No, el protocolo no se puede romper, ni lo puedes saltar… empezando porque es un concepto intangible. De la misma manera que el protocolo no establece cómo hay que ir vestido a un evento. Y, por supuesto, el protocolo no rige cómo nos debemos comportar al estar sentados en una mesa.
De ello se desprende que la palabra protocolo se suele usar demasiado alegremente, cuando lo correcto es hablar de “introducir una modificación en el cronograma”, “vestir de acuerdo a la etiqueta establecida para asistir a un evento” o “saber estar y saber comportarse correctamente al sentarse a una mesa”. ¿Os suena eso de “las buenas maneras”?
En definitiva, el protocolo es un compendio de normas que va acompañado de otros requisitos, como son la etiqueta y las buenas maneras, además de otros tantos conceptos que he querido recopilar en este breve artículo.
¿Qué significa la palabra “protocolo”?
En primer lugar, vayamos a analizar y definir cuál de las diferentes acepciones de la palabra protocolo se adapta más al campo en el cual nos moveremos.
El vocablo procede de la palabra latina protocollum, que a su vez deriva de la griega πρωτόκολλον, que significa protos (primero) y kollom (pegar).
En todos los enlaces consultados en internet, lo explican de la misma manera: “Se refiere a la primera hoja pegada con engrudo pues, en su contexto original, protocollum era la primera hoja en la que se marcan unas instrucciones determinadas”, lo que no deja de tener cierta lógica.
Dejando atrás la etimología, nos centraremos en lo que dice el diccionario de la Real Academia Española, que en su versión electrónica nos ofrece cinco acepciones:
- Serie ordenada de escrituras matrices y otros documentos que un notario o escribano autoriza y custodia con ciertas formalidades.
- Acta o cuaderno de actas relativas a un acuerdo, conferencia o congreso diplomático.
- Conjunto de reglas establecidas por norma o por costumbre para ceremonias y actos oficiales o solemnes.
- Secuencia detallada de un proceso de actuación científico, técnica, médica, etc.
- Conjunto de reglas que se establecen en el proceso de comunicación entre dos sistemas.
De las cinco, la que más se adapta al protocolo del que vamos a tratar en este blog es la número tres: Conjunto de reglas establecidas por norma o por costumbre para ceremonias y actos oficiales o solemnes.
Un poco más de concreción
No obstante, para concretar algo más, hay que acudir a la definición que acostumbran a incluir en la mayoría de libros especializados en esta manera:
“Conjunto de normas o reglas establecidas por ley, decreto, disposiciones o costumbres, así como técnicas específicas, tradicionales y modernas, que son de aplicación para la organización de los actos públicos y privados de carácter formal, ya sean de naturaleza oficial o no oficial, y que se ejecuten con solemnidad o sin ella”.
Una definición que es muy útil para entender que, el protocolo engloba normas, tradiciones (costumbres asumidas a escala comunitaria), organización, actos públicos, actos privados, naturaleza formal, carácter oficial o no oficial y, especialmente, de solemnidad. Un compendio de conceptos teóricos que, hoy en día, van unidos a la innovación, a la creatividad y al factor sorpresa, que tan de está hoy en día.
El ceremonial y la etiqueta
Junto al concepto de protocolo, también es necesario hablar del ceremonial y de la etiqueta, dos términos que siempre he entendido como complementarios.

El ceremonial se refiere al conjunto de formalidades que forman parte del contenido y del desarrollo de los actos. En cambio, la etiqueta, aunque nos parezca lo mismo, es el conjunto de reglas que se tienen que cumplir durante su desarrollo.
Personalmente me gusta definir la etiqueta de una manera más amplia, como “un código que gobierna el comportamiento social de acuerdo a unas normas convencionales establecidas por la propia sociedad, en base a las costumbres de las personas, que al asumirse por la comunidad se han convertido en tradición”.
Es decir, en palabras más llanas, “la manera según la cual se espera que nos comportemos en un determinado acto o momento”. A la largo de la historia, la etiqueta se ha ido definiendo como el código deontológico de la propia sociedad.
Qué nunca nos falte la cortesía y el saber estar
Ampliando más conceptos, también tenemos que mencionar a la cortesía, entendiendo como tal “una manifestación de respeto hacia las otras personas” y que, evidentemente, van de la mano de la etiqueta y del ceremonial.
Y cuando es protocolo oficial… llegan los tratamientos y las precedencias
Por último, para no extenderme más en este artículo totalmente teórico, nombrar otras dos palabras que también se nos harán familiares: los tratamientos y las precedencias. Los tratamientos, tal y como la misma palabra dice, se refiere a la forma en la que nos dirigimos hacia los demás, de acuerdo a su rango. Las precedencias, se refieren al orden o jerarquía que ocupa una persona respecto a otra, en base a la primacía.
Resumiendo, el protocolo establece las pautas, pero tiene que ir acompañado de otros muchos usos, que conjuntamente ayudan a poder triunfar en el empeño de organizar correctamente un evento, acto, reunión… Seguiré ampliando.
Nota: Artículo revisado y actualizado. Publicado inicialmente el 22 de enero de 2013.
Para consultar todo lo que voy publicando sobre este tema:
Gabinete de Protocolo
Sociedad



