Hoy me he puesto nostálgica, supongo que motivada por el fin del verano y la llegada del otoño. Y esa nostalgia ha hecho que mis recuerdos regresen al verano de 1983, cuando viajé por primera vez en avión. Pero en “un avión de los de verdad”.

Los que pasamos nuestra infancia en Barcelona -y actualmente ya sumamos unos años de curriculum de vida- solemos usar ese añadido de “avión de los de verdad”, dado que en el parque de atracciones del Tibidabo tenemos un avión “de los de mentira”. Y subir a él, a más de uno, supuso nuestro bautizo aéreo de “mentirijillas”.

L’avió del Tibidabo -tal y como se le conoce popularmente en Barcelona-, es la atracción más emblemática del parque de atracciones, con una larga vida a sus espaldas. Una réplica exacta del primer vuelo comercial que voló entre Barcelona y Madrid en 1927, que recrea una cabina de pasajeros de aquella época, con mobiliario y acabados en madera.

Es el primer simulador de vuelo del mundo que se abrió al público, concretamente el 23 de septiembre de 1928, y que permitía experimentar, por primera vez y de la manera más fiel posible, lo que suponía viajar en avión, cuando eso era algo prácticamente imposible de hacer para la mayoría de las personas de la época.

Pero en el post de hoy no os voy a hablar del Tibidabo, sino del lugar a donde me llevó mi primer viaje “en avión de los de verdad”, y que fue concretamente a las Islas Canarias. Un excelente destino al que volar por primera vez, ya que la duración del vuelo te permitía experimentar de verdad lo que era un viaje en avión. Y lo digo, porque en esa época era más habitual volar a las Baleares desde Barcelona, en un trayecto que no duraba más que unos veinte minutos.

Mi primer viaje en avión

A cuarenta y tres años vista de aquel primer viaje en avión y de mi primera vez pisando tierra canaria, los recuerdos que guardo solo me dejan ver los buenos momentos de aquellas vacaciones. Algo que contrasta con algunos de los párrafos que he releído de mi diario de la época ya que, a pesar de las expectativas puestas en el viaje, indican que resultó monótono y aburrido, teniendo en cuenta que era una adolescente de 16 años que viajaba junto a su madre, y que venía de haber vivido una aventura romántica, emocionante e inesperadamente divertida en Italia, durante las vacaciones del verano anterior. Unas reflexiones que me han sorprendido a mi misma.

Aquí os dejo con la transcripción exacta de lo que escribí previamente al viaje:

“Barcelona, 12 de agosto de 1983 | Hoy estamos a viernes de la segunda semana de agosto y, aunque no tengo nada interesante que contar, no puedo dejar de escribir para decir que ya solo faltan excasos días para montarme en avión y “perderme entre las nubes”. Esta va a ser la primera vez que subo en uno de esos aparatos y, para ser este primer momento, voy a quedar de aviones hasta la coronilla. No solo voy a tener que ir y volver volando, sino que tendré que desplazarme entre las islas en avión. Pero eso me emociona, y de solo pensarlo se me ponen los pelos de punta….” 

Un DC-9 de la compañía Spantax, asiento 2-A

El vuelo fue en un avión de la compañía Spantax, concretamente en un DC-9, y fui sentada en el asiento 2-A, tal y como se puede ver en la tarjeta de embarque que todavía conservo. Un verdadero lujo frente a lo que hoy en día supone conseguir un buen asiento en un avión.

Tarjeta de embarque de mi primer viaje en avión, con rumbo a las Islas Canarias

Las Islas Afortunadas

El viaje se dividió en tres partes. La primera parte consistió en la estancia en la isla de Gran Canaria, concretamente en el Hotel Sansofe de Las Palmas. La segunda parte -quizás la más sorprendente- fue en Lanzarote, con estancia en el Husa Arrecife Gran Hotel (y el inesperado regalo de poder pasar una noche extra y gratuita en Las Salinas-Sheraton Hotel). Y la tercera y última, fue en Tenerife, concretamente en el Hotel Puerto Playa del Puerto de la Cruz.

¿Sabes que el apelativo de Islas Afortunadas, con el que se conoce históricamente a las Islas Canarias, es un término que procede de la mitología griega y latina. Concretamente del concepto Fortunatae Insulae, que hace referencia a ese lugar en donde se creía que estaba el paraíso terrenal, en el que los dioses recibían a los mortales que se lo habían ganado en vida. Geográficamente hablando, el lugar mitológico se ubicaba en el Océano Atlántico, más allá de las Columnas de Hércules. De ahí que el adjetivo de Islas Afortunadas también haga referencia a Madeira, as Ilhas Selvagens, Cabo Verde o os Açores.

Con la vista puesta en el pasado, el viaje lo puedo englobar en el concepto “sol y playa” más que en el de “viaje cultural”. Y, teniendo en cuenta que era una simple adolescente con más pájaros que otra cosa en la cabeza, no recuerdo nada en especial con relación a visitas a museos o rincones emblemáticos de las islas que visité. Además de que fueron unas vacaciones “de paquete organizado y excursiones facultativas” (propias de la época), que no dejaban espacio a la improvisación para descubrir lugares por tu cuenta.

Gran Canaria, Lanzarote y Tenerife

La estancia en Las Palmas se centró en recorrer la playa de las Canteras e ir de compras, sin ninguna excursión extra.

En Lanzarote, aunque también estaba toda la agenda organizada, la propia isla fue ese Factor Oh! que me cuesta encontrar en mis recuerdos. El Parque Nacional de Timanfaya supuso ese “paseo lunar” que experimentas cuando lo visitas por primera vez, y que se complementó con una breve visita al espacio diseñado por Cesar Manrique, en los Jameos del Agua.

En esta parte del relato voy a hacer un breve inciso, a modo de cita, para recordar algo que sí que pasó de manera inesperada. Resulta que cuando llegamos al aeropuerto de Lanzarote para volar rumbo a Tenerife, en la zona de facturación nos indicaron que había habido un error con nuestros billetes, y que el vuelo había salido por la mañana, por lo que nos teníamos que quedar en la isla. Ante nuestra sorpresa -y para solventar el error de la agencia de viajes- nos ofrecieron pasar la noche en el Hotel Las Salinas (evidentemente, sin cargo alguno) y viajar el día siguiente hacia Tenerife en un

embarcar en un Jet-foil al día siguiente… Evidentemente, y a pesar del enfado inicial, lo acabamos viendo como un espléndido regalo que nos dieron las vacaciones, al poder dormir en el hotel de Lanzarote más lujoso y emblemático del momento, así como experimentar lo que era viajar en un barco que viajaba por encima del agua, y que era toda una novedad de la época.

Y, por último, la estancia en Tenerife fue en el Puerto de la Cruz, desde donde sí que hicimos alguna que otra excursión facultativa, que nos llevó de visita al Teide, al Valle de La Orotava y a Icod de los Vinos), a la que hay que añadir algo de diversión discotequera “light”, pensada para turistas de carácter familiar.

La casualidad quiso que en la Isla de Tenerife coincidiésemos con la familia de una de mis compañeras de clase, lo que hizo algo más divertida la estancia. De esos breves días en el Puerto de la Cruz conservo algunas de las notas en papel que nos intercambiábamos en la recepción del hotel para comunicarnos con esa familia (en una época en que el móvil era ciencia ficción), así como una tarjeta postal que nos regalaron firmada los camareros del hotel que atendían el restaurante durante los desayunos, y que fueron los encargados de enseñarnos alguna que otra cosa sobre tradiciones, lenguaje y curiosidades canarias, como por ejemplo lo que era “la panza de burro” en la isla de Tenerife.

¡Pues arráyate un millo!

La verdad es que no sé si he usado correctamente la frase como título del apartado, pero tras leer lo que escribí en mi diario, a mi regreso a Barcelona, creo que es la expresión que algún canario que lea este post me ha dedicar.

“Barcelona, 2 de septiembre de 1983” | A pesar de que ya llevo tres días aquí tras regresar de las vacaciones no he escrito nada, sencillamente porque no tengo nada que contar. Las vacaciones de este año han sido la réplica a las del año pasado, ya que creo que me divertí demasiado, para que éstas fueran iguales. Han sido unas vacaciones monótonas y, por lo tanto, aburridas. El único acontecimiento a resaltar ha sido mi primer viaje en avión, aunque tampoco ha sido tan emocionante como yo esperaba. En definitiva, estas vacaciones se pueden calificar de “unas vacaciones más”…

…Creo que las Islas Canarias no son tan “afortunadas” como dicen que son. Hace mal tiempo, no hay playas, y las pocas que hay son de arena finísima y de agua llena de algas y piedras. El Teide no es tan imponente como parece, ya que esperaba quedarme sin respiración, o que me diese un patatús al subir. Pero nada de nada. Aunque también tengo que decir, que el elemento que me ha ayudado a ver todo tan negro ha sido el aburrimiento. Lo más pasable de todo, sobre todo por la curiosidad, es Lanzarote. Es algo fuera de lo corriente, y por eso es bonito. El resto de las islas no tiene nada raro, no visto”.

¡Mis niños, no os enfadeis!

Que no se me me enfade ningún canario si lee la anterior transcripción del diario. Pensad que es algo que escribió una adolescente que relataba lo que le pareció un lugar que tuvo que visitar acompañada por su madre, en medio de un viaje completamente programado, en el que no se buscaba ninguna experiencia interesante fuera de lo que incluía la oferta turística del momento… Años faltaban para que el mundo de los viajes diese un vuelco hacia el interés por la improvisación y el descubrimiento, y que se adaptase a los intereses de cada edad y cada momento, tal y como ocurre en la actualidad.

Sin embargo, y a pesar de esa horrible descripción que hice en 1983, existen pocos lugares que he ido a visitar por segunda vez de forma voluntaria, y las Islas Canarias es uno de ellos. Ese mal sabor de boca que me dejó ese viaje de mi adolescencia no me impidió volver a elegir Canarias como el destino de unas vacaciones familiares en el año 2001. En esa segunda ocasión el viaje ya fue por libre, y nos permitió descubrir rincones encantadores, curiosidades y gastronomía más allá de donde te llevan las rutas turísticas. ¿Alguien ha degustado un queso majorero asado en papillote acompañado a un cabrito asado, en algún restaurante de la villa de Betancuria? ¡Noooo! ¡Ya estás tardando!

De nuevo en las Islas Canarias

En este segundo viaje a las Islas Canarias el objetivo fue diferente del de mi primer viaje. No solo ya había volado en avión en bastantes más ocasiones que en 1983, sino que había pasado de ser una adolescente petarda, a una mujer casada, madre de dos niñas de seis y tres años. 

Islas Canarias en familia
La familia al completo a los pies del Teide

Dado que ya conocía Lanzarote, elegí incluir Fuerteventura en el destino. Y volví a optar por Gran Canaria y Tenerife en la nueva apuesta, con la idea de poder visitar muchos de los lugares que me había perdido en el 83. El resultado fue un viaje completamente distinto, que nos permitió disfrutar tanto de rincones encantadores, como aprender y descubrir algo más a fondo la verdadera esencia de las Islas Canarias y de sus gentes.

El viaje también lo dividimos en tres etapas. La primera nos llevó a Fuerteventura, concretamente al Hotel Melia Sotavento en Jandia, desde donde partimos a los diferentes recorridos por la isla, y que nos permitió descubrir el porqué Fuerteventura está considerada un auténtico paraíso para el windsurf.

La segunda etapa de ese viaje fue la Isla de Gran Canaria. En esta ocasión, preferí instalarme en el sur, dejando atrás la capital, con la finalidad de recorrer esa parte de la isla y disfrutar del sol, la arena fina y las vistas al océano que nos regalaron las Dunas de Maspalomas.

Y finalmente, pusimos rumbo aéreo hacia un resort en la playa de los Cristianos, también en el sur de la Isla de Tenerife, desde donde hicimos diferentes salidas, entre las que incluí el Parque Nacional del Teide y el Valle de la Orotava.

¡Póngame otro pisco de Canarias!

Y hasta aquí mis recuerdos canariones, conejeros, chicharreros y majoreros… Ahora, que ya he pasado de la sesentena, creo firmemente que “no hay dos sin tres”, por lo que tengo pendiente un tercer viaje a las Islas Canarias, que estoy segura me va a llevar a descubrir por completo, y de una vez por todas, esa joya atlántica. ¿Cuándo? De momento, estoy en proceso de ir elaborando una larga lista de pendientes… ¿Qué lugares me recomiendas que no deje de incluir?

Para saber más:
Hola Islas Canarias

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