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SI HOY ES 19 DE NOVIEMBRE, EN EL PRINCIPADO DE MÓNACO ESTÁN DE FIESTA NACIONAL

Dentro del listado que ha presentado Paco Nadal sobre los diez lugares del mundo a los que no regresaría, se encuentra el Principado de Mónaco. Un lugar que define como “un sitio elitista y aburrido como pocos”.

La verdad es que a pesar de esa opinión, en mi caso, la curiosidad me pudo, y en agosto de 2006 no dejé pasar la oportunidad de hacer una breve escapada desde Niza, para pasar una tarde paseando por algunos de sus lugares más populares.

Fue una visita corta, pero suficiente para decir que había pisado uno de los lugares más míticos de Europa. Especialmente desde que una reputada actriz estadounidense puso el Principado de Mónaco en el mapa, dando inicio a una leyenda de glamour y riqueza a su alrededor.

Y dado que es noviembre, y el día 19 el Principado de Mónaco celebra su Fiesta Nacional, es un momento perfecto para echar la vista atrás, y regresar a descubrir qué se puede ver allí, así como algunas curiosidades de ese principado de novela a orillas del Mediterráneo.

¿Qué ver en el Principado de Mónaco?

Si decides limitarte a dar un paseo de una tarde no debes dejar de recorrer Mónaco-Ville, tal y como se conoce su casco antiguo, partiendo del Palacio del Príncipe (Le Palais Princier), también conocido como Palacio Grimaldi.

Mónaco-Ville no tiene nada de villa. De hecho es uno de los cuatro distritos tradicionales de Mónaco, y que forma parte de las diez circunscripciones en las que se divide admnistrativa ese principado. Conocido popularmente como “le Rocher” (dado que está en un promontorio rocoso), es Patrimonio Cultural Arquitectónico de la Unesco. Y en él se concentran las principales instituciones gubernamentales de Mónaco.

Monaco-Ville

Dejando atrás el Palacio del Príncipe, el paseo te llevará hasta la Catedral de Mónaco, principal lugar de culto del país. Está dedicada a San Nicolas, pero se conoce con el nombre de Cathédrale Notre-Dame-Immaculée.

A continuación, acércate al Museo Oceanográfico (Musée Océanographique), uno de los lugares emblemáticos de Mónaco. Vale la pena visitarlo tanto por su contenido, como por su continente. Un museo de ciencias marinas inaugurado a principios del siglo XX, y ubicado en un edificio de fachada imponente, que mira desde un acantilado hacia el Mediterráneo.

Puedes seguir tu paseo recorriendo la Rue de Remparts, que te llevará hacia un mirador desde donde tendrás unas panorámicas fantásticas de la ciudad, de las montañas y del puerto (Port Hercule), famoso por los yates que suelen estar amarrados allí.

La Condamine

Ahora que ya has podido tomar una foto panorámica del puerto, pon rumbo hacia allí. Entrarás en el distrito de La Condamine, y recorrerás parte del famoso circuito de carreras del Gran Premio de Fórmula 1. Además de pasar cerca de la Iglesia de Santa Devota (Église Sainte-Dévote) lugar del que hablaré en un próximo post complementario sobre las fiestas y tradiciones monegascas).

Y por supuesto, llegados a Port Hercule, y tratándose de “zona automovilística”, te encontrarás con una “de las joyas de la corona” (¡y nunca mejor dicho!). Se trata de la colección de coches del Príncipe de Mónaco (Collection de Voitures de S.A.S. le Prince de Monaco), en donde se exponen casi un centenar vehículos legendarios, y que te permite realizar un viaje por la historia del mundo del lujo y el prestigio automovilístico del Principado. Especialmente si eres un apasionado de esa materia.

El Príncipe Rainiero III, quien fue un gran aficionado a los automóviles, inició una colección de vehículos emblemáticos, de manera privada, durante la década de 1950. Colección que su hijo, el actual príncipe Alberto II, ha continuado, y que permite hacer un recorrido por la evolución de la historia de los automóviles, paralelamente a la historia de los últimos Príncipes de Mónaco.

Port Hercule, que anteriormente has podido ver de manera panorámica desde el mirador, es una bahía natural que ya se usó en la antigüedad, pero que se modernizó y amplió principalmente en dos etapas del siglo XX. Durante la década de los años 20 y, posteriormente, durante los años 70. Tiene como principal característica ser uno de los puertos más profundos de la Costa Azul. De ahí el calado de los barcos que puede acoger.

Entre las curiosidades que guarda Port Hercule está el haber sido plató de filmación de diversas películas. Entre otras, “Iron Man 2”, “Nunca digas nunca jamás”, “Golden Eye”, “Rebeca” y, por supuesto, “Atrapa a un ladrón” de Hitchcock (1955), protagonizada por Grace Kelly, quien se convertiría en S.A.S, Gracia de Mónaco un año más tarde. Evidentemente también fue uno de los escenarios en la filmación de “Grace of Monaco”, película biográfica sobre la princesa Gracia, protagonizada por Nicole Kidman, y que no gustó en exceso a la familia principesca.

Montecarlo: el distrito más famoso del Principado de Mónaco

Dejando atrás Port Hercule, el paseo sigue hacia Montecarlo. Otro de los cuatro distritos originales de Mónaco, y que también está a orillas del mar. Allí está uno de los edificios más emblemáticos y populares del país: el Casino de Montecarlo.

Montecarlo (cuyo nombre es de origen italiano, y significa “Monte de Carlos”) se fundó en 1866, durante el reinado del príncipe Carlos III de Mónaco. Y se le puso ese nombre en honor del príncipe. Erróneamente siempre se ha pensado que Montecarlo es la capital del Principado de Mónaco, aunque de hecho, todo el principado es su propia capital, dadas sus reducidas dimensiones.

El Casino de Montecarlo es el complejo más emblemático de esa parte del Principado de Mónaco. Un casino que no es el original, que estaba situado más cerca del puerto, pero que se trasladó a Montecarlo cuando se construyó ese nuevo barrio, ya que en dicho proyecto de construcción iba incluido un nuevo casino, que esperaban tuviese más éxito que el anterior. Algo que no se puede negar fue un acierto.

El edificio del Casino de Montcarlo se inauguró en 1879, y es obra del mismo arquitecto que construyó la Ópera de Paris, el parisino Charles Garnier. Es de estilo Segundo Imperio (un estilo arquitectónico también conocido como estilo Napoleón III), el mismo que el arquitecto usó en el diseño del Palacio de Louvre, del Palacio del Eliseo y de la Ópera de París.

El complejo del Casino de Montecarlo, además del propio casino, es la sede de la Ópera de Montecarlo (ubicada en el ala sur del Casino, de cara al Mediterráneo), y de los Ballets de Montecarlo. El vestíbulo es de libre acceso, y se puede acceder directamente desde la plaza del Casino.

Curiosamente, los monegascos tienen prohibida la entrada a las salas de juego, tal y como indica la ley (“loi monégasque no 1103 du 12 juin 1987 relative aux jeux de hasard“).

Junto al edificio del Casino está el Hotel de Paris, otro de los lugares míticos del Principado de Mónaco. Un hotel de cinco estrellas, con 150 años de historia a sus espaldas, donde el lujo ha sido su causa vitae desde su inauguración. Popular por su excelente y lujosa oferta gastronómica, destaca la del restaurant Le Louis XV-Alain Ducasse, con tres estrellas Michelin.

Larvotto

Y tras la visita al lugar más emblemático de Montecarlo, y para ir finalizando, el paseo puede llegar hasta el distrito de Larvotto, en donde está el Jardín japonés de Mónaco (Jardin japonais de Monaco).

Se trata de un gran jardín municipal creado en 1994 a iniciativa de Rainiero III, y diseñado por el paisajista japonés Yasuo Beppu. Un espacio en donde destaca un jardín Zen para la meditación, y en el que conviven en armonía una mezcla de plantas de tradición japonesa y especies de plantas mediterráneas.

Otros lugares que también pueden ser de interés

Y antes de acabar el recorrido, no quiero dejar de mencionar otros dos parques emblemáticos del Principado de Mónaco, aunque tengas que aplazar la visita para una nueva ocasión.

El primero es el Parque Paisajista de Fontvieille y Rosaleda de la Princesa Grace (Parc paysager de Fontvieille et la Roseraie Princesse-Grace). Un parque situado en el distrito de Fontvieille que hace frontera con Francia, en el que hay una estatua dedicada a la princesa Gracia.

La escultura, conocida como “la Princesa de la Roca” (la Princesse de la Roche), es obra del escultor neerlandés Kees Verkade, y presenta la figura de la princesa engastada entre rocas. Una imagen con la que se honra su memoria, y representa plásticamente su conexión con el Principado de Mónaco como una de sus rocas.

El segundo es el parque Princesa Antoinette (parc Princesse Antoinette), en el distrito de la Condamine. El lugar, además de ser de lo más encantador, es interesante de visitar si eres un apasionado de las festividades tradicionales del lugar. Allí es en donde se celebra cada año el popular “Pique-nique” de Mónaco, conocido como U Cavagnetu (en lengua monegasca). Una comida al aire libre que organiza la Municipalidad de Mónaco para despedir el verano desde 1931, y que tiene como finalidad reivindicar la lengua, la gastronomía y las tradiciones monegascas.

Para saber más sobre tradiciones populares del Principado de Mónaco puedes visitar la página web de Tradiçiue, Comité National des Traditions Monégasques.

En la página oficial de turismo del Principado de Mónaco puedes acceder a un enlace, que te permitirá diseñar una ruta a medida, dependiendo del tiempo que vaya a estar allí, así como tus preferencias.

¿Quieres generar tu propia ruta? En Visita Monaco te ofrecen la posibilidad de hacerlo en este enlace.

Para saber algo más sobre la Fiesta del Soberano

De acuerdo con el calendario festivo del Principado de Mónaco, el 19 de noviembre se celebra la Fiesta Nacional, también conocida como la Fiesta del Soberano, ya que la elección de la fecha tiene que ver tradicionalmente con la onomástica del príncipe reinante.

Orígenes de la fiesta

La ceremonia es originaría del reinado del príncipe Carlos III (1857-1890), momento de la historia del principado en que se convierte en un estado moderno y que también coincide con la definición de sus símbolos nacionales, como la bandera, el escudo y el himno. En 1857, Carlos III decidió que el 4 de noviembre, día de San Carlos, se celebrase el “Día del Soberano”, fecha que ha ido variando con cada uno de los diferentes reinados.

Cuando le sucedió el príncipe Alberto I, la fiesta se desplazó al día 15 de noviembre, festividad de San Alberto, mientras que durante el reinado del príncipe Luis II, en 1922, no solo se cambió la fecha sino también la festividad, trasladándola al 17 de enero, día de San Antonio Abad en que se celebraba el santo de su nieta, la princesa Antonieta.

Desde 1951 se celebra el día 19 de noviembre, festividad del beato Rainiero de Arezzo, onomástica del príncipe Rainiero III, fecha que el actual príncipe, Alberto II, decidió mantener en memoria de su padre, en lugar de volverla a traspasar al día 15 de noviembre, como hubiese correspondido de acuerdo a la tradición.

Programa de actos

Los actos relacionados con esta festividad no solo se limitan al día 19, sino que se suelen celebrar otros eventos días antes y después de la fecha. Una de las celebraciones previas más destacadas es el acto de entrega de las últimas distinciones honoríficas (Orden de San Carlos y Orden Grimaldi) otorgadas por el Príncipe, que tiene lugar en uno de los salones del Palacio.

Dentro del programa de actos se incluyen tres tipos de tradiciones monegascas: las nacionales u oficiales, las religiosas y las festivas o populares.

La jornada del día 19 de noviembre se inicia con una misa de acción de gracias o Te Deum en la Catedral, a la que asisten los miembros de la Familia Real y las principales autoridades. Y que oficia el arzobispo del Principado.

A continuación se sigue con el programa de actos oficiales en el Patio de Honor del Palacio, donde el Príncipe recibe los honores de la Guardia de Carabineros, seguido de una revista a las tropas y un desfile. Tal y como es habitual en la mayoría de celebraciones populares en las que participa la Familia Real, al final del evento todos los miembros suelen salir al balcón principal del Palacio a saludar a los allí congregados. Las celebraciones de la mañana finalizan con un almuerzo privado.

Entre los actos de tradición festiva, destaca especialmente la gala musical que se celebra, entrada la noche del día 19 de noviembre, en el Salón de los Príncipes del Forum Grimaldi.

Símbolos del Principado de Mónaco

La bandera

Está formada por dos franjas horizontales del mismo tamaño, de color rojo la superior y blanco la inferior. El rojo y el blanco son los colores heráldicos de la Casa de Grimaldi desde 1339. La versión actual de la bandera nacional fue adoptada el 4 de abril de 1881, bajo el gobierno de Carlos III.

El escudo de armas

Es el blasón de sus príncipes, y consiste en un campofuselado de plata y gules, rodeado por el collar de la Orden de San Carlos y sostenido por dos figuras (tenantes) de monjes blandiendo cada uno una espada. Debajo de la punta del escudo aparece una cinta de plata cargada con dos cruces griegas y el lema de los príncipes de Mónaco escrito en latín y en letras de gules, “Deo Juvante”, que significa “Con la ayuda de Dios”). La versión actual del escudo fue adoptada el 15 de marzo de 1858.

El himno monegasco

Es el himno oficial del Principado, y la letra está escrita en lengua vernácula. La actual versión fue creada por Léon Jehin en 1914, y se interpretó por primera vez en los actos de conmemoración del 25º aniversario del reinado del príncipe Alberto I. La letra en monegasco data de 1931.

Las distinciones honorificas

Las dos más importantes son: la Orden de San Carlos (Ordre de Saint-Charles), la distinción monegasca más prestigiosa, seguida por la Orden de Grimaldi (Ordre de Grimaldi). Ambas las concede el Príncipe Soberano y se entregan, como ya hemos dicho, en una ceremonía oficial días antes del 19 de noviembre.

Y Grace Kelly se convirtió en la princesa Gracia

Aunque han cambiado muchos las cosas y los tiempos han evolucionado, el Principado de Mónaco le debe mucho de su historia de glamur a esa actriz estadounidense que he mencionado al principio.

De todos es sabido lo que supuso la llegada de Grace Kelly al Principado de Mónaco: Un soplo de renovación y glamur, cuya huella ha perdurado hasta nuestros días.

Su estilo, entre elegante y regio, marcó una época que ya había iniciado en su época como actriz. Se dice que hasta su vestido de novia, con cuerpo y mangas de encaje, supuso un antes y un después en este tipo de trajes.

Destacaba por su sofisticación, sobria pero distinguida, vistiendo vestidos sencillos y joyas delicadas. Fue la reina de los complementos: pamelas, turbantes, pañuelos y gafas de sol, llegando incluso a darle nombre a un modelo de bolso Hermés, el Kelly bag, dada la expectación que creó cuando apareció por primera vez llevándolo en la portada de la revista Life.

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