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PASEO POR LA BARCELONA DE JUAN MARSÉ

En mi apuesta por volver a traer a primera línea antiguos posts de mis primeras rutas por Barcelona cuando empecé con este blog, hoy os propongo recuperar la que hice de la mano de El Pou, Grup d’Estudis de la Vall d’Horta i la Muntanya Pelada en 2013, tras localizaciones de algunas de las novelas más conocidas de Juan Marsé. Un largo paseo que, no solo me permitió conocer un poco más a fondo barrios como El Camp d’en Grassot i Gràcia o La Salut i el Carmel, sino que me dio una respuesta a la pregunta de por qué Marsé contribuyó tanto a popularizar esos barrios en su literatura.

Por cierto, si quieres realizar toda la ruta con tranquilidad y descansando, dedícale un mínimo de unas cinco horas, es decir, toda una mañana o una tarde de fin de semana. Una ruta que da para escribir dos o tres posts temáticos, evitando hacer que el relato se convierta en demasiado cansino para el lector.

Desde la plaça d’en Joanic hasta el Carmel

Empieza la ruta en la plaça d’en Joanic (dedicada a uno de los tantos propietarios de antiguos terrenos en Gràcia), y asciende por el carrer de l’Escorial hasta la Ronda del Guinardó, haciendo algún que otro zig-zag por las calles aledañas. Cruza la Travessera de Dalt a modo de punto de separación entre las dos partes en las que he dividido la ruta, y sigue callejeando por el barri de la Salut.

Tras bordear el Park Güell (“això avui no toca!“), sigue hasta el inicio del barri del Carmel, concretamente donde están “los pisos verdes”, esos bloques de pisos de intenso color que se construyeron sobre los terrenos que habían ocupado parte de las antiguas barracas en las que la literatura de Marsé situó la casa de Manolo Reyes, conocido por el apodo del Pijoaparte, protagonista de “Últimas tardes con Teresa”, personaje creado por Marsé que, sin duda, es el que más popularidad ha alcanzado entre todos los que aparecen en sus novelas.

Panorámicas hacia la Salut desde el carrer Escorial

¿Quién fue Juan Marsé?

Juan Faneca Roca nació un 8 de enero de 1933 en la ciudad de Barcelona. Dado que su madre biológica, Rosa Roca, falleció en el parto y su padre biológico, Juan Faneca, no pudo hacerse cargo del bebé, éste lo entregó en adopción al matrimonio formado por Pep Marsé y Berta Carbó, quienes le dieron sus apellidos. Unos apellidos por los que sería conocido el escritor y que conservaría durante toda su vida. Así empezó la historia de Juan Marsé Carbó.

La literatura de Juan Marsé tiene diferentes características que la hacen particular. Por un lado, está profundamente ligada al marco geográfico de la ciudad de Barcelona, su ciudad natal y donde residió toda su vida. Por el otro, su narrativa siempre le da un gran protagonismo a personajes relacionados con los barrios obreros de la posguerra, especialmente los que se encuentran más próximos al Turó del Carmel. Unos barrios que curiosamente están situados en “la zona alta de Barcelona”, pero que nada tienen que ver con el significado que esa nomenclatura lleva implícita.  

Cuando se habla de la zona alta de Barcelona siempre se tiende a identificarla con los barrios más exclusivos y ricos de la ciudad, que destacan por el nivel adquisitivo de sus habitantes, así como por el estilo cuidado de sus edificios, la abundancia de zonas verdes y de establecimientos de lujo. Pero en la zona alta, geográficamente hablando, hay toda una serie de barrios que también están junto a Collserola y que poco tienen que ver con ello. Como por ejemplo: La Teixonera, Montbau, Canyelles, Torre Baró, entre otros.

Consultando a la IA sobre qué lugares emblemáticos de Barcelona están relacionados con las novelas de Marsé, me responde con el siguiente listado: el edificio del carrer Martí, 104 (en donde vivió), la parroquia de Sant Miquel dels Sants, la plaça Rovira i Trias, el Pont Vallcarca y, por supuesto, el bar-restaurante Delicias del Carmel. Y, evidentemente, la Biblioteca el Carmel-Juan Marsé.

En la ruta que estoy relatando no solo vas a poder descubrir esos lugares, sino otros tantos más con los que te vas a ir cruzando en el camino.

El Barri de Camp d’en Grassot i Gràcia Nova

A pesar de que existe la costumbre de relacionar las obras de Juan Marsé con el barri del Carmel, es un barrio que pisó relativamente poco, ya que su infancia y su juventud transcurrieron entre el Camp d’en Grassot i Gràcia Nova y la Vila de Gràcia. Se cree que la poca definición que existía entre los diferentes barrios en la Barcelona de la posguerra puede ser el motivo de esta confusión.

Esta parte de Barcelona, o mejor dicho del antiguo pueblo de Gràcia antes de su anexión, había sido tradicionalmente una zona en donde predominaban las grandes fincas dedicadas a la explotación agraria y a lugares de segunda residencia de las familias nobles. Y cada una de ellas tenía una masía señorial que le daba nombre a la finca. Con la llegada del siglo XIX, muchas de esas fincas empezaron a venderse a la incipiente burguesía barcelonesa, la mayoría formada por comerciantes o industriales con un importante interés especulativo. Eso dio pie a que se produjese una rápida urbanización de los terrenos, y a que las antiguas fincas agrícolas se transformasen en terrenos en donde situar buena parte de la creciente industria textil, con el consiguiente efecto llamada para la llegada masiva de personas que buscaban trabajo en las fábricas.

Esta presencia proletaria (un dato muy importante para entender el porqué de algunas novelas de Marsé) sería el embrión del carácter asociativo y reivindicativo que siempre se ha atribuido a los barrios de esa zona de Barcelona. Entre los que estaba el Camp d’en Grassot i Gràcia Nova.

El nombre del barrio se debe a Jeroni Grassot, un abogado de la Real Audiència del Principal de Catalunya, casado con Isabel Grassot, propietaria de una gran finca rural que había heredado en el extremo del antiguo pueblo de Gràcia, y que en 1865, tras la aprobación del plan Cerdà, decidieron urbanizar. Para saber más: El Camp d’en Grassot: origen i formació d’un barri.

La desaparecida masía de Cal Comte

Inicio la ruta en la plaça d’en Joanic, desde donde voy a ir subiendo por el carrer de l’Escorial, límite geográfico entre el barri del Camp d’en Grassot y la Vila de Gràcia. Mi objetivo es llegar a la esquina con el carrer Martí en donde está el edificio en el que vivió Juan Marsé con sus padres.

El comte de Santa Coloma, pero en Gràcia

Hago una primera parada para recordar que en ese lugar estaba la masía de Cal Comte. Una masía en medio de una de las mayores fincas de Gràcia, y que le debía su nombre a su propietario el Comte de Santa Coloma, Ignasi Andreu de Queralt i Descatllar. La finca era famosa por tener un largo camino de acceso franqueado por infinidad de palmeras, algunas de las cuales acabaron formando parte del paisaje urbano de la zona tras la urbanización, tal y como se puede apreciar en algunas imágenes antiguas que recoge este artículo sobre Cal Comte. Dicen que una de las estancias más destacadas de la casa era la llamada “habitación de la reina”, en la que Isabel II de España pernoctó durante una visita a Barcelona.

En la actualidad, en lugar de campos agrícolas hay una isla de edificios de estilo racionalista, que se construyeron en los terrenos de la finca siguiendo las ideas arquitectónicas de los 50. Unas ideas que defendían la necesidad de construir bloques altos de pisos formando islas con un espacio abierto al exterior. Un tipo de construcción sobre el que giró el post que dediqué al barri de Canyelles.

En ese lugar es donde se produjo uno de los asesinatos más mediáticos de la Barcelona de la postguerra, el de Carmen Broto, una prostituta de lujo que parece ser estaba relacionada con las altas esferas políticas y eclesiásticas de la ciudad, y que inspiraría a Marsé para escribir su novela “Si te dicen que caí”

La esquina del carrer de l’Escorial con el carrer Martí

Llego a mi primer destino, la esquina del carrer de l’Escorial con el carrer Martí, justo enfrente de la Clínica de Nostra Senyora del Remei. Allí está el edificio de viviendas de tres plantas, en cuyos bajos pasó Marsé su infancia y su juventud.

Muy cerca de allí, en el carrer del Llorer, es donde estaba la Escuela Divino Maestro a la que Marsé asistió hasta 1946. El centro era una escuela pequeña de barrio, dicen que humilde, pero muy religiosa siguiendo los criterios del nacionalcatolicismo. Algo que hizo que Marsé, que fue un mal estudiante, siempre la recordaba como un lugar en el que la educación no era la actividad prioritaria, y donde se pasaban el día “rezando el rosario”.

La Vila de Gràcia

Prosigo la ruta, esta vez adentrándome ya en calles de la Vila de Gràcia, el otro barrio en donde Marsé pasó parte de su vida juvenil. Un barrio que lleva el mismo nombre del distrito del que forma parte, el Districte de Gràcia, del que también forman parte el Camp d’en Grassot i Gràcia Nova o La Salut, una parte del cual también voy a recorrer en la segunda parte de la ruta, de ascenso hacia el Carmel.

De camino al siguiente destino de la ruta, la plaça Rovira i Trias, vuelvo a pasar por otras localizaciones de novelas de Marsé. En este caso la torre en la que inspiró el escenario principal de la novela El embrujo de Shanghái, cuya luminosa galería da a la parte interior y no se puede apreciar desde la calle. Y el edificio del número 117 de la calle Torrent de les Flors que aparece en la Caligrafía de los sueños.

Siguiendo con las anécdotas de algunos puntos por los que transcurre la ruta, mencionar la que tiene que ver con el origen del nombre del carrer de Torrent de les Flors y la intransigencia política de algunas etapas de la historia de esta ciudad frente a la voluntad popular.

Calles con nombres de quienes fueron propietarios del terreno

De acuerdo con la tradición de otorgar el nombre de una calle al propietario de los terrenos, cuando se urbanizó esta parte de Gràcia, Ramon Rabassa i Pla, Miquel Masens i Soler, y el apoderado de los dos, Juan Manuel Torrente Flores, recibieron ese honor. Mientras que los apellidos de Masens (en el que la s pasó de sonora a sorda, como Massens) y Rabassa quedaron prácticamente igual, en el caso de Torrente Flores el apellido se catalanizó como Torrent de les Flors, dado que en esa zona vivían muchas personas catalono parlantes que enseguida relacionaron el nombre de la calle con el torrente de agua (torrent d’aigua) que bajaba cada vez que llovía, debido a la gran pendiente de la calle.

En época franquista, la calle recuperó el apellido original de Torrente Flores. Pero con la llegada de la democracia se volvió a recuperar la nomenclatura popular, a lo que Torrente Flores nunca se había opuesto.

Estas tres calles paralelas se urbanizaron en una parte de los terrenos que habían pertenecido a la finca de Ca n’Alegre de Dalt, también conocida como Heretat Alegre de Dalt, propiedad de l’Hospital de la Santa Creu de Barcelona. Una finca con una extensa sucesión de huertos y zonas de cultivo, en la que hubo una de las casas señoriales más antiguas de la Vila de Gràcia, original de mediados del siglo XVII. Rabassa, Masens y Torrente Flores adquirieron un lote de tres piezas de tierra de dicha finca cuando los propietarios la pusieron a la venta.

La plaça Rovira i Trias

El paseo me lleva hasta la plaça de Rovira i Trias, en la que me espera, sentada en un banco de piedra, una estatua en bronce del antiguo arquitecto municipal que se encargó de urbanizar esta zona de Barcelona, y que dio nombre a la plaza. A sus pies hay un plano que guarda un secreto de Barcelona que no todo el mundo conoce. Resulta que Antoni Rovira i Trias, nacido en el antiguo pueblo de Gràcia, fue el que ganó el concurso para urbanizar el nuevo ensanche de la ciudad tras el derribo de las murallas, en base a un diseño radial. Pero que debido a las influencias del gobierno de Madrid, el proyecto finalmente se le otorgó a Ildefonso Cerdà… El resto de la historia ya lo sabemos.

Esta plaza, centro neurálgico del barrio, fue el lugar en donde nacía y moría la línea 39 del tranvía que comunicó esta zona de Gràcia con el centro de Barcelona hasta su supresión en 1968. Dada la proximidad a la casa de Marsé, es un lugar que el escritor frecuentaba y que aparece en algunas de sus novelas. De los lugares más emblemáticos que se recuerdan, y que fueron frecuentados tanto por Marsé, como por alguno de los personajes de sus novelas, mencionar el ya desaparecido Cine Rovira. Un cine que hacía esquina con la calle Providencia, a donde el escritor solía ir muy a menudo ya que su padre trabajaba allí como desratizador. Y, por supuesto, el Café Comulada que, aunque cerró, volvió a abrir reconvertido en el Bar la Rovira, y continua siendo una referencia de la plaza.

Juan Marsé, que siempre se reconoció como un muy mal estudiante, decía que su hábito de acudir de manera continuada a ver películas le ayudó a formarse y cultivarse, a escapar de la realidad que le rodeada, así como a desarrollar su capacidad imaginativa para idear sus propios guiones.

Esgrafiados de ricos en un barrio proletario

En la esquina con la calle Providencia hay una casa con esgrafiados, símbolo externo de la riqueza de sus seguramente antiguos propietarios, y que contrasta con el carácter proletario de la mayoría de los antiguos vecinos del barrio.

Hacia la Ronda del Guinardó

Dejando atrás la plaça Rovira i Trias, desandando sobre mis pasos por el carrer del Torrent de les Flors, llegó hasta el carrer de Sant Salvador, y hago una breve parada frente al número 90. En los bajos de ese edificio es en donde estaba el taller de joyería en el que trabajó Marsé, desde que dejó el colegio hasta que empezó a dedicarse a la literatura por completo. El edificio no tiene nada de interés por sí solo, pero es un punto indispensable de incluir en esta ruta temática.

Detalles de los bajos donde estaba la joyería en la que trabajó Marsé

Mirando con detenimiento algunas fotografías del escritor en esa etapa de su vida, se despierta la duda de que el personaje del Pijoaparte no lo hubiese ideado a partir de su propia imagen de joven. ¿Alguna vez te lo has planteado?

La Parroquia de Sant Miquel dels Sants

De nuevo en el carrer de l’Escorial me paró en el número 163, frente a otro lugar destacado en la obra de Juan Marsé. Un lugar que aparece hasta en tres de sus obras: Ronda de Guinardó, Si te dicen que caí y Caligrafía de los sueños. Se trata de la Esglèsia Parroquial de Sant Miquel dels Sants (Tres de Gràcia). Un edificio construido en los años 50 del siglo XX que no tiene ningún atractivo arquitectónico especial. De estilo llamado noucentisme de postguerra, que intentó recuperar el clasicismo noucentista anterior a la Guerra Civil, pero adaptado al contexto político del franquismo. Quizás, eso sí, llame un poco la atención el contraste del porche de arcos y columnas corintias frente al resto de edificios que lo franquean.

Este templo se construyó sobre una ermita anterior, inaugurada en 1920, y que se conocida con el nombre de la “Capella de les Ànimes”. Una Capella de Vetlla Perpètua en sufragio de las ánimas del purgatorio. El apelativo de “Tres de Gràcia”, que suele ir anexo al nombre, hace referencia a que la parroquia actual forma parte de una unidad pastoral que agrupa tres parroquias de la zona de Gràcia (Sant Miquel dels Sants, Mare de Déu de la Salut i Sant Carles Borromeu), cuyas comunidades colaboran en actividades, celebraciones, formación y eucaristias conjuntas.

Recordando antiguas masías desaparecidas y una sorpresa

A la altura del carrer de ca l’Alegre de Dalt esquina con el carrer Balcells llego al lugar en donde estuvo la Masía de Ca n’Alegre de Dalt, datada en el año 1688, y de la que ya he hablado durante el paseo por Torrent de les Flors. Aunque se mantuvo en pie hasta los años 80 del siglo XX, lamentablemente para el patrimonio arquitectónico de la ciudad de Barcelona, la inmobiliaria de Nuñez y Navarro (“en cada cantonada fan un pis”) la demolió una noche de agosto de 1981, de manera inesperada y sin previo aviso, alegando que iban a construir un bloque de viviendas.

La Casa Gustà

No obstante, frente a ese lugar me topo con una agradable sorpresa, que no es otra que descubrir uno de los palacetes modernistas patrimonio arquitectónico de la ciudad y menos conocidos de Barcelona. Se trata de la casa familiar del arquitecto Jaume Gustà i Bondia, que se conoce como Casa Gustà (ver el post “Paseo por el modernismo por los barrios altos de Barcelona”). Una joya que ha sabido mantener el encanto original, en el que se combinan elementos típicos del estilo neogótico de la construcción con la ornamentación puramente modernistas en la decoración, con esgrafiados, forjado, trencadís y relieves florales.

Acceso a la Casa Gustà desde el patio interior

La ruta sigue y vuelvo a callejear por lo que fueron diferentes terrenos agrícolas de antiguas masías desaparecidas, a pesar de que algunas calles del recorrido conservan ese encanto de “antic poble del pla de Barcelona” que Gràcia nunca ha llegado a perder del todo, especialmente en el passatge de Camil Oliveras.

En este pasaje, que transmite un particular encanto por sus casas bajas de alegres colores y frondosas plantas y enredaderas, estaba ubicado un taller clandestino de torrefacción de café, en el que el padre de Marsé estuvo pluriempleado. A modo de anécdota, me paro a pensar en la dificultad que supondría llevar a cabo el proceso de la torrefacción de café de manera clandestina, debido al intenso olor que desprende dicho producto…

“La casa del mico i el gos”

De camino a los terrenos que ocupó otra de las masías de la zona, Can Sanpere o Cal Santpere, inevitable no pararse frente al número 40 de la calle Camèlies. Sobre la puerta de entrada de la casa, un mono y un perro nos saludan… Sí, estoy frente a la Casa Josep Barnolas que, como no podía ser de otra forma, se conoce popularmente como “la casa del mono y del perro”. Una torreta modernista de 1905, construida como vivienda familiar de los Barnolas, que se caracteriza por las líneas curvas de los detalles de la fachada, y por las rosas en hierro forjado que decoran la reja de la entrada. 

Aunque, como se puede ver, la torre fue ampliada con el añadido de un bloque anexo y una remunta sobre la casa original, se agradece el esfuerzo de los arquitectos que lo hicieron al evitar alterar en lo más mínimo el aspecto original de la fachada… ¡Hay que reconocer que también hay grandes profesionales en el campo de la arquitectura en la actualidad!

Futbolistas que pisan antiguos terrenos aristocráticos

Y mi ruta me lleva hasta la altura del carrer Camèlies, casi en la intersección con la Ronda del Guinardó. Cerca de allí, en donde actualmente está el Camp Municipal Nou Sardenya, hubo otra de las grandes fincas señoriales de la zona. Con una extensión que llegaba hasta lo que hoy es el carrer de la Providència.

Alrededor de 1760, Eulàlia Santpere i Sardanya, miembro de una familia noble de gran relevancia en la sociedad barcelonesa del siglo XVIII, mandó construir una gran casa de planta rectangular y un cierto aire aristocrático y distinguido que, como explican las crónicas, tenía una fachada en la que predominaban las formas curvas propias del tardobarroco, estilo arquitectónico predominante en la Barcelona de esa época. La Masia Can Sanpere (también conocida como Cal Santpere o Cal Lampadetes, popularmente), además del edificio principal, contaba con una capilla, una masoveria y diversos almacenes. Existen fotografías de la masía a principios del siglo XX, aunque debido a la expansión urbana de la zona acabó desapareciendo en 1940.

El Club Esportiu Europa, pero de alma gracienca

Y aunque no soy demasiado fan del fútbol, no puedo evitar que mi paseo me lleve hasta el interior del Nou Sardenya, un campo municipal en donde juega el Club Esportiu Europa, uno de los equipos masculinos bandera de la Primera Federación (antigua tercera división) “Made in Barcelona”, y que cuenta también con un magnífico equipo femenino. Un club con una consolidada historia deportiva de más de cien años, fundado como Club Deportiu Europa el 5 de junio de 1907, y que es uno de los históricos del futbol catalán. Con el mérito de que en los años 20 llegó a disputarle al Barça la condición de “millor club de futbol de Catalunya”. Un fantástico ejemplo del futbol de barrio que lleva el sello de Barcelona.

El Nou Sardenya

Que el estadio lo construyeran sobre unos terrenos que habían acogido una casa con tanto abolengo aristocrático debe tener algo que ver con ese punto de aire mágico que emana del campo. Dicen los entendidos que “la cercanía de la grada al césped crea un ambiente intenso y cercano, ideal para disfrutar de partidos de alta tensión”. ¿Alguna vez lo has experimentado?

Rumbo hacia el final de la primera parte de la ruta

Fuera ya del Nou Sardenya cruzo la calle dirección hacia la Ronda del Guinardó. Es momento de recordar dos novelas de Marsé, Ronda del Guinardó y Rabos de Lagartija, en las que las historias que relatan se desarrollan cerca de esa zona.

Hospital Evangèlic de Barcelona

En busca de nuevos escenarios literarios, la ruta me lleva frente al edificio del Hospital Evangèlic de Barcelona. En la actualidad, un edificio vacío y tapiado, desde que en 2024 se trasladó a su nueva sede en el 22@ del districte de Sant Martí. Un hospital que la narrativa de Marsé lleva más allá de un simple centro asistencial, en su apuesta por convertir ubicaciones reales en literatura.

Como nota personal, en 2022, l’Hospital Evangèlic de Barcelona quedó unido de manera inesperada a mi historia personal, porque allí es donde falleció mi madre. En su unidad de hospitalización destinada a la atención de personas en la fase final de su vida.

¿Y a qué se debe el nombre de Hospital Evangèlic? Fundado en el año 1879 tuvo como principal objetivo el de dar atención sanitaria a los miembros de la colonia de residentes extranjeros en Barcelona que profesaban el evangelicalismo, convirtiéndose en uno de los centros hospitalarios privados más antiguos de la ciudad.

Aunque parezca algo inaudito, hay que entender que en la época en que se fundó ese centro la mayoría de hospitales estaban gestionados por órdenes religiosas católicas, por lo que los miembros de la comunidad protestante tenían dificultades para que los atendiesen. Con la ayuda económica de extranjeros que se habían instalado en Barcelona [entre las que dicen que estaba el propio Hans-Max Gamper Haessig (Joan Gamper)], se compró una finca en el que se acabaría construyendo el edificio frente al que me encuentro.

Un hospital bajo protección consular extranjera y sus ampliaciones

Durante la Guerra Civil, el hospital estuvo bajo la protección de los consulados del Reino Unido, Suiza, Alemania y Estados Unidos, por lo que gozó de protección diplomática que le otorgó una neutralidad de facto que le ayudó a poder seguir funcionando, principalmente como refugio de niños y hospital de sangre.

El primer edificio de l’Hospital Evangèlic de Barcelona fue el que ya había en la finca que se adquirió en 1893 en el carrer Camèlies. El segundo se construyó en 1908 junto al carrer de Ca l’Alegre de Dalt. En 1950 se llevó a cabo una segunda ampliación con la construcción de otro edificio adosado al de 1908. Y, la tercera y última ampliación de la sede de Gràcia, se encargó al arquitecto Miguel Álvarez Trincado en 1970, quien diseñó y construyó el edificio que hay en el carrer de les Camèlies, de un estilo arquitectónico con las características propias de los años 70, como era el uso de obra vista. Enlace al post que explica con más detalle las ampliaciones.

La sede histórica de l’Hospital Evangèlic se cerró en 2024. Y está pendiente de saberse qué se hará con ella

Y llegados a este punto de la ruta, pongo un punto y seguido que me llevará a la segunda parte del relato. Un relato, que como ya he dicho al principio, me llevará por el Barri de la Salut hasta el Carmel, recordando otras tantas obras de Juan Marsé.

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