“Y llegados a este punto de la ruta, pongo un punto y seguido que me llevará a la segunda parte del relato. Un relato, que como ya he dicho al principio, me llevará por el Barri de la Salut hasta el Carmel, recordando otras tantas obras de Juan Marsé.”
Así es como acababa la crónica que recuperé hace una semana de la primera parte de la ruta literaria que hice en 2013 junto al Grup d’Estudis de la Vall d’Horta i la Montanya pelada, El Pou. Ahora toca reanudarla y seguir con el relato, que he optado por hacer así:
“Últimas tardes con Teresa” es una de las novelas más populares de toda la producción literaria de Juan Marsé. La novela nos ofrece una visión de la Barcelona de los años 50 a través de dos mundos antagónicos de una misma ciudad: las clases bajas marginadas y la alta burguesía catalana. Dos mundos representados por Manolo Reyes, el Pijoaparte, un “charnego” de las barracas del Carmel cuyo sueño es escalar dentro de la sociedad, y por Teresa Serrat, una universitaria, hija de una familia de la alta burguesía catalana, que busca aventuras diferentes a las que se suceden dentro del ambiente social en el que se mueve.
Una zona alta de Barcelona por ubicación y exclusividad
En la novela se muestran perfectamente dos barrios de la “zona alta de Barcelona”. Uno por ubicación geográfica: El Carmel, lugar de residencia de obreros inmigrantes y delincuentes. El otro tanto por ubicación geográfica como por el concepto de exclusividad y riqueza: Sant Gervasi de Cassoles, en donde viven personas ricas, sin problemas económicos, pero con otro tipo de carencias.
Tras cruzar la Travessera de Dalt, y por tanto la frontera limítrofe entre El Camp del Grassot i Gràcia Nova con el barri de la Salut, empiezo a ascender por las empinadas calles de ese barrio en busca de nuevas históricas y anécdotas. Una zona de Barcelona que también fue fuente de inspiración para más obras de Juan Marsé, especialmente la que ha motivado esta parte de la ruta, “Últimas tardes con Teresa”, que me llevará hasta El Carmel, la Muntanya Pelada y el Turó de la Rovira.
El Barri de la Salut
El Barri de la Salut es otro de esos barrios de la “zona alta de Barcelona”. En este caso tanto por ubicación como por ser zona residencial, tranquila y relativamente acomodada.
Históricamente fue una zona agrícola próxima a Collserola en donde, alrededor del siglo XIX, empezaron a veraneaban miembros de la burguesia barcelonesa, buscando un lugar lejos de una Barcelona amurallada, hacinada y contaminada. Entre ellos estaba Antoni Maria Morera i Colom, quien apostó por crear una gran zona de recreo en la zona, antes de que Eugeni Güell se embarcase en el proyecto de la ciudad-jardín del Park Güell. Un lugar que se llamaría el Parc de la Salut, como explican en este interesante artículo: Un breu recorregut pels inicis del barri de la Salut, el Parc de la Salut i el Park Güell.
Con es motivo, Morera i Colom adquirió una gran finca próxima al lugar en donde tenía su propia finca. Los terrenos, dedicados al cultivo de la viña, contaban con importantes minas de agua y con una masía que le daba nombre: Cal Xipreret. Un escenario ideal para crear el parque y reconvertir la masía en un hotel a donde pudiesen acercarse las clases altas de Barcelona a disfrutar del entorno.
Un proyecto de parque que acabó convirtiéndose en club de tenis
La idea de construir un parque no acabó consolidándose, por lo que su promotor optó por vender los terrenos. El comprador, Domènec Joan Sanllehy i Alrich [futuro alcalde de Barcelona, casado con Ana Girona i Vidal, marquesa de Caldes de Montbui, e hija del banquero Manuel Girona i Agrafel], apostó por recuperar parte del proyecto, pero con algunos cambios.
De esa manera, a finales de siglo se inauguró una casa-restaurante para las clases altas de la ciudad, y en 1902 se fundó el Salud Sport Club, un club deportivo de carácter elitista que promovía la práctica inicialmente de futbol y tenis, pero que acabaría decantándose únicamente por el tenis.
Mi primera parada en la ruta es precisamente frente a la antigua masía de Can Xipreret, situada al final del carrer Ca l’Alegre de Dalt. Una masía que ha sobrevivido a una larga historia de cambios de funciones y de propietarios, que ahora acoge las dependencias de la sede social del Club de Tennis de la Salut.



El Santuari de la Mare de Déu de la Salut
Tras dejar atrás las instalaciones del Club de Tennis la Salut, mi siguiente destino es el Santuari de la Mare de Déu de la Salut. Una pequeña capilla que da nombre a la calle en la que se encuentra, y que también está ligada a la persona de Antoni Maria Morera i Colom, quien promovió su construcción justo al lado de su propia casa, Can Morera.
El lugar se popularizó entre los barceloneses a raiz de una epidemia de cólera, a donde solían acudir a rezar. Como curiosidad, explican que durante su construcción, con el movimiento de tierras, brotó una fuente de agua mineral rica en hierro, que presentaba propiedades tónicas y reconstituyentes, lo que incentivó todavía más que muchos barceloneses acudiesen allí a beber sus aguas.
La fuente, conocida como la Font de la Salut, ya no existe. Tal y como ocurre con el santuario original, que quemaron al comienzo de la Guerra Civil y tuvieron que reconstruirlo en 1945, que es el que hoy en día hay allí. Muy próxima al santuario histórico, está la Parròquia de la Mare de Déu de la Salut, gestionada por una congregación de Franciscanos (Ordo Fratrum Minorum, OFM), y que es una de Les Tres de Gràcia, grupo parroquial que mencioné en la primera parte de la ruta.


El carrer de la Mare de Déu de la Salut
¿Sabes que el carrer de la Mare de Déu de la Salut aspiraba a convertirse en el eje principal del Barri de la Salut antes de la urbanización de la Travessera de Dalt? Y con relación a las novelas de Marsé, es una de las calles por las que pasaban algunos de sus personajes de paso hacia el camino de Can Mora, o hacia “el puente de los suicidas”, tal y como se conocía al viaducto de Vallcarca hace años.
Al número 32 del carrer, on actualment hi ha un edifici d’obra vista de nova construcció, hi va néixer Pompeu Fabra i Poch el 20 de febrer de 1868, filòleg I principal normalitzador de la llengua catalana moderna. Fill de l’antiga vila de Gràcia, va morir a l’exili, a Prada de Conflent, en el cementiri d’on descansen les seves restes. Des de 2018, hi ha una placa a la façana de l’edifici que ho recorda.
[Nota de la autora: Dado que el idioma del blog es el castellano, en este caso creo totalmente procedente redactar este párrafo en catalán como deferencia a la memoria de Pompeu Fabra]. La traducción dice así: “En el número 32 de la calle, donde actualmente hay un edificio de obra vista de nueva construcción, nació Pompeu Fabra i Poch el 20 de febrero de 1868, filòleg y principal normalitzador de la llengua catalana moderna. Hijo de la antigua vila de Gràcia, murió en el exilio en Prada, en cuyo cementerio descansan sus restos. Desde 2018 hay una placa en la fachada que lo recuerda.”
La calle finaliza en el cruce con la Avinguda del Santuari de Sant Josep de la Muntanya, una calle en pendiente y con escaleras que me va a llevar hasta la entrada principal del Park Güell. Pero antes, todavía me quedan una buena cantidad de puntos de interés a mencionar.
Hacia el Park Güell por Sant Josep de la Muntanya
La primera parada de la siguiente parte de la ruta es frente a Els Jardins de Menéndez y Pelayo, y a la antigua masía de Can Tusquets.
Los jardines tienen su origen en una gran zona verde en pendiente de las muchas que había habido en el Barri de la Salut. Se inauguraron en 2018 y, a pesar de urbanizarse sobre un párking de nueva construcción, son un espacio de desintoxicación de la zona. Su principal característica son los parterres y las terrazas comunicadas por rampas en zig-zag, que salvan el desnivel que hay entre el carrer Maignon, en la parte más alta, y la Travessera de Dalt, en la parte baja.
Junto a ellos está la masia de Can Tusquets, otra de las pocas que todavía se conserva en Gràcia, aunque sin la gran extensión de terreno que había tenido en sus mejores tiempos. Actualmente es propiedad de la orden religiosa que regenta el Santuari de Sant Josep de la Muntanya, que se encuentra justo detrás. La masía, construida en 1793 como indica la fecha del reloj de sol que hay en la fachada, es un edificio rectangular coronado por una cornisa sinuosa, característica de la arquitectura de las masías del siglo XVIII. Se distingue por el color verde intenso de sus paredes exteriores y por los esgrafiados que las decoran.


A partir de este momento, la ruta inicia un ascenso continuado a través de diferentes calles empinadas o escalonadas (algunas de ellas mecanizadas), que ya no abandonaré hasta el final. Gracias al desnivel y la cuesta de la calle, el paseo me empieza a regalar unas magníficas vistas panorámicas sobre Barcelona.
El Santuari de Sant Josep de la Muntanya
Llego al Santurari de Sant Josep de la Muntanya, obra del gran amigo de Gaudí Francesc Berenguer i Mestres. Edificio que construyó usando piedras procedente de una pedrera que había en la misma montaña. Es un edificio de estilo neorrománico al que, debido a que se encuentra en la parte más alta de un terreno de gran desnivel, se accede por una escalera de doble tramo desde la explanada de la entrada, y consta de iglesia, convento y capilla. La iglesia está en la parte central del edificio y, a su derecha en la parte baja, está la capilla del Santíssim Sacrament que actualmente se ha dedicado a la Beata Madre Petra fundadora de la Orden. Desde la explanada hay unas magnificas vistas sobre los jardines de la masía de Can Tusquets.
El santuario siempre ha sido un lugar muy concurrido por los barceloneses, en especial por aquellos inclinados a pedir favores divinos. Los que ya tenemos algunos años recordamos la gran cantidad de exvotos que colgaban del techo de la capilla, que los feligreses iban depositando en agradecimiento al cumplimiento de alguna petición, lo que le daba un aspecto algo siniestro. No obstante, debido a un desafortunado derrumbe que hubo, la mayoría se perdieron.


Un hospital con mucha esperanza
Frente al santuario está el Hospital de l’Esperança, uno de los edificios de estilo racionalista de Barcelona, que se construyó en 1935, y es obra de Antoni Fisas i Planas, quien también construyó el edificio de la Parroquia de Sant Miquel dels Sants.. ¿A alguien le suena?
L’Hospital de l’Esperança tiene sus orígenes en 1924, cuando l’Ajuntament de Barcelona, ante la necesidad de atender a pacientes con enfermedades crónicas consideradas incurables, y que no podían ser tratados en cualquier centro sanitario de la época, decidió crear el Hospital de Incurables dentro de las instalaciones del Hospital Municipal de Infecciosos, antecedente del actual Hospital del Mar. Originalmente se instaló en dos pabellones de madera bastante precarios. Y en 1928, se rebautizó como el Hospital-Asilo de la Mare de Deu de l’Esperança.
La Kasa de la Muntanya
Calle arriba me cruzo con la Kasa de la Muntanya, una de las casas okupas de Barcelona, que ya mencioné en el artículo que no hace mucho le dediqué al Park Güell, ya que su razón de existir tiene mucho que ver con ese proyecto.
El origen de su construcción fue la huelga general de 1902 y diferentes altercados que se vivieron en la zona, ocupada principalmente por miembros de la alta burguesía barcelonesa de la época. Con la finalidad de obtener mayor protección y seguridad en el barrio, y dada la proximidad del Park Güell, Eusebi Güell financió la construcción de un cuartel para que se instalase un destacamento de la Guardia Civil, cuerpo que lo ocupó hasta 1983. Desde ese momento el edificio estuvo abandonado, hasta que en 1989 lo ocupó un grupo de jóvenes, situación que se ha mantenido hasta la actualidad. Diferentes pleitos entre la familia Güell, el Ministerio de Hacienda y l’Ajuntament de Barcelona no han acabado de conseguir certificar la propiedad actual del edificio, por lo que se mantiene ocupado.


Un palacete sobre la roca viva
Sin dejar de ascender por la avinguda del Santuari de Sant Josep de la Muntanya llegó al cruce con la Rambla de Mercedes, que según el nomenclátor de Barcelona está dedicada a Mercedes Güell i Lopez, hija de Eusebi Güell. En ese punto, concretamente en el número 3, tengo que alzar la vista para ver una impresionante casa de estilo ecléctico, que se alza frente a mi debido al desnivel del terreno. Es un magnífico palacete de finales del siglo XIX construido sobre la roca viva, y en el que destacan diferentes detalles de la construcción que, imitando elementos propios de la naturaleza, se entrelazan con la arquitectura de la edificación.
No existe demasiada información sobre esa casa, a pesar de su espectacularidad. Parece ser que fue propiedad de una familia suiza que, tras finalizar la Guerra Civil, intentaron transformar en hotel, información que no he podido comprobar. Aunque el conjunto no está en su mejor momento, es cierto que impresiona a quien se cruza con él. Está catalogada dentro del patrimonio de la ciudad, pero los actuales propietarios -según un artículo publicado en la prensa- no saben demasiado qué hacer con ella, dado que está afectada por unos planes urbanísticos de hace ya 50 años, que no les permite realizar ninguna actuación.

Rodeando el Park Güell
Al final de la calle, haciendo esquina con el carrer d’Olot, y cuando ya se puede divisar una de las entradas laterales al Park Güell, llegó a la Casa Pere Jaqués, casa de 1900, que construyó Joan Marsans. La construcción destaca por el torreón que la corona, y por las magníficas vistas que tiene sobre el Park Güell y la Muntanya Pelada, así como de la Casa Larrand y la Casa Trias.


Sin pararme en el Park Güell, a pesar de la importancia que tiene en las obras de Marsé, ya que es un lugar al que suelen ir de paseo algunos de sus personajes, sigo la ruta prevista recorriendo el carrer Olot hasta el carrer Marianao, en donde inicio un pequeño descenso. Allí está la Font del Carbó, una fuente natural en medio de una zona de recreo, muy concurrida a finales del siglo XIX, pero que ha acabado vandalizada a pesar de estar catalogada como bien de interés.
Sigo la ruta por el carrer del Pare Jacint Alegre (a quien conoceremos un poco más adelante), y empiezo de nuevo a ascender a través de los 95 escalones que hay en el carrer de Santa Elionor (una de las calles de escaleras de Barcelona calificada como “fotogénica”). Llego al carrer Antequera y giro por el carrer Molist, que me lleva hasta “la esquina de las cuatro torres”. Un lugar en donde todavía se pueden contemplar una impresionante muestra de algunas torres que la burguesía construyó a finales del siglo XIX como casas de veraneo.



Dolors Aleu i Riera, la primera licenciada en medicina por la UB
Una de ellas es la Torre Aleu, una impresionante casa amarilla con panorámicas sobre Barcelona, cuyo nombre nos recuerda que allí nació y vivió Dolors Aleu, la primera mujer que se licenció en medicina en la Universitat de Barcelona y en obtener el doctoro en 1882. Su tesis doctoral llevó por título “De la necesidad de encaminar por nueva senda la educación higino-moral de la mujer”, y tras ejercer unos pocos meses afirmó que “en els pocs mesos que porto de pràctica, he visitat malaltes que feia més de sis anys que tenien una dolença, i que en van declarar que haurien deixat que en passessin molts més si no haguessin tingut ocasió de consultar amb una senyora” [“Barcelonines. 1001 històries”. Núria Miret].
A esta altura de la ruta, ya quedaba poco para llegar a la meta, la carretera del Carmel y la explanada en donde estaban las barracas de Raimon Casellas, que me van a permitir sumergirme en los escenarios donde Juan Marsé ubicó el entorno del Pijoaparte.
El Cottolengo del Pare Alegre
Pero antes, toca seguir ascendiento hasta el final del carrer Molist, y llegar hasta el Passatge Sagrada Familia, en donde el camino va discurriendo junto a un antiguo muro de piedra que delimita los terrenos del emblemático Cottolengo, institución que, a lo largo de su historia, se ha dedicado a recoger y dar albergue a aquellas personas que la sociedad ha rechazado por malformaciones o enfermedades físicas y psicológicas.
Ahora es cuando llega el momento de recordar al P. Jacint Alegre i Pujals, SJ que, inspirado en el modelo de Giuseppe Benedetto Cottolengo de Turín, fue quien promovió la fundación del Cottolengo a principios del siglo XX. Una institución que lamentablemente no llegaría a ver acabada, porque falleció antes de su inauguración en 1939.
Tot surt del gran llibre de la naturalesa
Y en el tramo final del recorrido, tomo una vía peatonal donde me espera una de las últimas sorpresas de la ruta. A lo largo de toda la vía, que finaliza en la carretera del Carmel, me dejo sorprender por una serie de placas metálicas consecutivas, con una frase grabada que se repite en diferentes idiomas: “Tot surt del gran llibre de la naturalesa”, “Todo sale del gran libro de la naturaleza”, “Everything comes from the great book of nature”… Una frase atribuida a Antoni Gaudí, que define perfectamente el alma del Park Güell que, al final de ese sendero, vuelve a estar frente a mí.
El barrio “bien” junto al barrio “mal” del Pijoaparte
Dejo a mi izquierda una de las entradas al Park Güell, y enfilo la serpenteante carretera del Carmel. En el camino paso frente al restaurant Tibet, donde Marsé situó una de las escenas de su obra “Últimas tardes con Teresa”, en la que Manolo Reyes invita a Teresa a cenar para presumir de barrio. Mostrando ese restaurante como la primera y única opción decente para hacerlo.
El restaurant Tibet, lugar insignia del Barri dels periodistes
El restaurante está ubicado en una vieja torre de los años 30, y dicen que sus fundadores le pusieron el nombre de “Tibet” dado que estaba en una de las zonas más altas de Barcelona. Es famoso por ofrecer una cocina catalana casera y sencilla, en la que destacan els cargols a la llauna y las alcachofas a la brasa.
La zona se conoce como “el Barri dels periodistes”, ya que se formó en 1918 gracias al conjunto de casas que construyó la Cooperativa de Periodistas para la Construcción de Casas Baratas, con la finalidad de ofrecer casas con jardín a sus miembros, de acuerdo a la corriente higienista de esa época. Las casas se podían personalizar según el gusto del propietario, pero siguiendo una estética uniforme, lo que le dio cierto encanto ordenado a la zona.
El barrio en donde hubo barracas
Después de subir un nuevo tramo de escaleras, llego a la plaça de Raimon Casellas, en donde vivía el Pijoaparte de Marsé. Ya no queda en pie ninguna de la multitud de barracas que llegaron a haber en el barrio, pero se sigue disfrutando de unas vistas enviadiables.
En su lugar -hasta hace un tiempo-, se conservaba un montículo de piedra en donde hubo una de esas barracas. No obstante, el tiempo también ha querido que acabase desapareciendo, y que se sustituyese por una simple base de piedra, sobre la que han colocado una “horrible” capilla con un Sagrado Corazón… Algo que supongo que se debe haber hecho a decisión de los vecinos…






Esa zona, a finales de los años 80 y tras el derribo de las barracas, se urbanizó edificando diferentes bloques de pisos, a los que se trasladaron parte de los antiguos barraquistas. Los bloques, que se conocían popularmente como “los bloques verdes” por el color con el que se habían pintado las fachadas, en la actualidad están en plena etapa de restauración y de repintado con un color arenoso, lo que ha hecho que dejen atrás el apodo por el que se les conocía.
Fin de la ruta… pero con nuevos destinos
Y después de cinco horas de recorrido, llegó a la meta final. Uno de los lugares más emblemáticos del barri del Carmel y de la novela de Juan Marsé: el Bar Delicias, lugar de parada obligada para hacer el vermut de los domingos.
Como explican en su web: “El Bar Bodega Las Delicias del Carmelo nació hace más de 40 años y fue uno de los locales más populares del barrio. Cuando el escritor Juan Marsé lo mencionó en la novela “Últimas tardes con Teresa”, obra publicada en 1966, llegó su consolidación internacional“…
No debemos olvidar que su relativa proximidad al Park Güell, y ser lugar de paso hacia la parte alta del Turó de la Rovira, lo ha convertido en un lugar de visita obligada para la mayoría de turistas que visitan esa zona de Barcelona, que no son pocos.
Antes de dar por finalizado este relato, no quiero dejar de recordar que unos cuantos metros más arriba, en la cima de la colina, están los restos dels canons del Turó de la Rovira, desde donde se puede gozar de unas magníficas vistas sobre la ciudad, que lamentablemente ya se ha convertido en un lugar masificado.
Y hasta aquí la ruta de hoy. Solo me queda sentarme en una de las mesas de la terraza del Delicias y regalarme un vermut acompañado de una deliciosas patatas bravas… Salut!
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