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HOY TOCA HABLAR DE LA ORDEN DEL TOISÓN DE ORO

Dado que ya está a punto de llegar un nuevo 30 de noviembre, día de San Andrés, es una buena razón para recuperar un antiguo artículo que publiqué sobre la Insigne Orden del Toisón de Oro… Con más razón aún, porque estos últimos días la Casa Real ha vuelto a llevar “el Toisón” a titulares.

Orden del Toisón de Oro
Plafón de madera con el escudo heráldico de un miembro de la Insigne Orden del Toisón de Oro. Grote Kerk de la Haya

Según cuenta la tradición, el 30 de noviembre del año 95 dC, en la ciudad griega de Patras, el apóstol Andrés murió martirizado en una cruz en forma de aspa, símbolo que ha quedado ligado a su imagen. Una vez santificado, entre otros patrones, tuvo el del Ducado de Borgoña. De ahí que esa aspa, que pasó a la historia con el nombre de Cruz de Borgoña, se usase tanto en el diseño de los estandartes del ducado, como en los uniformes de la guardia personal del Dux, quienes se conocerían como archeros de Borgoña o guardia borgoñona.

Cuando Felipe III el Bueno creó la Insigne Orden del Toisón de Oro en 1429, eligió al apóstol San Andrés como su patrón, algo que hizo constar en los estatutos fundacionales, estableciendo que el día del santo sería la festividad en la que los miembros de la Orden deberían celebrar sus solemnidades. La orden se creaba para “la gloria y alabanza de Dios Omnipotente, nuestro Creador y Salvador, en honor de su Gloriosa Madre, la Virgen María y de nuestro Señor, San Andrés, apóstol y mártir”.

En consecuencia, y siguiendo los preceptos establecidos en su creación, el 30 de noviembre de 1431 fue el día en que se celebró la primera reunión capitular de la nueva orden de caballería, con misa y procesión en honor a su patrón.

El Toisón de Oro como parte de la simbología

La palabra toisón es un sustantivo francés que, según la primera acepción que aparece en el Dictionnaire de l’Académie française para esa palabra, significa: “Pelage épais et laineux des Ovinés ; ensemble des fibres obtenues après la tonte. Une toison de brebis, de chèvre. Ce mouton a une belle toison. Laver les toisons. Il a vendu ses toisons à bon prix. Une toison en suint, voir Suint. Par analogie. Pelage qui recouvre la peau de certains animaux, destinés ou non à la tonte. La toison d’un lapin angora, d’un chameau, d’un mammouth.” En resumen y traduciéndolo es algo que aquí se conoce por vellón, refiriéndose a la pieza de lana que se obtiene tras esquilar un carnero.

Y si buscamos la palabra en el diccionario de la RAE, ya se relaciona directamente con “la insignia de la Orden del Toisón, instituida por Felipe el Bueno, duque de Borgoña, en 1430, y otorgada históricamente por la dinastía Habsburgo-Borbón.”

El porqué del Toisón de Oro como parte de la simbología de la Orden

Pero, ¿a qué se debe que se adoptase la imagen de un Toisón de Oro como parte de la simbología de la Orden? La respuesta la tenemos que buscar en la llegada del Renacimiento a la Europa del siglo XV. Momento que supuso una transición entre la Edad Media y la Edad Moderna, en la que se recuperaron como referentes diferentes elementos relacionados con las culturas clásicas, como por ejemplo la mitología griega. La figura de héroes paganos sirvió de inspiración a los caballeros renacentistas, e historias como las de Jasón y sus viajes en búsqueda del vellocino de oro volvieron a ponerse de actualidad.

Orden del Toisón de Oro
Dos collares de los que cuelga un vellocino de oro

Según la mitología griega, el vellocino de oro era un tesoro legendario que se guardaba en Cólquida, una ciudad-estado situada en la costa oriental del Mar Negro, región que en la actualidad se corresponde con una de las más occidentales de Georgia, concretamente la región de Mingrelia-Alta Esvanetia. De hecho, según datos históricos, en ese lugar se solían usar pieles de oveja (carnero) para atrapar las diminutas partículas de oro que llevaban los ríos que descendían desde las montañas del Cáucaso. El resultado era que dejaba las pieles impresas con escamas de oro, lo que las convertía en vellones de oro.

No obstante, además de esa primera explicación al porqué de la adopción del vellocino de oro como símbolo de la Orden, también existe otra explicación dada por la necesidad de buscar una razón religiosa. De ahí que también se justifique a partir del relato bíblico de Gedeón y el cordero que ofreció a Dios como sacrificio.

La Insigne Orden del Toisón de Oro

La Insigne Orden del Toisón de Oro se creó en la ciudad de Brujas, el día 10 de enero de 1430, con motivo de los esponsales de Felipe III el Bueno, duque de Borgoña, con Isabel de Portugal.

Isabel de Portugal fue la tercera esposa de Felipe III el Bueno, quien ya había enviudado dos veces sin tener descendencia. El matrimonio religioso se ofició en la ciudad de Brujas en enero de 1430, aunque ya habían contraído matrimonio por poderes en julio de 1429. Este tercer enlace del duque sí que tendría descendencia. Su tercer hijo, Carlos el Temerario, sería quien sucedería a Felipe al frente del Ducado de Borgoña. Y durante su reinado, el ducado alcanzaría su máximo esplendor.

Aunque su abuelo, Felipe II el atrevido (audaz), (primer duque de Borgoña de la dinastía Valois), ya había proyectado crear una orden de caballería de gran prestigio, no fue hasta 1430 en que el duque decidió llevar a cabo el proyecto. De hecho, se dice que el motivo que le llevó a dar el paso final fue verse en la obligación de rechazar la invitación que le cursó el duque de Bedford y regente de Francia, Jean de Lancáster, en nombre de Enrique VI de Inglaterra, para ingresar en la prestigiosa Orden de la Jarretera.

Felipe rechazó educadamente tal ofrecimiento, alegando que planeaba fundar su propia orden de caballería. Y de esa manera pudo evitar tener que jurar fidelidad a un monarca inglés, algo que le hubiese conjurado las iras de la monarquía francesa.

Fotografía de uno de los canales medievales de la ciudad de Brujas

Ideales caballerescos, políticos, económicos y culturales

Encuadrada entre las órdenes de collar y de fe, además de seguir ideales caballerescos y cristianos, incluyó intereses de carácter político, económico y cultural. Sus miembros tenían que tener sangre real o pertenecer a la alta nobleza. Y, en el caso de formar parte del clero, solo podían ser miembros los que había alcanzado el grado de obispo dentro de la jerarquía eclesiástica.

Tal y como imperaba en la corte flamenco-borgoñona, el ceremonial y la etiqueta palatina habían alcanzado una perfección tan insuperable que también envolvieron el entorno de la nueva orden y, en poco tiempo, se dotó de tal prestigio y fama, que se convirtió en la más ilustre de las órdenes de caballería de occidente.

Entre las curiosidades que caracterizaron el esplendor de ese ducado está el estricto código de etiqueta que se desarrolló en esa corte, y que sirvió para reforzar su independencia frente al poder de los reyes de Francia. Ese conjunto de normas y costumbres recibió el nombre de Protocolo Borgoñón​, que históricamente está considerado el germen a partir del que nació el protocolo oficial que se aplica hoy en día. Un complejo ceremonial que pasaría por matrimonio a la Casa de los Habsburgo, y de ahí, al resto de las cortes europeas.

En los estatutos se definieron tres motivos que podían provocar la expulsión de uno de los miembros: la herejía, la cobardía o la traición. Dado el honor que representaba ingresar en la Orden del Toisón de Oro, la expulsión se consideraba toda una vergüenza tanto para el caballero expulsado, como para la propia Orden, ya que debían asumir que habían aceptado a alguien que no había demostrado tener suficiente categoría personal ni moral.

Una Orden de carácter dinástico

A lo largo de su historia, la Insigne Orden del Toisón de Oro nunca ha tenido arraigo territorial. Siempre ha sido una orden dinástica, vinculada a los sucesores de su fundador.

Cuando la mayor parte el Ducado de Borgoña se incorporó a la corona francesa en 1477, la heredera del último duque, María de Borgoña, devolvió a sus súbditos de los Países Bajos antiguos privilegios que se les habían negado, y de esta forma consiguió que esas tierras se mantuviesen independientes, y así conservar el poder de todas las distinciones y honores del Ducado de Borgoña, entre ellos la Orden del Toisón de Oro, a través de ellas.

Orden del Toisón de Oro
En la ciudad flamenca de Malinas, sobre la puerta de la entrada del palacio de Margarita de Austria, hay un escudo en piedra con el collar del Toisón de Oro. Y en la Catedral de Saint-Rombaut, de la misma ciudad, se conservan 32 paneles heráldicos originales que decoraron el coro durante el capítulo de 1491

Adiós Borgoña. Hola Flandes

Mediante el matrimonio de la duquesa con el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Maximiliano I, la Orden del Toisón de Oro pasó a estar bajo poder de los Habsburgo, y el emperador se convirtió en su Gran Maestre. Posteriormente la heredaría su hijo, el archiduque Felipe I el Hermoso, quien con su matrimonio con la infanta Juana I de Castilla la vincularía a la corona castellano-aragonesa, pasando posteriormente a su hijo Carlos V. Una Orden de Caballería a la que, explican las crónicas de la época, el emperador le tenía un afecto especial, dado que se originó en Flandes, el mismo lugar en donde él había nacido y en donde vivió sus años de infancia.

Durante el reinado de Felipe II, el Canciller, el Grefier y el Rey de Armas trasladaron su sede oficial a la corte de castellana, y Flandes quedó en un segundo lugar, así como los caballeros flamencos, que habían constituido el núcleo principal hasta ese momento.

Esos tres cargos, junto con el del Tesorero, eran los que formaban la estructura directiva de la Orden, cuya organización guardaba bastante paralelismo con las estructuras gremiales de época medieval.

Las dos ramas de la Orden del Toisón de Oro

Tras la muerte del último representante de la Casa de Austria en la corona española, la Guerra de Sucesión que se desató también afectó a la Insigne Orden del Toisón de Oro.

Separación entre la Casa de Borbón y la Casa de Habsburgo

Aunque en principio pasó a depender de la Casa de Borbón, cuando en 1700 Felipe de Anjou fue proclamado rey de España, el archiduque Carlos de Habsburgo también la reclamó como heredero. Tras ser proclamado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, como Carlos VI, empezó a otorgar sus propias distinciones, dando lugar a la división de la Orden en dos ramas: la de la Casa de Borbón y la de la Casa de Habsburgo. Algo que se ha mantenido hasta la actualidad.

Retrato del Archiduque Carlos de Austria frente al puerto de Barcelona. De Frans van Stampart – http://1714.mhcat.cat/ambit03/retrat_carles_iii_davant_port_barcelona.html, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=34937855

Ya en el siglo XX, tras la disolución del Imperio Austrohúngaro, y ante la más que previsible extinción de la rama austriaca, el rey Alberto I de Bélgica reclamó para sí la dignidad de Gran Maestre y el tesoro de la Orden, alegando que era soberano de las tierras que habían pertenecido a Borgoña, cosa que no se le concedió.

En 1957, el gobierno de la República de Austria reconoció formalmente la personalidad jurídica de la Orden en Austria, y le asignó la dignidad de Soberano Gran Maestre al pretendiente y heredero del trono austríaco, cargo y dignidades que ocupa actualmente el archiduque Carlos de Habsburgo-Lorena.

Desde la llegada de la Casa de Borbón a España, los sucesivos titulares de la corona han sido quienes han ostentado el cargo de cancilleres soberanos de la rama española. Conservando ese privilegio incluso durante los años de exilio, tras la proclamación de la II República, y hasta la restauración monárquica del 1975.

Las dos ramas de la Orden del Toisón de Oro en la actualidad

La rama austriaca se mantiene mucho más apegada a sus orígenes y a la tradición fundacional, y la dignidad se sigue concediendo solo a personas nobles de cuna. Los nombramientos se siguen haciendo bajo los mismos ritos medievales y no se les da publicidad. Incluso se ha conservado el acto en el que se nombra a los nuevos caballeros tocándoles con una espada.

La rama española, está mucho más modernizada y ha abandonado la estricta ligazón con la religión católica, lo que ha permitido que se pueda nombrar caballero a personas de otras confesiones, a plebeyos merecedores del reconocimiento, y a mujeres.

Los privilegios que históricamente disfrutaron sus miembros, tanto políticos (libre acceso a los consejos del rey) y fiscales (exención de impuestos), actualmente han desaparecido. Pero todavía conservan el tratamiento protocolario de Excelencia.

El tesoro de la Insigne Orden del Toisón de Oro

Tras el final de la Guerra de Sucesión en 1714, la mayor parte del tesoro de la Orden del Toisón de Oro quedó en manos de la rama austriaca, dado que Brujas fue uno de los territorios asignados a los Habsburgo.

Una de la piezas más importantes del tesoro es el Potence, un fabuloso collar de oro macizo que históricamente usaba el Rey de Armas, y que mandó fabricar Carlos V en el siglo XVI.

Está compuesto por cincuenta y una placas, cada una de ellas con el escudo de armas de cada caballero de la Orden, entre los que está el del propio emperador en el centro. Se guarda en la cámara del tesoro del Kunsthistorisches Museum de Viena.

Orden del Toisón de Oro
Collar del rey de armas de la Orden del Toisón de Oro de los tiempos de Carlos V. Foto: Paul Hermans – Trabajo propio. Wikipedia Commons

Las insignias y las vestiduras

La principal insignia es el collar, que está formado por una cadena de eslabones dobles en forma de B, entrelazados con pedernales que desprenden llamaradas. Según la IA, en la actualidad existen 60 toisones en la rama española, y cada collar tiene su propia numeración. El diseño incluye las armas del Duque de Borgoña, y de él cuelga la figura de un carnero, que se corresponde a la figura mitológica del vellocino de oro. Un símbolo tradicional de autoridad y realeza, cuya posesión otorga el derecho divino a gobernar.

Además del collar, también existe la venera con el Toisón de Oro, que se puede usar con una cinta de seda roja a modo de corbata, con su respectiva versión en miniatura, que los miembros masculinos de la Orden deben colocar junto al ojal del traje o del chaqué, y que los miembros femeninos de la Orden pueden lucir en la parte superior izquierda del vestido o chaqueta.

Otro elemento característico de la Orden son los tres mantos capitulares de ceremonia que, aunque están descritos en los estatutos, ya no se visten. Existe un manto rojo para los Capítulos, uno blanco para la función de la Santísima Virgen, y uno negro para las honras fúnebres.

Obligación de devolver el collar tras el fallecimiento del caballero titular

Según exige la normativa, cuando fallece un miembro de la Insigne Orden del Toisón de Oro, sus herederos deben reintegrar el collar a sus legítimos custodios, es decir al jefe de la Casa Real, ya que es quien custodia y controla dichos collares. Aunque a lo largo de la historia no siempre ha sido así. Existen diferentes anécdotas al respecto.

El collar de Jorge V

Una de ellas ocurrió en el año 1935 tras el fallecimiento del rey Jorge V de la Gran Bretaña, quien había ingresado en la Orden del Toisón en 1893 por concesión de la reina regente María Cristina de Habsburgo, cuando el príncipe todavía era duque de York.

Resulta que, por aquel entonces, dado que el rey Alfonso XIII se encontraba ya en el exilio, las nuevas autoridades republicanas reclamaron el collar a la Corte Británica, argumentando que era una pieza perteneciente a una Orden de Estado, ya que no reconocían que el ex rey siguiese siendo el gran maestre de la Orden. Los británicos, ante la inestabilidad política del momento y la posibilidad de que estallase una Guerra Civil -como así fue un año más tarde-, optaron por quedárselo para preservarlo.

En consecuencia, cuando se le concedió el Toisón de Oro a la reina Elisabeth II, el 5 de mayo de 1989, no se le entregó ningún collar. Y tras su fallecimiento en 2022, se especuló sobre si devolverían o no el de su abuelo. Pero hasta la fecha, no vbnmhe encontrado ninguna respuesta sobre qué ha ocurrido.

El collar de Akihito

En 1994, cuando el emperador Akihito y la emperatriz Michiko de Japón viajaron para realizar su primera visita de Estado a España, el collar que le había concedido en 1985, cuando todavía era príncipe heredero, se extravió durante el trayecto. Y la Casa Imperial pidió disculpas públicamente al reino de España, a pesar de que la causante del incidente fue la aerolínea Iberia.

Ante un asunto diplomático tan delicado, la Casa Real optó por entregar un nuevo collar al emperador, con la finalidad de que pudiera lucirlo en la cena de estado. El collar en cuestión fue el que había pertenecido al rey Olaf de Noruega, y que ese país nórdico retornó tras el fallecimiento de su monarca en 1991.

Los capítulos de la Orden

Los capítulos de la Insigne Orden del Toisón de Oro eran reuniones solemnes que se celebran para la elección y entrada de nuevos caballeros, a las que solían acudir los diferentes miembros, así como los máximos representantes. En total se celebraron 23 capítulos, entre los años 1431 y 1559.

Orden del Toisón de Oro
Escudos heráldicos de los caballeros del Toisón de Oro que participaron en el capítulo de la Haya

El primer Capítulo se celebró en la ciudad francesa de Lille, siendo soberano Gran Maestre Felipe III de Borgoña, quien llegaría a presidir otros nueve capítulos más. Entre ellos, el de 1456, en la ciudad de la Haya, en cuya catedral se conservan algunos de los paneles heráldicos que decoraron los asientos de los participantes, tal y como indicaban los Estatutos de la Orden.

Felipe el Bueno fijó «le lieu, chapitre et collège» de la Orden del Toisón de Oro en la desaparecida Sainte-Chapelle del Palacio Ducal de Dijon. En el capítulo XXI de los Estatutos de la Orden, aprobados en Lille en 1431, dejó ordenado que «en el coro de dicho Templo de Dijon se fije sobre la silla del Soberano de esta Orden un escudo, en que estén representadas sus armas e insignias… y ordenamos que se haga lo mismo sobre los asientos de los caballeros de la Orden, según las armas de cada uno»

Mención especial merece el Capítulo de 1519, que se celebró en Barcelona bajo el reinado de Carlos V, al que le dediqué un post en el blog.

Orden del Toisón de Oro
Coro de la Catedral de Barcelona

Y el último, que se celebró en la ciudad de Gante, en 1559, presidido por el rey Felipe II como Gran Maestre, tras el cual ya no se volvieron a convocar más reuniones, según consta.

Para saber más sobre el ceremonial de los Capítulos

Concesión de la Orden del Toisón de Oro

La Orden siempre ha tenido únicamente la categoría de Caballero y, en el caso de la rama española, se concede por la prestación de relevantes servicios a la corona de España y al Estado, por decisión personal del Rey, y para premiar la excelencia y el mérito de la persona.

Existe una excepción en la que la distinción la otorgaron las Cortes a petición de la Regencia del Reino. Fue en el verano de 1812, y el galardonado fue el Duque de Wellington, el primer miembro no católico que ingresó, y con la que se le quiso reconocer su colaboración en la lucha contra la invasión napoleónica. Tras su fallecimiento, y en contra de la tradición, se permitió que la familia conservase el collar que se le había entregado.

El Duque de Wellington dibujado por Francisco de Goya, donde lleva la venera del Toisón de Oro – National Gallery, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=12084920

Turismo por Brujas y por Dijon con sabor a Toisón de Oro

Y qué mejor manera de acabar el post de hoy que haciendo un poco de turismo por dos de las ciudades que históricamente están más ligadas a la Orden del Toisón de Oro. Una es Brujas, ciudad de su creación. La otra es Dijon, capital en donde residieron los Duques de Borgoña y en donde se estableció la sede de la Orden en sus inicios.

Un paseo exprés por Brujas

Brugge, que en neerlandés significa “puentes”, es la capital de Flandes Occidental, y está situada en el noroeste de Bélgica, a 90 km de Bruselas.

Su nombre, que procede de la palabra germánica “bryggia”, deja constancia de la cantidad de puentes con que cuenta esa ciudad, alrededor de 80, que cruzan los numerosos canales que hay en su centro histórico. La combinación de canales y puentes es una de sus imágenes más icónicas.

Aunque no se dispone de información exacta sobre el lugar de Brujas en dónde se celebraron los esponsales de Felipe III el Bueno con Isabel de Portugal, si que se sabe que fueron acompañados por unas festividades que durante ocho días, en las que no faltó la opulencia propia de las clases nobles medievales, especialmente referente a los placeres gastronómicos de la comida y la bebida.

Es difícil no imaginarse cómo debieron ser esas celebraciones dándose un paseo por el centro histórico de Brujas, en donde parece que la ciudad se ha detenido en el tiempo.

Puentes, canales, edificios civiles y templos religiosos

Entre los imperdibles que no hay que dejar de hacer en una visita a Brujas es recorrer el centro histórico descubriendo sus canales. Callejeando o navegando, podrás ir disfrutando de unas magníficas vistas y rincones encantadores que te parecerán salidos de un cuento de hadas, especialmente reflejados en el agua.

La Grote Mark (plaza mayor) destaca por la paleta de colores variados que ofrecen las típicas casas con tejados a dos aguas. Y desde allí se puede ver el Belfort, una de las torres más altas de la ciudad.

Muy cerca está la plaza del ayuntamiento (Burg). Centro de poder histórico de la ciudad, y que es uno de los más antiguos de toda Europa, cuyo edificio data del siglo XIV. En esa plaza también está la Basílica de la Santa Sangre, en donde se guarda una reliquia de tejido que contiene gotas de la sangre de Cristo.

Otros lugares del patrimonio religioso destacados de Brujas son la Iglesia de Nuestra Señora (Onze-Lieve-Vrouwekerk) con el segunda torre de ladrillo más alta del mundo, y en cuyo interior reposan los restos de Carlos el Temerario y de María de Borgoña, junto al corazón de Felipe el Hermoso [¡Sí, por el que Juana se volvió loca]). Otro templo a visitar es la Catedral de San Salvador (Sint-Salvatorskathedraal).

Y, por supuesto, imposible no ir a darse un paseo entre la paz y la armonía que emana del Beaterio (Begijnhof), espacio de la ciudad destinado a la antigua comunidad de beguinas (mujeres viudas o sin familia), donde todavía se conservan las casas blancas de origen medieval que lo formaban.

Un paseo exprés por Dijon

Dijon está situada al este de Francia, en la región de la Borgoña-Franco Condado (Bourgogne-Franche-Comté) desde la reforma administrativa de 2015, en la que dejó de ser la capital y pasó a ser la ciudad más poblada de la nueva región. Históricamente había sido la capital del Ducado de Borgoña hasta su anexión al reino de Francia en 1477 y, posteriormente, de la región homónima. 

Según parece el origen del nombre tiene raíces etimológicas latinas y galas. Por un lado, se relaciona con la palabra “Divio”, que significa “divino” o “sagrado”, dando lugar a que se especule con la importancia religiosa del lugar en la antigüedad. Y por el otro, con la raiz celta “divo-“, que significa “fuente”, y que podría estar relacionada con la presencia de manantiales de agua en la zona.

La ciudad de Dijon, debido a la importancia de obras de arte que conserva, es uno de los centros culturales más importantes de Francia, tras París. Y, además, es uno de los destinos más populares del turismo gastronómico y vinícola. Además de estar situada en el Viñedo de Borgoña (Vignoble de Bourgogne), patrimonio de la Unesco, es la cuna de la mostaza de Dijon y del pan de especies (pain d’épices), así como de platos de fama mundial.

Dentro de la gastronomía francesa destacan diferentes platos que llevan el nombre de Borgoña alrededor del mundo. Uno es el bœuf bourguignon (estofado de buey), una de las especialidades culinarias francesas más emblemáticas. El otro son los escargots à la bourguignonne (caracoles a la borgoñona), rellenos con mantequilla de ajo y perejil.

Tras la huella de los Duques de Borgoña

El centro histórico de Dijon es un verdadero museo al aire libre, que vas a descubrir con solo pasear por sus calles. Durante el recorrido irás viendo preciosas casas de entramado de madera, muy bien conservadas, y que son testimonio del rico pasado medieval de esa ciudad borgoñona.

Evidentemente, ya que el tema de hoy gira en torno a la Insigne Orden del Toisón de Oro, uno de los edificios más emblemáticos de Dijon. De hecho, dadas sus dimensiones, más que un edificio es todo un complejo arquitectónico.

Se trata del Palacio de los Duques de Borgoña, situado en la Place de la Libération (la plaza más bonita de Dijon), sede del Ayuntamiento de la ciudad y que alberga, también, el Musée des Beaux-Arts, que contiene una de las colecciones de arte más destacadas de Francia. Entre sus curiosidades está una atalaya trapezoidal, llamada Torre Philippe le Bon, desde la que se puede disfrutar de unas espectaculares panorámicas de Dijon desde 46 metros de altura.

Palacio de los Duques de Borgoña

Entre los edificios religiosos de la ciudad puedes visitar la Catedral de San Benigno (Cathédrale Saint-Bénigne), que cuenta con una aguja sobre el crucero que la convierte en uno de los templos más altos de toda Francia.

También puedes acercarte hasta la iglesia de Saint-Philibert, un ejemplo del arte románico en Borgoña, y en la que se han descubierto restos pertenecientes al final del Imperio Romano y sarcófagos del periodo merovingio.

Otro lugar a visitar es la iglesia de San Miguel (église de Saínt-Michel), famosa por tener la fachada renacentista más bella de Francia, que combina elementos del gótico flamígero.

Visita siguiendo la ruta de “La chouette

Y, por supuesto, la iglesia de Notre Dame, que es una de las muestras más importantes de arquitectura gótica borgoñona, y que guarda en uno de sus contrafuertes un búho esculpido, conocido popularmente como “La chouette“, símbolo emblemático de Dijon como elemento de buena suerte, y que ha dado lugar al diseño de una ruta turística por 22 lugares imperdibles de Dijon, siguiendo pequeñas placas de latón con la forma de un búho que hay en el suelo.

A tres kilómetros a las afueras de Dijon, siguiendo la estela de los Duques de Borgoña, hay que ir a visitar la Cartuja de Champmol (Chartreuse de la Sainte-Trinité de Champmol). Se trata de un antiguo monasterio, que mandó construir Felipe II de Borgoña como panteón ducal, y que estuvo activo hasta la Revolución Francesa.

Allí es donde reposan los restos de Felipe III el bueno y su esposa Isabel de Portugal.

Para saber más:
Los Toisones de Oro
Noble y Real: Carlos V y el Toisón de Oro

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