YO FUI AL COLEGIO NACIONAL REPÚBLICA ARGENTINA

“Entonces Toni le entregó la cometa. -¡Qué bonito!, dijo la niña. ¿Qué es? –Es una cometa, dijo Mina. La niña marciana repitió el nombre. –Cometa. ¿Para qué sirven las cometas? ¿Para comer? –No. Las cometas sirven para jugar. Cuando hace viento, vuelan muy altas. Toni dijo: -Es muy bonito ver cómo se mueven las cintas de colores. La niña marciana dijo: -¡Qué bien! En Marte muchas veces sopla un viento muy fuerte…” Fernando Alonso. Senda 1. EGB Educación Santilla. Madrid, 1971.

Este fin de semana he vuelto a pisar el colegio por primera vez desde junio de 1979, cuando acabé 8º de EGB. Ha sido una sensación extraña ya que todo está muy cambiado, pero lo que me ha hecho regresar al pasado ha sido elevar la vista por el hueco de la escalera y volver a ver el acceso al mítico e inaccesible torreón… Hace tiempo que venía dándole vueltas a escribir este post, pero la falta de información objetiva y de fotografías interesantes han hecho que tarde bastante en decidirme. Pero finalmente, aquí está.

A punto de cumplir los cincuenta años, yo también fui una de aquellas niñas de los setenta que fue a EGB, y digo niñas, porque en aquella época los colegios estaban segregados por sexos, algo así como la “escuela diferenciada” de hoy en día. Concretamente asistía a un colegio que (en nuestra imaginación) había sido un castillo de fantasmas -de los de sábana blanca- para las más aventureras, o un castillo de princesas para las más cursis. Todavía recuerdo la cara que pusimos cuando unas compañeras nos explicaron que habían subido al torreón, sin que lo supiesen las profesoras, y habían descubierto un baúl lleno de vestidos de baile con tules y brillantes. Yo era de las segundas, de las que imaginaban princesas luciendo amplios vestidos tipo Sissí mientras se paseaban por las diferentes estancias, aunque también tengo que confesar el pavor que sentía ante una puerta enrejada que había en el sótano (que nunca supimos a dónde conducía), junto a la que pasaba “pies para que os quiero”, tanto a la salida como al regreso del recreo.

El torreón de nuestro castillo

El torreón de “nuestro” castillo

Pasé allí toda la década de los 70, de septiembre de 1970 hasta junio de 1979, en horario partido de mañana y tarde, ya que por aquel entones no era normal quedarse a comer en el colegio si vivías a un tiro de piedra de él. La inexistencia de teléfonos móviles, tabletas u otros artilugios electrónicos hace que guarde muy pocas imágenes de aquellos años, y como se trataba de una escuela pública de barrio, tampoco dispongo de las típicas fotografías de grupo que acostumbraban a tomarse de las alumnas junto a su “señorita”, al comienzo de cada nuevo curso escolar.

Con relación al edificio que albergaba el colegio, tampoco existe demasiada información para consultar. Situado en el número 298 de la calle Balmes, parece ser que ya existía cuando comenzó el proceso de edificación de la zona una vez acabada la prolongación de la calle a principios de los años 30, entre la avenida Diagonal y la avenida del Tibidabo. Por lo tanto, por lo que he podido deducir, la construcción del edificio-castillo, de estilo eclíptico-modernista, la sitúan entre finales del siglo XIX y principios del XX como torre de veraneo, dado que esa zona de Barcelona era uno de los lugares habituales de descanso estival. Según consta en el Pat.map de la Generalitat de Catalunya, fue propiedad de los marqueses de Sant Julià, aunque no he encontrado ninguna información sobre ese marquesado que permita añadir mucho más.

La calle Balmes antes de su urbanización (Foto: autor desconocido)

La calle Balmes antes de su urbanización (Foto: autor desconocido)

Respecto a los orígenes del colegio, debemos remontarnos al 20 de diciembre de 1939, cuando el Ayuntamiento alquiló el edificio con la intención de destinarlo a equipamientos municipales de carácter escolar, que daría lugar a la inauguración del Colegio Nacional República Argentina el 12 de octubre de 1941. Tampoco he encontrado ningún argumento sobre el porqué del nombre, pero si partimos de la base en que la República Argentina fue uno de los diez países latinoamericanos que reconoció la legitimidad del gobierno franquista antes del final de la Guerra Civil, el 26 de febrero de 1939, creo que podemos suponer una respuesta. [Nota: El colegio público para niños del barrio se llamaba Colegio Nacional Uruguay, país que también reconoció al nuevo régimen el 17 de febrero del 1939, antes incluso que lo hiciese Argentina]. En una ocasión -como me explica una de las compañeras de clase que conserva muy viva la memoria de aquellos años-, vino a visitarnos el cónsul de la Argentina para participar en una conferencia sobre el General San Martín, y nos regalaron una bolsa de chocolatinas con arroz inflado (algo muy innovador para la época) a cada una de las alumnas para celebrarlo.

Con el paso de los años, aunque el nivel de la enseñanza y el colegio en sí “no era nada del otro jueves”, acabó convirtiéndose en la escuela pública femenina de referencia de la zona, ya que disponía de casi el 75% del total de plazas escolares con que contaba el barrio de Sant Gervasi. Eso daría pie a que en 1976, tanto la escuela como su entorno fuesen noticia en la prensa barcelonesa debido a un conflicto reivindicativo, que ahora os explicaré.

Sin que padres ni alumnos hubiesen tenido comunicación previa por parte de la dirección del centro, tras un largo litigo entre el Ayuntamiento y los propietarios del edificio (por aquel entonces Maria Mercadal Fuxá, Josefina Juliá Vilar y los hermanos Camilo José, Isabel y Mª del Carmen de Juliá Baccardi), en febrero de 1976 llegó una orden de desahucio que obligaba a cerrar el colegio de manera inmediata, dejando a todas las escolares en la calle. Fue entonces cuando se supo que el conflicto había comenzado en 1973 –aunque se había intentado mantener en secreto- cuando los propietarios, alegando que el arrendatario había realizado obras sin su permiso, intentaron recuperar el edificio judicialmente con la finalidad de demolerlo y vender los terrenos a una inmobiliaria para la construcción de pisos de lujo. Vale la pena recordar que en aquella época gobernaba la ciudad “el alcalde más impopular desde los tiempos de la República”, es decir Joaquín Viola Sauret cuyo mandato se caracterizó por ser uno de los más breves (nombrado el 18 de septiembre de 1975 y destituido en diciembre de 1976) y convulsos de la historia de Barcelona, debido al continuo pulso que mantuvo con las asociaciones vecinales.

Ante tal panorama, en el mes de junio, los padres y la asociación de vecinos iniciaron un encierro en el centro para conseguir que el Ayuntamiento diese una solución al problema, cosa que no había hecho hasta el momento. Una reivindicación firme pero pacífica, que llegaría a ser muy mediática y que, finalmente, daría sus frutos el 6 de agosto de 1976 cuando se consiguió que el Ministerio de Educación dictase una orden de expropiación forzosa, lo que consiguió salvar el edificio y el colegio que albergaba. Fueron días de reivindicación y tensión, pero que para la mayoría de nosotras han quedado grabados entre los buenos recuerdos de infancia ya que, a pesar de lo dramático de la situación, las niñas lo vivimos como una especie de aventura que nos permitía jugar en el patio de la escuela fuera del horario lectivo, y a dormir las noches de los fines de semana en las colchonetas del gimnasio que habían colocado en las dependencias de la planta baja.

El colegio durante la "encerrona". (Foto: Manel Armengol)

El colegio durante la “encerrona”. (Foto: Manel Armengol)

Folletos editados durante la "encerrona"

Folletos editados durante la “encerrona”

Aunque como he comentado no existen demasiadas imágenes de aquella época, sí que conservamos diferentes recortes de prensa y octavillas que se imprimieron, y que hoy en día ya son casi piezas de museo. Fue un punto de inflexión en la historia de un colegio de Barcelona, que aunque no formaba parte de la élite de los centros educativos de la ciudad, tuvo el enorme privilegio de entrar a formar parte de su historia reivindicativa, por lo que siempre me sentiré orgullosa de haber formado parte de él, y de que todavía se mantenga en pie como recuerdo al esfuerzo que llevó a cabo un grupo de barceloneses en aquellos años de transición. Por cierto, durante mi visita a la escuela, pude ver que tienen enmarcada una carta que el pintor Antoni Tàpies, vecino de la zona, envió al colegio solidarizándose con la protesta.

Carta manuscrita de Antoni Tàpies

Manuscrito de Antoni Tàpies dirigido al colegio

Si pasáis por la calle Balmes, justo enfrente del cruce con la calle Sant Elies, podréis ver el “castillo” del que os estoy hablando. Unos años después de que mi generación finalizase la EGB y dejásemos el centro, cerraron el edificio durante un periodo de seis años y las clases se trasladaron a un local de la calle Iradier, hasta que tras finalizar las obras de mejora y ampliación, volvieron a abrirlo en 1987 y la actividad académica regresó a su ubicación original. Tras el inicio de la transición democrática el nombre del colegio cambió el término “nacional” por el de “público” y empezó a denominarse Col•legi Públic República Argentina, que actualmente ha transformado en Escola Poeta Foix en homenaje al escritor de Sarrià.

La escuela en la actualidad

La escuela en la actualidad

El edificio continúa manteniendo su aspecto de castillo, a pesar de las obras de ampliación que se hicieron y que supusieron que quedase franqueado por dos edificios de cemento, sin ningún tipo de decoración exterior; un estilo de reforma muy de moda en aquellos años pero cuyo resultado, personalmente, nunca me ha llegado a gustar. Conserva la balconada de hierro forjado, los ventanales de medio punto del segundo piso, las dos galerías cubiertas del último piso, los pináculos y el gran torreón central. Del patio y de la pista de baloncesto (cuya construcción dio tantos dolores de cabeza a las familias de las alumnas allá por 1976), no queda ni rastro. Lo que sí que seguro que todavía se conserva, aunque escondido entre los cimientos de las nuevas edificaciones, es la huella de muchas horas de juegos infantiles de las antiguas alumnas, entre los que no puedo dejar de mencionar: arrancar la cebolla, saltar al cavall fort, batear al pichi, cambiar cromos de Fans, comentar el último episodio de Starsky & Hutch o leer la última historieta de Esther y su mundo en la edición semanal del Lily, mientras nos comíamos un Bony, un Tigretón o un caramelo Kojak.

Este post se lo dedico a aquellos padres y madres que en 1976 no dudaron un momento en plantar cara a la especulación de unos pocos, para reivindicar una ciudad donde lo primero fuesen las personas. Un recuerdo para Doña Carmen, la Srta. Conchita, la Srta. Chenti, la Srta. Cati, la Srta. Jovita, la Srta. Roser, la Srta. María, la Srta. Josefina, la Srta. Elena y todas aquellas otras profesoras que formaron parte de esa etapa de nuestra vida, en la que cada mes de mayo íbamos juntas a la capilla “con flores a María“.

Nota: El edificio está incluido en el Catàleg de Patrimoni Arquitectònic de Barcelona, como un BIU (Béns d’Interès Urbanístic) de nivel C, lo que garantiza que no puede ser demolido.

Para saber más:
Llista de monuments de Sarrià-Sant Gervasi
1981 J. Vicens Foix. Escuela pública de primaria (CEIP)
Yo fui al Colegio Nacional República Argentina
Escola Poeta Foix

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6 Comentarios

  • eNRI dice:

    Me ha encantado el artículo. Llegué a él casi por casualidad y me ha traído muy buenos recuerdos: yo también fuí una de las niñas que jugaba a pichi en el patio, hacía excursiones a la zona prohibída del torreón y saludaba todas las mañanas a nuestra directora, la Sra Carmen. Por supuesto, también viví el encierro cuando querían demoler el edificio. Para mí fué una época entrañable que guardo con gran cariño,

    • BCNenHorasdeOficina dice:

      Hola Enri. Yo soy del grupo de las del 65. Buscando por internet nunca encontraba información sobre el colegio, y me pareció muy interesante recopilar algunos datos y compartirlos. Aprovechando que hubo una jornada de puertas abiertas, me fui al colegio para volverlo a recorrer y tomar las imágenes. La verdad es que el corazón del edificio sigue siendo el mismo que recordamos. Gracias por tu comentario y me alegro muchísimo que te haya servido para regresar a los años de niñez. Un saludo.

      • Enri dice:

        Qué bueno, después de tantos años. Yo soy del 64 así que, fijo, coincidimos en el cole. Hace unos años conoci a dos hermanas que debían ir a tu clase, te suenan las Escutia????
        Por cierto, a ver si me entero de cuando son las puertas abiertas y me paso.
        Un abrazo

        • BCNenHorasdeOficina dice:

          ¡Sí, por supuesto! Mónica Escutia iba a mi clase. Si tienes cuenta en facebook, hace un tiempo creé el grupo: “Yo fuí al colegio nacional República Argentina”. Mirátelo que ya somos unos 80 miembros, y seguro que encuentras a alguien conocido. Un abrazo.

  • Noemí Gener dice:

    ¡Hola!
    Qué maravilla de post, me ha encantado (aunque me ha hecho sentir muy mayor). Recuerdo muy bien a la Srta. Conchita y a la Srta. Roser. Soy del 73, y una de las que fue trasladada a la calle Iradier. Solo un apunte, no era “un local” era otro castillo, como el de Balmes. Modernista y también precioso.
    Tengo muchas fotos de Balmes por si te interesan.
    Gracias por publicar parte de nuestra historia.
    Un saludo.

    • BCNenHorasdeOficina dice:

      Hola Noemí.
      Gracias por tu comentario. Si tienes alguna fotografía antigua de la calle Balmes estaría encantada de poder publicarla en tu nombre. Siempre es interesante recuperar el pasado.
      Un abrazo y feliz año.

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