Hablar del Park Güell es hablar de Barcelona. ¿Qué hubiese sido de esa parte de la ciudad si Gaudí no hubiese dejado su huella también allí? Siempre me pregunto cómo sería la Barcelona de hoy si Gaudí hubiese elegido otra ciudad como bandera de su obra. Sí, ya sé que muchos afirmarán que sin Gaudí Barcelona sería una ciudad sin masificaciones turísticas. Y yo añadiría, que esa parte del Turó del Carmel seria una zona repleta de casas y edificios, urbanizada sin orden ni concierto, tal y como se puede ver en las zonas aledañas que la rodean.
Si algo tiene el Park Güell es que evitó la sobreconstrucción de la zona, como sí que ocurrió en el Carmel y el Coll. Y, además, los pocos elementos arquitectónicos que se construyeron quedaron perfectamente integrados en el paisaje, algo que Gaudí cuidó especialmente. De ahí que, actualmente, ese parque de Barcelona sea una fantástica muestra de naturaleza y plantas mediterráneas, con esa pincelada exótica que le dan las palmeras -tan de moda en la época en que se plantaron-. El resultado de la gran imaginación y el amor por la naturaleza de Gaudí, así como el ingenio de Josep Maria Jujol, al llevar el proyecto a la práctica.
¿Por qué y cuándo nacieron las ciudades-jardín?
La idea de la construcción de una “ciudad-jardín” fue de Ebenezer Howard, un urbanista británico, quien en 1898 concibió la planificación de nuevas ciudades, pequeñas y autosuficientes, donde sus habitantes pudiesen estar rodeados de amplias zonas verdes. Una manera de luchar contra el hacinamiento y la insalubridad de las grandes ciudades industriales de la Inglaterra de finales del XIX. Su libro “To-morrow: A peaceful path to real reform” ayudó a difundirla.
Esas ideas dieron origen al llamado Garden City Movement, desde donde se promovía la planificación urbanística de áreas residenciales autosuficientes, ubicadas en los alrededores de una ciudad en proceso de crecimiento, y todas ellas separadas por cinturones verdes.
La teoría de Howard se acabó haciendo realidad en 1903, con la urbanización de Letchworth Garden City, en el condado de Hertfordshire, situado a 56 kilómetros de Londres.
Un proyecto de Güell, en el que Gaudí se puso manos a la obra
El Park Güell ha quedado en la historia como el fracaso de un proyecto muy ambicioso, a la vez que disruptivo e innovador. Traer a Barcelona, a principios del siglo XX, una idea que todavía estaba en fase de implementación en el Reino Unido fue todo un prodigio. ¡Lástima que los ricos de la época no acabasen de verlo!…
En 1899, Eusebi Güell adquirió dos fincas contiguas en el Turó del Carmel (esa zona que popularmente conocemos en Barcelona como la Muntanya Pelada). Su objetivo, encargar a Gaudí la construcción de una de esas ciudades-jardin que había teorizado Howard.


El proyecto que tenía que ser
El proyecto inicial incluía la construcción de sesenta casas individuales, distribuidas a lo largo y ancho de todo el espacio que ocupaban los dos terrenos. Todas ellas rodeadas de zonas ajardinadas, además de poder contar con el añadido de disfrutar de vistas panorámicas sobre Barcelona. Y, dado que se trataba de un lugar aislado del centro de la ciudad, estaba previsto que contase con espacios de uso común y servicios, como un mercado cubierto en el espacio de hoy conocemos como la Sala Hipóstila. ¿Alguien se imagina cómo habría sido entrar en un mercado municipal en un lugar tan mágico?
El término “sala hipóstila” proviene etimológicamente del griego. Está compuesta por la palabra hypó (que significa “debajo”), y por la palabra stylos (que significa “columna”). De ahí que se refiera a un recinto bajo cubierto, sostenido por columnas o pilares.
El proyecto que acabó siendo
Entre 1900 y 1914, Güell y Gaudí trabajaron en construir ese parque que habían concebido juntos. No obstante, a pesar de ser una idea tan original, el proyecto acabó fracasando desde el punto de vista comercial, ya que solo se llegaron a construir dos casas.
Dicen que entre Eusebi Güell y Antoni Gaudí se estableció una relación de amistad en la que el dinero nunca fue tema de conversación. De ahí que los proyectos que desarrollaron juntos siempre gozaron de plena libertad para llevarse a la práctica. En el caso del Park Güell, a pesar del fracaso, es todo un testimonio de la capacidad que tenía Gaudí en encontrar soluciones sorprendentes a cualquier problema, tanto desde el punto de vista racional, como del creativo.
¿Por qué fracasó un proyecto tan magnífico?
Seguramente porque, como ya he dicho anteriormente, fue una idea demasiado innovadora y avanzada para su tiempo. Con el añadido de que los ricos de aquella época, es decir, la burguesía que era el nicho de mercado al que iba dirigido el proyecto, hacía muy poco que se habían instalado en sus nuevas casas del passeig de Gràcia y el nuevo Eixample, lugares que le permitían lucir públicamente su riqueza sin tener que salir de la ciudad. ¡En aquella época, todavía no había llegado a Barcelona el boom de querer tener una casa con vistas panorámicas, ni vivir en un penthouse!
El proyecto se mantuvo en marcha durante catorce años hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial, cuando ya fue imposible su continuidad. Eusebi Güell falleció el 8 de julio de 1918, y sus herederos le ofrecieron a l’Ajuntament de Barcelona la posibilidad de adquirir la propiedad del Park Güell, adquisición que se acabó aprobando en el pleno municipal del 26 de mayo de 1922. Cuatro años más tarde, el 26 de abril de 1926, el parque se abrió oficialmente al público.
El macro proyecto finalizó con dos casas y una zona monumental
Poco se pensó Gaudí que las obras a medio acabar del Park Güell acabarían siendo Patrimonio de la Humanidad. La cuestión es que, en aquel momento, el objetivo que era la venta de las casas proyectadas no se cumplió. Solo se vendieron dos parcelas y se construyeron dos casas, que se sumaron a una masía señorial que ya existia. Tres casas que, en la actualidad, forman parte del conjunto del parque.
La casa Larrard
La masía, que ya existía antes de iniciarse las obras del Park Güell, formaba parte de la antigua finca de Can Muntaner de Dalt, propiedad de la familia Larrard. Esta masía fue la que eligió Eusebi Güell para que Gaudí la transformase en su vivienda familiar. En 1906, Güell se instaló junto a su familia y residió allí hasta su fallecimiento.
Desde 1931, cuando el parque se convirtió en un espacio abierto al público, en la casa Larrard está allí la Escola Pública Baldiri Reixac.
¿Quién era la familia Larrard? La familia Larrard fue una importante estirpe de comerciantes dedicados al trigo y a la viña, así como al comercio de vinos y pesca durante los siglos XVIII y XIX. Fueron propietarios del Palau Sessa-Larrard, en el carrer Ample de Barcelona, y de la finca en la muntanya Pelada, que en 1899 vendieron a Güell. Una de las calles que comienzan frente al Park Güell lleva el nombre de Antoni Alexandre de Larrard i Juez-Sarmiento, heredero de Pere Alexandre de Larrard, segunda y tercera generación de dicha familia.
La casa Trias
Marti Trías i Domènech, abogado de la familia Güell y amigo de Antoni Gaudí fue quien compró una de las dos únicas parcelas que se vendieron. La construcción de la casa, que en la actualidad continua siendo una residencia privada propiedad de la familia Trías, se la encargó a Juli Batllevell i Arús, uno de los principales arquitectos modernistas de Sabadell. ¿Y por qué a un sabadellenc? Por un lado, porque ambos eran hijos de Sabadell. Y por el otro, porque habían sido compañeros de bachillerato.
El propio Güell, posteriormente, encargaría a Batllevell la construcción del cuartel de la Guardia Civil que mandó construir en la avinguda de Sant Josep de la Muntanya, y que actualmente es donde está la polémica “Kasa de la Muntanya”.
La casa-museu Gaudí
La segunda casa que se construyó en el Park Güell fue una casa-muestra de las del proyecto. En ella residió el propio Gaudí entre 1906 y 1925, cuando la dejó para instalarse en el obrador que había en el interior de la Sagrada Familia. Dicen que durante el tiempo que vivió en la muntanya Pelada bajaba cada día caminando desde allí hasta sus obras en el centro de la ciudad. La construcción de esa casa la dirigió Francesc Berenguer, uno de los discípulos preferidos de Gaudí, bajo la supervisión de su maestro.
Tras el fallecimiento de Gaudí en 1926 la casa se puso en venta y, a finales de ese mismo año, la adquirió el matrimonio de comerciantes italianos (constructores de pianos) formado por Francesco Chiappo Arietti y Josefina Sala Barcucchi, que se instalaron inmediatamente a vivir allí. Por expreso deseo de Gaudí, el importe de la venta se entregó a la junta constructora de la Sagrada Familia, para que pudiesen proseguir con las obras.
En 1960, tras el fallecimiento de Josefina, la casa pasó a manos de la Associació Amics de Gaudí, quien promovió la apertura de la casa-museo. Un espacio en donde se conservan algunos objetos que pertenecieron a Gaudí, como su cama y el reclinatorio en donde rezaba, así como diferentes muebles que diseñó para la Casa Calvet, la Casa Batlló o el Palau Güell, además de planos, maquetas, documentos originales.








Una zona monumental, que desde 2013 es de pago
El Park Güell es una extensión de terreno situado en la vertiente meridional del Turó del Carmel, que está en el Barri de la Salut, uno de los seis barrios del districte de Gràcia. Tiene una extensión total de unas 20 hectáreas, de las que 12 las ocupa la parque monumental. El resto es zona forestal, formada por áreas naturales y senderos, de libre acceso tanto para personas como para mascotas.
Curiosamente, aunque el Park Güell forma parte de “la zona alta de la ciudad”, poco tiene que ver con el significado que esa expresión lleva implícita, de ser un lugar lujoso y exclusivo… Aunque lo pudo haber sido.
¿Sabes que en el barri de la Salut nacieron Dolors Aleu i Riera en 1857 (primera mujer en conseguir el título de licenciada en Medicina del estado español), y Pompeu Fabra i Poch en 1868 (creador de la normativa moderna de la llengua catalana)?
Dentro de los diferentes espacios que integran el parque, la parte más popular es la llamada “Zona Monumental”, además de ser la zona internacionalmente conocida. Alli están els pavellons de la porteria, l’escalinata del drac (con 45 escalones y la salamandra de trencadís), la sala hipóstila, el teatre grec o plaça de la natura, el pòrtic de la bugadera, els jardins d’Aústria y els viaductes de dalt, del mig y de baix. Aunque el parque fue de acceso libre y gratuito durante muchos años, a causa de la masificación de visitantes, desde 2013 se instauró una entrada de pago para visitar la zona monumental.
Todo un prodigio del genio gaudiniano, que no solo te permite sortear los desniveles del terreno casi sin notarlo, sino que te sorprenderé como todos los elementos arquitectónicos construidos se integran completamente con la naturaleza del entorno.




Tres conceptos de los que Gaudí dejó muestra en el Park Güell
Tal y como ocurre con la mayoría de la obra de Gaudí siempre hay que ir un poco más allá de la simple imagen que vemos. Hay que buscar el simbolismo y el mensaje que siempre plasmó en sus obras. Y el Park Güell no es una excepción.
La total integración entre naturaleza y arquitectura
Evidentemente parece absurdo hablar de la preservación de la naturaleza cuando estamos hablando de un parque, pero en el caso del Park Güell es todo un ejemplo del respeto que Gaudí sentía por ella. Como dijo: “El gran llibre, sempre obert i que cal fer l’esforç de llegir, és el de la natura”.
Y ese respeto lo vemos, por un lado, a través de las plantas y los árboles que hay en el parque, entre los que destacan especies mediterráneas que se eligieron para que se adaptasen perfectamente al terreno. Y por el otro, en el diseño de las construcciones que marcan el trazado de los caminos que recorren el parque, en donde no encontrarás ninguna linea recta, sino formas geométricas curvas que representan palmeras, estalactitas, ríos de lava y cuevas, que se confunden con el propio paisaje.


Pinceladas de su fe y la espiritualidad religiosa
Haciendo referencia a la fe católica de Gaudí hay dos elementos del Park Güell que dejan constancia plástica de la misma.
El primero es el camino que resigue la propia inclinación del terreno y que lleva hasta el Turó de les Tres Creus, un monumento dedicado al Calvario, que marcó el lugar en donde originalmente había que haber construido la iglesia de la ciudad-jardín, pero que no se llevó a la práctica.
Otro elemento puramente religioso son las grandes bolas de piedra que delimitan a ambos lados uno de los viaductos, como si de cuencas gigantes de un rosario se tratase. De hecho, ese viaducto se conoce como el Viaducte del Rosari.



Un tanto de identidad catalana
Y, por supuesto, no podía faltar la representación de la identidad catalana, a la que Gaudí solía acudir recurrentemente, dado que era su “razón de ser”, por mucho que ahora intenten diluirla.
Un ejemplo es la presencia de una senyera catalana, perfectamente integrada en la decoración de la escalinata de la entrada principal, rodeando la imagen de dragón que emerge de la misma. Un detalle con doble simbolismo. Uno por las raíces catalanas de Gaudí. El otro por la presencia del dragón que aparece en la leyenda de Sant Jordi, patrón de Catalunya.
También se identifican esas pinceladas de identidad catalana en el diseño del muro perimetral, de piedra rústica, y de las puertas de forja que recuerdan la tradición artesanal gremial medieval. Respecto al diseño del perfil del muro (rematado con perfiles y medallones de trencadís), hay opiniones que suelen relacionarlo con el diseño de los cascos de las naves de los fenicios, comerciantes y navegantes mediterráneos con una cultura muy parecida a la de los navegantes catalanes medievales.



Hänsel, Gretel, la bruja y Engelbert Humperdinck
Y, por supuesto, un simbolismo del que siempre se ha hablado es el de la representación del cuento de Hänsel y Gretel en el diseño de los dos pabellones de la entrada. El de la derecha, conocido como la Casa del Guarda, está coronado con una amanita muscaria (hongo venenoso y con propiedades psicotrópicas), lo que le otorga el honor de ser considerado “la casa de la bruja”. Mientras que el de la izquierda, con una decoración alegre y colorida, representa “la casa de los dos hermanos”.
¿Por qué siempre se ha considerado que Gaudí se inspiró en el cuento de los hermanos Grimm para el diseño de los pabellones? Resulta que el 27 de enero de 1901, en el Gran Teatre del Liceu se estrenó la ópera Hänsel und Gretel de Engelbert Humperdinck, basada en el libreto de su hermana Adelheid Wette. Por lo que esa coincidencia en el tiempo con el inicio de las obras del Park Güell, siempre ha hecho que se estableciese un posible paralelismo.



¿Sabías qué en el Park Güell…?
La sala hipóstila, a pesar de que se conozca como la sala de las cien columnas, solo tiene ochenta y seis. Que son columnas de estilo dórico. Que recuerdan a las estalagmitas. Y que todas ellas están huecas por dentro para permitir el drenaje del agua de lluvia que recogen de la plaza superior.
La plaça de la Natura, también conocida como Teatre Grec, tiene forma oval. ¡Cómo el despacho de la Casa Blanca!.
El drac, o mejor dicho la salamandra, tiene preparada la boca para que por ella puedan evacuarse el agua acumulada en el depósito que hay bajo la sala hipóstila.
Un asiento con forma de serpiente
Los asientos que bordean la plaça de la natura están diseñados de manera que la silueta del cuerpo de las personas que se puedan sentar en ellos se adapte perfectamente a su forma, para de esa manera facilitarles el descanso. Además, el banco en conjunto suele ser comparado con una serpiente gigantesca tumbada al sol. Y entre las piezas del trencadís que lo decoran hay restos de platos rotos y de muñecas de porcelana.
Las obras del Park Güell sirvieron para que Gaudí experimentase en el campo de la ergonomía, una ciencia a la que todavía le quedaban algunas décadas para popularizarse. De esa manera estudió la adaptación de las formas y las posiciones de los objetos a la anatomía del cuerpo humano.
El Viaducte del Rosari se urbanizó sobre una antigua vía romana que conducía de Barcelona hacia Sant Cugat del Vallès.
La reja de la entrada principal al Park Güell es la que Gaudí diseñó, inicialmente, para la Casa Vicens, la primera casa que construyó en Barcelona.








Misticismo cavernario
Al inicio de las obras para preparar el terreno se descubrieron diferentes cuevas naturales y cavidades subterráneas, algunas de ellas con fósiles de épocas muy remotas, que requirieron la intervención del geólogo Norbert Font i Sagué. Unos descubrimientos que otorgaron un cierto aire de misticismo al lugar, y que inspiraron a Gaudí para decidir la construcción de la gran cisterna subterránea que hay bajo la Sala Hipóstila, así como que el diseño de la estética del monumento del “Calvario” recordase estructuras megalíticas.
Y, por último, el nombre original de Park Güell se escribe con K (PARK), en lugar de con C (PARC, como sería en catalán), ya que tanto Güell como Gaudí quisieron dejar constancia de que su diseño estaba inspirado en las ciudades-jardin ideadas por Howard.



Reconocimientos del Park Güell
El Park Güell cuenta con diferentes reconocimientos oficiales tanto a nivel estatal como internacional.
En 1969, el estado franquista lo declaró Monumento Histórico-Artístico Nacional, por su singularidad artística y arquitectónica. En 1984, La UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad, por el valor cultural y natural que tiene el parque.
El parque está incluido en l’Inventari del Patrimoni Arquitectònic (Invarquit) de la Generalitat de Catalunya, y está declarado Bé Cultural d’Interés Nacional, como estructura protegida por su relevancia arquitectónica, técnica y artística.
Tiene estatus de parque público de Barcelona, de museo (Casa-Museu Gaudí) y está incluido dentro del itinerario de la ruta modernista de Barcelona. Y, uno de sus elementos más icónicos, la escultura de la salamandra de trencadís, identifica internacionalmente a Gaudí, al modernismo y a Barcelona.
Tres lugares que me recuerdan al Park Güell
Puede que sea una impresión personal, pero hay tres lugares en diferentes partes del mundo que guardan cierto paralelismo con el diseño del Park Güell o alguno de sus elementos más emblemáticos. Dos de ellos los he visitado en persona. El tercero, lamentablemente no, a pesar de que hace años estuve en la ciudad en la que se encuentra.
Els Jardins Artigas
Situados muy cerca de la Pobla de Lillet, en la comarca de l’Alt Berguedà, su diseño fue un regalo que Gaudí quiso hacer a la Familia Artigas, propietaria de dichos jardines, como agradecimiento a la hospitalidad que le dispensaron durante su estancia en su casa para la construcción del Xalet de Catllarás.


Los bancos exteriores del General Gran National Memorial
Tal y como incluí en el post que escribí sobre lugares de Nueva York que no parecen Nueva York, expliqué el descubrimiento de la obra que el artista chileno Pedro Silva realizó en NYC, en 1973, después de una visita inspiradora a Barcelona. Unos bancos de trencadís que recuerdan muy mucho el banco que Josep Maria Jujol diseñó para la plaça de la Natura del Park Güell.


Los jardines de la Tropical
Estos jardines de la Habana los construyeron en 1904 los maestros de obra catalanes Ramon Magriñà y Jaume Cruanyes, por encargo de la familia Herrera que eran propietarios de los terrenos. Los Herrera eran de origen catalán, e hicieron fortuna en Cuba, primero con la industria del hielo, y después con una cervecería muy popular, conocida como La Tropical.
El motivo de la creación de estos jardines de “estilo catalán” tenía como objetivo impulsar sus negocios, propósito que parece ser consiguieron.
Para saber más: Herència del jardí modernista a Cuba. Els Jardins de La Tropical.
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La reproducción del Drac del Park Güell






