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EGIPTO Y LAS LEYENDAS QUE LA ARENA NO SEPULTÓ

Este próximo mes de agosto se cumplirán 21 años de mi viaje a Egipto. Un viaje con el que había soñado desde que leí la novela de Agatha Christie que se desarrolla en ese país y que, desde hacía muchos años, siempre había tenido la esperanza de que llegaría. Y ese día llegó.

El año 2005 no empezó cómo yo esperaba, y lo que menos me pensaba en el mes de enero es que seis meses después mi vida daría un giro de 180, que cambiaría la trayectoria profesional que había empezado veinte años atrás, y que ya nunca volvería a ser la misma. Una situación que comportó sentimientos encontrados, pero que fue el empuje que necesitaba para dar un paso definitivo hacia nuevos horizontes.

Y ese cambio trajo de regalo un viaje a un lugar soñado que, además, fue el que marcó ese punto de inflexión entre mi antes y mi después.

Vista hacia la Pirámide de Kefrén y la Esfinge de Guizá

Egipto, un país que hay que visitar sí o sí

Egipto es ese pais que hay que visitar sí o sí. Es ese país que muy poco debes saber de geografía y de historia si nunca te has interesado por conocerlo. Es un país en donde los mitos que carga a sus espaldas no solo no te decepcionan, sino que te sorprenden aun más de lo que pensabas. Un lugar mítico por sus tesoros arqueológicos, por su impresionante Nilo

Ya sea por la fama de sus reyes y faraones (Cleopatra VII, Ramsés II, Tutankamón, Hatshepsut, Nefertiti), por la popularidad de su arqueología y sus monumentos (pirámides, templos, “momias”), por el misterio de su mitología y sus dioses (Ra, Isis, Seth, Anubis, Thot), por su protagonismo en la historia sagrada cristiana (Moisés y los 10 mandamientos), por Hollywood (Tierra de Faraones, Cleopatra, la Momia, Sinué el egipcio) o, por supuesto, por arqueólogos como Howard Carter, periodistas viajeros como Amelia Edwards, escritores como Agatha Christie, Terenci Moix o Naguib Mahfuz, o actores como Omar Sharif, Egipto siempre ha sido un lugar mítico para muchas generaciones. Un país que el Dr. Jones, esa mezcla de profesor-arqueólogo-aventurero que ideó Spielberg, nos acabó fijando en nuestra capa más profunda de la mente.

Egipto, Napoleón y las Pirámides

Una de las anédotas relacionadas con Egipto y sus visitantes tiene a Napoleón Bonaparte como protagonista

Si buscamos en la historia seguro que encontraremos infinidad de personajes famosos que alguna vez fueron de visita a Egipto. Pero es sin duda la que realizó Napoleón Bonaparte la que más huella mítica ha dejado. Especialmente porque no solo fue acompañado por su ejército, sino que llevó hasta un centenar y medio de científicos y estudiosos, cuyos trabajos están considerados como el inicio de la egiptología moderna.

No solo quiso conquistar Egipto, sino que estaba plenamente interesado en profundizar en el conocimiento del país y de poder descifrar los múltiples enigmas que se habían ido creando a lo largo de la historia. Anhelaba que Francia fuese la heredera de la gloria de los faraones, y una manera de conseguirlo era descifrando el misterio que escondían las pirámides en su interior.

Por Jean-Léon Gérôme – Fuente, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=75309705

Explican que en agosto de 1799, Napoleón decidió entrar a solas en la Gran Pirámide de Guiza (la Pirámide de Keops) y quedarse dentro a pasar la noche; una pirámide que le había obsesionado desde que la vio. Al amanecer, Napoleón salió temblando, con la mirada perdida y con el rostro pálido. Uno de sus oficiales le preguntó qué le había ocurrido, y el emperador le respondió: “aunque os lo contara, no me creeríais”.

Nunca en su vida volvió a hablar de ello

Nada contó y nunca en su vida volvió a hablar de ello. Lo único que trascendió es que el emperador había entrado solo al interior, con la única compañía de una lámpara de aceite. Que recorrió diferentes pasadizos, y que llegó a la Cámara del Rey en donde se supone que pasó el resto de la noche, recostado sobre el suelo de piedra. Pero nadie supo cuánto tiempo estuvo dentro, ni lo que le ocurrió en las horas que pasó allí.

La historia que finalmente acabó transmitiéndose, a modo de secreto fascinante, tiene más que ver con la leyenda que con la realidad. Una leyenda que explica que Napoleón tuvo una visión sobre su futuro imperio y sobre la suerte que correría, en la que pudo contemplar su propia muerte… También se dice que descubrió algo tan perturbador que prefirió guardárselo para si mismo… 

¿Leyenda o realidad?

La cuestión es que la escena tenía todos los ingredientes para acabar convirtiéndose en mito, como así fue. Aunque ningún historiador puedo encontrar una prueba para documentar que pasase realmente, los románticos del XIX se encargaron de que la anécdota fuese creciendo, añadiéndole detalles que hiciesen volar la imaginación de los que oían el relato: un emperador todo poderoso, iluminado por la única luz de una lámpara de mano y rodeado por el silencio milenario de las piedras, enfrentándose a los secretos que habían guardado esas paredes durante más de 3000 años…

¿Qué es lo que realmente explica que la profunda fascinación que le inspiraron las pirámides acabase convirtiéndose en una leyenda? La verdad es que todo gran líder necesita rodearse de una aureola de misticismo. Y a Napoleón, Egipto y sus pirámides le ofrecieron en bandeja poder cubrir esa necesidad. Una breve visita del Emperador de Francia al interior de una pirámide pasaría a la historia como la noche más misteriosa de su vida.

A lo largo de su vida nunca la confirmó, ni la desmintió. Y cuando alguien le preguntaba qué es lo que había visto en el interior de la Gran Pirámide, Napoleón se limitaba a sonreir, sabiendo que mantener la incertidumbre del misterio era mucho más útil que desvelar la verdad sin más.

Tres pirámides y mucho misterio

Personalmente, puedo afirmar que ver las Pirámides de Guiza me entusiasmó. Y eso que lo hice después de visitar la de Saqqara, que me había impresionado si puede aún más por lo inesperado de su aspecto escalonado. Keops, Kefrén y Micerinos seguro que no se imaginaron que su vida eterna, en el interior de cada una de sus respectivas pirámides funerarias, serían un auténtico Factor Oh! para las legiones de turistas que acudirían a contemplarlas tres milenios después.

Keops, Kefrén y Micerinos

Hay un dicho árabe que dice que “el tiempo lo resiste todo, pero las pirámides resisten el tiempo”. Después de unos cuantos milenios desde su construcción, las tres pirámides siguen ahí. Y continua sin desvelarse completamente el misterio sobre el verdadero porqué de su origen, o sobre su sofisticado procedimiento de construcción.

Quizás las crónicas de Heródoto (considerado “el padre de la historia” y uno de los primeros “cronistas viajeros” del Egipto Antiguo) son las que aportan cierta luz desmitificadora, como explican los entendidos.

Algunos datos que desmienten el mito creado en Hollywood

Aparte de que estas pirámides las mandaron construir los tres faraones que les dan nombre, explican que los bloques de piedra que se usaron para su construcción se fueron llevando desde las montañas de Libia hasta el Nilo a lo largo de diez años. Unos cien mil hombres trabajaron en su construcción, haciéndolo de manera periódica durante tres meses al año, coincidiendo con la época de las inundaciones que paraliza las labores del campo. En el transporte se usaron rampas, superficies deslizantes, palancas y rodillos para mover más de dos millones de bloques de pieza caliza…

En consecuencia, queda completamente descartada la idea hollywoodense de que las pirámides las construyeron esclavos y trabajadores forzados bajo la amenaza del látigo… Más que obras realizadas bajo la explotación humana, fueron grandes construcciones en las que participaron cuadrillas de trabajo, que se sentían satisfechas de participar en la construcción de unas obras divinas. De hecho, se han encontrado jeroglíficos en algunas de ellas en las que se indica la relación de nombres de los trabajadores que integraron alguna de esas cuadrillas.

Vistas panorámicas de las Pirámides de Guizá desde la piscina del hotel en el que me alojé

Abu Simbel, donde unas estatuas imperturbables te miran fijamente

Y si ver en persona las pirámides de Guizá fue mi primer deseo viajero cumplido tras mi llegada a Egipto, aterrizar en Abu Simbel fue otro sueño hecho realidad… Eso sí, un escenario que no por sorprendente, me dejó algo confundida respecto a la imagen que se me había guardado en el inconsciente.

Los templos hipógeos de Abu Simbel son la creación más gigantesca de un rey que dicen amaba la autopublicidad. Mejor dicho, un rey que quizo asegurarse que, durante los siglos venideros, su memoria quedaría completamente consolidada mediante la construcción de gigantes estatuas con sí mismo. Por ello, hay que agradecer a Ramsés II su esfuerzo por dejar para la posteridad un riquísimo legado de grandes obras arquitectónicas y escultóricas.

El complejo de monumentos de Abu Simbel está formado por dos templos excavados en la roca. El mayor, que tiene las cuatro estatuas colosales de Ramsés II en la fachada exterior, está dedicado a Ra-Horakhti, Ptah y Amón. Dioses que tienen su respectivas estatuas en el santuario interior del templo, junto a una estatua del propio Ramsés II, en su empeño de seguir con la autopublicidad. 

El segundo templo, situado cerca del primero, es de menor tamaño. Y Ramsés II, a quien también podemos ver en la fachada, mandó edificarlo para dedicárselo a Nefertari, su esposa favorita.

El templo del fenómeno solar

Abul Simbel es conocido por dos curiosidades. La primera es relativa al fenómeno solar que experimentaba cada 21 de octubre y 21 de febrero, 61 días antes y 61 días después del solsticio de invierno. El templo se construyó cuidando especialmente su orientación con la finalidad que esos dos días los rayos del sol consiguen penetrar hasta el fondo del templo, en donde está el santuario, e iluminar las estatuas de los dioses, a excepción de la de Ptah, un dios a quien la mitología egipcia sitúa en el inframundo, por lo que siempre es representado entre penumbras.

Monumentos viajeros

La segunda curiosidad de Abu Simbel es que está formado por un conjunto de monumentos viajeros, con un trabajo de ingeniera detrás que siempre me ha fascinado. Resulta que en 1960, cuando se construyó la Gran Presa de Asuán (Aswan), el proyecto de ingeniería ideado por una empresa consiguió que ninguno de los templos fuesen engullidos por las aguas del lago Nasser. Una historia que sorprende cuando te la explican con detalle.

Cortando las diferentes partes de los templos en bloques, trasladándolas con grúas gigantescas y volviéndolas a juntar (a modo de tetris) 200 metros tierra adentro y a una altura de 65 metros por encima de su ubicación original, consiguieron salvarlos de una desaparición segura. Y así, Ramsés II pudo continuar autopublicitándose muchos siglos más, y continuar haciendo las delicias de viajeros, turistas y, más recientemente, instagramers.

¿Y ese traslado influyó en el fenómeno solar inicial? Los expertos opinan que es evidente que sí. Por lo que, su reubicación respecto a la posición solar, hace que el fenómeno haya pasado a producirse el 22 de octubre y el 20 de febrero de cada año.

Aswan, para viajar en el tiempo, pero a la época colonial

Es quizás la ciudad que más ganas tenía de visitar, especialmente mitificada por aparecer en Muerte en el Nilo, ya en el primer capítulo. Desde allí parten la mayoría de cruceros por el Nilo. Y allí está el Old Cataract Hotel, legado de la era colonial británica.

El promotor del Hotel Cataract fue Thomas Cook (sí, el inventor de “los viajes programados”), con la idea de ofrecer un alojamiento de cinco estrellas a los europeos que viajasen a Aswan. Se lo encargó al arquitecto H. Favrger, y se empezó a construir en 1899. Abrió sus puertas el 8 de enero de 1900, como Cataract Hotel, nombre que decidió Cook al estar ubicado en un promontorio sobre la primera catarata del Nilo.

En 1961 se construyó una nueva ala, en forma de torre moderna, a la que se le dio el nombre de New Cataract Hotel, y empezó a funcionar como el ala de negocios. De ahí que el edificio original pasase a llamarse Old Cataract Hotel. Tras la reforma y remodelación del complejo en 2011, el edificio volvió a rebautizarse como the Palace Wing, nombre que acaba de cambiarse por Mandarin Oriental Old Cataract, al pasar a manos de esa cadena hotelera.

Fue un lugar en el que se solían alojar las personalidades más importantes que visitaban la ciudad de Aswan. Pero quien lo convirtió en leyenda fue Agatha Christie en su “Muerte en el Nilo”, al elegirlo como el hotel en el que se hospedan todos los protagonistas de su novela antes de embarcarse para navegar, y donde Hércules Poirot los observa detenidamente durante la cena y el baile anterior al inicio del viaje por el Nilo.

Aswan es la principal ciudad del sur de Egipto que más próxima se encuentra a la frontera con Nubia, por lo que es relativamente fácil desde allí poder profundizar en el conocimiento de esa cultura, su lengua y sus costumbres. De hecho existe un poblado nubio abierto a las visitas turísticas.

Otros lugares de interés son el obelisco inacabado, la presa homónima y el templo de Philae. Un templo, que en mi caso, fue el primero que visité una vez empezamos el crucero por el Nilo.

Los misterios del Nilo

Oficialmente (reconocido por el libro Guiness de los Records) el Nilo es el río más largo del mundo. Recorre el continente africano de sur a norte a lo largo de 6.650 km. No obstante, gracias a los satélites y a las nuevas tecnologías, en la actualidad parece ser que el Amazonas le ha superado en longitud como consecuencia del descubrimiento de unos cuantos kilómetros en su curso alto, que algunos geólogos han sumado a los kilómetros que ya se conocían.

Sea así o sea diferente, lo cierto es que cuando yo era pequeña el Nilo era oficialmente el río más largo del mundo, y es un dato que siempre me ha hecho admirarlo, así como las diversas historias y leyendas que se esconden bajo y junto a sus aguas. Un río cuna de una civilización y, donde el Éxodo nos explica que la madre de Moisés lo abandonó en una canastilla…

Un río que la historia ha llenado de leyendas que todavía lo han hecho más misterioso. Los antiguos egipcios pensaban que nacía en el inframundo, de ahí que en su mitología existiese el dios de las inundaciones, Hapi. Un río cuyo ciclo hidrológico marcaba el calendario del antiguo Egipcio, dividiéndolo en tres fases. Aknet o cuando ocurría la inundación. Peret, cuando la bajada del nivel de las aguas determinaba que había llegado el momento de la siembra. Y Shemu, cuando llegaba la cosecha.

Más mitos y leyendas

Entre otros mitos e historias, el Nilo tiene un delta que pasó de siete desembocaduras a únicamente dos. Cambios geográficos que dieron lugar a la desaparición bajo sus aguas de ciudades milenarias como Heracleion (el puerto más grande del último periodo faraónico), la Alejandría helénica, capital del Egipto ptolemaico, y centro cultural y científico de la época.

Y, por supuesto, un río junto al que se construyeron templos que representan la lucha entre el bien y el mal, en los que todavía hoy en día se conservan jeroglíficos que son todo un tesoro arqueológico: Philae, Kom Ombo, Edfú

Pero, aparte de todo ello, lo que sí que puedo asegurar es que vivir en primera persona una puesta de sol desde el Nilo es una experiencia fantástica e imborrable. Ver el sol como se pone en un horizonte marcado por una linea de agua, otra de vegetación y una tercera de arena del desierto, con el único sonido ambiente de las falucas navegando a tu alrededor, es un ejercicio soberbio. Mentalmente relajante y sanador.

Puesta de sol desde el Nilo

Luxor, donde nació la leyenda de Tutankamón

Si El Cairo es la capital del Egipto actual, Tebas fue la capital y el corazón espiritual del Antiguo Egipto, y las ruinas de Tebas duermen bajo la ciudad de Luxor. Por ello, una visita a Luxor es obligatoria sí o sí en un viaje a Egipto. No sólo es una de las ciudades habitadas más antiguas del mundo, sino que está considerada como “el museo al aire libre más grande del mundo”.

Los faraones construyeron allí algunos de los templos y los monumentos funerarios más sorprendentes de todo Egipto, por lo que los espacios arqueológicos que hay en Luxor son inigualables.

Junto a la ciudad moderna se conservan las ruinas de los templos de Luxor y de Karnak (éste último imperdible si quieres la pista de los escenarios del relato de Muerte en el Nilo). Y en la otra orilla del Nilo, tienes que hacer una visita obligada a la necrópolis excavada en la montaña, formada por el Valle de los Reyes y el Valle de las Reinas, donde entramos directamente a revivir la historia de Tutankamón y el intrépido arqueólogo Howard Carter.

En esa misma orilla también está Deir el-Bahari, un complejo de templos funerarios y tumbas entre las que destaca especialmente el tempo de la reina Hatshepsout, camino del cual pasas frente a los Colosos de Memnón.

El tesoro de Tutankamón

Y qué mejor manera para acabar este breve resumen de mi viaje por Egipto “en busca del misterio perdido”, que recordando una de las leyendas más grandes que nos ha dejado la historia de la egiptología, y que gira en torno a la tumba de un faraón adolescente, y a la tenacidad de un habilidoso dibujante británico, que acabó siendo arqueólogo.

El faraón, cuyo nombre original era Tutankatón y que cambió por el de Tutankamón cuando se restauró el culto al dios Amón, murió en la adolescencia. Dicen que demasiado pronto para haber influido en los destinos políticos de su país. La cuestión es que fue enterrado en la tumba más preciosa que se ha descubierto hasta el momento, y eso le otorgó un lugar privilegiado en la historia de la egiptología y de la mitomanía…

Un faraón que acabó siendo el protagonista de un mito que se consolidó tras el descubrimiento de su tumba. Cuando Howard Carter consiguió acceder a la cámara mortuoria de la tumba KV62 en el Valle de los Reyes, veinte personas relacionadas con esas excavaciones murieron en circunstancias extrañas. En aquel momento nació la leyenda de la “maldición de los faraones”.

Por Harry Burton (English, 1879–1940) – Harry Burton: Unbroken Seal on the Third Shrine (TAA622) – Heilbrunn Timeline of Art History – The Metropolitan Museum of Art, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=33152948

Una tumba llena de oro, descubierta de manera fortuita

El relato de cómo se acabó descubriendo de manera fortuita la tumba de Tutankamón también forma parte del mito.

Según explican, el paso del tiempo hizo que la puerta de acceso a la tumba del faraón, que se hallaba en un lugar muy profundo del Valle de los Reyes, quedase borrada por la consecución de lluvias y tormentas de arena. Casualmente, cuando ya se llevaba un tiempo excavando sin resultado alguno, el 4 de noviembre de 1922 apareció un escalón tallado en la roca, oculto bajo una de las chozas de los trabajadores de las excavaciones. Ese día comenzaría una de las historias más interesantes de la arqueología del siglo XX.

Una puerta precintada con los sellos originales

Después de cavar y llegar al pie del doceavo escalón apareció la parte superior de una puerta cerrada, que todavía llevaba los sellos originales de la ciudad de los muertos, así como el sello real prueba de que la tumba era de una persona importante. Cuando despejaron el acceso y, finalmente pudieron llegar hasta la siguiente puerta, hicieron un pequeño agujero y pasaron una vela… La sorpresa muy mayúscula: ¡Detrás de la puerta, todo estaba repleto de oro!

Una vez dentro, cuando llegaron hasta los sarcófagos y empezaron a levantar las losas, allí estaba la máscara funeraria de Tutankamón: “una máscara dorada, con cara sosegada y sonriente, con unos enigmáticos ojos de aragonita y obsidiana, con cejas y párpados de lapislázuli. La frente estaba adornada con los dos símbolos reales de la serpiente y el buitre, emblemas del Bajo y del Alto Egipto…. Las manos las tenía cruzadas sobre el pecho, sosteniendo las insignias de la realeza, el báculo y el flagelo, ambos decorados con loza azul.

Y entre las inscripciones del sarcófago se podía leer: “Oh madre Nut, reza en el sarcófago la última oración del joven de 18 años, extiende tus alas sobre mi como las estrellas imperecederas”… Una frase que durante más de 3000 años estuvo oculta a los ojos humanos, y que Howard Carter desveló al mundo.

Del Valle de los Reyes al Gran Museo Egipcio

En la tumba del Valle de los Reyes se conversa el cuerpo momificado de Tutankamón y su sarcófago exterior, así como las decoraciones y jeroglíficos de las paredes. Pero si quieres poder alucinar frente a los más de 5500 objetos que formaban parte del tesoro que guardaba la tumba, tienes que viajar hasta El Cairo.

Dado que fui a Egipto en 2005, en aquel momento el tesoro formaba parte de la exposición permanente del antiguo Museo Egipcio de la Plaza Tahrir, en una serie de salas temáticas dedicadas a ello. Y que por aquel entonces eran la joya de la corona de ese museo.

Actualmente, la colección de Tutankamón al completo está expuesta en el Gran Museo Egipcio, conocido internacionalmente como GEM, a donde se trasladaron de forma íntegra todos los objetos. Ese macro conjunto arquitectónico se ha convertido en el museo arqueológico más grande del mundo dedicado a una sola civilización, desde que abrió sus puertas en noviembre de 2025… Una excelente razón para querer regresar alguna vez.

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