías de viajes. Allí relató, desde la experiencia, las vivencias y las impresiones, cómo vio un lugar que siempre había querido visitar personalmente.
Dicen que su interés por venir hacia España tuvo su origen en unos hechos que ocurrieron cuando H.C. Andersen tenía tres años de edad. Una historia que os resumo a continuación, y que sirve para conocer los antecedentes de ese interés por venir de visita…
Desembarco español en Odense, bajo bandera napoleónica
Era época de guerras napoleónicas y, a petición del emperador francés, una división de quince mil soldados españoles desembarcó en Odense junto a tropas francesas en 1808, con la finalidad de ayudar a bloquear al ejercito británico, así como para impedir una invasión sueca del territorio danés. En esa época, tanto Dinamarca como España eran dos países aliados de la Francia napoleónica.
Las fuerzas no fueron demasido bienvenidas por el pueblo danés, que no dejó de mostrarles constante hostilidad. Pero mientras la desconfianza y malestar fue creciendo hacia los militares franceses, debido a su conducta y arrogancia, las tropas españolas se empezaron a ganar la confianza de los daneses por el respeto y buen saber estar que mostraron hacia la población del lugar. Un buen recuerdo que perduró entre las generaciones futuras del lugar.
Uno de los niños que vivió esos tiempos fue H.C. Andersen. Y en su obra “El cuento de mi vida” relató alguna que otra anécdota que vivió en primera persona. Según explican, el contacto con la cultura y las costumbres de esos soldados le creó un interés creciente por ir a conocer el lugar de donde procedían esos soldados…
Como comentario particular a esta historia, después de haber preguntado a la IA sobre este asunto, parece ser que hay más leyenda que realidad en esos hechos. Pero, aún así, me parecen de lo más curioso… Y no deja de ser interesante mencionarla en este cuento viajero.
1862, destination Spanien
Aunque H.C. Andersen empezó a viajar por diferentes países hacia 1844, no fue hasta septiembre de 1862 cuando finalmente vino a recorrer España.
Las vivencias y las impresiones que tuvo supusieron un gran choque con relación a la idea que traía preconcebida. Venía a un país que tenía idealizado, pero que encontró habitado por personas poco interesadas en su persona (a pesar de que ya empezaba a ser un escritor consagrado en otros países de Europa, aquí todavía no se le conocía demasiado), y poco desarrollado. Una mezcla que le supusieron tener que afrontar muchas incomodidades.
No obstante, la admiración que la propia idealización le había generado, le ayudó a superar la mayoría de esos inconvenientes. Además de manifestar la satisfacción que le produjo el trato con la gente sencilla que se cruzaba en el trayecto, no dejó de ensalzar la gastronomía, tanto por su variedad, como por su calidad.
La mayoría de lugares que visitó se le presentaron como una enorme caja de sorpresas. Algunos le gustaron más que otros. Eso sí, en sus escritos dejó plasmado su horror ante las corridas de toros a las que asistió.
Resumen del recorrido por España | En Barcelona quedó impresionado por sus cafés y el ambiente parisino que emanaba la ciudad. Partió de Barcelona hacia Valencia en barco, siguiendo por tierra su viaje por Játiva, Almansa, Alicante, Murcia y Cartagena, donde volvió a embarcar, esta vez destino a Málaga, donde dicen que empezó a sentir la dicha y el placer del viaje. En Granada pudo encontrar, finalmente, la imagen tópica de España que se había creado previamente en su mente.
Siguió el periplo por Gibraltar, desde donde cruzó hasta Tánger, para regresar hacia Cádiz. Y desde allí seguir por Sevilla, Córdoba, Santa Cruz de Mudela, hasta llegar a Madrid. Que, por cierto, no le gustó por su falta de carácter de ciudad española, salvándose únicamente el Museo del Prado y la Ópera.
A finales de diciembre, tres meses después de su llegada a España, y debido a una intensa ola de frío que barrió la península, puso fin a su periplo por el país. Después de una breve visita a Toledo y de pasar por Burgos y San Sebastián, cruzó la frontera con Francia a través de Irún. Un final abrupto de viaje, ya que temía que el país quedase incomunicado por la nieve.
A pesar de todo el cúmulo de despropósitos que vivió, acabaría escribiendo que “El mapa nos muestra a España como la cabeza de doña Europa. Yo vi su preciosa cara y no la olvidaré nunca”. Aunque no volvió a escribir sobre España en ninguna de sus siguientes obras, en su único libro dedicado a ese viaje dejó claro que finalmente había podido ver cumplido su anhelo de visitar España, y que no la olvidaría nunca.
Barcelona y el Hotel Oriental
Y después de recorrer de nuevo los 1.759,21 km que separan Copenhague de Barcelona, regreso a mi ciudad para seguir con este cuento viajero. Y, como no puede ser de otro modo, me voy hacia la Rambla, principal lugar de la ciudad en donde podemos recordar a H.C. Andersen.
Como reza la placa que hay en la fachada del Hotel Oriente, en ese lugar fue en el que H.C. Andersen se hospedó durante su estancia en Barcelona. Ciudad que calificó como “el París de España”, “ya que en todo hay aquí un aire con Francia”.
Así es como H.C. Andersen describió a los caballeros en Barcelona: “Los caballeros muy repeinados y elegantes iban fumando humeantes cigarros, alguno que otro llevaba monóculo y parecía enteramente recortado de una revista de modas francesa“. Mientras que de las damas de Barcelona, escribió lo siguiente: “Las damas, por lo general, vestían la favorecedora mantilla española: un largo velo de encaje negro, sujeto al pelo por encima de una gran peineta, desde donde caía hasta más debajo de los hombros; sus finas manos movían con una gracia especial el abanico negro guarnecido de lentejuelas. Algunas señoras iban a la moda francesa, con sombrero y chal.“
Si tienes la oportunidad de ir al Hotel Oriental, no dejes de hacerlo. Tal y como he comentado al inicio del artículo, hace tiempo que estuve allí, pero la preparación de este cuento viajero me ha llevado a visitarlo de nuevo. Y esta vez lo he hecho con más detenimiento, captando el conjunto de imágenes que os adjunto en la galería, y que muestran ese carácter de lujo colonial, que seguro debieron impresionar a nuestro protagonista de hoy.








Aunque la placa de la puerta es el único elemento que se conserva del paso de H.C. Andersen por el Hotel Oriente, el ambiente, la decoración y el mobiliario -verdaderas joyas de anticuario- nos permite viajar en el tiempo, y hacernos una idea del lugar con el que se debió encontrar Andersen durante su estancia.
Para saber más sobre el Hotel Oriente.
Testigo de una de las inundaciones más graves de la historia de Barcelona
Según explican, H.C. Andersen tenía tapefobia (fobia a ser enterrado vivo), así como miedo a quedar atrapado en el interior de una habitación si se producía un incendio. Por ello, siempre viajaba con una cuerda en su equipaje, con la finalidad de poder escapar por la ventana de su habitación si se diese el caso. La casualidad quiso que el 15 de septiembre de 1862, una persona tan aprensiva, estuviese en Barcelona, y que se convirtiese en testigo involuntario de uno de los desastres a los que se ha tenido que enfrentar Barcelona a lo largo de su historia.
Las lluvias torrenciales, junto a la desaparición de la muralla que hasta entonces había servido de dique de contención de las diferentes rieras que bajaban desde Collserola, provocó que la ciudad viviese una de las tragedias más graves de su historia. Con el resultado de varios barrios arrasados, comercios destrozados y la trágica cifra de 1000 fallecidos. Una de las zonas más dañadas por el agua fue la Rambla. Incluso el Liceu, que estaba en plena reconstrucción tras el incendio que lo destruyó en 1861, quedó nuevamente afectado.
Dicen que H.C. Andersen quedó profundamente alterado ante tal desastre, que pudo observar desde la habitación del hotel, y que explicaría posteriormente de la siguiente manera, en base a su propia experiencia:
“Las aguas que bajaban bordeando la calzada del paseo, tenían color café con leche y arrastraban consigo las casetas de madera, las mercancías, los carros y barriles: todo cuanto hallaban a su paso; calabazas, naranjas, mesas y bancos salieron navegando; incluso un carro desenganchado, cargado de porcelana fue arrastrado por la corriente… Jamás había yo comprobado la magnitud del poder de las aguas, ¡era espantoso! Avanzaban ya por encima del estrado del paseo: la gente huía, clamaba, gritaba”.
Lamentablemente, del paso de H.C. Andersen por Barcelona no hay mucho más que recordar. Solo se conserva la placa en el Hotel Oriente, y los textos que el mismo escribió sobre su experiencia.
Adenda al cuento viajero sobre H.C. Andersen
Y antes de finalizar este cuento viajero, a modo de ampliación, no puedo dejar de incluir dos últimas menciones a lugares en donde el recuerdo de H.C. Andersen sigue vivo a través de una estatua suya. Uno es Málaga. El otro es Bratislava.
Málaga y H.C. Andersen
Aunque personalmente todavía no he podido ir a visitarla, la escultura dedicada a H.C. Andersen está ubicada en la calle Ancla, mirando hacia la Alameda Principal, en donde dicen estaba la Fonda de Oriente, hotel en el que se hospedó durante su estancia en la ciudad andaluza.
La escultura representa a Andersen sentado, con un maletín que contiene el libro de su cuento más famoso, el Patito feo. Una obra realizada a petición de la Casa Real Danesa en 2005, con motivo del bicentenario del nacimiento del escritor, y a cuya inauguración acudió la princesa Benedicta de Dinamarca, tía materna del actual monarca.
De todas formas, supongo que la existencia de un Club Danés en Mijas fue motivo suficiente para que se recuerde tanto a H.C. Andersen en esa provincia de Andalucía.
Bratislava y H.C. Andersen
A pesar de que quede como un pegote en el relato de este cuento viajero, antes de finalizar, no he querido dejar de mencionar la visita de H.C. Andersen a Bratislava. Principalmente por dos razones.

Por un lado, porque Bratislava tiene el honor de ser conocida como “la ciudad de las esculturas”, entre las que se cuenta la que Andersen tiene dedicada. Y justamente tuve la suerte de verla personalmente.
Por el otro, porque Bratislava (o Presburgo tal y como se llamaba cuando H.C. Andersen estuvo por allí en 1841) fue una ciudad que el escritor danés definió como “una ciudad de cuento de hadas”. Una calificación de lo más acertado, que seguro tenía claro en su rica imaginación, y que puedo asegurar que a mí también me lo pareció.

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