El edificio del Palau de la Generalitat de Catalunya, por su función cohesionadora y representativa de los intereses de los catalanes, desde 1714 hasta la década de los años 30 del siglo XX se convirtió en un símbolo de las aspiraciones catalanas y de la lucha por la recuperación del autogobierno de Catalunya. En la actualidad, especialmente desde hace un par de años, ha pasado a verse como la sede oficial del Govern sin más, ya que dependiendo del partido político gobernante y su afinidad con el gobierno de Madrid, muchos lo volvemos a ver como un lugar en donde vuelve a residir un virrey.
Pero dejando a un lado la política, mejor me centro en el edificio, ya que hace mucho tiempo que tenía pendiente dedicarle un post en el blog. Y tras publicar el de la semana anterior que giraba en torno a la futura segunda sede oficial del Govern català, hoy me voy de visita a la sede principal: el Palau de la plaça Sant Jaume.
La plaça de Sant Jaume, símbolo del poder
El Palau de la Generalitat de Catalunya está ubicado en la plaça de Sant Jaume, en el lugar en donde estuvo el centro del poder de Barcino en época romana. Es decir, el Forum, el lugar en donde se cruzaba el decumanus maximus con el cardo maximus. De ahí que, históricamente y desde hace más de dos milenios, la actual plaça de Sant Jaume ha sido el corazón institucional de Barcelona, así como todo un icono político.

Historia de la plaça de Sant Jaume al web de l’Ajuntament de Barcelona: “Su forma actual se remonta a 1841. Antiguamente era el pequeño cruce que formaba la intersección de los dos ejes viarios que atravesaban la ciudad de norte a sur y de este a oeste: Llibreteria-Escrivanies-Call y Bisbe-Ciutat-Regomir. Ya existía en el año 1261, cuando se encontraba ahí la iglesia de San Jaime, establecida en 1057. En el siglo XIV se añadió un porche bajo el que se reunían los consejeros de la ciudad cuando tenían que asistir corporativamente a un acto público. En el año 1598 se resolvió agrandar el Palacio de la Generalitat hasta la placeta que daba al porche de la iglesia. En el año 1823 el Ayuntamiento acordó derribar la iglesia y otros edificios anexos para formar una gran plaza, la actual, que se abrió en 1840 con el nombre de plaza de la Constitución.” [Fuente: Nomenclátor de carrers.]
Tal y como se detalla en el texto anterior, a mediados del siglo XIV fue el lugar elegido para situar el salón de reuniones dels Consellers de la Ciutat (futuro Saló de Cent). Y, algo más tarde, a comienzos del siglo XV, llegó el que acabaría siendo el Palau de la Generalitat, cuando los diputados de la Generalitat medieval decidieron dotar a la institución de un edificio acorde con su rango.
Todo empezó en el carrer de Sant Honorat
El primer paso que dieron los diputados fue comprar dos casas situadas en el carrer de Sant Honorat, en el antiguo Call de Barcelona, que serian el núcleo principal de la primera sede de la Casa de la Diputació del General. Casas a las que se les unirían, pocos años después, otros dos terrenos en el carrer del Bisbe.
En las primeras décadas del siglo XV empezaron las obras para unir dichos edificios y reconvertirlos en un palacio que tuviese la estructura característica de las casas nobles góticas catalanas. El resultado fue un palacio de estilo gótico civil catalán, que hoy en día es la zona más antigua del Palau de la Generalitat, y a la que se accede a través de la portada que hay en el carrer del Bisbe, donde se encuentra el patio central, la escalera noble y la galería gótica.
Desde ese momento se inició una sucesión de ampliaciones, especialmente durante los siglo XVI y XVII, que serían motivo de enfrentamiento entre los virreyes y los diputados de la Generalitat, ya que los primeros consideraban que que era un medio de fortalecer el poder de la Diputació del General frente al poder del Rey, que ellos representaban.
Suspensiones, confiscaciones y recuperación
Tras la derrota de las tropas austracistas y la suspensión de las instituciones catalanas, el edificio fue confiscado por los borbónicos y reconvertido en la sede la la Real Audiencia, el órgano de gobierno y justicia absolutista que impuso Felipe V.
Durante el siglo XIX, reconvertido en sede de la Diputación de la Provincia de Barcelona, el Palau fue testigo silencioso de las diferentes luchas políticas y sociales que tuvieron lugar en ese periodo. Con la llegada del siglo XX, primero presenció la creación de la Mancomunitat Catalana, su abolición, la recuperación de la Generalitat moderna, su nueva suspensión durante el Franquismo y, por último, el retorno definitivo de la Institución, cuando en octubre de 1977 ese edificio volvió a recuperar definitivamente su función como sede del Govern.



Una parte gótica y otra renacentista
El edificio gótico
Como he dicho antes, la parte gótica del Palau de la Generalitat se corresponde con el ala más antigua del edificio.
Está conformada por la fachada del carrer Sant Honorat y la fachada del carrer del Bisbe. Allí está la portada de acceso al edificio medieval, obra de Marc Safont (1416-1418), presidida por la escultura de Sant Jordi matando al dragón, junto a la que está la princesa representada por la la gárgola de la izquierda del medallón, obra del escultor Pere Joan.
A través de la portada gótica se accede al Pati Gòtic, un patio cuadrado de estilo gótico civil catalán, rodeado por una planta baja, una planta noble y un tercer piso para servicios. En la planta noble del primer piso está la Galeria Gòtica, a la que se accede a través de la escala noble y que evoca al estilo de los claustros de los monasterios gótico-medievales. Como curiosidad, algunas de las columnas de la galería son de mármol rosado de estilo renacentista, ya que en el siglo XVI se sustituyeron la góticas originales.
Desde la galeria de la planta noble se accede a la Sala Mare de Déu de Montserrat (conectada con el despacho del President), a la Sala Arxiu de Comptes (antiguo despacho y archivo del administrador de cuentas), al Pati dels Tarongers y a dos de los lugares de honor más emblemáticos de Palau, como son el Saló de Sant Jordi y la Capella de Sant Jordi, de los que hablaré más adelante.






La fachada renacentista
Si nos damos un paseo en busca de edificios renacentistas en Barcelona podemos dirigirnos al Palau Centelles, al Palau del Lloctinent, o hacia la plaça de Sant Felip Neri… Pero si buscamos el que se considera el principal exponente de este estilo, nos tenemos que parar frente a la fachada del Palau de la Generalitat.
Como explican en el blog Un viaje por la Barcelona renacentista, el Renacimiento llegó tarde a Barcelona, por lo que no existen demasiadas muestras de arte renacentista en la ciudad. Por ello, la fachada del Palau de la Generalitat es todo un exponente de ese arte en Barcelona. Y a diferencia de la relativa austeridad de la parte gótica, la fachada forma parte del cuerpo más suntuoso del conjunto de edificios que se han ido ensamblando a lo largo de su historia, hasta acabar siendo el palacio que conocemos hoy en día.


Pinceladas miguelangelescas
La fachada la diseñó el arquitecto Pere Blai, y se construyó entre finales del siglo XVI y principios del siglo XVII. Recuerda el aspecto de los palacios del Renacimiento italiano, y algunos establecen cierta semejanza de su diseño con el de la fachada del Palazzo Senatorio de Roma, obra de Miguel Ángel.
Si te paras enfrente y la observas con detenimiento, podrás ver una curiosa alternancia de frontones triangulares y curvados sobre las ventanas del primer piso, así como la hornacina central presidida por una estatua de San Jordi, sobre la que hay el escudo con la cruz del santo.


En la parte posterior de la escultura figuran los bustos de los tres diputados de la Diputació del General que mandaron construir la fachada, de los que no se conocen sus nombres, pero a los que se rinde homenaje como representantes de los tres estamentos que constituían esa institución medieval.
Las columnas romanas
Una de las curiosidades de la fachada principal son las cuatro columnas que franquean la puerta de entrada, las cuales guardan una larga historia viajera a sus espaldas. Una historia que las llevó de la ciudad de Troya (la Ilión de la Anatolia romana) hasta Tarraco (capital de la Hispania Citerior), para acabar finalmente en Barcelona, en época renacentista. Así es la historia:
Cuando los habitantes de Tarraco decidieron construir el Templo de Augusto, encargaron cuarenta y cinco columnas del mejor granito. Y para ello eligieron el lugar del imperio en el que mejor lo trabajaban, que era justamente en esa ciudad de la actual Turquía.
La cuestión es que las columnas, esculpidas en el siglo II ddC, llegaron a Tarraco y las colocaron en el gran recinto que se construyó para el culto imperial -restos que hoy en día están situados en el subsuelo de la nave central de la Catedral de Tarragona-. Pero debido a la caída del imperio, y al colapso que sufrieron los antiguos emblemas arquitectónicos de la ciudad, las columnas acabaron convirtiéndose en “material de reciclaje” y, en época medieval (mediados del siglo XIII), se usaron para edificar el templo de Sant Pere de Sescelades, situado a las afueras de Tarragona.
Pero la historia no acabaría allí. Las columnas empezaron “a abandonar su nueva ubicación” y algunas se vendieron. El propio Pere Blai reutilizó dos de ellas para construir el acceso a la Capella del Santíssim Sacrament de la Catedral de Tarragona. De ahí que en 1598, durante la construcción del edificio renacentista del Palau de la Generalitat, decidiese incorporar cuatro de ellas junto a la puerta principal.
En la actualidad, algunas de esas columnas todavía se conservan en el passeig arqueoògic de Tarragona, además de las que hay en el interior de la catedral.
La Capella de Sant Jordi
Es uno de los espacios menos conocidos del Palau de la Generalitat, y se suele abrir al público cuando celebran jornadas de puertas abiertas. Originaria del siglo XV, creada por Marc Safont, fue el último espacio con el que se dió por finalizado el embellecimiento del palacio medieval.
La puerta de entrada es de influencia flamígera, y en su interior se guarda uno de los tesoros artísticos del Palau: un tapiz datado en 1451, y elaborado con lana, seda, hilo de oro y plata.




En la capilla, que como su nombre indica está dedicada a Sant Jordi, hay cinco imágenes del santo. Y en la sacristía, se conserva un fémur del santo a modo de relicario. De ahí que la presencia de Sant Jordi se considere omnipresente.
El Patí dels Tarongers
Como ya he comentado, a medida que fue aumentando la importancia de la Diputació del General, fue aumentando la necesidad de ir adquiriendo edificios y terrenos vecinos para ampliar las dependencias originales del palacio medieval. Lo que hizo que el conjunto fuese creciendo en volumen a lo largo de los siglos XVI y XVII.
Uno de los lugares que pasaron a integran esas ampliaciones fue el Patí dels Tarongers, un espacio a cielo abierto que sirvió para unir los edificios más antiguos con los más nuevos. Y que para mantener la harmonía de la construcción se optó por decorarlo con elementos de imitación gótica, como ocurre con la galería superior.
Ese patio es, en la actualidad, el más popular del Palau de la Generalitat. Y está considerado el centro neurálgico del Palau, desde el que se puede acceder a diferentes salas nobles (Sala Torres García, Sala Tarongers y Sala Tarradellas), así como a la residencia presidencial de les Cases de Canonges, a través del puente neogótico que los une, y que es toda una atracción de turistas e instagramers… Pero visto desde fuera.





¿Y a qué se debe la presencia de naranjos?
La presencia de los naranjos que le han dado nombre al patio se plantaron con una finalidad ambiental, para evitar el mal olor gracias al perfume de sus flores. Son 24, y los originales se plantaron el 28 de enero de 1534, por lo que tienen más de quinientos años de historia. De hecho, las diferentes reformas y cambios de aspecto que ha experimentado el patio no han influido en que puedan seguir allí, cumpliendo con su función decorativa y aromática.
El número de árboles se debe a una cifra relacionada con el diseño renacentista y, según explican, recoge la tradición de los antiguos patios de origen andalusí, en los que se solían plantar naranjos y limoneros como instrumentos bioclimáticos, junto a fuentes de agua, como la de Sant Jordi que también hay allí. Así como la tradición de las antiguas casas nobles catalanas, en las que plantar un naranjo significaba orden, prestigio y prosperidad.
En el arte renacentista se usaba el número 24 por la gran carga simbólica que llevaba, vinculado a la tradición bíblica, la cábala y el neoplatonismo. Parece ser que representa la suma de los 12 apóstoles más los 12 patriarcas, estableciendo un equilibrio arquitectónico entre lo terrenal y lo divino. Un modo de representar la perfección del Cosmos.
La melmelada de taronja amarga
Desde hace pocos años, con la finalidad de contribuir al aprovechamiento alimentario y evitar que se desperdicien las naranjas amargas que producen los árboles del Pati de Tarongers, la Generalitat ha encargado a la Fundació Espigoladors que se encarguen de recoger la cosecha anual y usarla para transformarla en mermelada de naranja amarga. Una mermelada que envasan en pequeños tarros de 40 gramos, y que se ha convertido en uno de los regalos institucionales que el President de la Generalitat entrega tanto en las visitas institucionales, como durante sus viajes oficiales.
En Barcelona existen más de 3300 naranjos ornamentales distribuidos por diferentes barrios de la ciudad, especialmente en el Districte de Sant Andreu, que cuenta con la tercera parte de los mismos. De ahí que esta institución sin ánimo de lucro se creó con la finalidad de ayudar a buscar una solución ecológica a los frutos de esos árboles, que hasta ese momento iban a la basura. Solo el primer año que se decidió recoger las naranjas y elaborar mermelada se obtuvieron 800 kilos, con los que se elaboraron hasta 3000 potes de mermelada.
El Saló de Sant Jordi
En la parte del edificio que da a la plaça de Sant Jaume, al mismo nivel que la Galeria Gòtica y el Pati dels Tarongers, está el Saló de Sant Jordi, la sala principal del palacio y situada dentro del edificio renacentista que realizó Pere Blai.
El salón se diseñó con la idea de convertirlo en la nueva capilla del Palau para sustituir la antigua capilla gótica. De ahí que su estructura sea la propia de un templo de tres naves, con una cúpula de planta ovalada, perfectamente visible desde la plaça de Sant Jaume.
Allí es donde se celebran los actos institucionales más solemnes, como la toma de posesión del President de la Generalitat y el Govern. Y donde se han instalado diversas capillas ardientes, como la de Paco Candel o la de Josep Mª Espinàs, para poder rendirles el mayor homenaje institucional a figuras muy relevantes de la vida política, cultural o social catalana.
La historia de los frescos del Saló de Sant Jordi
Cuando Pere Blai construyó la parte renacentista del Palau de la Generalitat y el Saló de Sant Jordi, según un estudio técnico actual, la única policromía al temple decorativa estaba concentrada en los intradoses de las arcadas. Una decoración típica de la época renacentista, en la que se copiaron motivos ornamentales de la antigua Roma, que se podían ver entre las ruinas de algunos de los edificios que todavía se conservaban. Un estilo, el grottesco, que en el caso del Saló de Sant Jordi también cubrió los pilares de piedra.
Tras la última restauración del salón se ha recuperado esa sobriedad original, recuperando el estuco blanco y la policromía de los intradoses originales, haciendo que el espacio recupere la luminosidad que segura tuvo en un principio.
De esta manera se ha querido recuperar la imagen original, y eliminar elementos decorativos añadidos posteriores, que no tienen nada que ver con su historia. Se han retirado los 24 grandes lienzos academicistas y las 45 obras menores que se colocaron durante la dictadura de Primo de Rivera (1926), con escenas de temática imperial y religiosa española. Lienzos que, a su vez, sustituyeron cuatro grandes frescos del pintor noucentista catalán Joaquim Torres García, que la Mancomunitat encargó en 1913.


Los frescos de Torres García, que permanecieron tapados en el Saló de Sant Jordi hasta el año 1966, se trasladaron a la sala que lleva su nombre, en donde todavía se conservan. Y respecto a las telas de estilo academicista, una vez fotografiadas y limpias, se han guardado en rollos protegidos, como parte del archivo artístico de la colecció nacional, uno de los cuales se trasladó al Centre de Restauració de Béns Mobles de Catalunya, en Valldoreix.
La cúpula, el campanario y el carilló
Además de la cúpula con linterna situada sobre el Saló de Sant Jordi, perfectamente visible desde el exterior, el Palau de la Generalitat cuenta con otros dos elementos arquitectónicos que también sobresalen del tejado. Uno es el campanario. Y otro el carilló.

Un campanario gótico tardio
El campanario, situado sobre el Saló Daurat (actualmente la Sala Tarradellas) y visible desde el Pati dels Tarongers, es de planta cuadrada y está coronado por una cubierta de piedra con barandas y pináculos que guardan las campanas en su interior. Construido con posterioridad al palacio gótico, pero antes de la ampliación renacentista, se lo califica como de estilo gótico tardío.
Como curiosidad, todavía conserva algunos de los impactos de bala que sufrió durante la Guerra Civil.
El carilló que pone música ambiente a la plaça de Sant Jaume
El carilló o carrillón de torre es otro de los elementos situados sobre el tejado del Palau. Es relativamente moderno, ya que se inauguró el 21 de diciembre de 1976, y vino a sustituir otro anterior del año 1927, que era mucho más pequeño, y solo contaba con 13 campanas.
El actual cuenta con 49 campanas de bronce, la más grande de las cuales lleva el nombre de Catalunya, y las cuatro siguientes los de Barcelona, Tarragona, Lleida y Girona.
El toque de campanas se puede escuchar de lunes a viernes, a las 12 del mediodía y a las 6 de la tarde, de manera ordinaria. Mientras que también se ofrecen conciertos cada primer domingo de mes, a las 12 del mediodía, así como un concierto especial para la Festa Major de Barcelona, otro con motivo de la festivitat de Sant Esteve y el del Festival Internacional de Carilló de Barcelona.
Otros salones y dependencias del Palau de la Generalitat
La Sala Tarradellas
La Sala Tarradellas, conocida originalmente como Saló del Consistori Major o Saló Daurat, es una de las dependencias más suntuosas del Palau, especialmente por el artesonado dorado original del siglo XVI que decora el techo, y la lámpara de araña.
Es la sala en la que se celebran las reuniones del Govern, y lo hacen en una mesa original de 1934. La pared principal está decorada con un mural de Tàpies, que representa una alegoría de les Quatre Grans Croniques Medievals Catalanes. Originalmente, las paredes estaban decoradas con tapices flamencos del siglo XVI, pero que se retiraron con la finalidad de darle un aire más despejado como sala de reuniones.


Les Sales Antoni Clavé
Y regresando de nuevo a la planta baja del Palau de la Generalitat, antes de finalizar esta visita, queda por hacer una breve parada en diferentes espacios funcionales y actualizados, como por ejemplo les Sales Antoni Clavé o l’Auditori. Espacios que datan de la época en que el Palau era sede de la Mancomunicat Catalana, y que se construyeron tras vaciar la tierra que había bajo el Pati dels Tarongers, con la finalidad de ampliar la superficie útil del Palau.
El nombre de este espacio multifuncional rinde homenaje al artista Antoni Clavé i Sanmartí, quien realizó las nueve pinturas en gran formato que están expuestas en la sala de manera permanente, así como cuatro esculturas realizadas con anterioridad a la inauguración en 1993.
L’Auditori y la Sala de Prensa
Como su nombre indica, l’Auditori es una sala de conferencias de gran capacidad, en la que se suelen celebrar actos públicos de diversa índole.
Como curiosidad, dado que al igual que les Sales Antoni Clavé se encuentra bajo el Pati dels Tarongers, la tierra en la que están plantados los naranjos superiores está colocada en cajones integrados en el techo de hormigón armado, recubierto con arcos revestidos de trencadís y losas planas de terracota.
Y, por último, uno de los espacios que suelen aparecer habitualmente en los medios de comunicación es la sala de prensa, donde los profesionales de los medios de comunicación acreditados, que trabajan en la cobertura y seguimiento de la actividad política del Govern català, asisten a las ruedas de prensa habituales.
La sala ocupa tres salas del siglo XVI, donde se ha conseguido conservar la división original de la época renacentista, pero adecuándola a las necesidades tecnológicas actuales.


Dos símbolos de la Gencat: Sant Jordi & el Senyal de la Generalitat
Sant Jordi y “la seva creu” (distinción honorífica)
Si te fijas durante el recorrido por el Palau de la Generalitat, una imagen con la que te vas a cruzar constantemente es con la de Sant Jordi. La presencia de la imagen de ese santo es debido a que, además de ser el patrón oficial de Catalunya, también lo es de la propia Generalitat desde el 23 de abril de 1456, tal y como decidieron les Corts de Barcelona celebradas entre 1454 y 1458, durante el reinado de Alfons el Magnànim, siendo president de la Generalitat Bernat Guillem Samasó.



Por ello, y como no podría ser de otro modo, una de las distinciones honoríficas que otorga la Generalitat de Catalunya anualmente lleva su nombre: la Creu de Sant Jordi. La distinción que, aunque no es la máxima de la Institución (esa es la Medalla d’Or de la Generalitat), si que está entre las más importantes.
Se otorga con la finalidad de “distinguir aquelles persones naturals o jurídiques que, pels seus mèrits, hagin prestat serveis destacats a Catalunya en la defensa de la seva identitat o, més generalment, en el pla civil i cultural”. Está regulada por el Decret 457/1981 de 18 de desembre. Y, en los últimos años ha desatado diversas polémicas, tanto por a quién se le ha otorgado, como por a quienes la recibieron pero han decidido devolverla, en base al color político del partido que la ha concedido.
El senyal de la Generalitat de Catalunya
Y ahora sí, para finalizar con los símbolos identificativos de la Generalitat catalana y la figura de Sant Jordi, toca hablar del Senyal (emblema oficial) de la Generalitat de Catalunya.
Si la antigua Generalitat medieval usaba como símbolo institucional un escudo en forma de rombo con la Creu de Sant Jordi, en la actualidad, tras oficializarlo el 2 de abril de 1981, se usa el que diseñaron en 1932, tras la restauración republicana, pero simplificado. Está formado por un óvalo que lleva inscritos los palos rojos sobre fondo de oro de la bandera catalana, y cuatro ramilletes simétricos, para marcar los extremos a modo de rectángulo.
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